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Y llegó el día siguiente, y con él un Felix andando distraído por el local y haciendo pedidos erróneos.

- Lix, ¿seguro que estás bien?- le preguntó Chan, su superior.

- Estoy bien...- respondió, limpiando con ansiedad una mancha en la mesa.

Bang le sujetó la mano, girándolo.

- No, no estás bien. Vete a casa.- el australiano asintió, yendo a la parte de atrás de la tienda para cambiarse.

Así era mejor, así no tendría que ver a Changbin.

- ¿Felix?- ¿qué diablos hacia ahí.- Chan me ha dicho que estabas aquí y que necesitabas a un amigo. ¿Puedo pasar?

Suspiró, sabiendo que sería inevitable. Sólo esperaba que todo saliera como lo había planeado.

Le abrió la puerta al mayor, que tenía en mano dos batidos de fresa.

- Gracias...-murmuró, tomando uno y saliendo de allí con Seo.

Caminaron unos minutos en silencio hasta que Changbin decidió romper el silencio.

- Ayer... ¿qué pasó?- le preguntó, jugando con su pajita.

Felix tragó duro, dejando el batido a un lado del banco donde estaban sentados. Tenía que ser lo suficientemente convincente.

- Me besaste... Y dijiste que mis labios no sabían tan bien como parecían.- miró a Changbin, alzando una ceja intentando verse ofendido.

Seo rió, descolocándose el cabello con pesar.

- Lo siento, hago cosas estúpidas sin pensar.- se disculpó, sonriéndole pero con una duda en la cabeza.-¿Seguro qué dije eso...?

Felix asintió.

- ¿Por qué?¿Crees que podría ser "él"? Changbin... no apuntes tan alto.

Los dos rieron amargamente, aunque ninguno de los dos se dió cuenta del sentimiento del otro.

Desde entonces Changbin dejó de lado sus sentimientos por el menor, buscando a su alma gemela, y Felix hizo lo mismo, observando como a Seo le "rompían" el corazón cada día pero sin poder hacer nada. No iba a empezar una relación por unos labios.

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