Capítulo 27
Ashley
Tras un breve silencio, mi mayor temor se hizo realidad.
BOOM!!!
El sonido de la explosión retumbaba en mis oídos, las últimas palabras de Christopher seguían ahí. Estaba en shock, no podía razonar bien lo que ocurría.
—Jefe, ¿está ahí?— rezaba por una respuesta, una maldita respuesta de él.
—Da media vuelta, debemos llegar a ese lugar— indico desesperadamente.
Después de tantas dificultades que habíamos superado, me negaba a aceptar que este había sido el final de todo. Aún guardaba la esperanza de verlo con vida, como si nada hubiese sucedido.
Seguimos el sonido de las sirenas, ambulancias que se dirigían a la escena, carros de patrullas policiales, bomberos. Todos se encontraban reunidos en la calle, justo antes de un semáforo, sabía que tenía que ser ahí.
Habían acordonado el área de la explosión, pero a mí no me importaba, una estúpida cinta no iba a impedir que buscara a Chris. Las llamas aún ardían, se sentía el calor en el ambiente, el humo.
Era difícil visualizar la magnitud de lo sucedido, solo podía apreciar mi vehículo en llamas.
—Señorita, no puede pasar— dice un oficial.
—No me diga lo que puedo hacer y lo que no. Soy la agente Ashley Brown del FBI— digo y sigo mi recorrido.
No alcanzo a llegar al coche, me paro en seco al ver a un parámedico sacando un cuerpo en una camilla, transladándolo hacia la ambulancia más próxima. A lo mejor hubiese sido mejor no haberlo visto.
El cadáver se encontraba demasiado descompuesto, la explosión lo hacía irreconocible, no quería seguir viendo esto, no podía. Destrozada por dentro, me recuesto apoyando la espalda sobre un auto policial.
Tengo las manos temblorosas, las lágrimas salen disparadas de los ojos. Debía haberle dicho que lo amaba antes de salir, debía haberle dado ese beso, pero no, me dejé llevar por mi rabia.
Él no estaba destinado a morir, era yo, ese era mi coche, ahí debía estar yo, no él. Quizás por eso haya tomado la decisión de utilizarlo, para protegerme, seguro pensaba que algo así podía ocurrir.
Comprendo lo estúpida que fui, Chris me había salvado una vez más y yo... yo lo había rechazado. ¿Habrá muerto sabiendo que lo amaba? Tal vez no, aunque no es su culpa, sino mía, no le dije lo que quería escuchar minutos atrás.
¿Me sentiría mejor si le hubiese dicho? Sinceramente no lo sé, si de algo estoy segura, es de que no estaría haciéndome estas preguntas en este momento, Christopher habría muerto convencido de mi amor por él, sin importar todo lo que ocurrió.
—Señorita, debemos irnos—
Observo delante de mí a un hombre, mi vista está nublada, por lo que apenas puedo reconocerlo. No obstante, su voz ya la he escuchado, fue el mismo que habló con Chris en el auto.
—¿Cómo que irnos? ¿Acaso estás loco? ¿No entiendes que está muerto? Pues sí, él está muerto, ya nada tiene sentido para mí—
—Acompáñeme al coche, este no es un sitio seguro—
Quizás es que a este sujeto no le interese en lo más mínimo esto que acaba de ocurrir, ya que no sentía nada por Christopher. Sin embargo, yo no puedo fingir como si nada hubiese pasado, el hombre que amo está muerto, en un intento por salvarme, ¿y este tipo pretende que siga adelante como si nada?
—Déjame en paz, no iré a ningún lugar—
—Mire, le hablaré claro, el señor me ordenó cuidar de usted aún si algo malo le ocurriese, y eso es lo que haré. Deberá pensar mejor, él murió por verla viva, si deja que la encuentren y la asesinen, nada de lo que hizo habrá tenido sentido—
Comprendo sus palabras, pero no me entiende, esto no es fácil. Estoy segura que nunca ha vivido lo que me encuentro viviendo y sintiendo en este momento.
—Vamos, por favor—
Finalmente accedo, me pongo de pie y dejo que me guíe hacia el vehículo. Una vez dentro, me niego a quebrarme aquí, en este sitio, al frente de los demás muchachos. No tengo idea de a dónde me llevan, solo trato de mantenerme fuerte y aparentar fortaleza.
Termino dormida casi todo el trayecto, no siento cuánto tiempo habrá tomado este viaje. Cuando miro por la ventana, observo un paisaje desconocido, nunca había estado aquí.
—¿Dónde estamos?— pregunto intranquila.
—No se preocupe, adentro le explico todo—
Los sigo hacia dentro de una casa, bastante sencilla con respecto a la de Chris, aunque perfectamente decorada. Me quedo parada en medio de la sala, esperando por alguna respuesta.
—¿Y bien? ¿Qué hacemos aquí?—
—Primero que todo, quiero presentarme, soy Ronald, y junto a los demás formábamos parte de un equipo, el cual trabajaba para Christopher—
¿Para qué Chris necesitaba un equipo? Esto me parece estúpido.
—Pues bien, antes de que ocurriera todo esto, nos dejó indicado traerla hasta Cleveand, fuera del alcance de las personas que quieren hacerle daño—
Evito dar mi opinión, solo escucho atentamente, intentando comprender.
—Él ordenó hacernos cargo de usted en caso de que algo malo le ocurriera, así que eso es lo que haremos. También conocía los riesgos y peligros que podía afrontar, así que justo antes de salir hacia el lugar donde la tenían secuestrada, le dejó escrita esta carta de despedida—
Aprecio como el sujeto me alza la mano, ofreciéndome la carta de la que habla.
