Capítulo 34

—¿No será otro examen? —La pregunta de la joven de ojos verdes llama la atención.

—¿Una prueba? —repite Lennon. Ella observa a su mejor amiga con el objetivo de armar una conclusión.

Zila blanquea la mirada antes de ponerse a pensar mientras observa al animal que hallaron.

—¿Serían capaces de... lastimarnos? —Piensa en voz alta, por lo que Duncan enarca ambas cejas mostrándose disgustado.

—¿Todavía te sorprende? —pregunta con ironía.

«Está claro que Ginebra no nos expondría al peligro a menos que sea para enseñarnos algo.» Los pensamientos de Gwen empiezan a volar gracias a la imaginación.

—¡La presencia de Daren tendría sentido!

El chillido unísono de Lennon y Gwen toma por sorpresa a Duncan y Zila.

Ambos intercambian miradas.

—No lo creo —farfulla el guerrero entre dientes—. Estamos para hacer caridad... no para ser el hazmerreír de Vulgus.

—¡Un momento!

El grito de Lennon genera silencio. Necesita concentrarse. De nuevo, el estigma en su espalda quema y transmite una sensación de alerta en un radio geográfico amplio.

«¿Por qué estoy reaccionando a ellos?»

Entonces su magia se muestra ante sus compañeros, los hilos dorados salen de los corazones de los presentes y los envuelven produciendo incertidumbre y sorpresa.

Zila abre los ojos, sintiéndose anonadada, porque no podría ser capaz de describir con palabras lo que la magia de su mejor amiga le transmite. Un cosquilleo agradable.

A continuación, contempla a Lennon aferrarse a uno de los tantos que tiene enfrente, los cuales son intangibles para ellos que intenta tocarlos debido a la curiosidad.

—Prepárense —murmura. Siente quemazón en las manos a la hora de aferrarse a la magia ajena con osadía. —Gwen, lanza una advertencia. Hay trabajo extra.

La sonrisa descarada de Lennon debe catalogarse inapropiada, quizá, porque demuestra más de lo que expresa en su mirada y gesto que produce sensaciones inexplicables.

—¡Ha! —Duncan sigue con el hilo mágico que sostiene Lennon, el mismo se pierde en la vegetación. Pero comprende qué significa. «Qué clase de facultad tienes.» Piensa, viéndola de reojo mientras su otra compañera lanza un hechizo al cielo.

Entonces el guerrero desaparece de la vista de las magas.

—¿Piensa hacerlo solo? —pregunta con incredulidad la rubia, por lo que recibe una mirada de la castaña.

—Claro que no. ¡Vamos a trabajar! —estalla Lennon, desapareciendo de la vista de ambas con su huesudo amigo en la espalda.

—Oye, Zila —La voz de Gwen hace que la recién nombrada gire en el sitio. —Deberías protegerme, ¿no?

Ella se encoge y obliga a la ojiverde a blanquear la mirada.

—Por supuesto, veamos qué pueden hacer esos dos —anima—. Después de todo, he esperado esto por mucho tiempo.

Esboza una sonrisa.

Aunque quisiera refutar, no podría hacerlo. Gwen comprende a Zila porque ver a Lennon en acción es algo que todos ansían.

—¡Cuidado! —grita Tania.

—¡Willow!

Alza la voz para alertar a su acompañante al ver a dos magos dirigirse hacia ellas.

«¿Por qué son demasiados?»

El ceño fruncido de la joven de la Casa Reagan es notorio. Por otro lado, Gwen se pone de rodillas en el suelo para recibir una orden directa de curación por parte de sus amigos.

El dragón de pequeño tamaño ruge con fuerza antes de crecer de manera descomunal. En ese momento, cubre el cuerpo de las chicas y abre la boca mostrando los colmillos, al igual que la llamarada que brilla dentro de su boca.

—¡Cuidado!

—¡Zila! Será problemático si sigues usando tu magia... Willow ya hizo demasiado.

Zila se ve impactada al ver que ambos esquivan sin problema el fuego de Willow, a lo que rechista mostrándose molesta por la advertencia de su compañera. Sin embargo, antes de atacar y defenderse, agarra la espada del suelo con su sangre.

Por otro lado, Lennon sigue la rapidez de Duncan o al menos lo intenta, porque él es realmente veloz.

—¿Puedes verlo? —pregunta antes de enredar la magia en los antebrazos y tirar de ella con fuerza—. Cada uno de ellos conecta con un corazón.

—Ya veo —responde a secas—. ¿Qué hacen además de...?

No alcanza a concluir la pregunta porque ve a su compañera ser golpeada por el gato de tierra que supuestamentehabía sido atrapado.

