Capítulo 6

Christopher

En el rostro de la agente puede notarse un esperpento al momento en que me ve entrar. Supongo que al menos se ha acordado de mí. No la conozco del todo bien, pero es fácil de deducir que se encuentra confundida y preocupada. Ciertamente debería estarlo, los cargos de los cuales se le acusa son bastante serios, y aún más considerando que forma parte del FBI.

-Bien, los dejaré solos, tienen cinco minutos, ni más ni menos.

El detective que interrogaba a Ashley parece ser de esos que siguen la ley al pie de la letra. Aunque de por sí teniendo en cuenta su edad es normal, las personas de ese tipo siempre son estrictas al pie de la letra. Una vez rebasa la puerta, la habitación queda en un silencio absoluto, perfectamente se puede escuchar la respiración de la agente, ya que es bastante descontrolada.

Me detengo a repasar de arriba abajo su cuerpo. A pesar de que no hace calor, sus manos destilan sudor, una clara señal de los nervios que en ella reposan. A pesar de conocer sobre mi presencia, se niega a hacer contacto visual conmigo, tal vez por vergüenza. Para obligarla a observarme, doy unos pasos hacia la posición en la cual previamente se encontraba el detective. Levemente, sus ojos chocan con los míos, con lo que confirmo que está cagada del miedo.

-¿Qué hace usted aquí?

Menuda bienvenida, al parecer está molesta.

-Primero que todo, buenas noches- saludo tratando de mostrarme educado- ¿No recuerda que le había comentado que era Licenciado en Derecho? Pues aquí estoy.

-Cierto...

Es curioso porque en sólo tres días he pasado de ver a una persona bondadosa a una totalmente distinta a lo que fue en aquel hospital.

-Pues sí, me han asignado el caso. En cuanto supe que se trataba sobre usted, no dudé en hacerme cargo.

-¿Ah sí? ¿Y por qué tanto interés en mí?

Porque te tengo que matar niña estúpida. Intento por todos los medios de mantener mi paciencia intacta, pero se está convirtiendo en misión imposible ante su mal humor.

-Nada especial, vi que se trataba de usted y la quise ayudar. Resulta extraño que una agente del FBI se vea involucrada en algo así. Deja mucho que desear, señorita Brown.

-¡Que yo no hice nada!

El grito ensordecedor produce un eco terrible en la sala, faltó poco para que me llevara las manos a los oídos. La rabia que lleva dentro ha salido sin frenos, de manera natural.

-Entiendo entiendo, pero mantenga la calma. No soy culpable de lo que le está ocurriendo.

Sonrió por dentro ante mis palabras, tal parece que hasta es cierto.

-Tiene razón, lo siento. Es que no soporto esta situación.

-La comprendo, pero necesito saber qué pasó.

En su cara se ve la indecisión ante mi pregunta, como si no supiera que decir al respecto.

-Sinceramente no tengo la más mínima idea. Tiene que haber sido cosa de alguien que quería culparme, no veo otra explicación.

-Es decir, ¿que usted no fue?

-¡Pero claro que no! Mire, se ve que no me conoce, pero jamás he tenido nada que ver con drogas, todo lo contrario.

-Ya veo. Pero lamento informarle que el cargo del que se le acusa es bastante grave, podría perder su empleo y hasta ir a la cárcel.

Enseguida, se lleva las manos a la cabeza, al parecer lo que he dicho le ha afectado. Le doy unos segundos para que tome aire y caiga en la realidad de la situación en la que se encuentra.

-Por lo pronto, no puedo hacer nada, tendrá que pasar la noche en una celda. Mañana tendrá lugar una audiencia preliminar, y le mentiría si le digo que las probabilidades de que salga son altas.

-No puede ser, no puede ser.

-Lo siento, pero así es, ya le digo, los cargos son bastante serios. Lo único que haría que no llegue a juicio, sería que encontrase una prueba lo suficientemente sólida como para hacer que desestimen los casos en su contra.

Una lágrima le corre rápidamente por su mejilla, y a continuación le siguen otras más. Pues después de todo, ya estoy consiguiendo mi objetivo, hacerla sufrir antes de su final.

-Por favor, haga cualquier cosa pero sáqueme de este lugar. Es que yo no he hecho nada, soy inocente.

Su voz suena entrecortada, prácticamente se puede decir que me está suplicando.

-Le creo, solo que hay que probarlo. Confíe en mí, la sacaré de aquí.

Un resoplido sale de ella, a la vez que la puerta se abre. La silueta del detective que se había retirado minutos atrás, vuelve a aparecer en la habitación.

-El tiempo ha terminado, hora de retirarse Licenciado.

-Enseguida- replico y me pongo de pie, no sin antes dirigirme a la agente- Descuide señorita Brown, su caso está en buenas manos.

Finalizado mi discurso, salgo del cuarto de interrogatorios, con la satisfacción de saber que mi plan está saliendo a la perfección. No pude haberlo imaginado de mejor manera.

***

-¿En serio llegó a llorar, señor?- inquiere Taylor despelotado de la risa.

