S I E T E
Javier
Qué noche.
Qué chica.
Estoy arruinado, me gusta demasiado.
Nunca imaginé que pudiera lograr hacer esos movimientos y después ese par de besos terminaron de volarme la cabeza. Eso sin mencionar que parece estar totalmente cómoda en mi apartamento, no puedo creerlo. Alguien como ella en un lugar como este. Traerla aquí hoy no estaba en mis planes, pero cuando se me ocurrió la idea pensé que serviría de prueba. Si esto no va a funcionar debido a la diferencia en nuestros estilos de vida, quiero que deje de funcionar ya, porque con cada día que pasa pienso más ella.
Me lavo las manos y reviso el reflejo en mi espejo. Mi cara cansada no represente cómo me siento por dentro. Cuando salgo del baño, encuentro a Charlie dormida en mi cama, sin zapatos, con el vestido azul aún puesto y el teléfono en la mano. Se suponía que iba a llamar un Uber que la llevara a casa, ya que no me siento lo suficientemente sobrio como para hacerlo yo. Creo que bebió un poco demás, pero estoy seguro de que está cansada más que nada. Si fuera por mí, simplemente la cubriría con una manta y la dejaría dormir, pero supongo que no la conozco lo suficiente como para saber qué opinaría ella.
Me agacho junto a la cama y pongo mi mano sobre su brazo para hablarle en voz baja:
—Charlie...
Sus ojos se abren repentinamente y como un resorte, se sienta sobre la cama, luciendo asustada a pesar de mi intento de ser cuidadoso.
—¡Ay, por Dios! ¡Lo siento! — se disculpa, intentando ponerse de pie, pero yo la mantengo en su lugar deteniéndola de los hombros.
—Charlie.
—¿Qué?
—¿Quieres dormir aquí?
—¿Disculpa? ¡No! —me contesta con las cejas juntas.
—Yo puedo dormir en el sofá —le explico para evitar malentendidos.
Ella mira hacia atrás, hacia el sofá y después sus ojos se dirigen hacia su regazo.
—Eres muy dulce, pero no quiero ser un inconveniente.
—No lo serás. Estás exhausta y yo también. Puedo prestarte una camiseta y estaremos los dos dormidos en diez minutos. Además, no me agrada la idea de que te vayas sola en un Uber a esta hora.
Con mi mano, levanto su barbilla para que me mire.
—¿Qué opinas? —le pregunto.
—Está bien, pero solo porque estoy muy cansada y los pies me están matando. Odio estos zapatos.
Le sonrío por la victoria conseguida y me doy la vuelta para sacar una camiseta de los Knicks de mi cajón. Mientras ella se cambia en el baño, a la velocidad de la luz me pongo unos shorts, saco una manta extra y tomo una almohada de la cama. Cuando ella regresa, yo estoy preparando el sofá para dormir. Charlie camina tímidamente hacia la cama, su rostro parece recién lavado y su actitud en general la hace parecer más joven y vulnerable. Mientras ella se mete a la cama, yo apago las luces y encuentro el camino en la oscuridad hacia el sofá. Me acomodo de lado, viendo hacia la cama y puedo distinguir sus ojos brillantes mirándome de vuelta.
—Buenas noches, Javi.
—Descansa, ballerina.
Los párpados me pesan y pronto empiezo a quedarme dormido. No sé cuánto tiempo ha pasado cuando la escucho decir mi nombre.
—¿Está todo bien? —le pregunto levantando la cabeza de la almohada.
—Me siento culpable de que estés durmiendo en el sofá.
—Está bien, de verdad.
—No, no está bien.
Charlie levanta las sábanas, invitándome a acompañarla y esa es una oferta que simplemente no puedo rechazar. Así que me levanto y llevo la almohada conmigo para acostarme junto a ella. Sin preguntar, me toma del brazo y se da vuelta, de forma que mi pecho cubre toda su espalda. Otra vez, este hermoso cuerpo suyo pegado al mío y además huele tan bien. Aunque no es el mismo aroma de otras ocasiones, pero pude percibirlo desde que la tuve tan cerca en el club, hoy es más como fruta fresca. Todo mi brazo derecho envuelto por los suyos, presionado contra su pecho. No me parece que lleve puesto nada bajo mi camiseta.
Ahora el sueño me ha abandonado por completo. No puedo dejar de pensar en su forma de bailar, lo increíblemente bien que se veía con ese vestido puesto y en cómo me besó hace rato.
