Cap. 29: Última opción

 Ruby Rose, junto con su equipo, estaba siendo rodeada de varios «grimms». Ese hecho es malo, pero se podía poner peor, ya que estaban en la ciudad de Vale. Los «grimms» lograron entrar y algunos empezaron a perseguir a los civiles.

«Todo comenzó con la investigación. Habíamos seguido una pista hasta Mountain Glenn, ruinas y oscuridad... solo quería echar un vistazo rápido... miento... la verdad es que algo en mí no podía quedarse quieta. Era esa inquietud que me arde por dentro cada vez que hay peligro cerca. Esa vocecita que me dice «hazlo tú», «adelántate», «puedes con esto», me equivoqué».

Flashback

Horas antes, Mountain Glenn

Ruby descubrió el escondite del «White Fang», lamentablemente, fue descubierta por dos «faunus» y llevada al encargado de supervisar ese trabajo, Roman Torchwick.

Ruby intentó escapar usando su «semblanza», sin embargo, era imposible debido a la cantidad de enemigos que la rodeaban. Para su sorpresa, varias explosiones se escucharon desde el exterior del escondite.

Torchwick y el «White Fang» se sorprendieron y enviaron a un grupo para revisar, pero inmediatamente el sonido de disparos se hizo presente. Uno segundos después el resto del equipo «RWBY» llegó junto al profesor Oobleck, todos liderados por Zwei.

Ruby aprovechó la sorpresa de los enemigos y escapó. Se reunió con su equipo y les advirtió sobre lo que descubrió.

—Debemos detenerlos, Torchwick tiene toda clase de armas y robots —dijo desesperada—. Los quiere llevar a la ciudad. Necesitamos refuerzos.

El tren se puso en marcha. Intentó usar su «scroll», pero no había señal. Su mirada se dirigió a la marca en su mano, rápidamente negó con la cabeza.

«No», pensó, «Debe ser mi última opción.»

—Solo estamos nosotros, sin señal, debemos llegar a la cabina de conductor y pararlo.

El equipo se subió al tren y empezaron a correr sobre los vagones. Sin embargo, un sonido llamó su atención. El último vagón se desprendió y explotó, uno a uno eran separados y explotaban. La situación empeoró, ya que del humo de las explosiones salieron «grimms» persiguiendo el tren.

—Si este tren llega a la ciudad se volverá un caos completo —dijo Oobleck.

Los soldados de «White Fang» treparon a la parte de arriba de los vagones para intentar expulsar a grupo. La pelea inició, para evitar que más explosiones llamaran la atención de los «grimms», el grupo se separó, Blake, Weiss y Yang fueron a desactivar las bombas, mientras tanto, Ruby y el profesor Oobleck fueron a la cabina principal.

Luego de varios minutos el equipo «RWBY» se reunió. Sin embargo, no llegaron a tiempo para detener el impacto. Entonces, Weiss creó una cúpula de hielo para protegerlas del daño.

El impacto fue enorme. Las cuatro chicas fueron despertadas por el sonido de una alarma de emergencias. Estaban desorientadas, y cuando vieron a su alrededor, vieron a muchas personas curiosas por la situación. Dicha curiosidad fue reemplazada por miedo cuando, de la zona del impacto, salieron decenas de «grimms».

Las calles de Vale estaban cubiertas de ceniza, polvo, y cuerpos desintegrados de «grimms». Las sirenas sonaban a lo lejos. Y en medio de ese paisaje herido, estaban ellas.

Ruby Rose giró sobre sus talones, con «Crescent Rose» lista. El viento le arremolinaba la capa mientras el calor del fuego cercano le rozaba el rostro. A su alrededor, «Beowolves», «Ursas», «Boarbatusks».

—Chicas —dijo, con la voz baja pero firme—. Estamos rodeadas.

Weiss, con la cara sucia, frunció el ceño y se colocó junto a Ruby, invocando un «glifo» bajo sus pies que brilló con energía azulada.

