Capítulo 3

—De nuevo ¿A quién se le ocurrió la idea de venir aquí?— preguntaba Gold

—Cuando te lo comentamos, no parecías nada molesto padre— respondió Regina

Estaban en las bellas playas de California más específicamente en Santa Mónica, disfrutando del sol y el mar

—Tal vez porque pensé que pasar tiempo en familia seria divertido— dijo mientras seguía recostado en la arena

—Vamos no seas aguafiestas— declaró su esposa

Liz estaba admirando la espléndida vista del mar y disfrutando del sol sobre su piel

Gold no podía apartar su vista de ella, lucia un bikini muy sexy

—¿No entraras al mar abuelo?— le preguntó Henry

—Prefiero quedarme aquí— respondió mientras se sentaba en la arena y bebía de su coco

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Regina estaba jugando con sus bebés en la arena, era la primera vez que los mellizos venían a la playa, ellos se mostraban maravillados ante todo lo que veían

Edith estaba contenta de estar en su lugar favorito acompañada de su familia, porque todas esas personas se habían convertido en familia para ella, amaba la playa y en cuanto estuvo ahí no había perdido el tiempo y corrió a meterse al mar.

Habían improvisado por completo aquel fin de semana, comenzó cuando Thomas había recibido una llamada de emergencia, Jack su trabajador de confianza le había informado de una posible plaga en los viñedos y él debía ir para verificar que todo estuviera bien, Thomas habló con su hermana esa misma noche y ella aunque consternada por la noticia aprovechó la oportunidad para pedirle que llevará a Regina y los niños con él para poder pasar tiempo con ellos mientras él resolvía los problemas, Thomas lo conversó con su esposa y ella aceptó, pero la morena decidió extender la invitación a su padre y a Liz ya que ese fin de semana no cuidarían a Gideon así que no tendrían excusa

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Así es como todos terminaron empacando para ese fin de semana, Henry había suplicado porque visitaran la playa y nadie se pudo negar a los ojitos tiernos del adolescente.

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Afortunadamente la plaga solo había afectado una pequeña parte del viñedo y habían podido controlarla para que no se extendiera a los demás

Ya mas tranquilo Thomas condujo hasta la playa, estaba feliz por que sus problemas ya estaban solucionados y ahora podría disfrutar con su familia, llegó a la playa, amaba la esplendida vista que había ahí

A los lejos vio a su familia y caminó hacia ellos, sus bebés estaban muy emocionados de verlo y él amaba verlos reír, rápidamente se unió al ambiente que habían creado, su esposa le pidió que se quedará con los niños mientras ella entraba al mar.

Regina lucía un espléndido bikini que le acentuaba a la perfección, su esposo sentía como se le caía la baba, ella entró al mar, ahí estaban Edith y Henry conversando animadamente, Thomas jamás imaginó que pudieran llevarse tan bien, pero así era y se sentía agradecido

Había sido un día estupendo para visitar la playa, todos habían disfrutado al máximo aquel día, en el almuerzo habían degustado de las delicias de los restaurantes locales, luego siguieron gozando de su tarde en la playa, disfrutaron de un hermoso atardecer en aquel lugar, definitivamente no había nada más bello que ver el sol reflejándose sobre el mar

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Ya se encontraban en el auto con dirección a la mansión Campbell, los bebés estaban ya dormidos, los demás solo observaban la calle y las luces que se alzaban dando paso a la vida nocturna, al llegar Edith los guió a sus respectivas habitaciones, todos decidieron relajarse y tomar un baño, los bebés ya estaban dormidos, así que Regina bajo al living ahí estaba su cuñada y ambas habían aprovechado para conversar

Thomas luego de acostar a los niños se había ido de la habitación y en todo este tiempo Regina no lo había visto, sospechaba que tramaba algo, pero a pesar de su gran curiosidad había decidido esperar a que él apareciera, el sonido de unos pasos bajando las escaleras lograron sacarlas de su charla, vieron a Gold bajando, él lucia unos vaqueros junto a una camisa simple de botones color azul marino el olor de su colonia comenzó a invadir el lugar

—¿A dónde vas papá?— preguntó Regina con curiosidad

Pero antes de que él tuviera oportunidad de responder nuevamente oyeron pasos, ahora el sonido era más fuerte gracias a los tacones, provocando que todos voltearan hacia las escaleras, Elizabeth venia bajando, Gold se apresuró a extenderle su mano para ayudarle a bajar los últimos escalones, ella traía puesto un vestido color gris platinado con un pronunciado escote, unos tacones rojos y accesorios del mismo color.

—Yo pensé que todos estarían cansados y solo llegaríamos a dormir, pero creo que me equivoque— declaró Edith mientras reía

—Mi bella esposa y yo saldremos por ahí— respondió Gold tratando de sonar misterioso

—Pueden llevarse mi auto— ofreció Edith

—Muchas gracias por el ofrecimiento, pero Robert ya llamó un taxi— explicó Liz

Ambos se despidieron y caminaron a la entrada donde su taxi los esperaba

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Thomas había estado pensando en esto todo el día, debía admitir que le había tomado más tiempo del que imaginó, pero ahora al verlo debía reconocer que había valido la pena, ahora solo esperaba que a su esposa le gustará, se limpió el polvo que se había pegado a su ropa y entró a la casa

Regina estaba tomando una tasa de té en la cocina, Edith se movía por todo el lugar con suma gracia

Thomas se detuvo en el marco de la puerta y las observó, la morena lucia tan bella con ese vestido y su pelo suelto, él en cambio llevaba jeans y una simple camiseta roja.

