Capítulo 13


Earned It - The Weeknd. One hour.

Todo lo que hago es porque quiero y me conviene.

Mi situación con Oleg, lo hice porque quise, ¿Me arrepiento? Claro que no, estaría loca si me arrepintiera.

Luego del incidente con nuestros amigos me puse a analizar los hechos y me reí de mi ingenuidad al no atar cabos.

No volverá a pasar.

Ahora seré aún más observadora y más si se trata del ruso. El hecho que Mariana no era su prometida me altero.

Cuando se fue, Damián y Rustam se pusieron como maniáticos hablando en ruso, se despidieron y cada quien tomo su camino. Solo me quedó un amargo sabor de boca desde ese día.

La llamada que me hizo estaba de más, escuchar la voz de su prometida me causo gracia. Ella muy feliz intentando ir a comer con la bestia mientras él muy a gusto hablando conmigo.

Con la amante, Oleg y yo tenemos mucho de que hablar y no precisamente de nuestra retorcida relación.

—Young Min. —saboreo el nombre.

Me termino de alistar para ir al hospital, entró a las 6 de la tarde y aunque faltan 3 horas, me iré porque si sigo en mi apartamento me volveré loca.

Aparte que la Dra. Vilma Salazar está ya con su proyecto y aunque no ha comentado de que se trata, se rumorea que es fuerte.

***

Entro al hospital que me recibe con un aire helado.

—¿Doctora? —Me giro al escuchar que me hablan. —¿Qué hace aquí?

Repaso al interno sin demasiado interés.

—Trabajar, Hugo. —respondo obvia mientras caminamos al ascensor. —Vi las noticias y por lo visto, todos los pasajeros que iban en el bus que tuvo un accidente los trajeron aquí. Solo vengo ayudar. —Miento.

El ascensor se pone en marcha mientras el interno no deja de verme.

—No es necesario doctora, la doctora Salazar junto a los demás se están encargando. —siento el tic en mi ojo. —Es muy buena en lo que hace y...

Me giro a Hugo y llevo mi mano a su mandíbula ejerciendo demasiada presión.

—Vuelve hablar de ella en mi presencia y no entras conmigo al cuarto del placer. —susurro entre dientes.

—Lo siento doctora, yo... —Trata de quitar mi mano, pero ejerzo más presión.

Llevo mi otra mano a su carnet.

—Eres mi interno, si yo gano, tú ganas. —No lo suelto. —Necesito que busques organizaciones para invertir en un proyecto de beneficencia y hasta que no lo encuentres no te lo devuelvo. —parpadea.

—No me parece justo doctora.

—Me importa poco lo que creas justo. —acepto. —Hay muchos doctores buenos, pero nadie se compara conmigo y tienes que entender que trabajar conmigo pocas veces será justo. Sabes que se rumorea que soy corrupta y aunque no lo creo, en esta ocasión no me importa ser el termino con el que me catalogan.

Se remueve incómodo, pero no aflojo mi agarre.

>>No considero que tenga que repetirlo. —Me separo al escuchar cómo se abre el ascensor.

Tobar y Oleg entran, el primero nos saluda mientras el Ruso escanea a Hugo, quien tiene la respiración agitada y mis dedos marcados en su mandíbula.

Lo que me faltaba.

Llegamos a mi piso, pero me detengo al escuchar a mi jefe.

—En media hora te quiero en la sala de juntas. —pide.

De reojo observo a Oleg, quien mantiene su rostro serio.

>>No te iba a llamar, pero ya que estás aquí quiero que entres.

Sus palabras me enojan, dejo de ver al ruso concentrándome en mi jefe.

—Si era algo importante, no entiendo por qué no iba a llamarme. —reclamo.

Mete su mano en las puertas para que no se cierren.

—Estaba la Dra. Salazar y ella se encargaría de informarte. —Hago puños, Oleg no se pierde la acción. —Es sobre el tema del ascenso. —Concluye aumentando mi disgusto.

—Con más razón. —Ambos hombres ven a Hugo, que se ha quedado a mis espaldas. —Son cosas delicadas y personales, por lo tanto, me parece raro que no me haya convocado como es debido.

—Ya le dije mis motivos.

—No hay justificación que valga.

—Doctora, recuerde su posición.

—La tengo clara, doctor.

