Capítulo 14
Esta en multimedia.

Salgo del hospital con Damián pisando mis talones.
—Oleg. —me llama.
Ruedo los ojos al saber que empezará con la absurda charla de la moral.
—Ni siquiera lo intentes. —subo a mi auto y a los segundos lo tengo a mi lado.
—No es personal, ¿Lo sabes, cierto? —silencio. —Ella me cae bien y...
Piso el acelerador a lo que me ve mal mientras se pone el cinturón.
—¿Y te la quieres tirar tú o que? —me enojo.
Observo como palidece mientras niega.
—Me cae bien y no quiero que se involucre con nosotros.
—Demasiado tarde. —se atraganta con saliva.
—¿Qué quieres decir?
—Alessia es inteligente, atar cabos no será un problema. Después que le hablo Raisa la investigo y se dio cuenta que legalmente ella murió el día que la opero.
—¿Qué harás al respecto? —indaga.
—Ya lo he empezado a hacer. —palidece. —Dejar de ocultar quien soy mientras ella decide si quiere continuar.
***
Llego al cuartel y mientras paso por el protocolo de seguridad, tengo a Caleb en mi oído informando que hoy será la segunda entrega de droga por parte de Ryan a Rebeca.
—Quiero a todos listos en media hora, se irán al lugar y acomodaran lo que sea necesario. No quiero errores y al primer agente que me de un contratiempo estará fuera de mis filas.
—Como ordene, superior. —responde Caleb. —Por cierto, necesito ausentarme en esta misión.
—¿Motivo? —tomo el elevador que me lleva abajo.
—Tengo una cita. —arrugo las cejas. —Oleg, nunca te pido nada y...
—Denegado. —Suelto cuando se abre el elevador.
Caleb salta en su sitio por el susto.
—¡Joder! un poco de empatía por los que llevamos meses sin follar.
Observo como mi escuadrón llega al salón.
—Hoy no te quedaras en el cuartel, iremos al burdel y como todo saldrá bien te quedaras y aprovecharas los servicios.
—¿Me dejaras? —indaga.
—Tienen media hora para estar listos, no quiero errores. —lo ignoro para dirigirme a los agentes.
—Como ordene, Superior. —dicen al unísono.
Todos se preparan alistando el armamento que camuflaran junto a los medios de intercomunicación
Paso de largo mientras me dirijo a mi oficina, de entre las gavetas busco la caja que necesito.
—Mierda. —maldigo al no encontrarla.
Segundos después la encuentro y me siento para colocarme las lentillas oscuras. Parpadeo dos veces adaptándome a ellas.
Me dirijo al baño y saco el tubo con el producto que me aplico en el cabello, minutos después quito el exceso y seco mi cabello ahora negro.
—No te ves como Oleg, pero sin duda llamaras la atención. —ignoro a Damián mientras termino de vestirme. —Ahora te llamas León Mendoza, de nacionalidad venezolana.
Me entrega la falsa identificación que guardo junto a mis armas.
>>Te sienta bien el cabello negro...
—¿Qué quieres? —lo corto.
—No podré acompañarlos porque el director del hospital nos solicito. Faltar levantaría sospechas de posibles infiltrados dentro del lugar.
Cambiamos algunas palabras y después nos marchamos, él al hospital y yo para el burdel.
***
Las luces tenues junto a mujeres en ropa interior me reciben y me llevan a la sala VIP en donde se lleva a cabo un show protagonizado por Rebeca.
Veo a mis lados visualizando a los agentes distribuidos en todo el lugar, ninguno tiene su verdadera apariencia.
—¿Desea algo? —inquiere la morena en ropa interior.
—Vodka. —asiente dispuesta a traer mi orden.
Caleb se encuentra en uno de los taburetes bebiendo junto a una rubia también perteneciente a la organización, pero ante el publico una bailarina.
El show cambia y ahora dos peli rojas se roban la atención bailando en los tubos, una de ella es una agente y puedo visualizar la cámara dentro de una de las plataformas.
—Quiero a dos. —pide Adrián siguiendo con su papel.
Una asistente le indica un cuarto y posterior las mujeres entran a cumplir sus deseos.
Todo sigue igual por dos horas más hasta que lo veo, discreto igual a nosotros, pero que no pierda de vista a Rebeca lo delata.
Mi agente se encuentra bailando en el regazo de Rustam, le pone las tetas en su rostro, por lo tanto, él entierra su rostro entre ellas, dando besos y mordidas.
