𝐗𝐕. 𝐒𝐞́ 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐚́𝐬 𝐚𝐪𝐮𝐢́

𝐒𝐚𝐯𝐚𝐧𝐧𝐚 𝐕𝐞𝐠𝐚

Hᴀɴ ᴘᴀsᴀᴅᴏ ᴅᴏs ᴅɪ́ᴀs ᴅᴇsᴅᴇ la salida que tuve con Pedri, dos días que llevo evitandolo. No sé exactamente el motivo, supongo que no estoy acostumbrada a llorar frente a alguien, y menos, contarle cosas tan profundas. Más sabiendo que conozco a Pedri hace poco más de un mes.

Siento miedo en cada parte de mí, porque noto lo que siento cuando le miro, cuando lo escucho hablar...

Pedri me gusta, y siento que ha conseguido ese resultado muy rápido, tan rápido que me aterra. Nunca había tomado las cartas del amor ya que durante toda mi vida he tenido cosas más importantes a las que centrar mi atención. Pero ahora que lo he hecho, no sé cómo tomar la situación.

Siempre he tenido una imagen del amor agria, amarga. Solo de pensar en cómo acabó mi madre por culpa del amor que sentía por mi padre y cómo ello pudo conseguir que se consumiera a sí misma, me quita las ganas de cualquier cosa que tenga que ver con ello, con la palabra amor.

Sin embargo, con Pedri todo es muy distinto. No he pasado ni siquiera mucho tiempo con él, pero sé que con cualquier cosa que haga no me aburriré si él está ahí. Estar con Pedri es como un respiro, olvidarse de lo que te atormenta. Es tanto en tan poco, que siento que no lo merezco, para nada.

Escucho que llaman a la puerta desde el salón. Me levanto rápidamente con curiosidad: Pedri no puede ser, tiene partido en menos de dos horas y ya se ha ido al Camp Nou. Para mi sorpresa, cuando abro me encuentro a Anna. Le dirijo una mirada de confusión, ya que no me había dicho nada.

Ella no nombra palabra, simplemente entra sin previo aviso cerrando la puerta y me arrastra a mi habitación.

—¿Contexto? —murmuro frunciendo el ceño y sentándome en la cama.

Anna repitió mis actos y también se sentó, frente a mí. Me miró con ojos inocentes y acto seguido, cogió mis dos manos para ponerlas en su regazo.

—Savanna, sabes que yo te quiero mucho... —empezó a decir.

No pude evitar poner los ojos en blanco: algo quería.

—Escúpelo. ¿Qué quieres, qué has hecho? —interrogué mirándola con desconfianza.

Anna soltó una risa nerviosa, y después de unos par de segundos, se animó a hablar. Con pelos y con detalles, me contó desde por qué me había colgado de esa manera tan arrepentina ayer, hasta cómo Gavi acabó en su casa y por verla pintar –porque a ello se dedica Anna, a pintar, le encanta–, ahora le debe algo: ir a verle al partido de hoy.

—Entonces, no quiero ir sola... ¿me acompañas? —me preguntó poniendo ojos de corderito.

—Ni de coña. —rechacé rotundamente, negando con la cabeza. Mis planes de evitar a Pedri no estaban listos para cambiar.

Sé perfectamente de que él se ha dado cuenta de ello, ya que cada vez que intenta sacarme conversación la acabo lo antes posible y me voy; si se me acerca en casa me voy corriendo sin explicación y así constantemente.

—¡Por favor! ¡Que Pablo me ha dejado llevarte! —habló con un tono desesperado.

—Así que por eso llevas la camiseta del Barça puesta... —murmuré mirando la prenda, intentando cambiar el tema como pudiera.

—Sí, ¡y no cambies el tema! —pidió Anna exasperada.

—Es que no entiendo porque aceptas nada. —confesé encogiéndome de hombros.

—Fue una encerrona, ¡fui obligada! —se escusó levantándose de la cama.

—Claro...

—Te lo juro. Se tumbó en mi sofá nuevo ¡con zapatos! Me chantajeó, no podía ser de otra... —explicó mirándome con súplica —. Además, supuestamente le debo eso porque me vio pintar, ¡pero ni se lo pedí!

—Pues verle pegado dos hostias, ya está. —puse solución sencillamente mientras me recostaba en la cama.

—Claro... —rió irónicamente —. ¡Si tú eres la primera que no le pegas ni a un mosquito, chocho!

—Ya, pero como sé que tú sí pues por eso te lo digo. —dije con aire divertido.

Anna se llevó sus dedos al puente de su nariz mientras reía frustrada.

—Te lo suplico, Savanna. Ven conmigo. —habló poniendo sus manos juntas, como si estuviera rezando.

Me paré a pensarlo un rato más. Sabía que Anna no iba a parar hasta que lo consguiera, ya que es muy persuasiva. Tampoco tenía por qué cruzarme con Pedri, simplemente veriamos el partido y nos iríamos. Puse los ojos en blanco en señal de rendición y hablé: —Está bien...

—¡Eres la mejor! —bociferó Anna mientras besaba mi mejilla repetidas veces.

Después de separarse de mí, abrió su bolso y rebuscó algo en él. La miré confusa ante el acto. De ahí sacó otra camiseta del Barça, y sin más preámbulo, me la dio.

—Toma, te la regalo.

Fruncí el ceño mientras inspeccionaba la prenda. Abrí los ojos como platos cuando vi qué nombre tenía en su espalda: el de Pedri. Era irónico, no solo me iba a presentar a su partido despues de estar ignorándolo por dos días, sino que ahora tengo que llevar su camiseta.

—¿Pedri? —preguntó con cierto eje de terror.

—¿Tan mal salió vuestra salida? —cuestionó mi amiga preocupada.