Oh, no. ¡No, no, no no! Esto no puede estar pasando. El Capitán Mosqueda está despertando, listo para reportarse al deber. Trato de mover mi cadera hacia atrás, pero no quiero despertarla ni hacer esto muy obvio, pero si llega a sentirlo... ¡mierda! Okey, pensaré en algo más. El trasero expuesto de Paul cada vez que se agacha en el trabajo. ¡Guácala! Aquella vez que le cambié el pañal a Jacob. Casi vomito. Charlie dándonse una ducha en mi baño. ¿Qué? ¡NO! ¡Esto no está funcionando! El Capitán Mosqueda está totalmente despierto y yo necesito que Charlie me suelte el brazo para poder alejarme un poco y relajarme. Quizás está profundamente dormida, así que trato de recuperar mi brazo muy despacio, pero de pronto ella lo suelta y comienza reírse. Lo sabe, por supuesto que lo sabe, lo sintió. ¿Por qué demonios no me quedé en el sofá?
—Lo siento, Javier. No quise... —me dice mientras se da la vuelta.
No espero a que termina de hablar y me siento sobre la cama, listo para regresar al sofá, pero ella me detiene.
—¡No te vayas, por favor! Lo siento.
Me acuesto boca arriba con los ojos fijos en el techo.
—No, soy yo el que lo siente —le contesto—. Es solo que eres muy hermosa, ¿okey? Y hemos estado muy juntos toda la noche y la forma en que te movías, cómo te veías en el club, cómo te ves justo ahora...
Me llevo una mano a la cara:
—Esto es muy vergonzoso, dormiré en el sofá.
Charlie toma mi muñeca y me descubre el rostro. Cuando giro la cabeza para verla, logro distinguir su blanca sonrisa y me dice:
—No te vayas. Escucha, tú también eres increíble, me gustas mucho y no es que no lo quiera, es solo que...
—¿Todo va muy rápido? —intento adivinar.
—Si.
—No te preocupes. Vamos a dormir, ¿de acuerdo?
—Buenas noches otra vez.
Sus ojos se cierran y al poco tiempo escucho su respiración nivelarse. Sigo despierto para cuando ella ya está profundamente dormida y la observo durante un rato. Ojalá hubiera un poco más de luz para poder apreciar mejor todas sus facciones. Sigo sin comprender qué hace una chica como ella aquí en este lugar con alguien como yo, no tiene sentido. Al menos no en mi cabeza, porque para el resto de mí, conocer a Charlie se siente como por fin haber llegado a casa.
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Charlie es buena para dormir. Yo me desperté tarde, fui al baño, preparé café y ella sigue sin moverse. La verdad es que no puedo esperar a que despierte, ver sus ojos y sonrisa otra vez, escuchar el sonido de su voz. Soy como un niño con juguete nuevo, la diferencia es que no quiero jugar esta vez. Así que solo espero recargado en la encimera de la cocina mientras bebo mi café.
Ha pasado algo de tiempo desde que tuve a una chica durmiendo en mi cama. Katerina, una belleza de Europa del Este con una inmensa pasión por el baile, fue la última, pero eso nunca debió haber pasado. Se podría decir que "salimos" por un par de meses, aunque en realidad lo que hacíamos era bailar la noche entera y después dormir juntos. Eventualmente ella quiso más de lo que yo estaba dispuesto a ofrecerle, así que terminamos y ella no lo tomó muy bien. Unas semanas después, me encontró en el mismo club de anoche, algo borracho y con muchas ganas de sexo. Y a pesar de que acordamos que aquello no significaba nada, ella insistió en pasar la noche. No pude dormir, fue muy incómodo y la siguiente vez que la vi, me mantuve tan alejado como me fue posible. Me estaba dando algo de tiempo antes de traer a otra chica a casa, estaba cansado del drama de esas situaciones y entonces, apareció Charlie. Lo curioso es que no ocurrió nada anoche, pero de alguna manera se siente aún más íntimo que el sexo.
No tengo planes para hoy, me encantaría hacer algo divertido con Charlie, pero ella tiene razón; todo va muy rápido y seguramente va a estar ocupada de todos modos. Así que le ofreceré el desayuno y la dejaré ir.
Charlie se mueve en la cama, patea un poco las sábanas y se vuelve a quedar quieta boca abajo. Su camiseta, que es mi camiseta, ha dejado su trasero medio expuesto y lleva puestos unos hipsters de encaje negro. Maldita sea, esos son mis favoritos. Me parece que es la ropa interior más sexy que puede usar una mujer, no importa si son de algodón, pero en definitiva el encaje le da un toque especial.
Miro hacia abajo a mi entrepierna. Ni siquiera lo intentes, Capitán, tuvimos suficiente con lo de anoche.
Ella se da la vuelta en la cama y gime levemente. Creo que ahora sí va a despertar. Me doy la vuelta y finjo ponerle más crema a mi café para que parezca que hago algo. Cuando giro de nuevo, Charlie está sentada en la cama, sosteniendo el peso de su cuerpo con ambas manos hacia atrás de la espalda.
