Capítulo 02

Narra Max

- Hola, Max. Me llamo Dustin y el es...-

- Lucas.- Ambos sonreían demasiado. Me incomodaba, para ser sinceras.

- Sí, lo sé. Los acosadores.- Dije apoyándome en la puerta de mi taquilla con una expresión vacía.

Ellos comenzaron a tartamudear un poco y no paraban de mirarse entre ellos, buscando algo que decirme para justificarse. Era en parte divertido verlos tan incómodos por intentar hablarme pero en otra parte era molesto, maldita sea. 

- No. En realidad... No te acosábamos. Es que estábamos preocupados porque eres nueva y eso. Solo era por seguridad.- Excusa Dustin. Yo alcé una ceja ante sus excusas tontas.- Hay muchos abusones aquí.-

- Muchísimos. Es una locura.- Apoya Lucas.

Les miré el disfraz.- ¿Por eso lleváis una mochila de protones?- Pregunté irónica.

- Bueno, no funcionan, pero...- El rizado se agarró una especie de caja de su espalda.- Si tengo esta práctica trampa. Mira, se abre y se cierra. Mira.- Presionó un botón y la caja se abrió.- ¡Voila!-
Me quedé observando la "trampa" de él sin mostrar emoción ni interés al verla.- Mola, ¿verdad?- Al ver mi rostro, pareció cambiar de opinión.- ¿No? Vale, pero... Anoche decíamos que como eras nueva probablemente no tengas amigo que te lleven  a pedir caramelos...-
Dejé de escuchar cuando vi a Jade pasar por al lado de nosotros a paso lento. Se veía de nuevo muy cansada y enfadada.
- ...Así que, pensamos que no pasa nada si vienes con nosotros.-

- ¿"No pasa nada"?

- Sí. El grupo es una democracia. La mayoría ha accedido.-

- No sabía que era un honor hacer truco o trato con vosotros.- Dije sarcástica y con una falsa sonrisa.

- Sabemos donde dan las chocolatinas más grandes. Pensamos que te interesaría.- 

- Qué presuntuoso.- 

- Eh... Sí. Claro. ¿Vendrás?- Lo único que hice fue rodar los ojos, cerrar mi taquilla e irme de allí antes de que volviesen a decir una palabra más.  - Hemos quedado en el callejón de la calle de Maple a las siete. ¡A las siete en punto!- Gritó antes de que yo girase la esquina del pasillo.

Nada más girar, me quedé ahí apoyada. Aunque fuesen unos tontos acosadores, en el fondo me alegraba de tener personas con las que poder divertirme. 
Una sonrisa involuntaria escapó de mis labios, la cual borré cuando algunos estudiantes pasaron por delante de mí. Luego me acordé. Jade. 
Seguía luciendo triste. ¿Qué le ocurre?

No me acerqué a ella. Quiero, pero no puedo. Mi miedo no me deja. 

[...]

- Joder, este sitio es una puta mierda.- Farfulla Billy conduciendo.

- No está tan mal.- Él me miró inexpresivo. Su dedo se posó en el interruptor para comenzar a bajar la ventanilla de mi lado. De pronto el aire con un olor muy desagradable me inundó los pulmones. Por inercia cerré mis ojos sin quejarme del olor.

- ¿Hueles eso, Max? Huele a mierda.- Se tapó la nariz y me miró irónico.- Es mierda de vaca.-

- Yo no veo vacas.- Contesto irónica intentando dar por terminada la conversación.

Volvió a subir la ventanilla de mi lado. Por una vez hacía algo positivo y que me beneficiase.

- Porque no has visto a las chicas del instituto.- Rodé mis ojos y apoyé mi cabeza en el asiento, mirando hacia delante.- ¿Qué pasa? ¿Te gusta esto ahora?- Me pregunta.

- No. No me gusta.- Contesto rápidamente y con un todo de obviedad.- Estamos atrapados aquí, así que...- Digo deseando que se callase de una vez.

- Tienes razón. Estamos atrapados aquí.- Su semblante se volvió serio y su mano agarró con un poco más de fuerza el volante.- ¿Y de quién es la culpa?- Me observó sin cambiar su mirada asesina. De hecho, se endureció al mirarme.

Puse una mueca. - ¿Tuya?- Susurré obvia lo más bajo posible. Pero para mi desgracia él lo escuchó alto y claro.