—No, no es eso... Pero bueno, da igual, está bien. —balbuceé mientras recomponía mi postura.

Podría haberle contado que le estaba evitando, pero ni yo sabía por qué lo hacía exactamente. Tengo una base de lo que puede ser el motivo. No siento estar preparada para contárselo a alguien hasta que no lo analice más a fondo.

—Bueno... vale. ¡Pues a cambiarte! ¡Rápido! —me ordenó alegremente dando palmas.

No puse pega, así que me cambie poniéndome la camiseta y unos vaqueros. Después Anna me planchó el pelo y me maquillo un poco, y se podría decir que estaba lista.

—Pues vamos. —dijo mi amiga dirigiéndose hacia la puerta.

Sin más preambulo cogimos un taxi y nos dirigimos al Camp Nou. Esta sería la segunda vez que iría a tal campo, pero aun así será el primer partido al que voy. Aunque no tuvo por qué, porque sabía que sería así, me sorprendió la cantidad de gente que abundaba el lugar. Pensarlo y verlo en imagenes es una cosa, pero verlo en persona es distinto.

Entramos gracias a las entradas que le envió Pablo a Anna, así pudiéndonos sentar en el palco.

—¿No tienes hambre? —me preguntó Anna mientras yo veía mi móvil.

Negué con la cabeza y dirigí mi mirada hacia ella.

—No. ¿Por qué?

—Nada. Es que podemos ir allí —dijo señalando a su espalda, donde de encontraban unos escaparates que daban a un bufete —, hay comida.

Un silencio se apoderó de nosotras. Lo más probable es porque soy muy corta de mente, pero no sabía a dónde quería llegar Anna, así que le puse una mueca de confusión. Ella al darse cuenta puso los ojos en blanco y habló: —Tengo hambre, iré a comer. No te muevas de aquí.

—No soy una niña pequeña, Anna. —refunfuñé ante su último comentario.

—Por si acaso. —dijo encogiéndose de hombros.

Seguí con lo mío –o sea, mirando el móvil–. De repente, el recuerdo de la llamada que recibí hace dos días vuelve a mi mente de nuevo. Todavía no sabía qué hacer y cada día que pasaba me ponía más nerviosa, más sabiendo que en cualquier momento mi madre podría morir. No sabía qué hacer todavía y me exasperaba.

Una voz aguda y dulce me sacó de mis pensamientos; Un pequeño cuerpo se abalanzó sobre mí abrazándome. Miré hacia abajo: Hugo se encontraba rodeándome con sus delgados brazos.

—¡Savanna!

—¡Ey, pequeño! —exclamé alegre —. ¿Qué tal?

—Bien —respondió simple, encogiéndose de hombros —. He venido a ver a mi primo jugar.

Claro.

De repente el niño señaló hacia un lugar del palco, cercano a nosotros.

—Ahí están mis tíos, los padres de Pedri, y mi primo Fer, su hermano. —me explicó alegre.

—Genial. Seguro ganan.

—¡Sí! Después te voy a buscar para presentartelos. Seguro que ellos también quieren que tú seas la novia de mi primo. —habló risueño, mientras yo intentaba procesar todo lo que acababa de decir.

Mis planes de evitar a Pedri por lo menos estos días me iban a salir por la culata.

—No sé, no quiero incomodarlos... —logré balbucear intentando excusarme.

El pequeño negó rápidamente con su cabeza repetidas veces.

—Claro que no.

Podía notar que su acento canario era más leve, no tan pronunciado. Fruncí el ceño al darme cuenta.

Nunca me había fijado antes.

Supongo que era porque, como me contó, había venido a Barcelona a la edad de tres años, prácticamente su infancia estaba transcurriendo aquí, y como dicen, en esos años es cuando más se absorbe de aprendizaje.

—Me voy, que el partido va a comenzar ya —informó alejándose —. ¡Hasta luego!

Levanté mi mano derecha y la agité en señal de despedida. En ese mismo instante recibí un mensaje de Pedri, que me dejó estática en mi lugar. Lo leí sobre la notificación, sin abrirlo.

"Sé que estás aquí."

No pude evitar abrir algo más de lo debido los ojos. Empecé a sentir cómo las manos me estaban sudando.

Por inercia lo busqué con la mirada, suponía que si sabía que estaba aquí era porque me había visto. Buscándolo con la mirada me lo encontré frente a los banquillos, con el móvil en la mano y mirándome fijamente. En ese momento de contacto visual me puse mucho más nerviosa. Me miraba serio, parecía casi molesto. Efectivamente, me había visto.

En ese instante, vi cómo empezó a teclear algo en su móvil. No pude evitar meterme en el chat para comprobar si me estaba escribiendo a mí, que como preveía sí que era así.

"Después hablamos."

Solo bastó con echarle otra ojeada para ver cómo guardaba el móvil dentro del bolsillo de su chaqueta, con su mirada todavía fija en mí, y se metía dentro de los establecimientos del Camp Nou.

Estaba enfadado. Enfadado de verdad.

━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
Holaa, perdón si tardo en actualizar, es que estoy haciendo dos historias a la vez. Os recomiendo que os leáis las dos (tanto esta como Siempre tú), ya que ambas están conectadas y pasan al mismo tiempo. Solo para recordar, gracias!!

Encontré una imagen en Pinterest que es como me imagino a Pedri mirando a Savanna desde los banquillos, exactamente IGUAL a como me lo imagino.

(No soy de poner imágenes en capítulos porque no me gusta, pero es que era necesario porque es tal cual.)

━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
ᵃᵗᵗᵉ 𝖠𝗋𝗂 𝗅𝖺 𝖺𝗇𝗈́𝗇𝗂𝗆𝖺ᕕ( ᐛ )ᕗ

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top