Capítulo 16

Ashley

¡PAM!

No quería hacerlo, pero no tuve otra opción. Ver a Edgar apuntando a Chris en el suelo me ha llenado de nervios, no podía perderlo.

Nunca llegué a creer que el amigo con el que estuve todo este tiempo, haya sido capaz de hacer esto. Soy una tonta, siempre debí de haber sospechado, debía haberle hecho caso a Christopher, ahora está desplomado en el piso, sangrando y muriéndose.

Corro hacia él deprisa, necesito estar a su lado y auxiliarlo hasta que llegue la ambulancia. Sus ojos están abiertos, aunque observo cómo sale sangre de su abdomen.

—Hey, quédate conmigo, resiste, ya viene la ayuda— me entra el pánico, la desesperación se acumula, la impotencia me gana.

—Ashley... te tengo que... decir algo—

—Shhh, no digas nada, me lo dirás cuando te pongas bien— no puedo detener las lágrimas, si se va, me quedaré sola.

—Sí... tienes que saberlo antes de que me vaya— hace un esfuerzo por enlazar las palabras.

—No, tú no te puedes morir, resiste por favor— se me quiebra la voz, me doy cuenta de lo importante que se ha convertido Christopher para mí.

—Yo... te amo— la sorpresa es evidente, no esperaba esas palabras de él y menos en esta situación, lo cual solo provoca que mis lágrimas salgan con mayor intensidad.

—Yo también te amo y te necesito, sé fuerte, ya casi llegan los paramédicos—

—Si muero, solo deseo que seas feliz— no puede ser real que esté diciendo estas cosas, me niego a aceptar que ya no lo tendré más.

—¡Ya cállate joder! Te pondrás bien— pierdo los estribos, no soporto que diga todo esto.

—Solo... prométemelo—

Siento que debo decírselo, al menos sé que se sentirá mejor, y más estando en esta situación.

—Te lo prometo— susurro para que me pueda escuchar.

—Gracias, ¿me das un beso?—

Agarro sus cachetes y lo beso, manchando su cara de sangre. Noto el sabor de las lágrimas, pero no despego mis labios de los suyos.

Siento cómo deja de moverse y abro los ojos para mirarlo. Ha perdido la conciencia, necesito hacer algo más que esperar por la maldita ayuda.

—Christopher... ¡Christopher!—

Grito su nombre y sucumbo su cuerpo tratando de despertarlo. No obtengo reacción de su parte, sigue sin moverse, a lo lejos escucho el sonido de la ambulancia, al fin llega.

Rápidamente lo suben al vehículo y ponen marcha hacia el hospital. Los sigo con mi auto hasta que llegamos, apenas tomó menos de 10 minutos.

Dos médicos salen corriendo a recibirlo, cada segundo es crucial, necesitan operarlo lo más rápido posible para sacarle las balas. Entro al interior con intención de estar con él, pero soy detenida por un doctor que me pide quedarme fuera de la sala de operaciones, nadie más puede entrar.

Hago caso y tomo asiento, llevándome las manos a la cara, no puedo creer que esto esté pasando. Es imposible evitar sentirme culpable de alguna manera, si por algún mínimo instante hubiese confiado en Christopher sobre cómo era en realidad Edgar, esto no habría llegado a pasar.

Aguardo impaciente sentada en la sala de espera durante las siguientes tres horas. Estar sin saber nada de su estado me come por dentro, solo puedo aguardar por noticias. Después de casi una eternidad, aparece el doctor, su rostro define firmeza y seriedad.

Las manos me sudan y mis piernas empiezan a temblar, nunca había sentido tantos nervios. Una parte de mí se prepara para lo peor, pero la otra está decidida a no dejarlo ir.

—¿Cómo fue? ¿Qué pasó?— pregunto desesperada al enfermero, provocando que me mire fijamente.

—Hicimos todo lo que pudimos, pero...

—¿Pero qué? ¿Cómo está Christopher?— reconozco que estoy siendo un poco grosera, sin embargo, es la tensión del momento.

—Habrá que esperar a ver cómo evoluciona, las siguientes 24 horas serán cruciales para su recuperación—

Quedo destrozada por dentro, se me hace un nudo en la garganta, ya no soy capaz de esperar más.

—¿Qué sucede si no despierta en 24 horas?— intento investigar más sobre la situación, tengo muchas dudas y necesito respuestas.

—Bueno... en ese caso, él entrará en estado de coma, lo siento— sus palabras se clavan en mi corazón, ha acrecentado mis miedos, mi temor a no volverlo a ver.

—¿Cuántas probabilidades hay de que se recupere?— hay respuestas que no deseo escuchar, pero debo saber.

—No puedo decir con exactitud, una de las balas afectó un órgano vital, la operación fue un éxito, pero igual hay que esperar—

—Gracias—

No siento ganas de nada, ya casi está anocheciendo y debería comer algo, no obstante, no tengo apetito. Esta noche me quedaré al lado de Chris, necesito estar junto a él.