—Hola —me sonríe.
—Buenos días.
—¿Es eso café? —me pregunta con una inclinación de su cabeza.
—¿Cómo lo tomas?
—Solo con un poco de crema o leche, lo que sea que tengas.
Le llevo el café a la cama y me siento en la orilla. Se ve hermosa con los ojos hinchados y cabello despeinado, bebiendo el café mientras toma la taza con ambas manos.
—¿Cómo dormiste? —le pregunto.
—De maravilla. Creo que me morí en algún punto.
—Qué bueno —le digo con una sonrisa—. ¿Qué harás hoy?
Charlie se tensa inmediatamente:
—Este... nada. Pero me iré pronto, te lo prometo —me contesta, para después darle un enorme trago a su café.
—Charlie, está bien —le aseguro—. No estoy pidiéndote que te vayas. ¿Qué te parecen unos huevos revueltos y tocino para desayunar?
Ella exhala y su expresión se suaviza:
—Eso suena muy bien.
Al ponerme de pie, le doy un beso en la frente y me voy a la cocina.
—¿Cuándo fue la última vez que fuiste a Coney Island? —le pregunto con la cabeza metida en el refrigerador mientras busco el tocino.
Presiento que no me va a salir muy bien eso de dejarla ir.
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Nos preparamos después del desayuno y vamos a la misma tienda de ayer. Allí Charlie se compra una camiseta gris sin mangas y se deja puestos los jeans y sneakers que traía puestos cuando la recogí. Después de tomar un par de trenes, llegamos a Coney Island. Ha pasado algo de tiempo desde que estuve aquí y es lo mismo para ella. The Cyclone es nuestra primera parada y gritamos como locos cuando nos subimos a la montaña rusa de madera. Cuando caminamos por el malecón compramos algodones de azúcar y un par de lentes de sol negros con forma de corazón, que hacen que Charlie se vea más adorable de lo normal.
Decidimos entrar al museo, donde hay muchos recuerdos y objetos antiguos que alguna vez formaron parte de las atracciones. Llegamos a una sala llena de espejos, de esos que deforman el cuerpo de maneras graciosas, y Charlie se pone a cantar Baby Got Back frente a uno que hace que su trasero se vea enorme. Nos reímos tanto que los ojos se nos llenan de lágrimas y no puedo resistir lo increíblemente hermosa y divertida que es esta mujer. Así que la tomo entre mis brazos para besar sus labios suavemente. Sus brazos rodean mi cuello y presiona su cuerpo contra el mío, mientras que yo detengo mi mano antes de que vaya más allá de su espalda baja. No he podido sacarme de la cabeza esa imagen que vi hoy en la mañana.
Cuando salimos de nuevo, tomamos asiento en un juego de feria donde los premios son peluches. La idea es apuntar una pistola de agua a un blanco que se mueve para lograr que mi auto termine de primero. Otras cinco personas juegan con nosotros, yo soy el número tres y Charlie el cuatro. El juego comienza y hago lo mejor que puedo. Mi ego está en juego y sostengo la pistola con fuerza, siguiendo la luz roja en el centro del blanco.
—¡Y el ganador es el número tres! —anuncia el tipo que lleva el control del juego.
—¡Sí! —grito a forma de festejo con ambos brazos al aire.
—¡No! —dice Charlie junto a mí.
—Mejor suerte para la próxima, ballerina —me inclino para besar su sien—. ¿Cuál peluche quieres?
—¡El osito! — me contesta pareciendo haberse recuperado bastante rápido de su frustración inicial.
—¡Tenemos a todo un caballero aquí! —dice el tipo del juego mientras le entrega el oso a Charlie—. ¡Que se diviertan!
Ella me da las gracias con un beso rápido en los labios.
Continuamos caminando, hasta que nos encontramos frente a un lugar de hot dogs. Sin decir una palabra, los dos sabemos lo que vamos a comer para el almuerzo. Justo cuando nos disponemos a comer, sentados en una de las mesas, el teléfono de Charlie suena y ella lo contesta. Me doy cuenta de que intenta ser cautelosa o discreta, no sé, no estoy seguro, pero no me menciona a mí ni al lugar donde estamos, todas las palabras que salen de su boca son monosílabas.
—Lo siento —se disculpa conmigo—. Era mi amiga Beth.
Nunca antes había mencionado a ninguno de sus amigos y me da gusto que lo haga, así que trato de continuar la conversación:
—¿Es una buena amiga tuya?
Charlie asiente con la cabeza mientras mastica su comida.
—Es mi mejor amiga.
—¿Desde hace cuánto se conocen?
—Desde el primer grado.