- ¿Qué has dicho?- Reclama comenzando a enfadarse.

- Nada.- Deseé haberme muerto y haberme ido a otro lugar.

- ¿Has dicho que es culpa mía?- Tragué saliva de manera nerviosa.

- No.- Negué con la cabeza.

- Sabes de quién es la culpa.- Su voz se volvió oscura y peligrosa.- Dilo.- El silencio se formó entre nosotros al yo no responder. 
Estaba claro que no iba a hacerlo.
- Max...- Llamó desafiante.-... dilo.- Escupe con una ira.- ¡Dilo!- Grita con fuerza acercándose a mi rostro. Su pie pisó el acelerador hasta abajo. El coche rugió y alcanzó casi los cien kilómetros en una carretera en la que estaba a 60.
Su mano golpeaba el volante al son de la canción de rock que sonaba en su radio. Lo hacía como un  método para relajarse, pero eso me ponía los pelos de punta.

Mi rostro se volvió pálido al ver a cuatro figuras adolescentes a unos quinientos metros de nosotros. Eran Lucas, Dustin, Jade y otro chico que desconocía. Billy no disminuía la velocidad a pesar de haberlos visto.

- Billy, frena.- Grité por encima de la música.

- ¿Son tus estúpidos amigos?- Habla con vacilo.

- ¡No! Ni si quiera los conozco.- Alego yo mintiendo.

- Entonces no te importará que los atropelle, ¿no? ¿Tengo puntos extras por tirarlos a todos de una sola vez? ¿O la chica es la importante?-

- Para, no tiene gracia.- Digo poniéndome cada vez más nerviosa.

Él me miró retador e inexpresivo. De pronto, el coche iba cada vez más rápido. Le grité a Billy que frenase. Él me ignoraba, seguía golpeando el volante junto con la canción. 
Jade giró su cabeza. Su hermosa sonrisa que adornaba su rostro se esfumó de inmediato. La de sus amigos igual. Comenzaron a gritar y a dispararse. En cambio ella se había quedado quieta, observando el coche en total shock.

- Billy, ¡para!- El moreno la tomó de los brazos y la empujó hacía él. Para ese entonces, yo tomé el volante y lo giré bruscamente, esquivando a los chicos.

Mi cabeza se giró para mirar si todos estaban bien. Fue un alivio ver que tan solo estaban asustados y confundidos. 
Hice contacto visual con la única chica de aquel grupo, y temía que estuviese enfadada o me vaya a odiar como Mike. En cambio, me miró compasiva, entendiendo a la primera que no había sido yo. Fue una lástima que ya estuviésemos lo suficientemente lejos como para poder seguir mirándola.

Narradora

Harrington salió de su casa con su buen trabajado disfraz de Dana Barrett. A ella también le gustaba Ghost Busters, pero según sus amigos, no podía llevar a ninguno de los principales porque eran hombres. Entonces, cansada de la idiota discusión, decidió ser la esposa de Venkman.
Su disfraz se conformaba por un extraño vestido naranja, el cual llegaba por las rodillas y que dejaba al descubierto uno de sus hombros. El vestido tenía también un poco de brillantina por todo el vestido y por su puesto, una banda exactamente del mismo color que el vestido que rodeaba su cintura.

Habían quedado en la misma calle de siempre. Pero ella no sabía que Maxine iba a ir con ellos.

Caminó unas pocas calles más. Iba concentrada en no pisar las líneas de la acera. Lo demás era difuso para ella. A veces se metía tanto en su propio mundo, que incluso algunas personas llegaron a pensar que tenía algunos niveles de autismo. 

Dos manos agarraron sus hombros. Jade ahogó un jadeo del susto y se giró de inmediato para reconocer a tal persona que había cometido que su enfado de desatara. Su corazón casi salía de su garganta por su culpa. Tan solo frunció el ceño y se preparó para soltar todos los insultos habidos y por haber de la faz de la tierra contra esa desconocida. Porque, sí, era una chica.
Todo cambió cuando las carcajadas suaves de la enmascarada comenzaron a resonar en el interior de sus oídos.

- Max.- Se dijo así misma y dejando de tensar su cuerpo.