Luego de unos minutos mete la lengua entre ambas tetas sacando la bolsa con el polvo blanco.
Gira el rostro para que no se observe como la oculta.
—Un baile Sr. León. —llega una bailarina con ropa aun más sugerente.
Se me insinúa queriendo llamar mi atención.
—Me gustan las morenas, con curvas exuberantes. —la corto.
No se molesta por mi rechazo, sonríe y pasa al siguiente cliente,
Minutos después llega Rebeca, ya son las dos de la madrugada y pedí ser a la última persona que le ofreciera la droga.
—Si me acompaña prometo que no lo defraudaré. —dice con una sonrisa coqueta.
asiento y dejo que me guie a uno de los cuartos, cierra la puerta y desabrocho algunos botones de mi camisa.
Ella se pasea por el cuarto en donde se encuentran varios sitios con implementos de tortura.
Tenemos tiempo así que no me cohíbo al visualizar cada juguete mientras algunos escenarios vienen a mi mente con cierta doctora.
Me siento en la cama mientras Rebeca empieza a despeinarse.
—Puede hacerme unos cuantos chupones. —propone viéndose en el espejo frente a la gran cama.
arrugo las cejas ante la petición tan ridícula.
>>Se supone que estamos follando, al salir una persona detallara mi aspecto.
—No quiero ofenderte, pero no se me apetece poner mis labios en partes que hace unos minutos tuvo la boca tu novio. —suelto refiriéndome a Adrián.
Meto mi mano en mi bolsillo para sacar el labial rojo que dejo la doctora en el auto hace unos días.
Abre grandes ojos cuando me acerco a ella y dejo algunas marcas desde sus tetas hasta su cuello. Con mis dedos lo riego hasta que parecen unos chupones.
Me doy la vuelta dispuesto a esperan unos minutos más para salir, cuando el tiempo pasa me levanto.
—Espere. —me detiene. Posa sus manos en mi cabello y revuelve los mechones negros.
—Es hora de...
Mi ira inicia cuando pasa sus uñas en mi pecho.
—En el burdel soy conocida por ser una dominante y...
La tomo del cuello mientras la empotro contra la pared, mis pupilas se dilatan al saber que ha pasado muchos limites.
—No quise tener mi boca en tu cuerpo, ¿Qué te hace pensar que quiero tener tus manos en mi pecho? —lleva sus manos a las mías queriendo apartarlas cuando el aire deja de llegar.
>>Si no estuvieras en esta misión te sacará de mis filas y sabes como salen, así que considérate afortunada. Una más Rebeca y no te salvas. —amenazo.
La suelto y esta cae al suelo tosiendo y dando grandes caladas de aire.
Salgo del lugar y visualizo a la mitad de los agentes a los alrededores.
Cuando el que vigila a Rebeca me ve y sonríe bebiendo de su copa me doy por satisfecho y salgo del lugar.
—Concluimos el propósito de misión. —dicen a través del intercomunicador. —Hemos despistado a los traficantes, Carvajal Burdel por el momento estará seguro.
Y eso solo me da tiempo para desmantelar a los traficantes.
Me detengo de golpe cuando veo a la mujer de cabello negro riendo con algunos clientes, su vestimenta me confirma que ella es la dueña.
El parecido es tanto que ahora no tengo dudas de su familiaridad.

Al llegar a mi piso busco a Sara para que me dé la lista de lo que le solicite, sin embargo, me detengo al ver a uno de mis internos con un café y una barra nutritiva.
—¿Lucas? —Al verme, me dedica una sonrisa. —Se supone que tienes que estar descansando. —Lo reprendo.
—Violeta tenía una cena y me ofrecí a cubrirla. —Tuerzo los labios y me siento junto a él en la camilla.
—Llevas demasiado tiempo aquí. —Observo sus ojeras. —Si sigues así cuando te gradúes, desearás unas horas de descanso al entrar de lleno.
—No me molesta estar aquí. —Comenta. —Es mejor que estar en mi casa, aquí si ayudo y no soy un estorbo. —Se lamenta.
—¿Quieres hablar de eso? —Me sonríe, pero niega bajando la vista a su cafeína.
—En otro momento, por ahora tengo que trabajar. —Se baja, pero lo detengo antes de que se vaya.
—Para que funciones mejor tienes que estar bien, tanto físico como mental. —expreso. —Tienes que comer y descansar lo necesario, así como estás solo serás un estorbo. —Me sincero. —No vas a rendir como se debe y eso en lugar de ayudar te bajara el puntaje. Disfruta de tu internado, pero no abuses.