—Es una situación muy mala.

Blake no dijo nada al principio. Ya tenía sus espadas desenvainadas. Sus orejas de fauno estaban alertas.

—No podemos retroceder.

Yang golpeó sus puños uno contra el otro, dejando chispas en el aire.

—Que comience la fiesta.

Ruby tragó saliva. Su corazón latía a mil por hora, pero sus manos ya no temblaban como antes. Estaban firmes.

—Equipo «RWBY» —dijo, tomando la posición delantera—. Formación giratoria. No dejamos pasar ni uno solo.

Los «grimm gruñeron. Se movieron en círculos, acorralándolas en una intersección parcialmente destruida, como si esperaran el momento justo para lanzarse. El aire se llenó de un zumbido sordo. Algo crujió detrás del humo. Entonces, el infierno se desató.

—¡Ahora!

Ruby fue la primera en moverse. Se impulsó hacia el frente con un disparo de «Crescent Rose», girando la guadaña con un rugido. El primer «Beowolf» que se le cruzó quedó partido por la mitad. Saltó hacia una farola, la usó como eje, y cayó en picada sobre un segundo «grimm».

—¡Weiss, bloqueo lateral!

—¡Entendido! —respondió Weiss, trazando un círculo de «glifos» que se alzaron como una pared de energía. Los «Ursas» que intentaban flanquearlas chocaron contra la barrera mágica y fueron repelidos.

Yang arremetió desde el otro lado. Su puño golpeó el suelo con fuerza suficiente para crear una onda de choque que derribó a los «Boarbatusks» que intentaban embestirlas.

—¡Boom! —gritó, mientras saltaban chispas de sus «Ember Celica»—. ¡¿Qué más tienen, eh?! ¡¡Sigan viniendo!!

—Ruby, detrás de ti —avisó Blake, lanzando una de sus hojas con precisión.

Ruby giró justo a tiempo para ver un «grimm» con aspecto simiesco lanzarse hacia ella desde una cornisa. Se cubrió con la parte trasera de «Crescent Rose», desviando el golpe, y rodó hacia el costado.

—¡Gracias, Blake!

—No te distraigas —respondió, eliminando dos «Ursas».

El suelo tembló. Algo grande se aproximaba.

Desde la neblina apareció un «Beringel». Rugió, derribando un coche con un solo golpe.

—¡Weiss! —gritó Ruby—. ¡Elevación, ahora!

Weiss trazó rápidamente un «glifo» bajo Ruby, y en una fracción de segundo, la elevó hacia los cielos. Ruby giró «Crescent Rose» en el aire, cayendo como un meteoro sobre el cráneo del «Beringel».

—¡Hyaaaaaaah! —gritó, atravesando su cabeza con una explosión.

El «grimm» se desmoronó en una nube de polvo negro. Ruby cayó de pie, resbaló ligeramente sobre escombros, pero se estabilizó.

—¡Vamos bien! ¡No aflojen! ¡Mantengan la rotación! —ordenó con la voz firme.

Los «grimm» seguían llegando. Cada uno que caía parecía reemplazado por dos más. Blake apareció a su lado, jadeando.

Desde el cielo, una figura negra descendió. Una sombra con alas, un «Nevermore». Enorme. Con una envergadura que cubría toda la calle. Rugió con una voz aguda que heló la sangre.

—¡Yang y Weiss con el ave! ¡Blake conmigo al suelo! —gritó Ruby.

Weiss no necesitó instrucciones. Saltó sobre un «glifo» en el aire y lanzó una serie de proyectiles de hielo que impactaron al «Nevermore» en las alas.

Yang, con un salto explosivo, llegó hasta la cabeza de la criatura y descargó un torrente de golpes explosivos, intentando mantenerla en el aire.

—¡¿Esto es lo mejor que tienen?! ¡¡Porque yo tengo más!! —gritó riendo.

