Cap. 31: Irina Nikos
El «Coliseo Amity» construido con la tecnología más avanzada y alimentado por el poder del «Dust», este coliseo no solo vuela sino que viaja. Capaz de surcar los cielos para llevar el espíritu del «Torneo de Vytal» a cualquier reino anfitrión.
La plataforma de combate. No es un simple suelo es un escenario vivo. Bosques frondosos, desiertos abrasadores, ruinas misteriosas... en cuestión de segundos, la superficie se transforma para poner a prueba no solo la fuerza, sino la astucia de los participantes.
Los vítores se escuchaban en todo el coliseo. El público veía con emoción la victoria del equipo «RWBY» por sobre el equipo «ABRN».
En los asientos, el equipo «SJRI» celebraba la victoria de sus amigos.
—La idea de Weiss, de crear una rampa de hielo, fue buena —dijo Shirou.
—¡Oh! Shirou —dijo Jeanne sorprendida—. Llegaste a tiempo para ver su victoria. ¿Tuviste algo que te detuvo?
—Conocí a un grupo de chicas muy amables.
—¿Oh? ¿Debemos preocuparnos de que alguien corrompa a nuestro pequeño líder? —preguntó Illya abrazando a Shirou por la espalda—. ¿Quieres que tu hermana mayor hable con ellas?
—Illya, por favor, esto es incómodo —dijo Shirou sonrojado.
—Iré a buscarlas —dijo Jeanne—. De paso, quiere ir a ver al equipo de mi hermano. Quiero desearles suerte en su pelea.
—Bien... —dijo Shirou—. Vamos a la salida del coliseo.
★
El «Coliseo Amity» seguía vibrando con la energía del combate que acababa de terminar. Aunque las gradas se vaciaban poco a poco, todavía quedaban grupos de espectadores que comentaban emocionados las jugadas más espectaculares.
El equipo «SJRI» se encontraba entre la multitud que abandonaba el estadio. Avanzaban por uno de los pasillos anchos que conducían a las rampas de salida, donde enormes ventanales dejaban ver el cielo despejado y, mucho más abajo, el festival extendiéndose como un mosaico de colores y movimiento.
Jeanne caminaba con pasos ligeros, sonriendo para sí misma, y de vez en cuando giraba la cabeza como si buscara a alguien en la multitud. A su lado, Rin la observaba con cierto aire de sospecha.
—Estás inquieta, Jeanne —comentó Rin, que la observaba de reojo—. ¿Pasa algo?
Jeanne le lanzó una mirada tranquila, casi inocente y manteniendo la sonrisa.
—Quiero encontrar al equipo de mi hermano —admitió—. Ellos también están participando en el torneo, y no he tenido oportunidad de verlos hoy. Me gustaría desearles suerte antes de que peleen.
Shirou, que lideraba el grupo unos pasos por delante, echó una mirada rápida por encima del hombro.
—Podemos buscarlo, pero primero sería bueno encontrar al equipo RWBY —dijo con voz calmada—. Ganaron su combate hace poco y sería un gesto correcto felicitarlas.
El grupo salió del pasillo principal y entró en la zona exterior del coliseo. Desde esa altura, el panorama era impresionante, abajo se extendía un mar de carpas, puestos, banderas y pantallas gigantes que transmitían repeticiones de los combates. El sol, alto en el cielo, hacía brillar las telas y los adornos metálicos de los puestos como si fueran joyas.
Un viento fresco golpeó suavemente sus rostros, trayendo consigo el aroma tentador de comida recién hecha. Illya cerró los ojos y aspiró profundamente, casi como si quisiera absorber el olor.
—Oh, puedo oler pan horneado, carne asada y... ¿esos son dulces con miel?
Rin resopló.
—Con tu capacidad de detectar comida, podrías ser un sabueso en vez de «huntress».
—Tranquila, Rin, no me ofendo... aunque si hablamos de instintos animales, creo que tú encajarías más como gato callejero buscando pelea —replicó Illya sin abrir los ojos.
Jeanne sonrió ante el intercambio, pero seguía observando a la multitud.
Mientras descendían en un «Air Bus», podían escuchar a otros grupos comentando los combates.
