Capítulo 4
Christopher
Siento dos impactos demoledores sobre mi cuerpo y me es inevitable caer al suelo. Me retuerzo del dolor, dejando escapar gemidos. Llego a pensar que puedo morir, que esta mierda de plan se ha ido a la basura.
Estar al borde del abismo es una sensación aterradora, ves cómo la vida se está yendo ante tus ojos. Reflexionas sobre lo que has dejado de hacer, en qué pasará luego de que ya no estés, en si será verdad que todos, algún día, iremos al cielo después de la muerte.
Entonces, todo se nubla y de repente mi vista se queda en blanco.
***
PIN…PIN…PIN…
Abro los ojos y poco a poco voy recuperando la visión. Estoy en la cama de un hospital, conectado a unos aparatos médicos sin saber bien el por qué. Es cuando intento reincorporarme que lo recuerdo todo. Soy incapaz de levantarme, debido a las dos punzadas provocadas por los disparos de aquella noche.
En ese instante, interrumpe en la habitación un doctor con bata blanca, el cual se apresura a recostarme de nuevo, luego de ver mi esfuerzo por sentarme.
—No, no haga eso. Todavía tiene que hacer reposo, no queremos que se le vuelvan a abrir las heridas— dice ordenándome con una voz estúpida.
—Espera un minuto. ¿Quién eres tú para decirme lo que debo o no hacer?— pregunto consumido por la rabia.
—Qué buena presentación. Mi nombre es Jonhatan Parker, estoy al frente de tu cuidado, y ahora recuéstate que tengo que chequearte las heridas.
Después de casi un minuto mirándolo con cara asesina, hago caso y me dejo caer sobre la camilla. Mientras me observa y analiza, repaso desde el principio todo lo ocurrido aquella noche en el club.
—Está bien, olvídalo. Atiéndeme y escucha con atención lo que te voy a decir, no quiero errores, nos estamos jugando el futuro de esta misión, de aquí depende lo que está por venir— digo dirigiéndome a Robinson.
—Okay, lo entiendo. ¿Qué haremos?— responde intranquilo.
—Sé que eres experto en el trabajo con armas y posees una excelente puntería. Por eso, se me hace que vas a tener que dispararme.
—¿Pero qué carajos está diciendo jefe? ¿Acaso está loco?— pregunta casi gritándome.
—Tranquilo, me vas a disparar, pero en una parte del cuerpo que no represente ningún tipo de peligro para la vida. Claro, eso no es todo, tiene que parecer que esos tiros van dirigido hacia la agente. ¿Entiendes el punto?
—A ver si entiendo. ¿Vas a similar que le salvaste la vida?
—Pues sí, me voy a poner delante de ella en el camino de las balas.
—Sorprendente, eso sí que es pensar, viejo.
Luego de unos minutos, nos colocamos en nuestras posiciones. Rob se ubica cerca de la salida trasera, para luego de disparar, poder huir hacia el exterior, donde una camioneta con los otros miembros del equipo lo va a estar esperando. Por otra parte, yo estoy en la mesa que está detrás de la agente del FBI.
Me levanto tras el gesto con la cabeza que me dedica mi camarada, como señal de que ya está listo. Entonces, corro y me lanzo al lado de la detective, impidiendo que las balas sigan su recorrido hacia donde está ella.
Mis pensamientos son interrumpidos por el doctor que ha terminado su chequeo:
—Bueno, todo está bien. Si sigue así, en un par de días podrá salir de alta. Ahora me retiro, allá afuera hay una persona que desea verlo, le diré que pase— anuncia y pone rumbo a la salida.
Me quedo acostado mirando el techo cuando siento que la puerta se abre. Volteo la mirada y aparece la agente, su cara transmite lo ingenua que es, ni idea tiene de lo que verdaderamente ocurrió. Una ligera sonrisa se me dibuja por dentro, la cual corro a reprimir ante su presencia. Es imposible no echarse a reír cuando te das cuenta de lo fácil que ha sido manipularla.
—Disculpe, ¿será que podemos hablar?— dice apoyada sobre la puerta.
—Sí, entra— respondo haciendo que se sienta cómoda.
—¿Cómo está? El doctor me dijo que no es nada grave y pronto podrá irse.
—Pues sí, menuda suerte he tenido— replico burlándome de su inocencia.
—Sí, pudo acabar en una tragedia. Lo siento, no me he presentado, agente Ashley Brown del FBI.
—¿Del FBI? ¿Debo preocuparme?
—No si no has hecho nada malo.
La conversación provoca que me tenga que morder los labios a cada rato, es muy difícil reprimir la risa. No sabía lo bien que se me daba mentir.
—Bueno, mi nombre es Christopher Anderson, licenciado en Derecho. Un placer conocerla.
La amabilidad es algo que detesto, no soporto ser afable con alguien desconocido. Si estoy esforzándome por serlo, es debido a la importancia de esta misión.
—Lo mismo digo. Nunca podré terminar de agradecerle lo que hizo ayer en la noche, ya sabe, arriesgar su vida por mí.
—No se preocupe, lo importante es que todo está bien. Disculpe mi pregunta, ¿pero qué hacía alguien como usted en aquel lugar a esa hora?
—¡Ah! No era nada, estaba en medio de una operación, en fin, un desastre. No pudimos capturar al hombre que buscábamos y como si fuera poco, se nos escapó el individuo que le disparó. Todo un fracaso.
Claro, estúpida, ¿cómo no va a ser un fracaso si lo planeé yo? Ya quisieras tener el mínimo de creatividad que tengo yo.
—Bueno, no se preocupe, siempre hay más oportunidades.
—Lo sé, saber eso me tranquiliza. Y usted, ¿qué hacía ahí?
—Aunque no lo parezca, estaba trabajando.
—¿Trabajando? ¿A esa hora?
—Oh sí. Estaba revisando que todos los documentos legales del club estuvieran en orden. Me imagino que sepa que esos lugares solo abren en la noche.
No sé de dónde carajos ha salido este poder de improvisación, jamás había sido tan bueno en esto.
—Ah, cierto. Bueno, espero que se recupere lo antes posible. Gracias de nuevo por salvarme la vida, no sabe cuánto se lo agradezco— dice y empieza a caminar hacia la puerta.
Obviamente no he llegado a este punto para dejarla irse así sin más. He puesto mi vida en riesgo y no fue en vano.
—¡Espera!
Puedo ver cómo se detiene mientras agarra el pomo de la puerta. Entonces, da la vuelta y regresa hacia donde se encontraba.
—¿Algo que necesite?— pregunta pareciendo un poco desconcertada.
—De hecho sí. Bueno, verás, pensé que podríamos intercambiar nuestros números. Me parece que si algo así nos unió, es por algo.
Dicho esto, lanza una tarjeta que saca de su bolsillo hacia mi cama, en donde doy por hecho que está su número móvil.
—Si necesita algo, me dice. Le deseo pronta recuperación— repone y se marcha.
A la mierda todo, nada ha salido como esperaba. No sé, imaginé que al menos iba a mostrar una pizca de interés en mí, pero no he visto que haya pasado. Ha sido tan fría que me atrevería a decir que le da igual si me vuelve a ver o no.
Genial, otra vez desde el inicio. Agarro la tarjeta que me ha dejado y observo su número. Al menos lo tengo, quizás no estoy en cero como pensaba. Algo es algo.
Quedo en silencio maquinando cuál va a ser mi siguiente paso. Ahora mismo no se me ocurre alguno, pero si algo sé, es que sea como sea tengo que seducir a esa agente.
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