T R E C E
Charlotte
Las puertas del elevador se abren y el piso del último piso de Eldswood Inc. brilla ante mí en esta hermosa mañana de lunes.
—¡Buenos días! —saludo de manera general al dirigirme hacia mi oficina y obtengo algunos buenos días de regreso.
Tuve un grandioso fin de semana con Javier. Sí, el comienzo estuvo algo accidentado, pero al final resultó ser lo mejor. Ahora tengo un novio. Novio. Supongo que me llevará algo de tiempo acostumbrarme a usar esa palabra de nuevo, pero estoy segura de que no será mucho. Con Javier todo es fácil, sin complicaciones, las cosas fluyen. Incluso después de la crisis que tuve por la pelirroja esa del club, y todo gracias a que él supo darme la seguridad que yo necesitaba.
Repentinamente, Kevin aparece frente a mí, con un AirPod en su oreja y un iPad en la mano. Su cabello castaño claro perfectamente peinado hacia un lado y su traje, hecho a la medida, impecable como siempre.
—¡Charlie! —me dice, luciendo un poco perturbado.
Lo saludo con un beso en la mejilla y después da un paso hacia atrás para verme de arriba abajo.
—Luces fantástica hoy.
Sexo. Es todo el sexo que he estado teniendo. No voy a decirle eso, al menos no aquí ni ahora, Kevin ni siquiera sabe que Javier existe, pero todo parece indicar que mi novio y yo tenemos un severo caso de no poder quitarnos las manos de encima.
—¡Gracias! —le contesto con una enorme sonrisa mientras empezamos a caminar juntos hacia mi oficina.
—Escucha —me dice acercándose hacia mí y con voz baja—. Llegaron unas flores.
Me paro en seco inmediatamente. He estado recibiendo flores misteriosas durante los últimos meses de un remitente anónimo y solo existe una persona en el mundo que estaría haciendo eso, así que Kevin se ha encargado de evitar que esas flores lleguen hasta mí.
—Pero estas son diferentes —continúa—. Resulta que las que llegaron hoy de hecho tienen una tarjeta. Así que las dejé pasar. ¿Hay alguien más que podría haberte mandado flores?
Mis ojos se abren como platos y tomo a Kevin de la muñeca.
—¡Ven! ¡Vamos! —le urjo emocionada.
Veo las flores a través de las paredes de cristal de mi oficina. Kevin las puso en la mesa de centro frente al sofá de la pequeña sala de estar al lado de mi escritorio. Siendo un caballero, Kevin me abre la puerta y yo dejo mi bolso sobre el escritorio y mis ojos se clavan en el pequeño sobre blanco que sobresale por encima de las peonias en diferentes tonos de rosa. Definitivamente no son del estilo de Scott, a él cualquier flor que no sea una rosa de tallo largo le parece burda. Tiene una fijación con el estilo clásico, para según él mantener la tradición y la elegancia, aunque yo llamaría a su estilo aburrido y pasado de moda. Sí, estoy casi segura de que no las envío él, aun así, mis dedos tiemblan cuando tomo el sobre para leerlo.
—¿Quieres que lo haga por ti? —sugiere Kevin.
Niego con la cabeza y respiro profundo antes de sacar la tarjeta del sobre.
Para mi ballerina, que tengas una semana grandiosa.
Exhalo aliviada y presiono la tarjeta contra mi pecho.
—¿Todo bien?
—Todo está perfecto —le contesto con cara de tonta.
Kevin levanta una ceja inquisitivamente.
—Siéntate, tenemos que hablar —me ordena.
Tomo las flores y las pongo en el escritorio, las quiero cerca de mí. Me siento en la silla detrás del escritorio y Kevin se sienta en una de las sillas al otro lado.
—¿Y entonces? —me pregunta ansioso.
—¿Cómo están los niños? —le contesto, pretendiendo que no sé de lo que quiere hablar.