—¿Viste ese golpe final? —decía un chico con una camiseta con el logo de Shade Academy.
—¡Sí! Pensé que Weiss Schnee no lo lograría, pero... wow.
—La coordinación de «RWBY» fue impecable —añadía una mujer mayor—. Y pensar que son tan jóvenes.
Jeanne escuchaba las conversaciones con atención, confirmando que «RWBY» había causado una fuerte impresión.
Al llegar a la estación cercana al festival, el ruido era tan fuerte que los envolvió por completo. La calle principal estaba abarrotada, y cada pocos metros había puestos decorados con estandartes de colores y carteles que anunciaban especialidades culinarias o recuerdos del torneo. Un hombre con sombrero anunciaba a viva voz que tenía «la mejor carne especiada del reino», mientras un grupo de niños corría entre los transeúntes agitando pequeñas banderas con el emblema de Vale.
—Este lugar está... vivo —comentó Jeanne, deteniéndose un momento para observar.
Rin asintió.
—El «Festival de Vytal» siempre es así. Es más que un torneo, es una celebración de unión entre reinos... aunque también es un campo de batalla para los vendedores —añadió con un leve gesto hacia los comerciantes que competían por llamar la atención.
Jeanne giró la cabeza hacia un puesto que mostraba una montaña de panecillos cubiertos de azúcar.
—Y un campo de batalla para mi estómago.
Rin le dio un golpecito en la frente.
—Prioridades, Jeanne.
El grupo se internó más en el festival, esquivando artistas callejeros que hacían malabares con armas simuladas, niños disfrazados de «huntsmen» famosos y parejas que se sacaban fotos frente a los hologramas.
El bullicio del festival parecía abrirse a medida que el equipo «SJRI» avanzaba entre los puestos. Jeanne mantenía la mirada alerta, buscando cualquier rastro del característico rojo de la capa de Ruby.
Fue Illya quien los vio primero.
—Allí —dijo, apuntando discretamente hacia una zona donde una pantalla holográfica mostraba repeticiones del combate reciente.
Bajo la pantalla, «RWBY» estaba reunido en un semicírculo, charlando entre ellas.
—No hay duda, son ellas —comentó Rin, ajustándose el cabello—. Vamos.
Shirou tomó la delantera, y el equipo se acercó. Cuando estuvieron a unos pasos, Jeanne fue la primera en hablar.
—¡Buen combate! —exclamó, lo bastante alto como para que las cuatro las escucharan—. Felicitaciones por la victoria
Ruby interrumpió su narración y giró hacia ellos con una gran sonrisa.
—¡Oh! ¡Shirou! ¡Jeanne! ¡Rin! ¡Illya! —dijo, saludando con energía—. ¡Gracias! Lo fue gracias a trabajo en equipo.
Yang soltó una carcajada ligera.
—No estuvo mal, ¿eh? —dijo con tono juguetón—. Aunque creo que podríamos haberlo hecho con los ojos cerrados.
Weiss arqueó una ceja.
—No exageres, Yang —con una leve inclinación de cabeza, aunque la expresión de satisfacción era innegable en su rostro.
El intercambio de bromas fue interrumpido por un sonido claro y muy poco discreto, el fuerte rugido del estómago de Blake.
La «fauno» se quedó inmóvil un instante, como si quisiera fingir que nada había pasado, pero el silencio que siguió y las miradas de todos hicieron que su listón se moviera con incomodidad.
—... Yo... —Blake exhaló lentamente—. Supongo que no lo puedo ocultar.
Yang soltó una carcajada abierta y le dio un suave codazo.
—Bueno, eso explica por qué estabas tan callada.
—Creo que tengo la solución perfecta para eso —dijo Shirou.
Yang lo miró con una sonrisa radiante.
—Shirou, mi héroe —Yang lo miró con una sonrisa radiante.
Ruby, que ya parecía pensar en comida, dio un pequeño salto en el lugar.
—¡Galletas! ¡Quiero galletas!
—Lo mejor es una dieta balanceada para mantener la energía y la concentración —Shirou negó con la cabeza, aunque con una leve sonrisa.
Ruby hizo un puchero, inflando las mejillas como una niña a la que le negaban un dulce.
—Pero... galletas... —dijo saltando en su sitio—. Maldad pura.