—¡Guau! ¿Y qué está haciendo Beth hoy?
—Está en los Hampton, pasando el fin de semana con la familia de su novio.
Okey, eso me salió mal. Ahora pienso en si quizás a ella le gustaría estar allá en lugar de comer hot dogs en Coney Island. El novio de su mejor amiga y su familia pasan fines de semana en los Hampton y yo... bueno, jamás he ido a ese lugar. Pero Charlie parece estarse divirtiendo, así que trato de sacar las dudas e inseguridades de mi mente.
Cuando estamos por terminar de comer, una bebé empieza a llorar y a retorcerse en el regazo de su madre en la mesa junto a la nuestra. Charlie no lo piensa mucho y se acerca junto con el oso de peluche que gané para ella. La bebé abre los ojos bien grandes y lo toma con sus manos regordetas cuando Charlie se lo ofrece.
—Eres muy dulce, pero tu oso terminará cubierto de baba —le advierte la mamá.
Evidentemente, Charlie no tenía intención de recuperar el oso y se lo hace saber a la madre. Las dos continúan conversando y Charlie acaricia el fino cabello color marrón de la bebé que parece casi tan maravillada con la mujer que le dio el oso como lo estoy yo. Finalmente, Charlie regresa a nuestra mesa a terminar de comer, como si lo que acabara de hacer no hubiera sido nada y aquí estoy yo, derritiéndome por ella.
Me toma dos intentos más, pero logro ganar otro animal de peluche, solo que esta vez ella escoge un conejo color rosa con orejas largas. Después bajamos a la playa y nos quitamos los zapatos para dejar que el agua nos moje los pies.
—¿Puedo preguntarte algo? —le digo mientras caminamos tomados de la mano.
He tratado de no hacer demasiadas preguntas, Charlie es una persona muy dulce, pero me he dado cuenta de que no le gusta hablar mucho sobre ella, sin embargo, este parece el momento indicado.
—Sí —me contesta mirando sus pies.
—¿Qué hay con tu madre? ¿Acaso ella...? —dudo en decir lo que pienso.
Charlie respira profundo y levanta la mirada.
—No, mi madre no está muerta.
—Perdón, es que solo hablas de tu padre. Imaginé que quizás ella ya no "estaba".
—Pues sí está, solo que ella vive en Los Ángeles, pero no nos llevamos bien. Mis padres se divorciaron cuando yo tenía quince años y mi hermano vive en L. A. también.
—¿Tienes un hermano? —le cuestiono sin poder ocultar mi sorpresa.
—Mi único hermano, Robert Jr. O Bobby de cariño. Es mayor que yo, está casado y tiene dos niños. Él se encarga de todos los negocios en la Costa Oeste.
—Espera un momento —le digo deteniendo el paso para que quedemos frente a frente—. ¿Eres tía también?
Adoro a mi sobrino, es muy divertido estar con él, me encanta el papel de tío y me cuesta creer que ella no hubiera mencionado a sus sobrinos antes. Charlie intenta sonreír ante mi pregunta, pero su sonrisa no es honesta.
—Bobby se parece mucho a mi madre, en todos los sentidos. Ella se mudó a Los Ángeles para estar más cerca de él y de su familia.
No es necesario que me dé más explicaciones. Si su hermano se parece tanto a su madre, eso quiere decir que tampoco se lleva bien con él. Entonces, ¿qué tan cercana podría ser la relación con sus sobrinos? Ahora me siento culpable por haber sacado a relucir un tema que claramente la pone triste. Así que la acerco a mí para darle un abrazo y siento su mano tibia extendida en mi espalda. Una ola pequeña alcanza nuestros pies y los cubre de agua fría.
—¿Quieres subirte a la Rueda de la Fortuna? —le sugiero para aligerar el ambiente.
Lentamente, subimos cada vez más alto en la canasta de la Rueda de la Fortuna, que de hecho parece más una jaula. La vista se va poniendo mejor conforme ganamos altura y paso mi brazo alrededor de Charlie para disfrutarla.
—Supongo que esto no es nada para ti, estar aquí arriba —me dice ella cuando llegamos al punto más alto.
—No, de hecho, lo disfruto mucho.
—Tu trabajo es peligroso.
¿Es eso un dejo de preocupación en su voz?
—¿Te preocupa? —le pregunto sin poder creerlo.
—¿Qué? ¡No!
—Entonces, ¿no te importa si me caigo?
Recibo un pequeño codazo en las costillas.
—¡No digas eso! Solo... ten cuidado —me advierte, estrechando al conejo de peluche entre sus brazos.
Mis dedos buscan los suyos para que los entrelacemos y le doy un pequeño beso en el dorso de la mano.
—Siempre tengo cuidado, ballerina.
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