Capítulo 02
Amber Foster
Las mañanas en la mansión Foster son agradables y algunas personas podrían llegar a considerarlas ruidosas. Pero la verdad es que ellas están lejos de ser desagradables.
Empezando por el ambiente hogareño que se puede percibir cuando llegas a la cocina y hueles el aroma a unas deliciosas galletas de chispas de chocolate y café, incluso el sonido de los huevos y el tocino en la sartén es una buena señal. Una orquesta mañanera que es reconfortante. Sin duda es un ambiente que no estoy dispuesta a cambiar en la vida.
No suelo desayunar a solas porque siempre me encuentro rodeada de personas. El personal de la casa, incluso mis padres, Isaac y Katherin, jamás me dejan sola.
Su compañía es un lenguaje de amor precioso y hoy más que nunca puedo sentir los abrazos, oír risas y cantar a fuerza de pulmón porque es mi cumpleaños. Esto se debe gracias a la compañía adecuada que me llena de amor y cariño, ya que cualquier momento a su lado logra ser especial.
Sonrío agradecida oyendo los cánticos del personal mientras recibo besos, abrazos y regalos: ¡Mi último año de juventud! ¡Ya tengo veinticinco!
—Seguirán pasando los años y siempre van a sorprenderme. ¡Qué amable de su parte! —Dar las gracias nunca será suficiente cuando me han criado con tanta atención—. No tenían que molestarse.
En mi mente, empiezo a oír los monosílabos al refunfuñar de Eiden:
"Deja de ser modesta. ¿Cómo vas a decir 'no tenían que molestarse'? ¡Tonta! Aprende a recibir."
«¿Por qué eres tan exigente? Déjame en paz. Debo ser agradecida, ¿sabes?»
"Blah, blah, blah."
Aunque sea habitual tener cariño en mi vida, también tengo que escuchar los comentarios de mi enemigo número uno y comentarista personal, Eiden.
Aun así, nuestra breve conversación debe acabar ahora mismo, porque la entrada de Isaac y Katherin da por finalizada la contienda que teníamos.
Aunque para la mala suerte de ambos es imposible el paso en el salón debido a los envoltorios y globos que están por la sala.
—¡Feliz cumpleaños, hija mía! —grita con emoción, dándome un abrazo repleto de cariño.
—¡Ya me saludaste en la mañana! ¡Ay, mamá!
Estoy obligada a soltar el regalo que tengo entre las manos para corresponderle y agradezco que no sea algo frágil.
"¡Mierda! No es necesario gritar, Katherin."
Eiden tiene poca afinidad con las personas, a pesar de que fueron ellas quienes me dieron cobijo y tampoco pueden oírlo porque su voz solo está en mi cabeza.
Llevo toda la vida tratando de descifrar su existencia o, al menos, comprender cómo es posible nuestra relación. Sin embargo, aún no logro entender la razón del vínculo que tenemos, ya que se trata de un ente un tanto inusual. Algo así como un demonio, incluso un ángel de la guarda.
Y, para mi mala suerte, es un ser misterioso.
Le hace gracia jugar conmigo, por ese motivo todavía no me ha revelado su identidad. Según él, admira mi capacidad, pero también le divierte lo torpe que puedo llegar a ser.
—Me estás asfixiando.
Le palmeo la espalda con el objetivo de liberarme. Pero Katherin es alguien sorprendentemente fuerte.
—Ya, ya... vas a hacer que Amber se desmaye, mi amor.
El llamado de atención de un divertido Isaac logra salvarme. Ella chilla al darse cuenta y se aleja en ese momento mirándome con nerviosismo.
—¡Lo siento tanto! —Se exalta, acomodándome los cabellos detrás de las orejas mientras analiza mis brazos desnudos—. No puedo controlar mi fuerza... Me emocioné —ríe con vergüenza, a lo que sonrío divertida—. ¡Cada año te vuelves más hermosa e inteligente! Me haces sentir orgullosa, mi niña —exclama con fuerza.
Su intensidad y dramatismo nos obliga a sonreír.