-Sí, y lo más gracioso de todo fue que... me dijo... casi rogándome... que la sacara de ahí- termino diciendo con dificultad ante las carcajadas que estoy soltando.

Mi cara se ha puesto roja de tanto reír, pero no soy el único, todos los demás miembros del equipo no paran de sonreír. Es casi de madrugada y aún estamos reunidos, no me canso de hacerle los cuentos sobre mi visita a la agente.

-Me decía: No puede ser, no puede ser, yo no he hecho nada, soy inocente-

Una nueva ola de risas se desata en la habitación, aunque veo a Mathew, el joven cibernético, un poco serio respecto a los demás.

-A mí hasta me da un poco de lástima- indica como si me estuviera leyendo la mente.

De repente, la habitación queda en silencio total, a todos se nos borra la sonrisa de la cara, y hacemos gestos de confusión.

-¿Qué dices?- pregunta Robinson en un tono desconcertante.

-Bueno... es que se nota que la está pasando mal- explica Mathew.

-¿Y a ti qué cojones te importa eso? ¿Es tu novia o tu amiga?- repongo de manera agresiva.

-No, solo que...

-Ya, cállate, no quiero seguir escuchándote. A ver, dime, ¿ya tienes lo que te pedí?

Con unos movimientos dudosos, se mueve hacia el ordenador presente en la habitación, y agarra un dispositivo USB que se halla sobre la mesa en la que también está colocado el monitor.

-Sí, aquí está todo- afirma haciéndomelo llegar.

-Bien, ¿y tú Robert? ¿Seguro de que tomaste todas las precauciones?

-Seguro, jefe, todo como lo ordenó- siente mostrando firmeza en sus palabras.

-A mí me queda una duda, señor, ¿qué es lo que piensa hacer ahora?- exclama Ronald quien al parecer todavía no ha caído en el objetivo del plan.

Antes de responderle, observo a Taylor, ya que él me ayudó a pulirlo. Este a su vez niega con la cabeza, no puede creer lo que está escuchando. Pues si él no lo cree, yo menos.

-Cada vez estoy más sorprendido de la partida de inútiles que me han puesto en este equipo. ¿En serio no logras ver qué hay detrás de todo esto?

-Realmente, pensándolo bien, no sé.

Suelto un resoplido extenso, como si me fuera a quedar sin aire. Necesito calmarme, no perder el control. Entiendo que mi padre me quisiera ayudar, pero si supiera a los hombres que contrató, seguramente ni perdería el tiempo en ello.

-Está bien, te voy a explicar. Como sabes, ya anteriormente le había pedido a Mathew investigar sobre las cámaras de seguridad más cercanas a la casa de Ashley. Recordarás que cuando me dijo sobre la existencia de tres en el estacionamiento, le dije a Taylor que eso nos lo haría más fácil. Bueno, tenía que hacer algo para acercarme aún más a la agente, y en eso enfoqué mi plan. Lo primero debía ser plantar esos dos kilos de cocaína en el coche de ella, lo cual realmente no resultó complicado. Le dije a Robert que tomara cuidados por supuesto, debía cubrirse bien de pie a cabeza para que le fuera imposible a las grabaciones captar algún rasgo físico que lo delatara. Así que de esa forma llegó la droga al maletero de su auto. Pero no quedó ahí, teníamos que avisar por algún medio a la policía. Entonces fue cuando le indiqué a Taylor que utilizara un teléfono público para poner al FBI al tanto de la situación. Aún si intentaran rastrear el número, no podrían saber quién se comunicó con ellos. Hasta aquí todo perfecto, pero necesitaba asegurarme de que el caso iba a ser asignado a mí y no a nadie más. Ya en esto necesité la ayuda de algunos contactos de mi padre, ellos se encargaron de que Ashley fuera representada por mí, y no por otro abogado. Ahora, te preguntarás el por qué de todo esto, ¿no? Viste que hace un momento atrás cogí un dispositivo USB; en este se encuentran las grabaciones de las cámaras de seguridad presentes en el estacionamiento de la casa de la señorita Brown. Con eso podré probar que su caso es una falsa, y trataron de inculparla, con lo cual quedará libre. ¿Y entonces quién será su salvador? Exacto, yo. Después de que la saque de la prisión, apuesto a que la tendré en mis manos, a partir de ahí podré comenzar a ganarme su confianza. De hecho, pensé en la posibilidad de sacarla esta misma noche, pero luego entendí que no era lo más apropiado, mejor que duerma en la celda y vea lo que se siente estar en ese lugar, que sufra unas horas allá adentro, así lo agradecerá aún más.

-Oh... No sé cómo pudo ocurrírsele algo así.

La cara de Ronald muestra gran asombro al terminar mi relato. Se ve que ni en mil años pudiera ser capaz de maquinar un plan tan perfecto como este.

-Mucha cabeza, amigo. Pensar tanto te hace idear cosas extraordinarias.

-Y entonces, jefe, ¿qué es lo que sigue?- pregunta Robinson interrumpiendo a Ronald, quien quería continuar hablando.

-Irnos a descansar. Mañana será un largo día.

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