Capítulo 08

Blake Armstrong

El olor a muerto se expande por mis tierras gracias a la llegada de un ser sin memoria.

«Despreciable.»

Los años trazaron una línea de sangre. Y la posibilidad de recibir visitas era un pensamiento irrazonable, hasta hoy. Supongo que las cosas tomaron un rumbo diferente. Aunque no es una novedad. De hecho, lo intuí con la llegada de Foster. La monotonía en el castillo se despide y el barullo es inevitable.

«¿Es necesario recibirlo?»

En un acto ansioso, frunzo el ceño gracias a la confusión. Asimismo, tengo la necesidad de cubrir la nariz para dejar de oler la descomposición. Ella penetra las fosas nasales y genera náuseas.

—Qué debería decirte.

Me siento ansioso. Aunque pensándolo bien, no tengo que perder el tiempo al tratar de establecer una conversación con él. Pero después de todo no puedo seguir ignorando su presencia porque me importa.

Miro por la ventana. Entonces trago con dificultad. La sensación de quemazón me obliga a aferrarme a mí mismo.

—¿Qué es esto?

Veo a Foster de rodillas. Y nuevamente siento aquella presencia oscura merodear a su alrededor. Pero ahora mismo ese no es el problema. «No tengo que acercarme a ella.» Giro para marcharme, aunque verla de reojo junto a él me deja sin aliento. «Sal de mi cabeza. Tú no eres mi obligación.»

—Déjame en paz.

Me siento un estúpido por suplicar. Por esa razón, me aferro ansiosamente al marco de la ventana y sin querer lo rompo.

Las emociones hacen erupción dentro de mí y la capacidad de autocontrol se desvanece junto con mi supuesta cordura. Desde ese momento, la necesidad de ser inconsciente se presume como algo vital.

«Claro que lo eres.»

La irracionalidad de la bestia dentro de mí hace que los colmillos crezcan y la vista se torne aguda. De igual modo, soy capaz de asumir con rapidez que él está tocando a la humana porque ambas presencias se confunden. Y el miedo de Amber agudiza mis sentidos poniéndome en alerta.

«Maldito arrogante.»

Libero un gruñido como advertencia. En consecuencia, las paredes, al igual que el suelo, tiemblan por ello.

A continuación, en un abrir y cerrar de ojos, estoy enfrente de él, aferrándome al brazo de Foster.

La traigo desesperadamente a mí.

—¿Qué haces? —pregunto, viendo la expresión indispuesta de ella—. ¡No puedes tocarla! —reclamo—. ¡Lo sabes!

Me aferro al rostro de Amber.

—Mírame.

La contraria, a pesar del esfuerzo, no logra encontrarme y en ese instante asumo que está a punto de desmayarse.

—Me siento mareada —somnolienta, murmura.

Ella se aferra a mis muñecas, las que la mantienen de pie. Pero termina por desvanecerse.

—Qué conmovedor —suspira—. Si pretendes ocultarla del mundo, al menos podrías disimular que ella no es importante para ti.

—No cruces la línea, Demon —aconsejo. A su vez, la acomodo entre mis brazos. —¿Acaso vas a ignorar que soy capaz de doblegar a un estúpido vampiro como tú? —me burlo—. Deja de ser impertinente. Y vete.

Él blanquea la mirada y quiebra la postura, hasta entonces rígida.

—No hay razón para recibir un sermón —declara, alarmado—. No estoy aquí por una disputa innecesaria de amor.

Suspiro, ya que los años no le han quitado lo arrogante.

«No tienes remedio.»

—Pero podría ganarte —ríe.

—Aléjate —ruego, cubriendo a la chica con mi cuerpo—. ¿Es necesario que te recuerde las facultades de un chupa sangre?

A cambio, él amaga a responder, por lo que prosigo a decir:

—Te alimentas de su vitalidad —afirmo con severidad.

Demon arquea ambas cejas, mostrándose divertido por la situación. Por ende, enseño los colmillos con la finalidad de echarlo de aquí. Su presencia sólo empeorará las cosas. Pero me ignora y camina hacia nosotros. Él se mueve con cautela. Acto seguido se detiene a unos escasos centímetros con la vista clavada en el jazmín que está a un lado de nosotros.

—Se invirtieron los papeles —susurra.

—¿A qué te refieres? —pregunto—. No tengo la intención de escuchar versos absurdos.

Él sube la mirada.

