Capítulo 01

I M P O R T A N T E

📌 Actualizaciones LOS DÍAS JUEVES.

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Atte: thealphaofc

(...)

Narrador Omnisciente

—¡Es hora de irnos! ¡César!

Las maderas viejas de los pasillos rechinaron ante pisadas apresuradas. Ellas llaman la atención a la hora de desvelar la posición del recién nombrado, por lo que nuestra protagonista observó con interés las escaleras.

No obstante, por nada en el mundo esperaba lo que ocurrió a continuación, su cuello envuelto por brazos esqueléticos la obligó sonreír, escuchando con rapidez sonidos que se asemejan a sutiles temblores que expresan la risa de su agradable compañero.

—Eh, César —saludó, tocándole las manos a su pequeño amigo huesudo—. Esta vez no fuiste predecible, ¿estuviste practicando?

La pregunta hizo que el esqueleto se sacuda feliz sobre la espalda de la adolescente.

—Hoy es un gran día para Tempus. Según Fatheree...

Se vio obligada a guardar silencio, por lo que volteó curiosa en dirección a su compañero una vez cerró la puerta de su hogar.

—¡Oh, César! Fatheree, él es el director de Tempus —comentó abrumada, el contrario se mofó—. Tienes una pésima memoria, amigo. ¡Ah! Estoy haciendo a un lado el tema principal de la conversación. En fin, según Fatheree, hoy se van a presentar Antiguos Milagros, ¿qué piensas al respecto? No creo que sean la gran cosa, ¿entiendes? Pero será tedioso porque su llegada conlleva a que realicemos actividades sin cesar, ¡ya sabes! Ellos evalúan las estadísticas de los alumnos para encontrar prodigios.

La llegada de Los Antiguos Milagros me tiene inquieta.

No puede evitar la aparición de pensamientos que generan escalofríos debido a esa extraña sensación de ahogo, porque cada vez que tiene en mente a personas sobresalientes siente que su mundo entero va a derrumbarse. Y, por alguna razón, desde que posee entendimiento, ha tratado de evitarlos a toda costa, porque se siente sofocada cada vez que Los Antiguos se encuentran cerca.

—No tengo interés alguno en participar —cuestionó, elevando con sutileza la ceja izquierda.

Pues, no hay otra opción. Ese viejo me chantajeó.

De todos modos, a pesar de encontrarse ansiosa por oír una respuesta por parte del pequeño esqueleto, ella fue ignorada.

—Oh, amiguito.

En un gesto que rebosa de cariño, palmeó con cuidado el cráneo de su compañero que va colgando en su espalda.

—¡Mira nada más! —murmuró—. Sé que debo salir al exterior a encontrar gemas que sirvan para tu ascenso, pero ambos somos holgazanes —refunfuñó con pereza, rascándose la mejilla—. Eres pequeño y adorable, César. Además, me agradas más de esta manera, no necesito a un acompañante poderoso, esas son patrañas de los niños de primer año de Tempus —escupió molesta.

Los ojos azules, de la joven de cabellera castaña, deslumbran bajo los rayos de la mañana al apreciar cómo el amanecer acaricia los hogares de los barrios de la capital del Imperio de Urbs.

En Urbs no es habitual ver el cielo despejado con un ambiente cálido, más bien es todo lo contrario. El manto de la niebla que se produce en las ciudades genera poca visibilidad, incluso estando a unos metros de distancia es difícil ver con claridad.

Sin embargo, hoy es una mañana repleta de vibraciones diferentes, hasta la neblina le ha cedido el paso a la calidez de los rayos de sol y es esa misma razón lo que genera júbilo en aquel pegajoso tarareo.

Ella se detuvo enfrente de Tempus, siendo un acto inconsciente el hecho detenerse a admirar la espléndida arquitectura gótica del establecimiento. Ella es extraordinaria, incluso alude la importancia de los muros que en el pasado formaron a Antiguos Milagros. Asimismo, a pesar de llevar pocos años en la Academia, no ha descubierto los acertijos que esconden aquellos escalofriantes pasadizos, y, tiene que admitir que quizá se encuentra allí por mero capricho para afrontar el tabú de Urbs.

—¡Eh! ¡Por aquí, Lennon!

La comisura de sus labios se extendió en un gesto llamativo.

—¡Zila! —saludó eufórica.

La emoción brota de sus poros cuando en su campo de visión se encontró con un celeste abrumador, el cual la obliga a cerrar los ojos por unos segundos cuando sus manos fueron envueltas con cariño.

—Pensé que no vendrías, ¿sabes a lo que me refiero? —comentó siendo amable, palmeándole con cuidado la espalda a su mejor amiga—. Por cierto, asciende a César de una buena vez, Lennon.

La recién nombrada guardó silencio y enarcó ambas cejas con incredulidad ante las palabras de Zila.