En el suelo, Ruby y Blake se lanzaron hacia los «grimms» restantes, cubriendo el perímetro y protegiendo a los civiles que aún corrían por las calles.

—¡A la izquierda! —gritó Ruby.

Blake lanzó un clon y lo hizo explotar en medio de una manada de «Boarbatusks», creando una nube de humo.

Ruby se giró, disparó «Crescent Rose» al suelo, y se lanzó como una bala hacia otro Beowolf, cortándolo en dos.

La batalla continuó. El «Nevermore» cayó finalmente cuando Weiss congeló sus alas y Yang lo hizo estrellarse contra una torre de señales, desintegrándose entre gritos.

Pero aún quedaban muchos «grimms».

Ruby respiraba con dificultad. Su capa estaba casi completamente rota. El cielo estaba oscurecido por el humo y el polvo.

«No vamos a durar para siempre...»

Entonces escuchó sonidos de disparos

Era Pyrrha, del equipo «JNPR», llegando con Nora, Jaune y Ren por la calle lateral.

—¡Que bueno es verlos! —gritó Weiss.

—¡Era hora! —Yang se rió.

Ruby levantó «Crescent Rose», jadeando, con una sonrisa.

Los dos equipos se unieron a la batalla.

El aire estaba lleno de ceniza, olor a «Dust» y rugidos. Por un instante, Ruby creyó que podían respirar.

—¿Ya está? —preguntó Yang, con una sonrisa cargada de fuego, pero también de agotamiento.

Pyrrha, aún con su arma desplegada, miraba los restos del campo de batalla.

—No lo sé... —dijo—. Demasiado silencio.

Ruby bajó Crescent Rose, el filo mellado, la empuñadura húmeda por el sudor. Su pecho subía y bajaba con violencia. Había dado tanto... y aún sentía que lo peor no había llegado.

Entonces, lo escucharon.

Desde los extremos de la calle comenzaron a aparecer.

Primero los «Beowolves». En manadas. Pequeños al principio, luego más grandes. Bajaban desde los callejones, saltaban desde los techos. Ojos rojos, bocas abiertas, lenguas babeantes.

Detrás de ellos, los «Ursa», caminando como tanques vivos, pesados, lentos, pero imparables.

Y más atrás aún, desde la colina, dos «Death Stalkers», con sus tenazas levantadas, sus colas alzadas, avanzaban como guardianes de la oscuridad.

En el cielo, «Nevermores» aleteaban en formación, dejando caer plumas afiladas como cuchillas.

Ruby sintió cómo el suelo temblaba de nuevo.

—¡Formación defensiva! —gritó Ruby—. ¡Todos a mi posición!

Weiss corrió a su lado sin dudar, trazando «glifos» por delante del equipo como una barrera. Blake saltó hacia un tejado bajo, preparando ataques a distancia y distracciones con sus sombras. Yang cargó sus guanteletes, su cabello brillando dorado.

—¡Aquí vamos otra vez! —gritó la rubia.

Los «grimms» atacaron como una ola.

El primer «Beowolf» que alcanzó la línea fue destruido por un tajo cruzado de «Crescent Rose». Ruby giró sobre sí misma, esquivando un zarpazo y disparándose hacia atrás para reposicionarse.

—¡Weiss, aléjalos! —ordenó.

—¡Entendido!

La joven trazó un glifo bajo Ruby que la impulsó como una catapulta hacia un grupo de «Ursa». Ruby los cortó en una diagonal perfecta, aunque uno de ellos alcanzó a golpearla con la garra antes de caer. La «huntress» giró en el aire y aterrizó con dificultad, raspándose una rodilla.

—¡Rgh...!

Yang estaba en su propio mundo, puños explosivos, sangre caliente. Recibía golpes para cargarse, y devolvía el doble. Pero incluso ella comenzaba a sudar, a moverse más lento.

—¡Hay demasiados! —gritó, derribando a un «Ursa» con un doble golpe en la mandíbula.

