Capítulo 14

Amber Foster

La fiebre asciende. La sangre gotea. El dolor no puede describirse en su totalidad. La muchedumbre se mueve en cámara lenta y el tiempo pasa a ser historia.

En el más allá escucho una voz.

"¡Amber!"

Inhalo con fuerza en el momento que vuelvo sobre mis sentidos. Me encuentro tirada a un lado de la calle siendo atendida por la mujer que ayudamos con Eiden.

"La herida cicatriza con rapidez."

La sorpresa pasa a ser parte de ella. El ceño arrugado de la chica me dice que no es algo natural. Y está claro que no lo es.
Después de todo, debo agradecerle a Eiden, quien está detrás de mí todo el tiempo.

—Supongo...

Inhalo con fuerza. Con la necesidad de llenar los pulmones. No puedo concentrarme en los gritos, ni siquiera en la presencia de Eiden. Todavía hay alboroto. Aunque presiento que éste está siendo contenido rápidamente.

—¿Qué hiciste? —La pregunta queda en el aire. —Ya veo...

No tengo que concluir la oración. Ver la sudadera rasgada me da un indicio claro de lo que hizo en mi ausencia. El vendaje se encuentra empapado de sangre.

—Te lo agradezco. —Le sonrío agradecida. —Al final de la calle hay un vehículo esperándome —señalo—. Aunque va a ser difícil llegar a él.

"La pérdida de sangre podría ser un problema."

—Lo sé —digo—, pero más allá de su magnitud... dijiste que estaba curandose sin problemas.

Ella baja la mirada y dubitativa, asiente.

"Te hirieron por mi culpa. Si algo sucediera no podría perdonarmelo."

"Me agrada."

Arqueo ambas cejas en el momento que escucho a Eiden. Por lo que, con una sonrisa correspondo a sus palabras y calmo los sentimientos ajenos.

—Ayúdame. —Hago un ademán con el objetivo de que se acerque. —Gracias.

"Los gamma se hicieron con el mercado y los licántropos de la corona están acorralandolos. Será una tarea difícil."

No veo a Adela, tampoco a los hombres que nos escoltaron. Supongo que también fueron arrastrados por el desastre del mercado. Aunque asumo que Blake sabrá lo que está pasándome por la herida en la pierna.

«Me voy a meter en problemas.»

"No puedo creer que hayas llegado a esa conclusión. ¡Eres superdotada!"

Sonrío.

No puedo evitar darle la razón al demonio que reprocha irónicamente mi audacia o estúpidez. Supongo que se me da muy bien meterme en problemas, pero todo es gracias a que él está conmigo.

Eiden es mi fuerza.

—¡Quién te dio permiso de marcharte maldita zorra!

Caigo al suelo. Al mismo tiempo, tenso la mandíbula y maldigo a la bestia que pisa una de mis manos. Luego volteo para ver a la chica siendo agarrada del cuello de la camisa y arrastrada al centro de la multitud por su alma gemela.

«Ayúdame.»

"Será un placer."

Nuevamente, aquella sensación de adrenalina sacude cada parte de mí. Me pongo de pie. Aunque la herida en la pierna sigue doliendo puedo soportarlo. Sé que puedo hacerlo. Tengo que acostumbrarme a como de lugar a estas situaciones, porque este es mi nuevo hogar.
Pongo la mano en el hombro del sujeto. Por supuesto, él no alcanza a voltear, ya que lo golpeo haciendo que su rostro impacte en el suelo con violencia.

Me enderezo con cuidado.

«No puedo creer que esté haciéndolo enfrente de todos.»

"Ser anormales aquí es algo normal."

—Eh, ¿cómo estás?

"No continúes con esto."

Ella me agarra de la muñeca con fuerza.

"Vete. Va a lastimarte por mi culpa."

—Tenemos que estar unidas.

"Pero."

—¡Escúchame! —grito. La agarro de los hombros. —No voy a dejar que siga lastimandote. Somos un equipo. Después de todo, soy alma gemela del rey. Puedo ayudarte.

«¿Escuchaste eso?»

"Presumida."

El cuerpo de la mujer se petrifica. Por lo que lo entiendo todo. Supongo que Demon tenía razón. Ser hija de licántropos, alma gemela de un rey y tener a un demonio quizá sea más divertido de lo que parece.

—Te llevaré a un lugar seguro.

Sin embargo, la mirada perturbada de la mujer me obliga a voltear, el hombre que golpeé hace unos minutos atrás está enfrente de nosotras convirtiéndose en una bestia. Él me mira furioso y, mentiría si dijera que no me asusta, de hecho, me aterra.
El licántropo enseña los colmillos antes de concederme una patada en el torso, despegandome de a un lado de la mujer.

"Eso habrá tenido que doler."

La malicia de Eiden hace que oprima los labios.

—Ahora no eres tan fuerte, ¿eh, perra?

Me escupe la cara.

—Podría ser peor, ¿sabes? —Lo miro con una sonrisa desde el suelo. —Apuesto que ni siquiera eres capaz de enfrentar a alguien de tu tamaño, maldito pusilánime.

Sin mucho esfuerzo me pone de pie.

El cuerpo me duele.