—Eres alguien aburrido —desconcertado, farfulla, y no se molesta en actuar como un niño—. Cuidas de una humana. ¿Acaso esto es una broma del destino? —Él se ríe de mi desgracia—. No voy a perder mi compostura, pero Amber aún no te pertenece a pesar de recordarte con tanta devoción.

Él mueve las cejas.

—No me molestes.

—Podríamos compartirla. Después de todo, a ti no te interesa, ¿no es así?

Frunzo el ceño con violencia.

—Somos una familia. Deberíamos estar agradecidos por la diversidad —dice—. ¡Un hombre lobo, una humana y un vampiro!

—Ella no va a ser Luna.

La mirada del contrario se abre por la confesión.

—¿De qué diablos estás hablando? Eres un alfa, hermano —murmura—. Acéptalo. Ya no eres un niño.

—No pienso hacer contigo terapia barata —sentencio—. Piérdete.

Giro para marcharme, porque nada de lo que está pasando tiene sentido.

—Volvería el tiempo atrás con el objetivo de recuperar a mi alma gemela. —Me detengo—. Sería capaz de abandonar el ducado y considerarme un hereje por los vampiros —farfulla.

Lo miro de reojo e inhalo con fuerza, ya que los recuerdos se acumulan en la cabeza.

—Ella es mi responsabilidad. —Observo a la chica en mis brazos—. Todo está bajo control.

No tengo la intención de recordar aquellos tiempos a pesar de que el remordimiento es inevitable.

—Tampoco necesito que lo comprendas.

—¡Ella me trajo aquí! ¡Pude sentirla! El destino entrelaza nuestros caminos, por tanto, tengo que protegerla como tú estás obligado a amarla —sentencia—. Somos familia, ya deja de ignorarlo.

La rabia se desencadena.

—¡Quién dijo que lo estoy ignorando! —estallo antes de agregar—. ¡Me abandonaste! Así que no vengas a intentarlo ahora...

La frustración se atora en la garganta y la mirada se humedece gracias a lo que vivimos.

—Tu remordimiento no es mi responsabilidad.

—Blake.

—No necesito un hermano —confieso—, él está muerto.

La mirada de Demon se pierde en ese instante. Y no hace falta decir más. Las palabras sobran cuando ambos encontramos en el otro los pocos recuerdos de una vida completa que fue destruida por la pérdida.

«A lo mejor tenía que ser así.»

Veo que se desvanece y en parte el corazón se encoge gracias a la distancia. Ha sido duro. Y no hay duda de que siempre será mi hermano mayor, pero me abandonó cuando más lo necesitaba.

«Tengo que agradecerte.»

Miro con atención a la humana que cargo. Ella duerme a gusto gracias a la energía que le robó mi sangre.

—Al menos pude verlo gracias a ti.

Me dirijo a la cama y me siento con cuidado. Yo no quiero despertarla. Ella tiembla en la seguridad que le estoy dando, por lo que la apego a mi pecho para transmitirle calor.

—Lo siento. No pensé que vendría.

Recorro las facciones de la mujer que está delante de mí. Los labios gruesos me ponen ansioso, al igual que el aroma contrario mezclándose con el mío. Las cejas curvadas generan una expresión de tranquilidad, por lo que me considero incapaz de apartar la vista.

—Me encantas —confieso, por lo bajo. A su vez, entierro la cabeza en el cuello de ella a fin de olerla. —Sé mía —sin controlarme, suspiro mi deseo—, Amber.

Hago a un lado las sábanas para meterla en la cama y la arropo con el objetivo de no despertarla.

«Me quedaré hasta que se recupere. Luego me iré. No puedo permanecer mucho tiempo aquí.»

Me habría encantado que nuestro primer encuentro hubiera sido diferente, pero no fue así. Estoy obligado a odiarte, porque eres mi debilidad y sería egoísta atarte a mí. Debería eliminarte. Y hacerte a un lado es más fácil de lo que parece, pero no puedo evitarlo.

El sentimiento nace de mí con tanta violencia que es imposible verte a los ojos sin hallarme presionado. Pero a la vez deseoso de ti.

«No puedo respirar cuando estás cerca. En cambio, tú eres más fuerte.»

Le doy un apretón suave y prosigo a acercar la mano para sentir su piel. A estas alturas, no puedo creer que esto me esté sucediendo a mí.

Aunque abrir los ojos y encontrar una mirada limpia no es tan malo después de todo. Ella sonríe, por lo que oprimo los labios viendo los suyos.

«Quiero ser tuyo.»

Entrecierra los ojos, siendo risueña.