—¡Lennon!

Se detiene y voltea para ir a buscarla.

—No te preocupes por mí! Mira al frente —advierte al forcejear en el suelo con los inmensos colmillos del animal.

César cruje los huesos, molesto, al ver a su maestra ser babeada por un felino y aunque le tenga pavor, la vida de ella es más importante que su temor.

El humo negro que empieza a desprender el cuerpo del esqueleto es una advertencia para el enemigo.

Los ojos luminosos y rojos son vistos de soslayo por Lennon, quien trata de evitar ser devorada. Aunque la buena suerte que tiene lamentablementeestá por acabarse porque el felino con cara de perro está creciendo sobre ella.

No obstante, César agarra de la cola al gato de tierra lanzándolo en dirección al mago que está entre los arbustos dándole órdenes.

—Gracias —suspira, poniéndose de rodillas. Se atreve a visualizar el panorama. —Funes Sanguinis —Los hilos que se enredan en las extremidades y aferran a su piel cambian de dorado a un rojo intenso.

Las cuerdas de sangre que es capaz de manipular gotean gracias a la densidad de la vida y la magia. Además de tener la capacidad de cambiar su finalidad, puede herir de gravedad a las personas que las toquen cuando esta ha sido desprendida de su corazón. Esto se debe a que la magia contraria en manos de Lennon cuando utiliza el hechizo "Fune Sanguinis" se potencia a niveles elevados produciendo una sobre carga de maná en su usuario.

—¡César!

El enorme esqueleto golpea el suelo y el impacto produce un movimiento de las placas, por lo que la violencia hace que los árboles se caigan desvelando a su oponente.

Pero, la balanza está equilibrada, el acompañante del enemigo decide responder al ataque con un rugido que desprende porciones de tierra elevándolas al cielo.

—Prepárate, César.

La tierra es lanzada, por lo que entre puños esqueléticos y latigazos de sangre son capaces de librarse de la primera oleada.

Lennon empieza a caminar con lentitud en dirección al mago encapuchado.

—¿Eres parte de esos malditos homicidas? —pregunta y eleva la voz debido a la ira.

—¿Qué piensas? ¿Vas a hacer que cambie de bando haciendo uso de palabras bonitas y un feliz para siempre? —cuestiona con cinismo—. ¿Acaso les han lavado el cerebro? Los Imperios...

«Aún peor.» Piensa en el momento que detiene el parloteo del enemigo al envolver un hilo en su cuello.

La sangre tiñe con rapidez las prendas ajenas del sujeto joven, quien lleva las manos a la cuerda y grita poniéndose de rodillas.

Aunque la sangre tiña ambos cuerpos y el dolor de no estar acostumbrada a recibir una estimulación ajena genera que el estigma arda con fuerza lastimándola, no puede perder la oportunidad de pelear con su magia.

—A mí nadie me ha lavado el cerebro —murmura, tirando hacia ella para arrastrar el cuerpo que se retuerce de dolor. —Lo hago por las vidas inocentes que nos arrebataron.

Levanta la cabeza ante el sonido de pisadas apresuradas, pero saber que César está delante de ella como su escudo alivia su corazón.

«No tienen ni idea.»

—Por esa razón... —Se ve obligada a hacerse a un lado gracias a que el hombre moribundo le lanzo una daga, haciéndole un corte en el brazo. —No deberías continuar con esto... ¡Se trata de vivir! —insiste.

La verdad es que Lennon no desea matar a otros magos. No obstante, las circunstancias están arrastrándola a tomar esa decisión.

Aun así, mueve el brazo con violencia para enredar aún más el cuerpo ajeno generándole dolor. La cuerda se desprende de sus brazos y la sangre tiñe con rapidez el césped.

—No quería hacerlo —confiesa, viendo los ojos aterrados del contrario—, pero considerando tu respuesta... no mereces que tenga piedad contigo.

Levanta la cabeza del futuro cadáver para encontrarse con su compañero. César tiene atrapado al animal entre los brazos, él posee un agarre firme en el cuerpo y cabeza del contrario que ruge con fuerza.

Sin embargo, su maestro está perdiendo vitalidad al ser consumido por su propia magia... por lo tanto, este también se encuentra muriendo.

—Termina con su vida, César... No merece seguir sufriendo por las malas decisiones de su mago —declara.

Entonces el cuello de la bestia de gran tamaño truena con fuerza.

En el fondo, un gusto amargo se instala en su garganta. «Esto es la guerra, muerte y sangre.» Piensa con melancolía.

Voltea en el sitio al darse cuenta de que el hilo de sangre deja de existir debido a la ausencia de alma del mago.

—Busquemos a Duncan.

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