—Sí, señora —farfulló, desviando la atención hacia la acompañante de su colega—. Hola, Willow. ¿Cómo estás? ¿Zila te ha tratado bien luego de la ascensión?

La bebé dragón se posicionó sobre el hombre de la chica de cabellera dorada, observando con seriedad a quien le dirigió la palabra con tanta libertad. Aun así, luego de unos analíticos segundos, rugió con alegría agitando la cola de manera amigable.

—A veces siento que no le agrado a Willow, ¿acaso su reacción es normal? —cuestionó abrumada—. Sabes que no debes apañarla tanto, ¿eh, Zila? —apuntó.

Es así como termina por señalar a la bestia pequeña que se encuentra sobre el hombro de su mejor amiga, quien se encogió debido al gruñido de la misma.

—No seas envidiosa —tarareó entre risas, empezando a caminar por los pasillos de Tempus a un lado de Lennon—. Mi querida Willow necesitaba con urgencia Ignis, es decir, es algo básico que sus estadísticas deban estar al nivel de su maestro, ¿no es así, Lennon?

La ceja elevada de Zila le arrancó un suspiro de cansancio.

—No te atrevas a mangonearnos a César y a mí —escupió frustrada—, además, si fuera tan fácil como dices, él ya hubiera sido ascendido. Los mayores no pretenden oírme, las gemas de Mors son difíciles de conseguir. ¡Y César es un glotón! No me basta con darle una, ni siquiera me aparecen sus números en el telescopio de maná.

—Los dos son un caso especial, Lennon —se rió—. ¿No elevaste tus inquietudes a Fatheree? Él podría darte una solución, ¿no?

—La última vez que me acerqué a ese viejo fue porque me reprendió por no representarme a los encuentros de Los Antiguos, ¿sabes qué me dijo? ¡En el caso de no presentarme este año me quitará a César! —estalló—. No pienso permitirlo, ¡Él es mi media naranja!

La joven de facciones delicadas arrugó el ceño antes de reír divertida por la situación. Es decir, le sorprende que el director, quien apañó desde un principio a su compañera, trate de arrebatarle al único acompañante de Mors que hay en toda la capital porque no se presente a los encuentros.

—No te preocupes —contestó—, ya que César entre miles de estudiantes te eligió a ti como ama. Separarlos a ambos sería un desperdicio, puesto que matar a un acompañante de la tristeza es imperdonable, incluso para el mismo Fetheree.

Quién sabe. Ese viejo siempre tiene algo entre manos, Zila.

Los ojos azules destellaron ante pensamientos negativos, pero Lennon comprende que quizás ya es momento de abrir el telón para desafiar a ese terror paralizante.

(...)

Lennon Campbell

—Eh, ¿ya han empezado...? —le doy un sorbo a mi jugo de naranja—. Creí que las peleas estaban programadas para el medio día, ¿pasó algo?

El rostro de Zila lo dijo todo ante mi repentina aparición, y, debo admitirlo, haber dormido hasta el medio día ha sido refrescante. El sueño nos rejuveneció a César y a mí.

—¿Dónde estaban? —cuestionó alarmada.

La imagen de mí misma durmiendo sobre la rama de un árbol apareció en mis pensamientos.

—Por ahí —contesté—, ¿qué hiciste durante la mañana?

—¡Buscarlos a ambos!

César suena los huesos como respuesta a los chillidos de Zila.

—Le quitas mucha energía a Lennon, César.

Ella reprendió a mi compañero.

—Ni una sola palabra a mi confidente, Zila. ¡A mí me gusta dormir!

Inflo el pecho cuando mi mejor amiga mencionó a mi acompañante.

—¡Ah! —gritó, poniendo el dedo índice entre mis cejas—. Estabas durmiendo, ¿acaso no duermes lo suficiente en la noche? —protestó molesta, arrebatándome la caja de jugo de las manos.

Rodeo mis orbes, rascando mi oído mientras escucho sus protestas, contemplando las gradas del inmenso estadio del establecimiento y tengo que admitir que hoy los estudiantes ocupan gran parte de ellas.

Sin embargo, el estigma que está en mi espalda cosquillea cuando me encuentro con la inquietud de Willow, el acompañante de Zila, quien agita con violencia la cola estando sobre el hombre de mi gran amiga.

Mi ceño se frunce por ello, porque Willow entre tantos acompañantes es la mejor de todos ellos a excepción de César. No obstante, algo la perturba, su Ignis es abrumada por un suceso más poderoso que una gema de ascenso.

¿Qué está ocurriendo?

—Lo sé.

La voz de Zila llamó mi atención, a lo que la comisura de mis labios se termina por curvar por tener dicha clase de complicidad con ella.

—¿Crees que evacuen Tempus?

—No lo sé, pero el viejo va a saber cómo controlar la situación si algo llega a ocurrir —me encogí restándole importancia.

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