—Hermana discúlpame, pero necesito que mi esposa me acompañe a ver algo en el jardín— dijo él

Edith le brindo una sonrisa y les pidió que se divirtieran, les aseguró que no debían preocuparse por los niños ella estaría pendiente de su cuidado

La pareja le agradeció y salieron de la cocina, caminaban por el jardín, pero habían parado ya que Thomas insistió en que debía cubrirle los ojos, Regina no estaba muy convencida, pero aceptó, él la guiaba y ella solo se sentía ansiosa por descubrir lo que tramaba

—Ya llegamos— anunció él

Procedió a quitarle la venda y ella observó mejor lo que había enfrente.

Una casa del árbol muy bonita que tenia una bandera pirata

—¡Bienvenida a mi fuerte!—exclamó

—Esto es muy tierno—dijo mientras lo besaba

—Tienes suerte de estar aquí, este lugar es muy exclusivo y no se aceptan chicas, como tú eres mi esposa haré una excepción— expresó Thomas

Regina soltó una risita

—Acompañame— dijo mientras le brindaba la mano para que subieran

—¿Estás seguro de que soportara el peso de ambos?— cuestionó con inseguridad

—Yo te protegeré— le aseguró

Ambos subieron a la casita, por dentro estaba iluminada con algunas lámparas como las que se usan cuando se iba a acampar, Regina miraba todo con suma atención, era pequeño, pero estaba limpio, habían algunos posters de autos, bandas musicales y un cartel pintado a mano que decía "Fuerte Pirata"

—¿Te gusta?— preguntó él mientras tomaba asiento en el suelo

—Es muy bonito— afirmó ella

—Aquí solía pasar mis tardes, tuve muchas aventuras y no creo que sea necesario aclarar que soñaba con ser un pirata— confesó

—Estoy segura de que hubieras sido el mejor pirata— admitió ella

—Este lugar me trae muchos recuerdos, lo construí con mi padre y ambos solíamos pasar mucho tiempo aquí, Edith y mamá preferían quedarse en casa y hacer fiestas de té y muñecas— relató

—¿Tuviste una casa del árbol cuando eras pequeña?— preguntó con curiosidad

—No— respondió— Cuando era una niña estaba muy ocupada tomando clases de etiqueta, aprendiendo un montón de cosas sobre la realeza y siguiendo las ordenes de mi madre, jamás había tiempo para jugar o hacer cualquier cosa que un niño de mi edad deberia hacer— añadió

Él se acerco a ella y la abrazo

—¿Quieres comer?—le preguntó

Ella asintió

Thomas tomó una cesta que había en la entrada y saco 2 sandwiches de mantequilla de mani y jalea, 2 pequeños jugos y 2 manzanas

—Espero te guste, esto es exactamente lo que solía comer cada que estaba aquí— admitió él

Regina decidió olvidarse de todo lo demás y simplemente disfrutar el momento, siempre había deseado ser una chica normal y ahora podía cumplir aquel sueño, comía de su emparedado y disfrutaba de las historias que su esposo le contaba.

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—Cuando dijiste que vendríamos a un lugar poco convencional jamas imaginé esto—exclamó Gold a su esposa

—Pensé que seria interesante para salir un poco de la rutina— dijo mientras tomaba su hamburguesa

Se encontraban en un parque donde solían estacionarse algunos camiones de comida o Food truck,  Elizabeth camino junto a Robert mientras recorrían los distintos negocios y decidían que deseaban comer, ella había optado por Hamburguesa con papas y gaseosa y él prefirió probar un burrito y nachos de un camión de comida mexicana, estaban sentados en una banca riendo y comiendo, era inusual, pero a la vez fascinante, no importaba si se manchaban o comían con los dedos, no estaban en uno de los habituales restaurantes lujosos que solían frecuentar, no habían  personas al rededor, eran una pareja común y corriente comiendo comida rápida, habían charlado sobre ese día y vaya que era increíble estar en ese ambiente tan relajado

—Sin lugar a dudas la comida estuvo estupenda— aseguro Gold

Ella sonrió mientras lo abrazaba

—Ahora yo quiero que vayamos a otro lugar—le dijo

—Sorprendeme— pronunció ella

Gold la guiaba, era una noche maravillosa y ambos caminaban tomados de la mano

Habían llegado al bar donde se conocieron, ambos tenían un fuerte sentimiento hacia ese lugar, se sentaron en la barra y ordenaron unas bebidas, al fondo del lugar había una diana

—¿Te animas?— preguntó Liz mientras tomaba un dardo y procedía a lanzarlo dando en el sector cerca del centro 

Gold tomo un dardo y lo lanzo logrando que este encajara en el centro

—Como yo gané quiero reclamar mi premio— anunció galante

Se acercó a ella y la besó, sus labios eran exquisitos

Siguieron jugando y tomando algunas copas más, hasta altas horas de la madrugada, un taxi los llevó a la casa Campbelle y tratando de ser silenciosos subieron hasta su habitación, debían aprovechar las pocas horas de sueño ya que al día siguiente partían de regreso a Storybrooke.

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