—¿Cuándo empezaste a llorar?
—¡Ah! Quería que fuera emocionante, ¿me he pasado?
—Ma...
—Kat...
Siempre que se trata de mamá, lo único que podemos hacer con papá es suspirar.
El amor y cobijo que me brindan desde hace dieciséis años es lo que me salva cada día y me da esperanza.
Sin tener la obligación de protegerme, porque no son mis padres biológicos, lo hicieron sin dudarlo. Hoy puedo considerarme alguien afortunada, consentida y amada. No hay un día que no me despierte y agradezca la oportunidad que tuve al cruzarme con Isaac.
Al echarme, Eiden fue quien me guió aquella noche de invierno alejando a las bestias hasta toparme con él.
A continuación, mi visión se nubla y un intenso dolor se apodera de mi cabeza, por lo que hago presión en ella y, sin previo aviso, me mareo. A su vez, me obligo a quedar de pie al apoyarme en la mesa.
—¿Ah? —Me atraviesa un disgusto que me genera náuseas e imágenes borrosas de un rostro masculino atacan mi cabeza—. ¿Será posible?
El agradable momento que estaba viviendo se esfuma gracias a ese sujeto que aparece en mis sueños y peores pesadillas.
—¿Amber?
—Trae un vaso de agua, por favor.
Mis padres se acercan debido a la preocupación y Katherin ordena con mucha rapidez asistencia por parte de los empleados.
—Siéntate, cariño. No estés de pie.
Papá me ayuda para que pueda descansar en la silla.
—Lo lamento —murmuro aún con la vista borrosa antes de agregar—; siento que estoy enloqueciendo. —No puedo evitar sonreír debido a la paranoia que me ataca cada vez que tengo esa imagen en la mente.
A pesar de la poca visibilidad, noto que papá se pone de rodillas con un vaso de agua.
—Toma.
"¡Llegué tan rápido como pude! ¿Qué sucedió? Sentí que estabas en aprietos, ¿estás bien?"
La preocupación de Eiden hace que sonría, porque a pesar de ser como perro y gato, nosotros nos llevamos bastante bien.
—No pasa nada. Es un simple mareo —respondo con el objetivo de calmar a todos.
Mamá posa una mano en mi hombro para animarme y alcanzo a notar que entre ellos intercambian miradas.
—Supongo que hemos agotado tus energías —dice con cautela. Ella me acaricia con delicadeza la mejilla con el dorso de la mano—; ve a descansar, mi niña. Nos vemos esta noche.
—Por favor —reclamo preocupada, poniéndome de pie.
"¡No insistas! Puede ser peor, cabezota."
El suave empujón que él me da hace que caiga rendida en la silla.
—Hazle caso a mamá, cariño.
(...)
Sé que mis padres y Eiden me enviaron a descansar, pero no puedo hacerlo.
La ansiedad que siento sobre la cena de mi cumpleaños me pone los pelos de punta. Por esa razón, no dejo de verme en el espejo, admirar el reflejo fue lo único que hice durante 30 minutos.
—Abuela... ¿No podrías haberme regalado otra cosa? Un automóvil... ¿Tal vez?
El vestido es precioso, quiero decir, es muy elegante.
A simple vista destaca por la manera en que marca la cintura, su cuello es en U, tiene mangas 3/4, es de falda alineada y no alcanza a tocar el suelo, ya que llega hasta los tobillos. Además, mantiene la espalda descubierta, por lo que supongo que debería lucirlo con el cabello recogido y un par de tacones beige.
«Es una lástima que solo lo use por esta ocasión.»
"¿Quién lo diría? Tú eres encantadora."
Eiden libera un piropo.
—Me veo rara. No estoy acostumbrada a vestirme de esta manera. —Me veo de un lado y del otro, contemplo la espalda y miro mi rostro—. Qué bonita.
"Engreída."
—¿Cuál es la diferencia? Dijiste que soy encantadora.
Me burlo de él y, sin querer, empiezo a reír. Pero algo suave y pomposo me golpea la cabeza haciéndome perder el equilibrio.