Weiss cruzó los brazos y asintió con aprobación.
—Estoy completamente de acuerdo con Shirou. Necesitamos estar en las mejores condiciones para el torneo.
—¡Hey! —protestó Ruby, mirando a Weiss como si la hubiera traicionado.
Mientras la escena se desarrollaba, Illya intentaba contener la risa y Rin simplemente sacudía la cabeza ante lo animado que era el grupo. Jeanne sonreía, relajada, disfrutando del ambiente.
Pero antes de que nadie pudiera decir algo más, un leve grito de sorpresa llegó desde detrás del grupo. Era una voz femenina, adulta, con un tono que ninguno de ellos reconocía.
El tono hizo que Shirou se girara casi instintivamente. Las demás lo imitaron. Allí, entre la multitud, se encontraban «JNPR» y junto a ellos, una mujer adulta pelirroja.
Una mujer de cabello corto y rojizo. Su tono de piel es claro, lleva gafas de montura oscura que enmarcan sus ojos verdes. Tiene una complexión delgada. Viste un abrigo de color marrón oscuro con un amplio cuello y puños de pelaje blanco. El abrigo presenta detalles dorados en los puños y a los lados.
El parecido con Pyrrha era enorme.
La mujer dio un paso, luego otro, y comenzó a acercarse lentamente a Shirou. Cada movimiento suyo parecía medido, como si temiera que cualquier prisa rompiera el momento. La multitud, el festival, el ruido... todo parecía desvanecerse alrededor.
Shirou se quedó inmóvil cuando sus miradas se cruzaron. La mujer lo observaba con una mezcla de incredulidad y emoción, como si no pudiera decidir si dar un paso o quedarse donde estaba. Finalmente, avanzó.
Sus pasos eran lentos. Sus manos, ligeramente temblorosas, se alzaron hacia el rostro de Shirou con una delicadeza que parecía pedir permiso. Cuando finalmente sus palmas tocaron sus mejillas, lo hizo con un cuidado reverente, como si temiera que él pudiera desvanecerse.
—Es... realmente tú... —susurró, y su voz se quebró al pronunciarlo.
Una lágrima tras otra recorrieron sus mejillas antes de que pudiera detenerlas. Su expresión era una mezcla de incredulidad y alivio, como alguien que encuentra algo perdido desde hace demasiado tiempo.
Shirou sintió un nudo formarse en su pecho. No la recordaba, pero había algo en el calor de sus manos, en la manera en que lo miraba, algo que despertaba una sensación profunda y extrañamente reconfortante.
«No sé por qué... pero me alegra verte», pensó, sorprendiéndose a sí mismo.
Los equipos «RWBY», «SJRI» y «JNPR» se quedaron en silencio, observando la escena sin atreverse a interrumpir. La multitud del festival estaban charlando sobre ese momento extraño.
La mujer lo miraba como si el tiempo se hubiera detenido. Finalmente, una voz joven rompió el momento.
—Mamá... —dijo Pyrrha, se había acercado y hablaba con suavidad—. Estamos llamando la atención de muchas personas. Será mejor ir a un lugar más privado.
La mujer parpadeó, como si despertara de un sueño, y asintió con cierta dificultad. Retiró lentamente las manos de las mejillas de Shirou, aunque sus ojos seguían fijos en él.
La mujer pelirroja, todavía con los ojos húmedos, respiró hondo y asintió con un gesto breve.
—Tienes razón, querida —respondió, su voz más controlada, aunque con un matiz que delataba que aún estaba muy emocionada.
Shirou, sin apartar la mirada de ella, retrocedió un paso, consciente de que todos los presentes esperaban su reacción. No tenía respuestas, pero la intensidad de ese momento le había dejado claro que no era un simple encuentro casual.
Rin, de pie detrás de él, cruzó los brazos con expresión cautelosa. Jeanne, por su parte, observaba a la mujer con curiosidad. Illya, más silenciosa, se mantenía cerca, como si no quisiera perder detalle de lo que ocurría.
Yang fue la primera en romper la quietud entre los presentes, mirando a Ruby y susurrándole en tono apenas audible.
—Bueno... esto se volvió serio muy rápido.
