06. Bufanda.

Jimin se despertó más temprano de lo habitual, sintiendo el frío de la mañana filtrarse por las rendijas de su ventana. Se vistió con cuidado, eligiendo su uniforme con esmero y guardando su traje de baño en la mochila. Sabía que hoy tendría otra sesión de natación con Yoongi, y aunque la idea lo emocionaba, también lo ponía nervioso. No estaba acostumbrado a recibir tanta atención, especialmente de un alfa como Yoongi.

Al bajar las escaleras, su madre lo esperaba en la cocina con una taza de té humeante en las manos.

—Jimin, hace mucho frío esta mañana —dijo, mirándolo con preocupación—. Deberías abrigarte más.

Jimin se encogió de hombros.

—No pasa nada, mamá. Cuando sea mediodía, el frío se quitará —respondió, ajustándose la mochila sobre los hombros.

Su madre no pareció convencida. Con un suspiro, tomó una bufanda que estaba colgada en el perchero y se la ofreció.

—Es de Jungkook, pero úsala mientras tanto —dijo, envolviéndola suavemente alrededor del cuello de Jimin—. No quiero que te resfríes.

Jimin asintió en silencio, sintiendo el suave tejido de la bufanda contra su piel.

—Gracias, mamá —murmuró, antes de salir de la casa y dirigirse al auto que lo llevaría a la escuela.

El frío de la mañana era intenso, y Jimin se apresuró a entrar al gimnasio, frotándose las manos para calentarlas. Al cruzar la puerta, vio a Yoongi de pie junto a la piscina, rodeado de otros chicos. Eran dos: uno alto y de apariencia elegante, y otro con una sonrisa brillante y energía contagiosa. Jimin se detuvo en seco, sintiendo cómo el nerviosismo lo invadía.

¿Qué hago?

¿Debería irme?

No quiero interrumpir.

Pensó, sintiendo cómo su corazón comenzaba a latir más rápido.

Sin pensar sus piernas dieron media vuelta, intentando salir del gimnasio antes de que alguien lo notara. Pero justo cuando estaba a punto de irse, escuchó la voz del alfa llamándolo.

—¡Jimin! —la voz de Yoongi resonó en el amplio espacio, haciendo que Jimin se detuviera en seco—. Aquí, te estoy esperando.

Jimin se giró lentamente, viendo cómo Yoongi se acercaba a él con pasos largos y rápidos. El alfa le sonrió, había algo en su mirada que hacía que Jimin se sintiera aún más nervioso.

—Hola —murmuró Jimin, jugueteando con los extremos de la bufanda que aún llevaba alrededor del cuello.

Yoongi no dijo nada más, pero el nerviosismo de Jimin no pasó desapercibido, que jimin jugara con su bufanda significaba que lo ponía nervioso.

Lo observó unos segundos más antes de quitarle la mochila de los hombros con un movimiento suave.

—Ve a cambiarte —dijo, mientras ajustaba la mochila del peliazul a sus hombros —. Empezaremos a calentar en unos minutos.

Cuando Jimin regresó de los vestidores, ya con su traje de baño ajustado, encontró a Yoongi esperándolo junto a la piscina.

Los otros dos chicos estaban cerca, observándolo con curiosidad.

—Jimin, te presento a Seokjin y Hoseok —dijo Yoongi, señalando a cada uno de ellos—. Seokjin es de último año, y Hoseok es de segundo año, como yo.

Jimin saludó con una pequeña inclinación de cabeza, sintiendo cómo las mejillas se le sonrojaban.

Sintiéndose incluido, ni siquiera Namjoon lo había incluido con sus amistades, solo se alejó de ellas para estar con él.

—Hola —murmuró, evitando el contacto visual.

—Hola, Jimin —dijo Seokjin con una sonrisa amable—. Yoongi nos ha hablado de ti.

—Sí, dice que eres muy lindo. —añadió Hoseok, con una sonrisa brillante que iluminó su rostro.

Jimin no supo cómo responder.

Lindo.

No estaba acostumbrado a recibir elogios, especialmente de alfas. Se limitó a asentir tímidamente, sintiendo cómo el calor se extendía por su rostro.

—Bueno, empecemos —dijo Yoongi, interrumpiendo el momento—. Jimin, ven conmigo.

Pidió, tomando la mano de Jimin guiándolo hasta el otro extremo de la piscina.

—Espera. —Hablo bajito Jimin, desenrollando la bufanda.

Y el aroma que estaba bien guardado en ella salió, liberando ese aroma a moras y vainilla del omega.

—Si. —Respondió el alfa y observó como Jimin dejó su bufanda sobre una de las bancas.

Jimin se acercó al borde de la piscina con pasos vacilantes.

—Vamos, Jimin —dijo Yoongi, con una voz suave pero firme—. Hoy trabajaremos en tu flotación y en cómo moverte en el agua sin esfuerzo.

Jimin asintió, sintiendo cómo el nerviosismo lo invadía. Miró el agua, que parecía más profunda de lo que recordaba, y dudó por un momento.

—¿Estás bien? —preguntó Yoongi, acercándose un poco más.

—Sí, solo... —Jimin tragó saliva—. Solo necesito un momento.

Yoongi sonrió levemente, apresiando la timidez del omega.

Tan lindo.

—No te preocupes, estoy aquí. —dijo, extendiendo una mano hacia Jimin—. Ven, te ayudaré a entrar.

Jimin tomó la mano de Yoongi. El contacto fue breve, pero suficiente para hacer que Jimin sintiera un escalofrío recorrer su cuerpo.

—Despacio —murmuró Yoongi, con un tono casi susurrante—. No te apresures.