El ruso no deja de ver a Hugo, su vista fija en la marca que le he dejado.

No me vayas a salir con mierdas, Oleg.

Estoy molesta con él por no hablarme claro de su prometida, así que lo menos que quiero es que se meta en mis cosas.

—Hugo dile al Dr. Damián que vaya a mi oficina. —le pide mi jefe cuando se cansa de mi hostilidad.

Mierda.

Para ingresar a las demás áreas necesita lo que yo le he quitado.

—Pero yo no tengo mi...

—Si lo tienes. —interrumpo.

Poso mi mano sobre su pecho entregando lo que necesita.

Sonrío por mi acción cuando Oleg arruga las cejas al ver mi mano sobre el pecho de mi interno.

—Que sea rápido. —Pide antes de dejar que se cierren las puertas.

—A la próxima no te salvas. —Lo dejo en medio del pasillo mientras voy a mi consultorio.

Me cambio mi jeans y blusa por mi uniforme azul marino, acomodo mis zapatillas y hago una cola alta en mi cabello.

Quisiera algo más elaborado, pero ahora sería un desperdicio.

—Me dijeron que ya estabas aquí y decidí visitarte. —Entra Matías con un uniforme igual al mío.

—¿Cómo ha estado el día? —cuestiono.

—Lo normal. —Se acuesta en el sillón de la esquina. —Llegó un caso un tanto. —Lo piensa un poco. —Peculiar.

—¿Qué era?

—Un chico vino con un sangrado anal porque uno de sus amigos le metió una botella de vidrio por el ano.

—Interesante. —Le doy un sorbo a mi bebida.

—Estuve a nada de llamarte, pero la Dra. Vilma me ayudo.

Escupo mi bebida llegando unas gotas al rostro de Matías, justo cuando la puerta se abre con la llegada de la mencionada.

Empiezo a toser mientras Matías se pone a mi espalda dando pequeños golpes hasta que se me pasa. Me queda un leve ardor en la garganta.

¿¡Qué no hay otro cirujano que no sea Vilma Salazar!?

—¿¡No le enseñaron a tocar!?—acuso.

—Si lo hice. —se cruza de brazos. —Pero, al parecer, estabas tan ocupada que no lo escuchaste. —Ve de reojo a mi amigo.

La sangre me hierve al entender sus palabras.

—No le permito que me tutee. —Rueda los ojos aún en el umbral de la puerta.

—Cálmate. —Me sugiere Matías. —No haga suposiciones absurdas, doctora. —Le pide y ella solo se encoge de hombros como si no acabara de cruzar la línea

—La están esperando en la sala de juntas, el Dr. Daniel junto a los del consejo. —Se retira comenzando a amargar mi estadía.

Lo que se resume a que estará Oleg y en estos momentos las cosas no están bien.

—Tú y yo luego hablamos. —Le digo a Matías mientras me dirijo a la salida.

—Pero...

Alzo mi mano callándolo.

Salgo del consultorio y me encuentro a Sara, pero paso de largo ignorándola como llevo haciendo desde esa tarde.

—Doctora. —Me alcanza.

—Voy tarde. —La corto. —Quiero que me tengas la lista de mis pacientes y que prepares el cuarto del placer para esta misma noche.

—Doctora, quiero decirle algo. —Ignora lo que he dicho.

—Hablamos luego Sara. —Tomo el ascensor que se cierra en su cara.

No quiero hablar con ella y que me recuerde lo que hizo.

Salgo del ascensor y por medio de la pared de cristal puedo visualizar los que están dentro.

Manada de corruptos.

La única corrupta tengo que ser yo. Y no lo soy siempre.

Que Rubén esté en el mismo espacio que Oleg me inquieta. Toco y cuando lo autorizan entro.

—Buenas tardes. —Saludo y tomo asiento en a la única silla disponible en medio de la Dra. Vilma y Rubén frente a Oleg.

Todos me saludan a excepción de las personas a mis lados, Oleg no lo pasa por alto y escanea a Rubén, posa su mirada en mí y la aparto de inmediato.

Las cosas no están bien.

Me repito cuando siento un cosquilleo.

Escucho de lo que hablan dando mi opinión cuando se requiere.

