Capítulo 16

Lennon Campbell

—Lennon.

Me remuevo inquieta por la voz que no deja de llamarme.

Oh, es cierto. Yo me dormí en la clase de Bjorn.

Me siento con los ojos cerrados. A su vez, levanto los brazos bostezando con fuerza, dejando que la luz ilumine el panorama oscuro que tenía.

Aunque me desconcierto, más de lo que debería al despertar.

El rostro lastimado de Zila hace que frunza el ceño porque sus vestimentas han sido rasgadas. Su cabello está un poco despeinado debido a la coleta desajustada que tiene y puedo notar sus palmas enrojecidas por quemaduras.

—¿Qué? —no tengo palabras, por lo que llevo una mano hacia mi mejilla porque las de ellas están lastimadas—. ¿Qué sucedió?

—Bueno —suspiró divertida, apoyando las manos en la espalda para erguirse—. Bjorn armó encuentros, déjame decirte que nadie salió en buenas condiciones. Te salvaste.

Sigo sin creerlo, observando cada extremo de su rostro herido.

—Debíamos ser honorables, según él, actuar acorde a las circunstancias sin caer en juegos sucios y enfrentar a nuestro compañero con rectitud. Nadie se rindió —concluyó oprimiendo los labios y enarcó una de las cejas cuando señaló hacia su espalda—. Duncan no fue herido, te habría sorprendido verlo pelear —se burló porque sabe que no reconozco a todo el mundo—. Parecía una bestia, ¿quién lo diría? Su personalidad tranquila no concuerda con el monstruo feroz y cruel que se guarda —carcajeó, mostrándose divertida.

—¿Tú peleaste contra él? —pregunté, relamiendo mis labios.

¿Tanto habré dormido?

—Por supuesto —respondió—. Me llevó al límite, necesito aprender del Imperio de Aeternam. Son habilidosos.

Enarco una ceja.

—¿No te sientes frustrada? No reconozco esa nueva actitud, Zila —murmuré con gracia, a lo que ella abrió los ojos.

—Por supuesto que no —contestó a secas.

Reí.

—Sí, claro —suspiré, recostándome de nuevo—. ¿Ya terminó este fastidio? —pregunté, usando de almohada mis brazos.

—No, ¡Demonios! —se quejó al estirarse.

Sus huesos suenan.

Me pongo de pie con el fin de ayudarla a sentarse. César llega a ella, tendiéndose sobre su pierna, y Willow la olfatea.

—Cúrala, Willow —ordené.

Me cruzo de brazos y veo su versión lastimada.

Zila blanquea su mirada.

—Estoy bien.

—No lo creo —hice una pausa, tensando la mandíbula con rabia—. ¿Acaso no les enseña que deberían detenerse cuando saben que la batalla está perdida? Ese sujeto habla de honor, pero cuando se trató de los ataques a Tempus dejaron morir a más de cien alumnos. ¡Honor es lo que tiene un guerrero al defender a los suyos! —escupí enojada.

La mirada de Zila se abre con sorpresa y sus labios entreabiertos desvelan su intención de comunicarse, pero la sombra que apareció en el rostro de ella me deja en claro que voy a meterme en varios problemas.

—¿De qué estás hablando?

Mi piel se eriza, de hecho, cada parte de mi cuerpo se inmoviliza. A cambio, observo de reojo a la persona de voz sombría.

—Retírate, Reagan —ordenó a secas—. Ve a la enfermería junto a tus demás compañeros.

La mirada que me lanza Zila es de pocos amigos, quizá, me advierte de las consecuencias de mis palabras.

El silencio se siente pesado. La situación podría tornarse peligrosa, de hecho, estar enfrente de Bjorn y su asistente es intimidante.

—Unos niños —murmuró disgustado, arrastrando cada palabra.

Mi ceño se frunce con furia.

—¡Cobarde! —rugí, imitando su elocuencia mientras inflo el pecho. Oprimí los labios con violencia, apretando con fuerza los puños y sintiéndome aturdida con la necesidad de desahogarme—. Es la palabra que define a Los Antiguos Milagros —afirmé hirviendo.

Me siento sin aire, ansiosa por seguir gritando.

—¿Honor? —gruñí desesperada—. ¡No saben el peso que conlleva esa palabra! Desean reparar los daños ocasionados, pues, déjenme decirle que es imposible —afirmé con tanta ira mientras las lágrimas abarcan mis mejillas—. ¡Los Milagros son magos sobrevalorados que aparecen cuando les conviene!

Mi cuello es agarrado con violencia, Bjorn me levanta del suelo con una simpleza que llega a producirme asco.

—B-Bjorn, se trata de un estudiante de Tempus. Fatheree te intimará —tartamudeó, aferrándose con fuerza al cuaderno.

—No voy a detenerme —farfullé con esfuerzo, recordando la sangre en mi espada—. ¡El enemigo no acabó con mis compañeros! —grité, haciendo que su rostro se perturbe—. ¡Fueron ustedes!

Mi cuello es apretado, dejándome sin aliento. Tenso la mandíbula por ello canalizando la desesperación de la falta de aire en mis puños.

—Voy a darte un correctivo, mocosa —gruñó enojado, arrugando el ceño—. Te demostraré de qué somos capaces Los Antiguos.

—Bjorn.

Los tres volteamos sorprendidos.