—Doctora yo...
—A ti te estaba buscando. —No me giro porque ya sé que es la mujer que me está tocando los ovarios.
—¿Qué tiene que ver usted con mi interno? —La enfrento.
—Ya no es tu interno. —Lucas palidece. —De tus seis internos, él pasa a Rubén y ahora lo necesita.
—Me molesta que estén decidiendo estás cosas como si mis internos fueran objetos que se lleva el ganador. —suelto. —¿Quién te dijo que Lucas será uno de los internos de Rubén?
—El Dr. Tobar es el encargado del área, por lo tanto, él dio la orden.
—No por mucho. —Me voy dispuesta arreglar esto.
—No seas infantil Alessia. —La ignoro pasando por su lado seguido de Lucas. —El muchacho tiene que aprender y Rubén se está preparando para entrar al quirófano.
Los ojos de Lucas se iluminan y es obvio, ya que para un interno entrar a quirófano incluso de tenedero es exquisito. Sin embargo, Lucas no está en condiciones.
—Te prohíbo entrar. —Susurro solo para él.
Voy por los pasillos como alma que lleva el diablo, busco a Tobar, pero no está en su consultorio y su secretaria me notifica que salió hace unos minutos.
El elevador está subiendo, pero no es momento de usar las escaleras, así que lo espero con un poco de impaciencia.
Empiezo a sudar sintiendo que la ropa me sofoca, mierda, ahora no, mi respiración comienza agitarse. Llega el ascensor y subo.
Toco mi pecho sintiendo el aumento de mi ritmo cardiaco.
¡Joder, no!
Trato de ignorar los signos que me indican que debo alarmarme, pero mi mente me juega una mala pasada empeorando mi estado.
Me deslizo en la pared del ascensor hasta quedar sentada con una sensación de debilidad y cansancio, no sé de qué.
No, no, no, no.
Sé lo que me está pasando, pero me niego aceptarlo.
Las paredes se empiezan a contraer haciendo el espacio más reducido. Observo como las paredes se acercan a mí y un miedo que hace mucho no sentía se apodera de mí, el aire lo siento más pesado y solo faltan unos minutos para que mis pulmones dejen de recibir oxígeno y mi corazón deje de latir.
Contrólate Alessia, ya lo habías superado.
Visualizo mis manos pálidas, sudorosas y con temblores al igual que mis labios, aun mordiendo mis labios el temblor de ellos no se va.
Mi cabeza da vueltas provocando que un escalofrío me recorra el cuerpo.
Llorar no es la liberación que necesito.
Empiezo a hiperventilar trayendo consigo miedos que están superados.
Quien me viera en estos momentos me desconocería porque hasta yo lo hago. Trato de calmar mi respiración, pero se me hace una acción difícil.
El ascensor sigue su rumbo, pero lo ignoro concentrándome en mí.
Estoy bien.
No hay nada de que temer.
Puedo superarlo.
Soy valiente.
Soy fuerte.
Soy capaz.
No pueden vencerme.
Mantengo mis ojos cerrados mientras hago hasta lo imposible por calmar mi respiración.
El acumular mis problemas me está pasando factura, el ignorar el peligro real que comenzó en Rusia me canso emocionalmente y el resultado de todo se está expresando en su máxima expresión, justo ahora.
El ascensor se abre, pero aún no termina mi episodio.
No levanto la cara para evitar pasar pena, unos zapatos conocidos se hacen visibles, pero me niego a levantar la cara.
No lloro, solo tomo grandes bocanadas de aire asimilando lo que está pasando.
—Salgamos. —Me ayuda a pararme. No le digo nada, únicamente dejo que me guíe a la zona verde del hospital que pocas veces he visitado. —Hace cuanto no descansas.
Me ofrece una botella de agua y se la acepto.
Aún me siento mareada y con pulsaciones en mis sienes, pero no es nada que no pueda aguantar. Cierro los ojos. Tomo un poco de agua y vuelvo abrir los ojos tratando que mis sentidos se conecten con mis acciones.
La palabra descanso me recuerda por lo que salí.
—Necesito buscar al Dr. Tobar, ¿Lo ha visto?
—Hija, tienes que descansar un poco. —El término hija me hace tensar.
—Dr. Merino, tengo que trabajar. —Me levanto, pero evito demostrar que la acción repentina me marea. —Hablamos luego.