—¡Basta de tonterías, Charlie! —me dice poniendo los ojos en blanco—. ¿Quién te envió eso?
—Mi novio —replico casualmente.
—¡¿Qué?! —inmediatamente presiona sus labios, como dándose cuenta de que acaba de gritarme—. ¿Qué? —me repite en un susurro.
Le cuento una breve historia sobre Javier y yo, omitiendo algunos detalles como el encuentro con Katherina, nadie necesita saber eso. En su lugar, paso directo a contarle la parte de "seamos novios" y es ahí donde Kevin se pone sentimental.
—Eso es muy dulce —pronuncia con voz cortada y abanicando con una mano sus ojos llenos de lágrimas.
No tengo el más mínimo reparo con decirle a Kevin cómo nos conocimos Jav y yo y a lo que se dedica. Él es una de las mejores personas que conozco y la vida no siempre le ha sonreído, en especial cuando de adolescente tuvo que vivir en la calle después de que sus padres lo echaran por ser gay. Conoce de primera mano lo que los prejuicios pueden hacerle a una persona, así que él no los emite, nunca.
—¿Y qué piensa Robert al respecto?
—¿Papá? —le pregunto, como si pudiera estarme hablando de otro Robert—. Nada, no piensa nada porque no sabe —le advierto—. ¿Qué crees que opine?
—No estoy seguro —titubea, encogiendo un hombro—. Sé que se preocupa por ti más que por nadie en el mundo y puede ser que todo esto le parezca muy repentino y... bueno, Charlie, sé que tu padre es un buen hombre porque lo conozco, pero imagino que también el hecho de que Javier sea un trabajador de la construcción no va a parecerle ideal.
Quizás había estado en un estado de negación todo este tiempo, pero genuinamente no había pensado cómo se sentiría mi padre con respecto a Javier hasta que Kevin me preguntó. Papá sabe muy bien que es mejor no gastar su energía en decirme qué hacer, pero al menos soy consciente de que tendré que escuchar un sermón que no sé si pueda soportar.
Y justo al levantar la mirada, veo a papá acercándose a través del cristal.
—¡Ahí viene! No digas nada, por favor —le pido a Kevin.
Kevin se acomoda en la silla y prende su iPad y yo me giro hacia mi computadora como para que parezca que hacemos algo de provecho.
—¿Están bien, chicos? ¿Se les ofrece algo? —pregunta mi padre, abriendo la puerta de la oficina solo lo suficiente como para que entre su cabeza.
Kevin lo mira por encima del hombro.
—Un cappuccino estaría bien, gracias —bromea.
Yo me río, pero papá le frunce el ceño a su asistente.
—Creo que me excedí —murmura Kevin dirigiéndose hacia mí y poniéndose de pie—. Tienes esa llamada a las diez —le recuerda a papá al salir de la oficina.
Mi padre la agradece y entra en la oficina. Hoy no viene de traje, en su lugar viste khakis y un suéter azul claro, lo que indica que será un día tranquilo y que seguramente no saldrá del edificio en todo el día. Su cabello se tornó de gris a prácticamente blanco durante el tiempo que no estuve viviendo en Nueva York y también sus entradas cedieron un poco más. Sus ojos azules caen sobre las flores en mi escritorio mientras toma el asiento que ocupaba Kevin y con su dedo índice empuja sus gafas rectangulares hacia el puente de su nariz.
—Fui a ver a los Yankees el otro día —me anuncia.
Ay, no. Las flores, los Yankees. No estoy preparada para esto.
—¿Y cómo estuvo?
—Me encontré a Fred allí —me dice, cruzando los brazos.
Por supuesto que vio a Fred, Fred siempre está allí, jamás se pierde un juego. Ya sé a dónde se dirige esto, así que solo asiento lentamente con la cabeza y espero.
—Me contó acerca de este amigo tuyo...
¡Maldita sea! Necesito mantener la calma porque voy a tener que improvisar.