Desde su tejado, Blake arrojaba clones para distraer, y atacaba desde las sombras con precisión. Pero los «grimms» se adaptaban. Uno la sorprendió por la espalda y la lanzó al suelo.

—¡Blake! —gritó Ruby.

—¡Estoy bien! —respondió ella, rodando por el asfalto y eliminando al «grimm de un tajo. Jadeaba—. Pero no vamos a durar así mucho más.

Y entonces, cayeron las plumas.

Las «Nevermores» pasaron en picada. Grandes, veloces. Dejaron caer una lluvia de cuchillas negras que golpearon el perímetro de defensa. Dos «glifos» de Weiss fueron destruidos.

—¡Nos están bombardeando! —gritó Ren.

Ruby alzó «Crescent Rose», apuntó al cielo, y disparó para impulsarse hacia uno de los «Nevermores». Giró en el aire, hizo un corte amplio, y cortó una de sus alas. El «grimm» cayó chillando.

Pero en el aire, Ruby estaba desprotegida.

Otro «Nevermore» la embistió. Ruby fue lanzada contra una pared y cayó al suelo con fuerza, su arma soltada unos metros más allá.

—¡Ruby! —gritó Yang.

Ruby apenas podía moverse, tosía y tenía la visión borrosa.

—Ugh... estoy bien... creo...

Weiss corrió hacia ella, creando un «glifo» defensivo para protegerla de los «grimms» que se acercaban.

—¡No te levantes aún! ¡Estás herida!

—No puedo quedarme abajo —susurró Ruby—. No puedo...

Blake apareció junto a ellas, sangrando por la frente.

—Chicas... —dijo, con voz urgente—. Vienen más desde el sur.

Yang se unió segundos después, su cabello desordenado. Estaba jadeando.

Ruby miró a su equipo cansadas, golpeadas y rodeadas. Y los «grimm» seguían llegando.

«Esto no es como las simulaciones. Es supervivencia», pensó, «Y estamos perdiendo terreno.»

—Apenas estamos de pie —respondió Weiss, tambaleándose.

—¿Cuántos más...? —preguntó Blake, con el rostro cubierto de polvo.

Ruby se incorporó. Miró a su alrededor. Más «grimms» venían. «Beowolves» en manada, «Ursas» desde las colinas y otro «Nevermore» en el cielo.

—No podemos con todos —dijo Weiss en voz baja.

—No —admitió Ruby—. Pero tampoco podemos dejarlos pasar.

Yang se frotó los hombros. Sus guanteletes estaban agrietados. Su cabello ya no brillaba con la misma intensidad.

—Estoy al límite, Rubes...

Ruby asintió. Estaba cansada también. Más allá del límite. Todo le dolía. Apenas sentía los dedos. Pero estaba de pie.

Los «grimms» rodearon la intersección. Ya no eran decenas. Eran cientos. Como una marea de oscuridad.

—No vamos a caer aquí. No hoy —dijo Ruby—. Por este «Sello de Comando...»

Su equipo se sorprendió.

—Shirou... te ordeno que vengas a mi lado.

Y con esa orden, todos los «Sellos de Comando» se fueron.

El tiempo pareció detenerse.

Un resplandor rojo ardió en su palma, haciendo desaparecer el símbolo que tenía. Partículas celestes comenzaron a concentrarse frente a Ruby. Las luces se reunieron y luego... apareció. Shirou Emiya llegó.

Ruby apenas pudo esbozar una sonrisa débil.

—Lo siento —dijo, bajando la mano lentamente—. Sé que estás en tu misión. Sé que estás lejos. Pero... necesitamos ayuda.

Shirou la miró. Luego vio a Weiss sujetando su hombro, se notaba que estaba cansada. Blake estaba cojeando pero lista para pelear. A Yang jadeando, aún encendida en rabia. Y más allá, al equipo «JNPR» caído, pero no vencido.