En muchas ocasiones mis puntos chocan con los de Rubén, el ambiente se vuelve tenso y a este punto no sé si soy capaz de ignorar los comentarios con doble sentido que lanza.

Ni siquiera sé que demonios hace aquí.

—Como último aviso les informo que el Dr. Rubén Urbina regresará al hospital. —Me tenso en mi asiento. —Y se compartirán los internos de la Dra. Carvajal.

¡Hijo de puta!

—Es lo mínimo que esperaba. —Se recuesta en su silla. —No es personal doctora. —Muchos lo ven con disgusto mientras otros ignoran su sarcasmo.

—Porque le darían los internos de la Dra. Carvajal y no los de la Dra. Salazar, que anteriormente eran los suyos. —comenta Oleg viendo a Rubén.

Él se endereza y carraspea antes de responder.

—Porque el motivo por el que me trasladaron fue por rumores infundidos por la doctora Alessia. —La sangre sube a mi cara.

Nada de lo que dije fueron rumores, y estoy cansada de que la violencia se normalice.

No está bien en ningún sentido y que quiera minimizar el acoso y daño verbal del que me defendió Matías me enoja.

Ya me cansé de querer justicia, ahora quiero venganza.

—¿Qué clase de rumores? —inquiere Oleg mientras oculta su interés propio con curiosidad.

—Son cosas personales, Oleg. —Lo corta mi jefe.

¡Es violencia! Que parte no entienden.

Oleg me mira queriendo indagar que tan cierto es, lo ignoro y me mantengo sería porque si él no me cuenta sus cosas yo menos.

Me esta guardando secretos que no debería, y me molesta que cada vez que indago encuentro cosas que me gustaría saber por él.

—Conozco a la Dra. Alessia desde hace varios años y me niego a aceptar que lo que ella dijo fuesen rumores. —Veo al hombre de uniforme y sobre este la bata blanca en la que porta su carnet que lo identifica como Dr. Alex Merino.

Su rostro me lleva a años atrás cuando él llegaba a nuestra casa como invitado y amigo de mi padre.

—Esa es la verdad Dr. Merino. —responde Rubén. —Usted no lo ve porque ignora de los alcances de su ahijada.

—Porque la conozco, sé que no miente.

—¿En serio? —nadie ignora la burla en su tono.

—Es suficiente Rubén. —Lo calla Tobar.

No es momento de discutir y tampoco quiero que Oleg se dé cuenta de lo que paso con Rubén.

Por eso guardo silencio, no sé si es vergüenza u orgullo.

Aunque callar me haga sentir dagas invadir mi pecho al escuchar sus mentiras.

No puedo olvidar los siguientes dos años después de esa noche, dos años con hafefobia, ansiedad, TEPT.

El tercer año luego de esa noche, fue difícil ya que acepte lo que había pasado y junto a especialista y él... lo supere.

—Que te acepte en mi territorio es porque así lo determinó la junta superior, no porque yo lo quiera. —los murmullos inician . —Es mi última palabra, ahora pueden regresar a sus puestos.

Todos empiezan a salir, tomó el folleto que me dieron dispuesta a irme del lugar.

—Ustedes tres se quedan. —ruedo los ojos, pero, no protesto.

Oleg me da una última mirada antes de salir y encontrarse con Damián, que desde hace unos minutos lo esperaba. Conversan un poco para luego tomar el elevador.

—No quiero peleas y acciones cuestionables. —Muevo mi vista al hombre que encabeza la mesa rectangular.

—Por mí no tendrá problemas Dr. Tobar. —Se adelanta hablar la Dra. Vilma.

—De mí nunca escuchará quejas ni del personal ni de los pacientes. —Lo secunda Rubén.

Los tres me ven esperando que hable.

—Me conoce perfectamente y sabe cuál es mi método de trabajo. —No abandono mi mirada de sus ojos. —Los hechos hablan por mí y...

—Esta vez no se trata de lo laboral. —Me enderezo. —No quiero que sus problemas personales los traigan al hospital. Compórtense como los profesionales que son.

Me siento indignada de sus palabras porque él sabe parte de la historia, no lo que paso esa noche, pero si lo demás.

Que lo tome como problemas personales no es algo que tolero, pero no me queda otra cosa más que aceptarlo.