—Sí, llevé a alguien conmigo a un juego hace algunas semanas.
—¿Es también el responsable de esto? —me cuestiona apuntando hacia las flores.
—Si.
—¿Quién es? ¿Cómo es que yo no sabía nada? ¿De dónde salió? —me interroga apoyando los antebrazos en el escritorio.
Demasiadas preguntas. Sé que se preocupa por mí y tiene todo el derecho de hacerlo, no ha sido fácil ser mi padre, especialmente en los últimos diez años. Además, ha sido la única constante a lo largo de toda mi vida, así que trataré de llevar esta conversación de la mejor manera.
—Lo conocí en uno de nuestros proyectos —le explico tranquilamente—. No te había dicho nada porque primero quería ver qué tal iban las cosas con él.
—¿Nuestros proyectos? ¿Es uno de los Tishman?
—Este... no.
—¿Entonces?
Tengo el estómago hecho un nudo, pero no tiene caso huir de lo inevitable.
—Era el supervisor de estructura del proyecto en Lower Manhattan.
—¡¿Qué?!
Misma reacción por segunda vez en el día y apenas pasan de las nueve treinta.
—¿Instala vigas de acero? ¿Eso hace?
—Su-per-vi-sor —corrijo.
—No te hagas la graciosa, Charlotte —me advierte apuntándome con el dedo.
—Y tú no seas hipócrita —replico.
—No me hables así — me dice con los dientes apretados.
—Pues sí lo hago, porque recuerdo a la perfección que cuando Bobby y yo éramos pequeños, solías decirnos todo el tiempo que todas las personas somos iguales, que todos merecemos respeto y que el dinero no es lo más importante que existe —le recuerdo.
Papá cierra los ojos y deja escapar un profundo suspiro porque sabe que todo lo que le dije es cierto.
—De acuerdo, de acuerdo —me concede en un tono mucho más tranquilo—. Es solo que creo que aún estás en una etapa muy vulnerable de tu vida, con el divorcio y con todo lo demás que has tenido que afrontar, ¿sabes? No quisiera que nadie se aprovechara.
—¿Y solo por su profesión asumes que eso es lo que va a pasar? Porque eso es lo único que sabes de él y no creo que hubieras tenido la misma reacción si te hubiera dicho que se trataba de un gran hombre de negocios perteneciente a alguna de las familias ricas que conoces desde siempre, porque justo ese era Scott y ambos sabemos cómo terminó todo eso.
Siento la respiración acelerada, no había planeado nada de esto, pero algo se enciende dentro de mí cuando siento que alguien, quien sea, juzga a Javier sin siquiera conocerlo.
Mi padre abre la boca para contestar, pero parecer pensar un poco más en su respuesta y se da un respiro antes de continuar.
—Okey, te ofrezco una disculpa, quizás me precipité —admite con calma—. Pero de igual forma considero que no es el mejor momento para que inicies cualquier tipo de relación con nadie.
—Lo sé, papá —concuerdo en un intento de ponerme en su lugar—. Es por eso que yo tampoco estaba buscando conocer a nadie, esto simplemente pasó y ya, no lo planeé.
Papá se acomoda en su asiento y sus ojos vuelven a clavarse en mis peonías.
—Bueno... supongo que las cosas van bien.
Será mejor contarle todo de una vez y quitarme este peso de encima.
—Sí —le contesto—. De hecho... estamos saliendo de forma exclusiva, ya sabes, como novios.
—¡Charlotte! —las cejas suben por su frente y levanta sus brazos un poco para después dejarlos caer en su regazo—. ¿Cómo que es tu novio? ¿Así de rápido?
—¡No fue tan rápido! —niego con contundencia—. ¿Y sabes algo? Es lindo saber el lugar que ocupo en la vida de Javier.
—¿Javier? ¿Javier qué?
—Mosqueda.
—¿Es latino?