—No entiendo nada, pero creo que no es momento para galletas... —le susurró a su hermana—. Esto es como... el inicio de una misión secundaria muy rara.
Weiss lanzó una mirada que bastó para silenciarlas.
Pyrrha dio un pequeño gesto con la cabeza hacia una calle lateral del festival.
—Vamos —dijo—. Antes de que esto se convierta en un espectáculo para medio festival.
La mujer pelirroja sonrió, con un agradecimiento implícito.
—Sí... será mejor —dijo, volviendo a mirar a Shirou por un instante antes de apartar la vista.
Los tres equipos comenzaron a moverse en conjunto, avanzando por entre la multitud, mientras los murmullos quedaban atrás. Pero incluso mientras caminaban, Shirou sentía la mirada de la mujer pelirroja sobre él, y en su interior, ese calor inexplicable seguía creciendo.
★
El grupo comenzó a abrirse paso entre las personas. Las risas y la música quedaban atrás. Irina caminaba junto a Pyrrha, hablando poco, aunque sin dejar de observar de reojo a Shirou.
—Si seguimos por esta calle lateral, reduciremos el ruido y encontraremos un sitio más tranquilo —dijo Weiss.
—Menos ruido, más comida —murmuró Blake desde atrás.
Tras unos minutos más de caminata, las calles comenzaron a ensancharse y el ruido disminuyó. Los puestos se volvían menos numerosos y el aire más fresco. Llegaron a una zona arbolada.
—Este sitio servirá. Hay espacio, sombra y... —dijo Shirou, miró a Blake, que lo observaba con ojos expectantes—. Posibilidad de comer tranquilos.
Blake asintió casi imperceptiblemente, pero un leve ronquido de su estómago la delató, arrancando una sonrisa colectiva y marcando el verdadero inicio de ese momento más íntimo.
Ruby intentó disimular su risa.
—Blake, creo que tu estómago está intentando declarar la guerra —bromeó Yang.
—No es mi culpa... no he comido nada desde el combate —cruzando los brazos.
—Entonces será mejor que no esperemos más —asintió Shirou—. Denme un momento.
Shirou se arrodilló junto a una pequeña área despejada, sacando de su mochila varios utensilios y un par de recipientes metálicos. Jeanne y Ruby lo miraban con curiosidad, mientras que Yang levantó una ceja.
—¿Me vas a decir que has cargado con todo eso durante el festival? —preguntó Yang, señalando las cacerolas—. ¿Siempre llevas una cocina completa contigo?
—Nunca sabes cuándo vas a necesitar cocinar —respondió Shirou con total naturalidad, como si fuera lo más lógico del mundo.
Illya, con una pequeña sonrisa, se acercó para ayudarlo a ordenar los ingredientes. Nadie supo cómo había logrado meter todo eso allí, pero lo cierto es que, en cuestión de minutos, una pequeña mesa improvisada se llenó de verduras frescas, carnes y pan recién hecho. Pyrrha observaba en silencio, interesada en la manera en que Shirou encendía un pequeño hornillo portátil y empezaba a calentar agua.
Mientras picaba las verduras con una destreza impecable, Weiss se cruzó de brazos.
—Esto parece más un picnic improvisado que una reunión seria.
—Se piensa mejor con el estómago lleno —replicó Shirou, sin apartar la vista de su trabajo.
Mientras cocinaba, el aire se llenó del aroma del guiso que estaba preparando. Blake cerró los ojos y suspiró como si aquel olor fuera suficiente para darle vida. Ruby, en cambio, se inclinaba peligrosamente hacia la olla, intentando ver qué había dentro.
—Ruby, si metes la cuchara antes de tiempo, pierdes una mano —advirtió Yang, tirando suavemente de su capa.
—¡No es para tanto! Solo... quería probar —respondió Ruby con un puchero.
—Paciencia —dijo Shirou, removiendo con calma—. Valdrá la pena.
Cuando Shirou sirvió los platos, el vapor se elevó en espirales tentadoras. Había preparado una especie de guiso espeso acompañado de pan ligeramente tostado y hierbas aromáticas. El color y el aroma eran tan acogedores que incluso Weiss, que normalmente mantenía su porte distante, no pudo evitar inclinarse para observarlo de cerca.