Trato de irme, sin embargo, mi huida es interrumpida por sus palabras.
—Ya no puedes poner esa excusa para evitar la conversación que tenemos pendiente desde hace 7 años.
Los mismos 7 que lleva mi padre de muerto.
Una nueva pulsación se hace presente. Tengo que tomar mi medicamento para calmar el dolor que vengo sintiendo desde días atrás, pero que ahora se ha agudizado.
—Le prometo que lo buscaré. —Intento irme, pero el recuerdo de lo que acaba de pasar en el ascensor por reprimir todo me hace hablar. —No olvide que por muy arriba que se encuentre jamás olvidaré cómo le falló a mi padre al meterse con mi madre.
Lo dejo ahí y busco a mi jefe encontrándolo a nada de subirse al ascensor, lo alcanzo y empiezo hablar con él, comentándole mi negatividad en lo acordado.
Él cede en lo que le digo quitándome un peso de encima, pero me detiene cuando me informa que necesita algo de mí.
—Deme unos minutos, tengo algo importante que hacer. —lo dejo a medio pasillo y voy a mi consultorio.
Entre busco entre las gavetas hasta que encuentro las pastillas que hace años no tomo. Observo la fecha de caducidad para luego beberla con un poco de agua.
Cierro mis ojos descansando y asimilando mi situación.
No puedes tener una recaída, te lo prohíbo Alessia.
Dejo que el tiempo pase mientras me tranquilizo, cuando vuelvo abrir los ojos me siento yo de nuevo.
Fuerte e inalcanzable.
>>¿En qué puedo ayudarle? —inquiero cuando llego a la oficina de Daniel Tobar.
El dolor de cabeza se me calmo con la pastilla que tome, únicamente quedo un leve malestar de náuseas.
—Como ya lo sabes, pasado mañana es la conmemoración anual del hospital y desde ya te digo que la entrega de premios se hará el mismo día. —Sigo escuchando atenta.
>>Eres una de las mejores doctoras en tu área. —asiento. —Me pidieron que eligiera al mejor para que diera apertura y pensé en ti, ¿Qué dices?
—Para mí será un honor. —finjo felicidad.
—Es todo, puedes retirarte.
Así lo hago continuando con mi rutina, que es de lo más calmado en el resto de la noche y la madrugada.
Por lo que a las 7 de la mañana me retiro fresca, dispuesta a dormir unas horas para el almuerzo que tengo con mis amigos.
***
Estamos en un establecimiento de comida rápida en la que hay juegos para que Santi se divierta.
—Así que tú abrirás la noche con tu discurso motivador. —Se burla Matías.
—Exacto. —Le doy mi último mordisco a mi pizza.
—Eso es increíble. —Javi termina su ensalada. —Aparte que será la entrega de reconocimientos para todo el personal del hospital. —Concluye.
—Es una gran oportunidad para ti, Aless. —Señala Matías. —Conocerás a muchas personas influyentes.
—Es oportunidad para ellos al estar en el mismo espacio que yo. —Bromeo.
El sonido de mi móvil interrumpe mi burbuja de perfección. Carraspeo y me disculpo al retirarme para contestar.
—¿Llamas para saber si encontré una grande?
Un gruñido es su respuesta
—Ya quisieras, pero jamás conseguirás una más grande que la mía. —ruedo los ojos.
—Yo no estaría tan segura.
—Quiero verte esta noche, ¿Tienes tiempo? —me ignora.
—¿No estabas en Rusia? Yo te hacia acaramelado con tu prometida.
—Se canceló. —ignora lo último.
—Lo siento, no puedo, tengo que preparar un discurso.
—¿Discurso para? —Cambio el peso de un pie a otro. —No me digas que estás preparando lo que dirás al verme.
—No te creas tan importante.
—No lo creo. —sonrío. —Lo soy Sumasshedshiy, ¿Entonces cuando tienes tiempo?
—Tan urgido estás. —Lo molesto.
—Tengo ganas de verte, es todo. —miente. —Y follarte. —Concluye.
—Oleg...
Trato de protestar, pero con él es imposible.
—Para qué vamos a hacer un drama innecesario. Te tengo ganas, me tienes ganas, ¿Cuál es el problema?
—¡Te parece poco que estés comprometido! —finjo estar ofendida.
—¿Te importa? — muerdo mi labio.
¿Me importa?
—Si me importara no estuviera hablando contigo ahora. —Me sincero.