«Ayúdame, Eiden.»

Tengo que suplicar para ser oída. Entonces las muñecas del contrario son rotas por la entidad. Él suelta un grito desgarrador seguidamente de lanzarme a un extremo. Aunque me alegro por ello rápidamente me arrepiento, porqué me golpeo con un banquillo. Llevo una mano a la herida que se abre en mi ceja.

En ese preciso momento me percato de que las fuerzas de Eiden se ausentan, por lo que trago con dificultad. El cuerpo se siente ligero. Miro aterrada al hombre enfrente de mí. Asimismo, un líquido carmín desciende por la nariz, dejándome perpleja. Y la visión escarlata gracias a la sangre me desorienta.

—Dime que todavía puedo aguantarlo.

"No, Amber. Mi prioridad es tu pierna o vas a pederla."

—Mierda. ¡No la priorices!

Me pongo de pie para empezar a correr, pero la realidad es que no puedo hacerlo. Cojeo. Además, los empujones de los licantropos me destabilizan.

"No mires atrás."

—Claro que no...

Siento que no puedo respirar, pero el miedo hace que no me detenga. No obstante, una patada impacta en mis costillas, dejándome sin aliento, por lo que respiro con dificultad cuando caigo nuevamente al suelo.

—¡Blake Armstrong! —lloro de dolor, arrastrándome por el suelo para alejarme.

Mi pierna herida es pisada, por lo que me quejo gracias al inmenso dolor.
Me aferro al muslo mientras muerdo mi labio inferior ahogando los gritos de dolor.

—Rogando por misericordia a nuestro rey —carcajea—. ¿Cómo puede una humana rogarle a nuestro alfa?

Me aferro con fuerza a mi pierna mientras volteo para enfrentarlo.

—Porqué soy su alma gemela. Y voy a matarte cuando tenga la oportunidad. Sé cómo funciona la corona —rabiosa y entre lágrimas, declaro entre dientes.

Él arquea una ceja.

—La mediocridad de los seres más débiles es descarada.

"Él está aquí."

«¿Blake?»

"Es una lástima que no pueda hacerlo yo mismo."

—Empieza a suplicar, dulzura. —Él se pone a horcajadas sobre mí—. Nadie va a venir a rescatarte. ¿Qué ocurrirá si dejo una marca en tu cuello? ¿Acaso me deshacería de la otra perra?

Su respiración en el cuello me da náuseas y las rodillas tiemblan mientras los botones de la camisa son abiertos.

"Respira."

Siento la oscuridad desprenderse de mí. Dejo de respirar por un momento. Eiden quiere matarlo, pero hay algo más como un escalofrío que se extiende por el cuerpo. La sensación de peligro no es un sentimiento mío, es de alguien más. Ella no me permite respirar adecuadamente.

A continuación, puedo reconocerlo en cuanto los lobos a nuestro alrededor se acuestan enseñando sumisión. Este sentimiento no es mío. Entonces las pupilas se dilatan cuando el lobo retrocede asustado, viéndolo a él, quien lo agarra con rapidez por el cuello y como si se tratara de la nada misma, lo lanza contra el suelo rompiéndolo.

«¿La conexión

Me cohíbo viendo la fuerza que tiene, porque se aferra a esa bestia como si fuera algo insignificante, siendo él una persona. Entonces me vio con su mirada esmeralda, rabiosa y preocupada, por lo que aúlla con todas sus fuerzas partiendo los vidrios del lugar.

Me cubro los oídos mientras el corazón palpita con fuerza y la multitud se pone de rodillas.

Blake enseña su superioridad ante sus súbditos, pisando la cabeza del contrario al hundirla cada vez más en el suelo. Pero escuchar los quejidos de alguien llama mi atención, a lo que miro hacia mi derecha encontrándome con la misma chica retorciéndose de dolor.

—Blake... —Llamo en voz baja. —Estás lastimando a la chica.

Se detiene. No sigue dañando al sujeto que hace unos minutos estaba haciéndome daño.

—No conoces tus límites. —Él esboza una sonrisa. —Humana.

—Confío en mí.

«Y en ti, Eiden.»

Es cuidadoso cuando me levanta del suelo. Entonces me doy cuenta de que la vida de los licántropos es llamativa, porque se trata de un mundo completamente nuevo. La jerarquía de ellos es deslumbrante, incluso el terror que desprendió de sus miradas cuando lo escucharon aullar.

«¿Eres real?»

Los corazones agitados por la adrenalina. El sudor de los cuerpos por haber sido partícipes de una contienda. Y la necesidad de verlo con detenimiento para no perderme ningún detalle me eriza la piel.

—Lleva a la chica con nosotros, Blake. —Pido sin vergüenza. —Y encargate de ese hombre...

Oprimo los labios.

"Dilo."

Eiden me anima, por lo que veo ligeramente al hombre que me tiene entre sus brazos viendo al frente. Entonces las palabras caen limpiamente entre nosotros:

—Mátalo. —ordeno. Él me mira asombrado. —Mata a ese licántropo, Blake Armstrong.

—Descarada —escupe. Luego se acerca a mi oído. —Primero ocupémonos de ti.

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