"Yo podría lucirlo mejor."
—¡No hagas berrinche! ¿Quién lo va a llevar puesto? —regaño y hago una pausa—. ¡Pues, claro que tú no! —afirmo poniéndome de pie con la almohada entre las manos—. Además, nadie podría verte con él porque... ¡Sorpresa! Solo yo tengo la facultad de hacerlo, tonto —escupo burlesca.
"Fea."
—¡Feo!
"¿Cómo puedes decirme feo? Soy más bonito que tú."
—Blah, blah, blah —balbuceo divertida.
No obstante, escuchar que alguien se dirige a mi habitación hace que me enderece y sacuda el polvo del vestido.
—¿Amber?
—¡Adelante!
La puerta se abre dejando ver a mamá, quien ingresa modelando un bello y sexy vestido rojo con escote en V.
Entonces aplaudo mientras admiro su hermosa figura.
«¡Qué mujer!» Apuesto que mis ojos brillan al verla.
—¿Qué tal? Quería distraerte al modelarte el vestido para esta noche. Por cierto, eres preciosa, mi niña.
Reí.
—No es mi estilo, pero haré una excepción —confieso haciéndola suspirar—. No puedo usar un jean y una camiseta, ¿verdad?
—Amber —reprocha.
—¡Estoy bromeando! —murmuro—. No es muy diferente a llevar faldas, puedo con esto.
Enseño el dedo pulgar para darle seguridad.
—Siempre has sido una niña coqueta —corrobora con una sonrisa—. Te gusta vestir de manera elegante y discreta, no sueles llamar la atención y es raro que hables en voz alta a menos que estén pasando tus límites. La abuela tomó en cuenta cada detalle para elegir el vestido apropiado.
Ella se enternece deslizando las manos por mis hombros, por lo que me erizo.
—La abuela nunca dejará de sorprenderme.
El hecho de recordar que fue la primera persona en acercarse cuando llegué a esta casa hace que mi corazón se ablande.
—Ella es especial.
—Como tú.
Me besa la cabeza con dulzura.
(...)
"Qué asco, ¿por qué son tan dramáticas?"
Hago una mueca al oír a Eiden.
Es un día agradable para dar un paseo en el parque y agradezco que mamá y papá me hayan dado un poco de tiempo a solas. Lo necesitaba para ahuyentar aquellos pensamientos que siguen atormentándome.
La falda larga es agitada por el viento mientras algunas personas pasan trotando.
Mi objetivo es intentar leer un poco de Historia, por esa razón me he aferrado a mis libros desde que salí de casa.
«¿Por qué las personas son tan grandes?» Pienso admirando los cuerpos robustos de mujeres y hombres que se encuentran en el parque.
"¿Qué te hace pensarlo? Mides 1,70 cm. En lo personal es una altura agradable."
—Aun así...
No puedo dejar de verlos con atención.
—La gente de mi alrededor es gigante —suspiro antes de bajar la mirada al suelo—. No recuerdo que fueran de ese tamaño cuando era niña.
"Lo estás pensando demasiado."
Siento un suave piquete en la frente, por lo que llevo la mano a la cabeza y sonrío.
—Supongo —murmuro enternecida—. Hoy estás siendo muy gentil, ¿no te parece?
"Necesitas ser consolada. Imagínate. No puedes andar llorando por ahí, ¡¿qué va a decir la gente?!"
El tono exagerado, pero nervioso de Eiden hace que ría.
«Tienes razón. Qué va a decir la gente.»
Aunque el intenso dolor me ataca de nuevo y con rapidez me limito a llevar un pañuelo a mi nariz porque ella está sangrando.
—¿Cuándo va a terminar? —susurro viendo las hojas de los manuales manchadas del líquido carmín—. ¿Quién eres?
«Tendrá que ver con nuestra conexión, ¿qué piensas, Eiden?»
No obstante, de su parte, no recibo una respuesta.
El silencio me obliga a seguir con mi camino y la ansiedad hace que me aferre con más fuerza a los libros.
(...)
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