—¡Esto está increíble! —dijo Ruby con la boca aún ocupada, lo que hizo que Yang se riera.
—Bueno como siempre Shirou —comentó Weiss su expresión se suavizó—. Tiene un sabor excelente.
Pyrrha, que degustaba con calma, sonrió.
—Es muy equilibrado. Pocas personas logran cocinar algo tan sabroso y nutritivo.
—¡Esto es increíble! —exclamó Nora, atacando su plato sin contemplaciones.
—Está... muy bueno —susurró Blake.
—Me alegra que les guste —Shirou dio una sonrisa satisfecho de verlos comer con ganas—. Comer juntos es una de las mejores formas de crear lazos.
La mujer pelirroja, que hasta ese momento había permanecido en silencio, tomó una profunda bocanada de aire, luego se enderezó y, miró directamente a Shirou.
—Creo que ya es momento de presentarme formalmente —dijo, posando su mirada con calma sobre Shirou—. Mi nombre es Irina Nikos.
—Un placer conocerte, Irina —respondió con suavidad.
Irina asintió y continuó con la mirada fija en él, aunque parecía estar luchando por contener una emoción profunda.
—Hace un tiempo, Pyrrha me envió un mensaje. Me dijo que había encontrado a Laurent.
El ambiente se tensó de inmediato y un silencio pesado cayó sobre el grupo. Shirou parpadeó, confundido. No había escuchado ese nombre en mucho tiempo, desde que entró a Beacon.
—Sí... —dijo Irina con voz más baja, casi un susurro—. Según me dijo Pyrrha, antes de perder la memoria tras... aquel desastre.
La mirada de Irina estaba llena de una mezcla compleja de esperanza y dolor.
—Por eso decidí venir durante el «Festival Vytal» —prosiguió ella—. Quería verte, con mis propios ojos, y asegurarme de que estabas bien.
Pyrrha bajó la mirada, cerrando brevemente los ojos. Sus labios se apretaron con suavidad, como si recordara algo que preferiría no revivir en voz alta.
—Cuando te perdimos —Irina continuó, dejando caer la voz—, fue un golpe devastador para nosotras. No solo desapareciste tú... también perdimos al padre de Pyrrha aquel día.
Hubo un momento de silencio. Mientras todos procesaban esas palabras, Shirou dirigió una mirada sincera a Pyrrha.
—Lamento mucho lo de tu padre —dijo con sinceridad a Pyrrha.
Pyrrha negó con suavidad, una sonrisa triste asomando en sus labios.
—No tienes por qué preocuparte. Fue hace mucho tiempo. Hemos aprendido a seguir adelante, aunque no fue fácil.
—No recuerdo nada de antes de aquel día —explicó dirigiéndose a Irina—. Y ahora respondo al nombre de Shirou.
—Lo entiendo —dijo con suavidad—. Si así lo prefieres, te llamaré Shirou.
Irina exhaló lentamente. Luego, con un brillo inesperado en sus ojos, dijo.
—Lo que me sorprende es que Shirou... siga siendo un niño.
—No es que realmente siga siendo un niño. Durante una pelea, una «semblanza» me afectó y mi cuerpo quedó así. Con el tiempo, volveré a la normalidad.
Aquellas palabras fueron como una piedra en el corazón del equipo «SJRI». Jeanne, Rin e Illya intercambiaron miradas cargadas de preocupación y tristeza. La idea de que Shirou «volviera a la normalidad» significaba para ellos algo que temían y evitaban pronunciar. La posibilidad de que simplemente desapareciera.
Nadie mencionó nada en voz alta. Solo Pyrrha notó ese cambio en ellos. Sin embargo, guardó silencio.
Irina, por su parte, parecía no notar esa atmósfera pesada. Sonrió con calidez, como si aquella reunión le devolviera una parte perdida de sí misma.
—No sabes lo feliz que me hace... recuperar, aunque sea una parte de mi familia —dijo—. Quizás, en otro momento, podamos reunirnos con una vieja amiga mía y su hija, que también estudia en Vale.
—¿Quién es? —preguntó Yang, interesada.
—Se llama Valery Scarlatina —respondió Irina.
Un murmullo de reconocimiento recorrió los grupos. Los tres equipos se miraron con sorpresa.