—Al final del pasillo, a mano derecha, se encuentra su habitación. Si quiere puede ir y leerla a solas—
Hago caso, me dirijo serena hacia el dormitorio. Cuando entro, observo las paredes pintadas de un color violeta claro. Me recuesto sobre la cama, cansada, exhausta de fingir todo el dolor que siento. He tenido que aguantar las lágrimas, aparentar que soy fuerte, cuando no lo soy.
Antes de abrir el sobre, recuerdo que este va a ser el último detalle de la persona que amo, porque ese es el amor, un sentimiento que nada ni nadie te puede arrebatar, solo la muerte puede impedir que dos personas puedan ser felices.
Agarro en mis manos la hoja y la desdoblo. Accidentalmente, dejo caer una lágrima sobre ella, por lo que me aseguro de que no vuelva a ocurrir. Antes de empezar a leer, tomo aire e intento prepararme, aunque no estoy muy segura de que lo logre.
Bueno, sinceramente no sé cómo empezar, estoy muy nervioso. Probablemente si llegas a leer esta carta, es porque ya no esté con vida, pero quise de alguna manera decir adiós. Siento que a través de las letras, me expreso de mejor manera, dejo de lado toda mi frialdad, la cual solo hace dejar dudas, interrogantes. Muchas veces deseo no ser así de frío, seco, serio. Desearía ser ese hombre que tanto quieres, alguien que sepa mostrar sus sentimientos, sin temor a sentirse vulnerable. Por esa razón, estoy convencido de que te gustará esta carta.
El primer día que escuché hablar sobre ti fue cuando mi padre me encargó asesinarte, parece ya algo muy lejano. Esa noche repasé un expediente lleno de información acerca de ti, era increíble leer todas esas cosas. Al instante quedé fascinado, es que eres muy buena, demasiado. A partir de ahí, decidí intentar que te enamoraras de mí, aunque creo que ese fue mi error, subestimar el poder del amor.
Recuerdo la primera ocasión que te vi, en aquel club, nos tomaste de sorpresa. Rápidamente creé un plan, en el cual pareciera que te había salvado la vida, aunque no fue así. Ese tiro siempre fue dirigido hacia mí, no tenía intención de herirte, solo simular que había dado mi vida por tí. Así nos conocimos, cada tiempo que pasaba a tu lado era distinto, me hacía salir de esa monotonía en que vivía, me hacías sentir bien.
En la siguiente ocasión sí te salvé la vida de verdad, afortunadamente llegué a tiempo. Supimos sobreponernos a obstáculos, como lo fue Edgar, el cual se aprovechó de tu ingenuidad y me hizo ver como el malo, aunque no estaba del todo equivocado. Poco a poco sentí una atracción por esa chica que no me dejaba vivir tranquilo, no podía dejar de pensar en ti Ashley. No fue sino hasta aquel día en que te obligaron matar, cuando me di cuenta de que te amaba, pero me daba miedo aceptarlo. A partir de ese momento, decidí hacer todo lo posible para mantenerte a salvo de mi padre, alejada de cualquier peligro.
Y es que no concebía un futuro sin tu presencia, admito que le temía al amor, por diversas razones. Le temía porque es el único sentimiento capaz de romper barreras, de hacer cambiar a una persona, de vencer lo imposible. Es ése que te puede hacer vulnerable, convierte tu corazón en algo frágil, algo que puede ser roto ante simplemente el peligro que corre otra persona, aquella a la que amas. Eso mismo fue lo que ocurrió conmigo ese día en que vi cómo le disparabas a un chico inocente, sentía como si algo dentro de mí se quebrara, se hiciera pedazos.
Hoy después de todo lo que hemos pasado, puedo decir que no me arrepiento de nada, me encuentro súper agradecido de haber conocido a una chica tan formidable como tú. Tampoco me reprocho nada, intenté con todas mis fuerzas cambiar y convertirme en ese hombre que deseabas. Me esforcé por hacerte ver mi amor por ti, por demostrarlo en todo momento.
Seguramente ahora me encuentre en un lugar mejor, uno a donde pertenezco, no como tú que mereces disfrutar lo que te resta de vida. Realmente espero que en alguna ocasión, puedas encontrar a otra persona que sepa amarte, que te trate como yo no supe hacer, anhelo que encuentres el amor de nuevo, y que sea aún más bonito que el nuestro.
Antes de terminar, debo reconocer que contigo pude entender que un amor, por imposible que sea, nunca estará condenado, lo único capaz de condenarlo es la muerte. Solo pido poder encontrarnos en la otra vida, una en la que intentaré hacer las cosas de otra manera. Te ama mucho por siempre, Christopher.
Y ahí, en ese instante, era evidente que ambos, tanto Christopher como yo, estábamos de alguna manera, tocando fondo.
Fin...
Así termina un libro plagado de secretos, mentiras y sobretodo, emociones. Recuerdo el primer capítulo y me parece que es ayer. En mi memoria está aquel día que decidí comenzar esta aventura junto a ustedes, y espero la hayan disfrutado tanto como yo. Con esta historia hemos vivido momentos felices, tensos, emocionantes y también tristes. Pero...
Me complace anunciarles que... ¡habrá segunda parte! Y no solo eso, sino que próximamente subiré el epílogo, el cual os dejará aún más deseosos de ese segundo libro. Este solo es un hasta pronto porque esto no termina aquí, hay camino aún por delante. Con la invitación a que esperen el epílogo, me despido.
¡Buona giornata para ustedes!
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