A su alrededor, las huellas de una batalla que aún no terminaba. Y más allá, en cada rincón de la calle, los «grimms», «Beowolves» de dientes ensangrentados, «Ursas» de pelaje negro como brea, y «Death Stalkers» que hacían vibrar el suelo.

—Entiendo.

Dio un paso al frente. Los «grimms» rugieron. Shirou activó sus circuitos.

—«Trace... On».

Dos espadas aparecieron en sus manos, «Kanshou» y «Bakuya». Y entonces, se lanzó.

Los «grimm cargaron. El primero fue un «Beowolf». Rápido. Saltó por el aire con las garras al frente. Shirou giró ligeramente el cuerpo, lo esquivó por centímetros, y cortó en cruz al pasar. Las dos espadas trazaron una X perfecta que lo partió sin resistencia.

El segundo «Beowolf» apenas tuvo tiempo de reaccionar. Shirou giró sobre su propio eje, impulsando la espada negra como un proyectil hacia el pecho de la criatura. El arma lo atravesó, y antes de que tocara el suelo, Shirou ya había recreado otra en su mano.

Siguieron más cinco... siete... diez.

Desvió un zarpazo de un «Ursa». Lo bloqueó con el plano de la espada blanca. El impacto hizo retumbar el suelo. Shirou se deslizó hacia el costado y hundió la espada negra bajo la mandíbula del «grimm», haciendo palanca hasta partirle la garganta.

Otro «Ursa» lo embistió por la espalda. Shirou giró, proyectó una lanza de energía en su mano libre y la hundió directamente en su pecho. El «grimm» chilló mientras la lanza se clavaba más profundo, hasta que su cuerpo se deshizo.

Otro «Death Stalker» se acercaba desde el flanco derecho enorme... blindado su cola lista para perforar. Shirou directo hacia él.

Saltó a una pila de escombros, usó la pared rota como rampa, y se impulsó con toda su fuerza.

—¡«Caladbolg»!

La espada en espiral apareció, girando con energía como si estuviera a punto de desgarrar la dimensión misma. Shirou apuntó.

El disparo no fue un proyectil. Fue un rayo. Una espiral de luz que atravesó el caparazón del «Death Stalker», haciendo trizas su coraza y haciendo que explotara desde dentro. El «grimm» murió antes de tocar el suelo.

Pero no había descanso... sombras en el cielo... «Nevermores». Los cuervos gigantes descendían, graznando, lanzando plumas como cuchillas.

Shirou respiró hondo, se arrodilló, bajó la mano.

—¡«Rho Aias»!

Un escudo de siete pétalos rosados brotó del aire, bloqueando la primera andanada de proyectiles del «Nevermore» líder. El impacto fue brutal, pero el escudo resistió.

—Ahora... —susurró—. Vamos por ti.

Se dirigió hacia grúa. Corrió por su estructura, cada paso acompañado de una chispa mágica. Y cuando estuvo en el aire, proyectó dos nuevas espadas, ligeras, curvas, perfectas para el corte. Giró como una estrella fugaz y cortó una de las alas de la primera ave.

El «grimm» chilló.

El segundo se lanzó hacia él con el pico abierto. Shirou activó otra proyección. Un arco y luego a «Hrunting».

El disparo se clavó en el cráneo de la criatura, haciéndola caer como un meteorito.

El tercero descendió en picada con la intención de embestirlo. Pero Shirou lo esperaba. Cayó sobre su lomo, hundió ambas espadas en sus costados, y lo dirigió como jinete desesperado hacia la calle.

—¡Haaaaaah!

El impacto fue brutal. El «Nevermore» se desintegró en mil fragmentos de sombra. Shirou se levantó lentamente, miró a su alrededor.

Los «grimm» retrocedían. Los que quedaban huían. Como si por fin entendieran que él no era un simple humano.

Las espadas desaparecieron en luz. Shirou se enderezó, su expresión era serena.