—De nuevo en la habitación —balbucea—, creí que era más fuerte —dice, divertida, y se sienta en la cama—. Eh, hombre lobo. No dijo que nadie iba a lastimarme y viene esa cosa extraña...

Sé que debería estar escuchándola. Pero mi inconsciente llora, haciéndome temblar por nuestra conexión. El corazón se acelera al igual que el suyo. Entonces me animo a acercarme sin miedo, sin retroceder, dejando la distancia con el objetivo de verla más de cerca.

A su vez, levanto la mano para cubrir la mejilla.

—Tranquila.

Ella se desespera con la mirada. Y honestamente me sorprendo porque estoy ante un libro abierto.

—Lo estaría si usted fuera más fuerte —Se burla de mí.

Y sonrío como un estúpido. No habría pensado que alguien sería tan audaz para desafiarme.

—Seré atrevida. Sé que nos conocimos hace un instante, pero no dejo de preguntarme si realmente puedo confiar en ti —cuestiona—. Y lo voy a tutear, ¿tratarlo de usted? Es anticuado.

Sonríe enseñando los dientes.

—Él no es un enemigo.

—Para ti.

Suspiro.

—No te hará daño —afirmo. Y me siento triste cuando recuerdo la grieta que hay entre ambos. —Él es alguien noble.

Ella me mira con atención y me desespero por el silencio que nos envuelve. La respiración se acelera y la irracionalidad me obliga a cerrar los ojos.

«Es una mierda.»

—El vínculo es egoísta —arrastra cada palabra, por lo que trago con dificultad—. Me siento asustada —hace una pausa—, pero no de ti.

«No puedo odiarte.»

—¿Estás bien?

Apego nuestras frentes, deslizando la mano por su cuello.

—No.

«Tu presencia juega conmigo y me convierte en alguien torpe.»

Debo decirle que encontrarnos es peligroso. Que está obligada a ser precavida porque no es bueno estar enfrente de un licántropo desesperado por una mujer, su alma gemela. Es insano, incluso para ella desearme de manera inconsciente solo porque el vínculo nubla la racionalidad.

—Comprendo... —murmura con profundidad—. Me di cuenta cuando te conocí.

Sonreí.

«Estás hechizándome, bruja.»

La atraigo hacia mí con el objetivo de besarla. Ya no me importa. La acerco, ya que anhelo su cuerpo y estoy ansioso por explorarlo. Asimismo, me siento animado porque ella no se resiste cuando me aferro para montarla sobre mí. Y estoy apurado por lo que puedo llegar a experimentar, porque solo tuve la oportunidad de verla una vez para desearla como mujer.

No pido permiso. De hecho, me siento afortunado por ser conocedor de sus sentimientos y emociones. Para mí, Amber no es una incógnita, me doy cuenta de su comodidad y exasperación. Eso lo hace más interesante. Y me enloquece su reacción al erizarse, temblando sobre mi regazo cuando exploro por debajo de la camisa.

El cuerpo de Amber se calienta.

«También lo quieres.»

Ella se mueve sobre mí, por lo que mis piernas se inquietan y el miembro se endurece. Sus manos desprenden torpemente los botones de mi chaleco y camisa, a lo que sonrío gustoso. De la misma forma, mi respiración y la suya se agita mientras tomamos distancia porque me recuesta quedando sobre mí.

Mi pecho es el primero en exponerse, por lo que esbozo una sonrisa lobuna y tiro el cabello hacia atrás para verla mejor. Ella se agazapa, llevando una mano hacia mi entrepierna a fin de empezar a estimularla por encima de la tela. Y si tacto me quema sobre la ropa.

Entonces vuelve a besarme y respondo, gimiendo mientras la escucho jadear porque decidí estrujar sus pezones por encima del brasier. Busco su lóbulo y lo lamo antes de bajar por su cuello. Allí deposito mimos que provocan gemidos que embelesan el oído. Y me inquieto al momento de besar el lugar en donde podría marcarla, haciéndola definitivamente mía.

No obstante, me quedo helado, por lo que la agarro de los hombros con cuidado con la finalidad de detenerla.

Tengo que parar la situación.

«Qué estoy haciendo.»

Me aparto de ella y me acomodo con rapidez a fin de no seguir perdiendo los estribos.

—Amber... —farfullo, viendo sus labios enrojecidos por mis besos—, puedo lastimarte.

«Lo siento. Pero lo más egoísta es tenerte debajo de mí.»

Decido huir, sintiéndome ansioso por haber besado por primera vez a una mujer.

(...)

Retratos subidos a Instagram.

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top