—Y entonces, ¿Cuál es el maldito problema? —se enoja.
—La comunicación, ya te lo dije. No soy una amante que se conforma con follar cuando a ti se te de la gana. Si vamos a seguir con nuestra retorcida relación va hacer bajo mis términos.
—Te escucho.
—Para empezar lo diré en persona, quiero respuestas Oleg. —lo escucho suspirar.
—Eres inteligente Sumasshedshiy. —hago puños.
—Maldito...
—Nos vamos a ver, ¿Si o No? si me vas a maldecir quiero ver tu expresión de deseo. —se enoja.
Hijo de puta, ¡Me encanta!
Cuando lo enojo se vuelve más intenso cuando follamos, descargando su ira como tanto nos gusta.
—Tienes razón. —Mis amigos me ven a lo lejos. —Te parece si nos vemos en la conmemoración de mañana.
—Me parece bien, hasta entonces no te metas en problemas.
—No me meto en...
—No me mientas. —ruedo los ojos. —sé que no buscaste una polla grande, porque lo único que hiciste fue estar en el hospital.
¡Me vigila! ¿Tendrá que ver con lo que he descubierto?
—Un momento, eso es... —Retiro el móvil sin creer lo que hizo. —Me colgó. —Me indigno.
Regreso a la mesa para terminar de pasar el rato con mis amigos y mi sobrino.
Se termina el tiempo, ya que los tres tenemos responsabilidades.
La joven niñera de Santi lo viene a recoger, Javi y yo nos vamos al hospital por algunas cosas mientras Matías se va a su casa porque según él, va a salir en la noche.
***
Llego al hospital junto a Javier, y nos dirigimos a mi consultorio.
—Doctora. —Sara me alcanza.
—¿Dime? —La enfrento porque es absurdo evitarla.
—Yo... —Tartamudea. —Quería decirle que el día que me acompañó a. —Se pone nerviosa.
—No tienes que hacer esto, Sara. —Le doy una mirada tranquilizadora. —No voy a juzgarte.
—Pero...
—Ya casi terminas tu turno, ¿Quieres salir a cenar? —Se pone roja.
Ignorarla es de lo más estúpido que pude hacer. No me arrepiento, simplemente no está bien lo que hice.
—Me encantaría Doctora. —Ve al suelo como si fuera lo más interesante. —Pero tengo planes... con unos amigos.
—No te preocupes, será en otra ocasión. Nos vemos. —Me doy la vuelta.
—Pero quería decirle que...
—No olvides dejar todo listo.
Término de llegar a mi consultorio encontrándome a Javi con lo que vinimos a buscar, nos vamos con los papeles sin tener percances en la salida.
Él tiene turno, por lo que solo me deja en mi apartamento y se regresa al hospital.
—Ya llego el paquete de la tienda que vimos en la mañana. —Me dice Zule cuando entro. —Tuvo que pagar muchos pesos para que la entrega fuera tan rápida.
—Ni te lo imaginas. —Voy a sala en el que está la caja blanca con un chongo azul.
Me siento frente a la mesita en la que está la caja, la empiezo a abrir viendo el papel que cubre lo que pedí.
—Voy a salir con mi novio. —Dice con una voz cantarina trayendo consigo jugo de naranja.
—¿Del que me hablaste en el manantial? —Me ayuda a sacar la belleza que me ayudo a elegir. —Suerte con ello y...
Callo al contemplar mi vestido.
—Es bellísimo. —Me interrumpe ignorando mi pregunta.
Y si lo es
Mañana será un día interesante.
***
¿Dudas?
¡Joder! Como saben estoy re subiendo la historia. Y acabo de salir de una crisis nerviosa, pero tengo miedo que se vuelva a presentar otra. ¿Motivo? me estrese demasiado al no poder concluir un capítulo.
Me encanta los pequeños cambios que estoy haciendo, pero en el siguiente capítulo incluí más emociones, por lo tanto, en el siguiente capítulo hay una escena que creo innecesaria.
¡Yo amo esa escena! pero no me siento convencida en si dejarla o modificarla.
Me duele la cabeza y no sé que hacer.
Si me quieren dar un consejo háganlo ¡Lo necesito!
***
¡Spoiler!
—No. —niego cuando quiere besarme.
—No puedes hacer este tipo de cosas y esperar que siempre te espere con la manos abierta. —me enojo. —Y menos con las piernas abiertas.
—No es lo que quiero de ti.

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top