—No, papá, es irlandés —bromeo, brindándole mi mejor sonrisa para aligerar el ambiente—. Además, ¿sabes qué? Todo esto es tu culpa, tú fuiste quien me hizo ir a esa construcción en repetidas ocasiones.
—Eres imposible a veces —me dice poniendo los ojos en blanco y negando con la cabeza—. Está bien, entonces quiero conocerlo.
—¡¿Qué?! ¡No!
—¿Por qué no? ¿Porque es demasiado pronto para que conozca a tu padre, pero no demasiado pronto como para que sea tu novio? —me desafía.
Es tan molesto cuando papá tiene la razón.
—Si es "tan" maravilloso —continúa—. Y si estás "tan" feliz, entonces quiero conocerle.
—Papá... —me quejo haciendo un puchero, aunque sé que nada puede salvarme de esta—. Está bien, pero dame algo de tiempo.
—Okey, no digo que tenga que ser mañana, pero invítalo a cenar con Steph y conmigo.
Me encantaría que los dos se llevaran bien pero, ¿qué tal si no es así? ¿Qué tal si a papá, por alguna extraña razón, no le agrada a Javier? ¿O qué tal si Javier no está cómodo con mi padre? Todo está yendo muy bien, no quiero que nada arruine lo que tenemos.
—De acuerdo —accedo de mala gana, sabiendo muy bien que alargaré ese encuentro todo lo que se pueda—. Pero no le digas nada a mamá, por favor.
—¿Has hablado con ella?
—No.
—Charlie, llámala.
—¿Por qué? —protesto, esta conversación me está arruinando el día—. No peleo con ella porque nunca hablamos, así es mejor. Además, ella podría llamarme también, ¿sabes?
Su rostro se torna serio y me mira fijamente por encima de sus gafas.
—Llama a tu madre, Charlotte. Eso forma parte de nuestros acuerdos.
Ya perdí la cuenta de todas las veces que me ha llamado Charlotte desde que entró a mi oficina. Papá cree que reparar la relación con ella va a ayudarme a estar mejor de algún modo. Sinceramente, no veo cómo, es una misión imposible.
—Okey, lo haré —miento sin reparos, porque sé que no la llamaré.
—Tengo que irme —me anuncia mientras se pone de pie para después inclinarse sobre mi escritorio y darme un beso en la frente—. Te veo más tarde.
—Adiós, papá —me despido antes de que salga.
Creo que eso no estuvo tan mal después de todo, pero desearía poder escapar con Javier a un lugar lejos de todo y de todos, donde no tenga que rendir explicaciones ni justificar el por qué quiero estar con él.
De mi bolso saco el teléfono y le escribo un mensaje.
Charlie
Amo, amo, amo mis flores, ¡gracias!
Después de un par de minutos recibo su respuesta.
Javier
Gracias a ti por el fin de semana.
Junto con el mensaje, me envía una selfie mientras está de pie sobre una viga de acero a no sé cuántos metros de altura y un escalofrío me recorre los brazos.
Charlie
¡Por Dios! ¡No te tomes fotos mientras trabajas!
Con el teléfono aún en la mano, giro mi silla para contemplar el paisaje citadino a través de los ventanales que rodean mi oficina. Esto tiene que funcionar, Jav y yo, porque jamás conoceré a nadie tan maravilloso como él. Beth y mi padre están intentando ser comprensivos y apoyarme, lo sé, pero también me queda claro que no albergan grandes esperanzas en cuanto a mi relación. Quizás yo haría lo mismo si estuviera en sus zapatos.
Mi teléfono timbra con un mensaje de él.
Javier
No te preocupes. Te extraño...
Vuelvo a reparar en su foto, en particular en su hermosa sonrisa. Ellos tienen razón, debo tener cuidado, pero no soy yo la que me preocupa, sino Javier. Necesito estar bien, tengo que ser fuerte porque jamás me perdonaría a mí misma si lo lastimo.
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