>>Habló para los tres. —observa a Vilma. —si vuelvo a escuchar quejas de ti, por imprudente, no dudaré en enviarte de nuevo al lugar donde vienes.

—No volverá a ocurrir doctor. —Baja el mentón.

—Alessia, confió en ti y que sabrás manejar la situación. —Rubén bufa. —¿Cuántos internos tienes?

—Seis. —respondo. Vilma le dice que tiene cuatro, por lo que dos de mis internos y uno de Vilma pasan a manos de Rubén.

—Pueden retirarse. —Nos informa. —No olviden su proyecto, en dos meses tienen que presentar su avance. —Salgo del lugar, con el genio alterado, Rubén se está metiendo en terreno peligroso.

A lo lejos veo a Oleg junto a Damián y Matías en una conversación.

Tomo otro pasillo para no topármelo, quizá sea inmaduro, pero no quiero que Oleg empiece a preguntar cosas que no estoy dispuesta a responder, aparte que estoy molesta por su actitud.

El me tiene que responder algunas cosas y...

¡Ay, no!

Mi huida es en vano porque antes de llegar a las escaleras me detiene.

—Porque huyes. —No me suelto, me lleva gradas abajo en donde no somos vistos.

—¿Ahora si quieres hablarme? —cuestiono molesta. —Ya te pasaron los síntomas de la menopausia.

—Eres tú la loca que le gusta complicarse la vida.

—¿Te recuerdo cómo te pusiste cuando te dije lo de tu madre? —recuerdo que me sorprendió su llamada.

Flashback.

Estoy por tomar mi bolso cuando escucho el timbre de mi móvil, lo saco y es, ¿La Sra. Raisa?

—Bueno. —respondo.

—Alessia, que bueno que tú si respondes. —Está demasiado eufórica.

—Eh si, ¿Se ha sentido mal?

—Todo lo contrario, estoy muy feliz. —Me intriga su emoción.

—Dígame Señora...

—Dime Raisa y pues te cuento, me acaba de llamar mi nuera. —Frunzo las cejas al no entender. —La prometida de Oleg. —No me gusta el rumbo que está tomando la conversación.

—Sra. Raisa, no entiendo que tengo que ver yo en eso. —Cambio el peso de un pie a otro con un poco de molestia y aún no sé por qué. Creo que es porque me retrasa el tiempo de convivir con mis amigos en la parrillada.

Una donde estará el hombre del que está hablando.

—Le hablé a uno de sus amigos y él me dijo que te hablara a ti porque quizá sabias algo de él. -—Me está haciendo doler la cabeza. —Aún no sé por qué tú lo sabrías, pero si lo ve dile que la llame. No sabes la magnífica persona que es. Cuando la vi supe que era perfecta para mi hijo, aunque al principio se llevaban mal, al final terminaron juntos ¡Y comprometidos! —Su emoción me asquea. —Nunca había visto a mi hijo tan feliz hasta qué...

—Disculpe interrumpir la Sra. Raisa, pero tengo que irme si veo al Sr. Oleg Bogdánov le daré su recado. —No espero respuesta y le cuelgo, salgo con el diablo encima, pero me calmo al ver la escena de Javier con Santi que me esperan para irnos.

Fin del Flashback

—Me tenías que decir que Mariana no era tu prometida. —reprocho.

—En ningún momento te dije quién era. —Su mirada quiere aniquilarme. —Además, no me dijiste que no tenías hijos. —Entrecierra los ojos.

—¿¡Qué!?

—¿Hizo falta algo, no crees?

La comunicación.

—No estamos a mano. —aclaro.

—Me iré del país por algunos asuntos que tengo pendiente en Rusia. —me ignora.

—Ajá, ¿Y? —Se acerca a mí hasta toparme en la pared.

—Como que, ¿Y? —Posa sus manos a los costados de mi cabeza. —Cuando vuelva me contaras que paso con el tipo de adentro.

No lo creo.

—Son cosas que no te importan.

—El hecho que esas cosas sean tuyas son motivo suficiente para que me importen. —Trago grueso.

—Las cosas no están bien, Oleg. —Bajo el rostro. —No puedes irte a la primera que se menciona a tu prometida y después volver como si nada.

—Eso también lo discutiremos. —Lleva su mano a mi barbilla para que lo mire. Su rostro está tan cerca del mío que su aliento mentolado se funde con el mío.