Salgo hacia afuera donde está mi auto. Pongo rumbo a casa, pretendo bañarme y recoger algunas cosas para volver al hospital.

Conduzco más rápido de lo habitual, me consume estar lejos de él en estos momentos. Tengo una mezcla de emociones encontradas, quiero ser optimista, pero siempre termino pensando lo peor.

Cuando llego, no pierdo tiempo y corro a ducharme, cada minuto que pasa me desespera más. Para cuando estoy lista, ya son las nueve, aún no he comido nada, la situación no me deja hacerlo.

El trayecto de regreso me toma más tiempo, el tráfico empeora debido al momento del día. Luego de más de media hora, estoy frente al hospital.
Me dirijo a la recepción con la intención de preguntar por Christopher y saber en qué habitación se encuentra.

—Hola, ¿podría decirme dónde se encuentra el muchacho que llegó con heridas de balas esta tarde?— digo amablemente dejando a un lado mi inquietud.

—Espere un minuto—

Observo cómo toma el teléfono y hace una llamada. No entiendo cuál será el motivo de esta, solo busco saber el número de la habitación en que está.

—Señorita— una voz me hace voltear.

El médico que participó en la operación de Chris está parado frente a mí.

—¿Dónde está Christopher?— la desesperación se me nota, no puedo hacer nada para evitarlo.

—Señorita...

—¿Qué pasó?—

La mirada del hombre que tengo delante es de compasión, tal parece que le da pena decirme lo que tiene por decir.

—Lo siento, el paciente tuvo un paro respiratorio—

El peso de cada palabra cae sobre mí, el corazón me corre más deprisa, no soy capaz de pronunciar nada. Es muy difícil de asimilar, solo fui un momento hasta mi casa, es irreal que algo así haya podido pasar en ese tiempo tan corto.

—¿Có...mo?— logro balbucear, siento las lágrimas bajar por mis mejillas.

—Sí, fuimos capaces de estabilizarlo, pero las posibilidades de que sobreviva han disminuido, lo mejor sería que entrara a despedirse—

La fuerte realidad me atrapa, su estado es muy delicado, tanto que los médicos no creen que sobreviva. Ahí entendí que las ilusiones no son más que falsas esperanzas, las cuales si dejas que se alimenten de ti, tendrán el poder de hacerte pedazos por dentro.

El doctor me guía hacia el cuarto donde se halla Christopher. Tomo aire antes de entrar, no sé si estaré preparada para hacer esto.

Abro la puerta, convencida de lo que debo hacer. Las paredes están pintadas de verde, escucho el pitido de los aparatos a mi izquierda. Ahí está, desplomado, encima de la camilla, conectado a todas esas máquinas de oxígeno.

Me destroza verlo así, camino unos pasos para estar más cerca de él. Justo al lado de la cama, está colocada una silla, por lo que me siento en ella.

Tiene los ojos cerrados y su pelo negro recogido hacia detrás, nunca le dije lo guapo que era. Le agarro su mano para hablarle, debo hacerlo aún cuando no pueda escucharme.

—Hola, bueno... supongo que no me puedas escuchar, pero igual quiero decirte todo lo que me quedó por hacerte saber. El día que nos conocimos en el club, cuando me salvaste la vida, sentí algo especial por dentro, en aquel momento nunca supe qué era, pero hoy me doy cuenta. Y es que cada vez que te veía, deseaba que ese momento fuese infinito. El momento más difícil de cada día era decir adiós, simplemente porque no quería. Te debo mucho, me salvaste también la vez del almacén, no puedo creer que hicieras eso por mí. ¿Y para qué? Si ahora estás aquí, por mi culpa, por no confiar en ti, no pude hacer nada para evitar que te encuentres en esta situación, aún cuando tú lo hiciste dos veces. No te quiero perder... por favor. Te necesito, te has convertido en la persona más importante que tengo, esa que me hace despertarme todas las mañanas con ganas de esperar el momento para vernos, para hablar. Contigo aprendí que el corazón no se rige por sí solo, sino que es un esclavo de los sentimientos y las emociones. Definir un momento en el que me haya enamorado de ti es imposible, simplemente sé que ocurrió, y me acabo de dar cuenta al verte en esta situación. Despierta por favor, te amo—

Agarro sus mejillas y lo beso, consciente de que era la última vez que lo hacía, disfrutando sus labios por última ocasión. Me levanto dirigiéndome hacia la puerta, mis esperanzas se desvanecían, todo se apagaba, quedaba sumergida en una oscuridad, de la cual, solamente un rayo de luz, podía hacer que todo volviera a ser como antes.

—Yo... también te quiero—

Hola hola, salutes para todos. Ahora sí, hablemos de lo sucedido. Finalmente, Edgar hizo todo lo que pudo para separar a Ashley y Chris. Ash se enteró de la peor manera posible de lo que era capaz su amigo. Y luego, Christopher estuvo casi al borde de la muerte. Bueno, está levantando vuelo la historia.
¡Buona giornata para ustedes!

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