Jimin asintió, sintiendo cómo el agua fría lo envolvía poco a poco. Cuando estuvo completamente sumergido, Yoongi no soltó su brazo de inmediato. En cambio, lo sostuvo un poco más, como si quisiera asegurarse de que Jimin estuviera bien.

—¿Cómo te sientes? —preguntó, mirándolo con atención.

—Bien —respondió Jimin, aunque su voz sonó un poco temblorosa—. Solo... un poco frío.

Yoongi sonrió, y esta vez fue una sonrisa genuina, no solo una expresión cortés.

—Eso es normal. Te acostumbrarás en unos minutos.

A medida que avanzaba el entrenamiento, Yoongi encontró excusas para mantener el contacto físico con Jimin.

—Así no —dijo en un momento, colocando sus manos sobre los hombros de Jimin para enderezarlo—. Debes mantener la espalda recta.

Jimin sintió cómo el calor de las manos de Yoongi se extendía por su cuerpo, y no pudo evitar sonrojarse.

—Lo siento —murmuró, tratando de concentrarse en las instrucciones.

—No tienes que disculparte —respondió Yoongi, con un tono suave—. Estás aprendiendo.

En otro momento, cuando Jimin intentó flotar boca arriba, Yoongi lo sostuvo por la espalda, asegurándose de que no se hundiera.

—Relájate —dijo, con una voz que era casi un suspiro—. Deja que el agua te sostenga.

Jimin cerró los ojos, tratando de seguir las instrucciones, pero era difícil concentrarse cuando sentía las manos de Yoongi sobre su cuerpo.

—Así está mejor —murmuró Yoongi, con una satisfacción evidente en su voz—. Eres un buen estudiante, Jimin.

Cuando terminó el entrenamiento, Yoongi no dejó que Jimin saliera de la piscina por su cuenta.

—Ven, te ayudaré —dijo, extendiendo una mano hacia él. —Cuidado —advirtió Yoongi, cuando Jimin resbaló un poco—. El borde está resbaladizo.

Jimin asintió, sintiendo cómo el corazón le latía más rápido. La mano de Yoongi no soltó la suya hasta que estuvo completamente fuera del agua, y incluso afuera de la piscina Yoongi sostuvo su mano unos segundos más.

—Gracias —murmuró Jimin, evitando el contacto visual.

—No hay de qué —respondió Yoongi, con una sonrisa que Jimin no pudo ver, pero que sintió en su tono de voz—. Siempre estaré aquí para ayudarte.

Mientras tanto, Hoseok y Seokjin observaban la escena con curiosidad.

—Nunca había visto a Yoongi tan... atento —comentó Hoseok en voz baja, dirigiendo una mirada cómplice a Seokjin.

—Sí —respondió Seokjin, con una sonrisa intrigada—. Parece que Jimin le gusta, aunque no sé qué le ve a ese beta.

—Pues es un beta demasiado lindo y tímido.

El gimnasio estaba casi vacío cuando Yoongi terminó de recoger sus cosas. Los demás se habían ido hace rato, y solo el sonido del agua goteando en la piscina rompía el silencio. Él estaba a punto de salir, con la mochila al hombro, cuando algo lo detuvo.

Era el aroma.

Dulce, cálido, envolvente. Un aroma que lo llamaba como un imán, haciéndolo girar hacia la banca donde Jimin había dejado su bufanda. La tela estaba doblada descuidadamente, como si hubiera sido olvidada en un descuido. Yoongi se acercó lentamente, sintiendo cómo el aroma se intensificaba con cada paso.

El alfa se acercó discretamente a la bufanda, asegurándose de que nadie lo viera. Con un movimiento rápido, la tomó entre sus manos y la llevó a su nariz. El aroma era intenso, dulce y cálido, con notas de moras y vainilla que lo envolvieron como una caricia.

Es él.

Es su aroma.

Extendió la mano y tomó la bufanda con cuidado, como si temiera que se desvaneciera entre sus dedos. La llevó a su nariz y respiró profundamente, permitiendo que el aroma lo inundara por completo. Moras y vainilla, con un toque de algo más... algo que no podía definir.

—Jimin... —murmuró en voz baja, casi como un suspiro. —Vas a volverme loco.

Su lobo interno rugió de satisfacción, reclamando ese aroma como suyo.

Sabía que no debía hacerlo pero no podía evitarlo. El aroma era demasiado tentador, demasiado... suyo.

Con un movimiento rápido, dobló la bufanda y la guardó en su mochila, asegurándose de que quedara bien escondida.

—Lo siento, Jimin —murmuró para sí mismo, aunque no había arrepentimiento en su voz—. Pero no puedo dejarla aquí, tu alfa la guardará.

Esa noche, cuando llegó a su habitación, Yoongi sacó la bufanda de su mochila con cuidado. La colocó sobre su cama y la observó por un momento, como si estuviera admirando un tesoro.

Luego, la llevó a su nariz nuevamente, respirando profundamente. El aroma de Jimin lo envolvió, haciéndolo sentir más cerca de él, como si estuviera justo ahí, a su lado.

—Jimin... —susurró, cerrando los ojos y dejando que el aroma lo transportara a un lugar donde solo existían los dos.

Recordando la sonrisa tímida del omega, sus mejillas regordetas y rosas, su cabello azul que contrastaba a la perfección con su piel clara, y sus labios gruesos y teñidos de rojo.

Con una sonrisa satisfecha, guardó la bufanda en un cajón de su mesita de noche, decidido a conservarla como un secreto.

—Mañana, mañana te veré de nuevo.

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top