—Mientras no hablemos, quiero que te alejes. —dispongo.

Trata de besarme, pero volteo el rostro y sus labios terminan en mi mejilla mandando corrientes a mí entrepierna.

—No sabes cómo me cuestiono el aguantar tus ridiculeces. —Se aleja.

—No son ridiculeces. —Me enderezo. —Me molestan tus actitudes, y si te lo digo es porque no quiero agregar más problemas a mi vida.

—¿Soy un problema para ti?

—Eres como un cálculo de vesícula. —Empiezo. —Sé que te tengo que sacar de una vez, pero sigo comiendo cosas que aumentan el cálculo.

Entrecierra los ojos irritados.

—Es la forma más extraña en la que me han dicho que me aman. —parpadeo al darme cuenta de que se confundió.

—¡Claro que no! —Suspiro estresada. —Eres un cálculo porque sé que eres dañino, pero no te alejo porque me gusta cómo me follas y sigo follando contigo aumentando mis ganas de que estés dentro de mí.

—Trata de no extrañarme mucho. —Se burla.

—Lo mismo digo, ¿Tienes suficientes fotos o quieres que te mande una de mis tetas?

—Conozco tus tetas de memoria. —tenso la mandíbula. —¿Quieres tu de mi polla para que tengas dulces sueños?

—No, tu polla no es algo que me sorprenda. —miento.

—¿Y por eso la alabas? Espera y te refresco la memoria. —carraspea. —¡Joder! Esa es la mejor polla que he conocido. —se cruza de brazos.

Alzo el mentón, sin avergonzarme de mis palabras.

—Estaba en medio de un orgasmo. —me justifico. —Es obvio que diga incoherencias.

—En un orgasmo provocado por mi polla. —alza una ceja.

También por tus dedos y boca, bestia.

—Cosas irrelevantes.

—No lo pongo en duda, solo te aclaro que con tu debido permiso me pajearé con la colección de tus tetas. —joder, incluso con su rostro inexpresivo me caliento. —Espero y hagas lo mismo con las que tu tienes.

No lo creo.

—Claro que no, está noche voy a salir a buscar alguien que te sustituya. —Lo provoco.

Ve sobre mi hombro antes de contestar.

—Suerte con eso. —asiento, y me felicito por acostarme con alguien que entiende la situación.

A veces un poco posesivo, pero se le quitará.

>>Trata de encontrar una grande para que no sientas la diferencia.

Sobo mis sienes cuando noto la burla.

—¿No que ya te ibas? —lo corro.

Sonríe con suficiencia mientras escucho un carraspeo, me volteo viendo a las dos personas que con anterioridad estaban con Oleg.

—Tenemos que irnos ya, Oleg. —no me avergüenza, ya saben que nos acostamos. —Dra. Carvajal. —Me saluda.

Hay una leve conversación antes de marcharse.

Sé va no sin antes susurrarme unas cuantas advertencias que ignoro.

—Que tanto escucharon. —Cuestiono a mi amigo cuando los otros se han ido.

—Lo suficiente para saber que está noche iremos de caza. —ruedo los ojos.

Sigo bajando las escaleras omitiendo el ascensor.

—No seas tonto que está noche tengo turno.

—¿Y por qué le mentiste al Ruso?

—Porque quiero que tenga claro que, así como él se irá a encontrarse con su prometida, yo también puedo estar con otra persona sin que él pueda decir algo.

—¿Dónde está la exclusividad que tienen los amantes?

No tenemos exclusividad.

—Se quedó en edad moderna. —Sonrío. —Y nosotros ya estamos en la edad contemporánea.

***

¡AMOO!

No saben cuantas ganas tenía de subir este capítulo, es de lo más tranquilo. 

¿Dudas?

***

¡Spoiler!

Concluimos el propósito de misión. —dicen a través del intercomunicador. —Hemos despistado a los traficantes, Carvajal Burdel por el momento estará seguro.

Y eso solo me da tiempo para desmantelar a los traficantes.

Me detengo de golpe cuando veo a la mujer de cabello negro riendo con algunos clientes, su vestimenta me confirma que ella es la dueña.

El parecido es tanto que ahora no tengo dudas de su familiaridad.

♥♥♥

Capítulo dedicado a @sucel_hidalgo

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