Finalmente, se escuchó el rugido de motores.

Todos miraron al cielo... naves del ejército de Atlas.

—¡Los «huntsmen», retrocedan a la segunda línea! —ordenó una voz por altavoces—. ¡Apoyo aéreo asegurado!

Rayos de energía barrieron las calles. Las fuerzas de Atlas dispararon con precisión, apoyando a Shirou, quien solo se detuvo cuando el último «grimm» cayó.

El campo de batalla quedó en silencio. Los «grimm se habían ido.

Shirou bajó lentamente su brazo. Las espadas desaparecieron en luz.

Ruby caminó hacia él, sus pasos eran lentos, pero determinados. Cuando estuvo frente a él, levantó la mirada.

—Gracias.

Shirou le dedicó una sonrisa serena.

—No fue un problema. Me alegra haber llegado a tiempo.

Blake, Weiss y Yang se acercaron detrás de Ruby.

—Siempre es maravilloso verte Shirou —dijo Weiss.

—Gracias Shirou —dijo Yang—. Eres mi héroe.

—Sí —dijo Ruby—. Estuviste increíble.

—Si no fuera por ti... —dijo Blake incómoda por la idea.

Shirou miró alrededor, feliz que todo halla terminado, logró evitar . Sin embargo, estaba muy afectado por su situación como «servant».

Horas después – Beacon

El equipo «RWBY» se sintió aliviado y ahora estaban apreciando el atardecer.

—Nada mal para nuestra primera misión, ¿eh? —dijo Yang.

—Esto sin duda significa créditos extras —dijo Weiss.

—Al final, fue Shirou quien solucionó todo —dijo Blake—. Los créditos serían para él.

Ruby está feliz porque la ciudad fue protegida, sin embargo, estaba muy pensativa.

—Mucha gente salió herida...

—No todas la historias tienen un final feliz —dijo Weiss—. Además, atrapamos a Torchwick.

—Así que... —dijo Yang—. ¿Ahora qué?

—Quiero dormir —respondió Ruby.

Rápidamente las chicas estuvieron de acuerdo. El grupo se dirigía a la habitación para descansar.

—No puedo sentir mis piernas —murmuró Yang, colapsando brevemente contra la pared del ascensor.

Weiss solo suspiró.

Ruby no respondió de inmediato. Sus ojos estaban puestos en una puerta en específico. Uno que no iba hacia su dormitorio.

Yang lo notó al instante.

—¿Sucede algo Rubes?

—Solo... —Ruby se rascó la nuca, apenada—. Solo pensé que podríamos, ya saben... ver si Shirou... dejó algunas de esas galletas que hizo la otra vez.

Weiss levantó una ceja.

—¿Galletas? ¿Después de un ataque masivo de «grimm?

—¡Eran muy buenas! —protestó Ruby—. Con chispas de chocolate y esencia de vainilla. No sé cómo las hizo, ¡pero tenían sabor a hogar!

Blake entrecerró los ojos.

—Más bien suenan a una excusa para verlo de nuevo.

Ruby se sonrojó intensamente.

—¡No es por eso! ¡Además, ustedes también comieron!

Yang rió, levantando las manos en son de paz.

—Está bien, está bien. Vamos por esas galletas, líder.

Se encaminaron por el pasillo. Al llegar a la puerta, Ruby respiró hondo y levantó la mano. Nadie respondió. Una vez más y solo obtuvo silencio.

Weiss frunció el ceño.

—¿Está vacío?

Ruby agarró la manija. La empujó lentamente y dentro no estaba Shirou. Solo un niño, su cabello rojo desordenado y camiseta negra simple.

Las cuatro chicas se quedaron congeladas. Ruby dio un paso al frente, sin comprender.

—Tú... ¿Quién eres?

El niño la miró en silencio.

—Soy yo... Shirou.

—¿Cómo...?

El niño bajó la mirada. Luego sonrió, levemente.

—No es tan simple.

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top