—Déjala en el suelo.

Una orden clara y sencilla, la pronunciación es sutil para llegar a ocultar la severidad de las palabras que cargan con una emoción dañosa.

Es suficiente una mirada pesada con el objetivo de hacernos erizar, la presencia de ese sujeto es abrumadora.

Su aparición es intimidante tanto como la intensidad que poseen las orquestas cuando los violines se presentan y las voces erizan los vellos del cuerpo.

Los ojos electrizantes son anunciados ante nosotros.

Date no está contento, lejos de tener una expresión calmada, desvela seriedad en sus facciones marcadas y mirada entrecerrada.

Los pasos del heredero resuenan, anunciando una presencia imponente, llegando a ser sombría en un silencio que lograr enfriar el cuerpo.

—Libérala —pronunció siendo genuino.

—No esperaba verlo por aquí —proclamó con calma, apretando aún más el agarre al punto de que mis extremidades empiecen a tiritar—. Hay mocosos en Tempus que son como bravucones, ¿acaso no debo enseñarle su posición? Doblegarlos con el objetivo de que comprendan que no durarían ni un segundo en una guerra.

—Lennon perduraría más que tú —balbuceó con desdén, volteando la cabeza a un lado, teniendo una mirada soberbia.

La curva que nace en la comisura de sus labios llega a erizarme el cuerpo, pero la expresión descompuesta y rabiosa de Bjorn me arrastra a la inconsciencia.

Él carcajea con fuerza, soltándome con severidad al suelo.

Me llevo una mano hacia el cuello, respirando con desesperación mientras César se aferra aterrado a mi cuerpo.

—¡Se ha vuelto un bufón, Su Alteza! —bramó siendo descarado.

Aun así, en el momento que la mirada de Date se abre de golpe, Bjorn termina de rodillas en el suelo, rompiendo la superficie del pavimento en cuestión de segundos.

Él apoya las manos para evitar quedar aplastado por la presión que Date ejerce en su cuerpo.

—Bjorn, estás obligado a ser más respetuosos con la realeza. Ya deberías saberlo —murmuró con suavidad, moviendo su tapado negro con ímpetu para extender la mano en mi dirección.

De todos modos, desvío la mirada sintiéndome molesta.

Detesto esto.

Bjorn frunce tanto tu entrecejo al verme que se siente sofocado en el momento que vuelve la vista a Date.

—No me digas que esta será nuestra reina.

Mis mejillas se encienden con violencia y la idea de gritarle se presenta, por lo que volteo con fiereza en su dirección. Pero al instante me percato de la sangre que se desliza de la nariz del guerrero.

—La vida de cada habitante de Urbs me pertenece, incluida la tuya, Bjorn —habló con calma, suspirando las palabras mientras su mirada recae sobre su compañero. Ella brilla con intensidad, la misma que cada vez entierra a El Antiguo en el pavimento—. Respeta mis órdenes o acepta las consecuencias de tu rebeldía. Tomar la decisión de desafiar a Lennon es grave, teniendo en cuenta que también tendrás que plantarte enfrente de mí... un emperador —rugió.

Me siento siendo precavida para no ser observada por los presentes con ayuda de César, quien se aferra a mi cuello con sus palmas esqueléticas con el objetivo de curarme.

—Te he juzgado mal, mocosa.

Los ojos claros de él me buscan, pero Date se interpone entre nosotros evitando el contacto visual.

—Seré benévolo —murmuró—. Aprende el arte de enseñarle a alguien más y luego mira a tus alumnos a la cara con el mismo honor que batallas por tu imperio —no veo la expresión de él, pero juzgo que no debe ser agradable. Él no es alguien que advierta con facilidad. —Saludos, Milagro.

Se escucha un golpe sordo y asumo que se trata de Bjorn chocando contra el suelo gracias a que Date dejó de ejercer presión en su cuerpo.

Hubo silencio entre nosotros.

—No deberías abrirte de esa manera —farfulló y yo lo alcancé a oír.

Me cohíbo, sintiendo las lágrimashumedecer mi mirada y la rabia me obliga a morder mi labio para no sollozar.

Él se sienta, haciendo a un lado su tapado mientras su mirada oscura está clavada en algún punto del playón. Deja una de sus piernas descubiertas, por lo que de soslayo hago un mohín evadiendo las lágrimas.

—Libéralo —confesó, sin mirarme—. Hazlo, Lennon.

Mi labio tiembla y me siento débil, incapaz de hablar con claridad cuando los recuerdos de ese día aparecen una vez más.

Recargo un brazo en su pierna, siendo indecisa al tratarse de mis sentimientos. Entonces apoyo la frente en ella para ocultar mi rostro descompuesto, abrazando con mis brazos mi cara mientras las lágrimas manchan su pantalón.

Lloro.

—¿Por qué? ¿Por qué? —murmuré rabiosa, temblando porque no soy capaz de controlarlo mi alrededor e incluso mi vida—. Estoy molesta.

Él cubre mi cuerpo con su tapado para no exponerme a pesar de estar solos en el lugar.

—No será fácil —susurró, haciendo una pausa porque mi llanto se libera con fuerza. La yema de sus dedos se deslizan por mi cuello lastimado, generándome cosquillas, ya que está curándolo porque César no alcanzó a hacerlo—. Cuídate, Lennon.

Te odio.

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