—¿Scarlatina? —preguntó Ruby.
—Sí —confirmó Irina, algo intrigada por su reacción—. Su hija se llama Velvet Scarlatina.
—Vaya... —dijo Yang con una risa baja—. Esto se podría llamar destino.
—¿A qué te refieres? —Irina ladeó la cabeza intrigada.
Yang se acomodó en la banca, cruzando los brazos con naturalidad.
—Bueno, da la casualidad que somos muy cercanos al equipo de Velvet, «CFVY». Pero sobre todo, más de una vez, Velvet ha preguntado por Shirou.
—¿Por mí? ¿Por qué? —preguntó Shirou.
—¿De verdad no lo sabes? —Yang sonrió con ironía.
—No, no tengo idea.
—Shirou, eres una especie de héroe para los «faunus» en Beacon —dijo ella con un tono juguetón—. Velvet no olvida cómo la defendiste y desde entonces quiere acercarse a ti, aunque es muy tímida.
Ruby asintió con entusiasmo.
—¡Es verdad! —dijo Ruby un poco confundida—. Cuando estamos con «CFVY», Velvet siempre pone cara rara si hablamos de ti... casi parece enferma.
Irina soltó una risa suave, claramente emocionada y feliz por aquella noticia.
—Me alegra escuchar eso —dijo con una sonrisa que parecía iluminar su rostro—. Para mí, siempre serás mi hijo. Pero saber que además eres tan bien visto, y popular con las chicas... me parece maravilloso.
—No estoy seguro de merecer todo eso —dijo Shirou incómodo.
—Eso lo decidirá ella —replicó Yang, guiñándole un ojo.
La atmósfera se suavizó. Sin embargo, el momento de paz fue interrumpido abruptamente por el llamado del parlante.
—¡Atención, equipo «JNPR»! Su pelea en el «Coliseo Amity» comenzará en diez minutos. Por favor, diríjanse al «Air Bus» para el traslado inmediato.
El grupo reaccionó al instante. Jaune, Pyrrha, Nora, Ren recogieron sus cosas con rapidez.
—Estaré apoyándolos. Quiero que sepan que cuentan conmigo —dijo Irina con una sonrisa tranquilizadora.
—Gracias, mamá —respondió Pyrrha—. Significa mucho para nosotros.
Mientras comenzaban a caminar. Rin se demoró un poco, apartándose sutilmente del grupo. Sin que nadie se percatara, tocó suavemente el brazo de Irina para detenerla.
—Señora Nikos, ¿me recuerda? —preguntó con cautela.
—Claro que sí, Rin —respondió con una sonrisa que mezclaba nostalgia y afecto—. No podría olvidarte y me puedes llamar Irina.
—Hay algo que quiero preguntarte... —empezó, su voz bajando a un susurro para que nadie más escuchara—. ¿Realmente deseas que Shirou sea cercano con Velvet?
La pregunta tomó a Irina por sorpresa.
—¿Quieres decir que si estoy de acuerdo con que mi hijo tenga una relación cercana con una chica? —respondió—. Sé que esta pregunta no es casual, Rin.
Rin asintió, con un leve rubor en las mejillas.
—Es verdad. Siento algo por Shirou, y no puedo evitar preocuparme por lo que eso significa para él y para las personas que lo rodean.
Irina suspiró, recordando tiempos pasados, y luego posó una mano suave sobre el brazo de Rin.
—Recuerdo muy bien cuando Shirou y tú eran inseparables de niños. Siempre juntos, pensé que entre ustedes había algo especial, más allá de la amistad.
Rin sintió cómo un calor familiar le inundaba el pecho.
—Lo sé —respondió con sinceridad.
Irina asintió, con un brillo de aprobación en la mirada.
—Si logras atrapar a Shirou, serás bienvenida con los brazos abiertos. Igual que cualquier chica.
Rin se sintió reconfortada por esas palabras, agradecida por la aceptación que implicaban.
—¿Dijo cualquier chica? —preguntó con sorpresa.
Mientras tanto, el resto del grupo no había notado esta pequeña conversación y ya se aproximaban al «Air Bus» que los trasladaría al coliseo para la próxima pelea.
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