- Eres la única persona de la noche que aún no ha gritado.- Agarró con una mano la máscara  para retirarla de su rostro. Jade se fijó en cada detalle de su rostro cuando la pelirroja se desenmascaró.
Algunos cabellos pelirrojos de Mayfield estaban pegados en su frente debido la pequeña cantidad de sudor que estaba en esta. Sus mejillas enrojecidas por el calor que tenía dentro de la máscara. Y una hermosa sonrisa adornando su rostro. Todo encajaba a la perfección. Todo era válido para Harrington. Todo era hermoso en esa pelirroja.

Pero eso está mal.

- No me extraña.- Dice irónica y volviendo a girarse.

- Oh, discúlpame, chica dura.- Sus pasos se coordinaron con los de Ede.

- ¿Por qué me sigues?- Pregunta la pelinegra con cierta diversión. No era raro, pues la pelirroja le cayó bien desde un primer momento. - Las chicas duras no somos amables.-

- Tú no matarías ni a un bichito.- Responde Maxine siguiendo su pequeño roast.

- Cierto. Por eso aún no estás en el piso.-

Max abrió la boca algo ofendida por su comentario. Su orgullo y sus frases para devolverle se habían acabado. Ahora tocaba mantenerse callada o bien, reír. Pero Max no sabía hacer eso.

- ¿Disculpa?- Se paró de repente, pero Jade no. Esta última sabía que no era para tanto.

La menor no contestó. Siguió su camino, esperando pacientemente que la pelirroja le siguiese el paso, aun siquiera sin saber hacia donde iba realmente.
Jade giró su cabeza para preguntarle. Cuando lo hizo, Max trotó perezosa hacía ella.

- ¿Tienes amigos?-

- No realmente.-

- Entonces... ¿vas a pedir dulces sola?-

- No. Dustin y Lucas me invitaron, ¿no te dijeron?-

- Ah... no- Dice tratando de hacer memoria hacia unas horas atrás. -, no, que yo recuerde. Pero está bien. Espero que disfrutes con nosotros.-

Max sintió calor nada más ver la sonrisa de Jade. Había sido la más sincera y cálida sonrisa que había recibido de parte de alguien de su edad. 
Bajó su mirada para evitar el contacto visual con la joven. No sabía que era eso que había sentido en su pecho ni en su estomago. Como una especie de cosquilleo en ambas zonas.

Ambas continuaron caminando en silencio. Max al lado de ella, mirándola de reojo.

- Jade.-

La nombrada giró su cabeza para mirarla.

- ¿Qué?-

- Yo, eh...- Las palabras le costaban salir de la garganta. - Eh...- Pedir disculpas siempre le había sido complicado. 

Maxine fue interrumpida por las voces de los amigos de Harrington. Ambas miraron hacia la dirección de las voces y luego volvieron a mirarse de nuevo.

- Luego puedes decirme, ¿vale?- Mayfield asintió lentamente. - Vamos a darle un susto a esos pubertos.-

[...]

- Will, para, salgo horrible.- Dice entre risas tapando su rostro con sus manos. - ¡Will!-

- Estas muy guapa, Ede.- Acercó más la cámara al rostro de la chica.

- ¿Ustedes están de acuerdo?- Will apagó la cámara y ambos miraron a Mike con notable confusión.

- ¿Con qué?- Pregunta Byers.

- Con que ella se una al grupo.- Espeta Mike mirando a la pelirroja molesto. Desde un principio se veía incómodo e irritado con la presencia de Max. Harrington no lo entendía. Ella se sentía cómoda cuando está a su alrededor.

- Es solo para Halloween.- Excusa Will.

- Ni si quiera me lo habéis preguntado.- 

- Tampoco es que seas el que decide quien viene y quien se va. Es solo un grupo.- Le acusó con algo de molestia en su voz. Él ante eso rueda sus ojos. - A mí tampoco me dijeron, pero se les veía emocionados. Supusieron que no nos importaría, Mike.-

- Se está cargando la noche del año.- Mike se les adelantó, pero Jade no podía dejar que se quedase con la última palabra de esa forma.

- Pues claro que no.- Exclamó a la defensiva.

- No sé que tiene que estáis todos de acuerdo de que esté aquí.-

- Es graciosa y da buena onda.-

- Oh, sí, claro.- Responde sarcástico.

- Dios, Michael. Entiendo que te sientas mal pero no es justo que te pases casi todo un año con un humor como el tuyo. ¿Por qué no intentas divertirte con todos?- Le dijo enojada.

- ¡Cásate con ella si tanto quieres!- 

Max, Lucas y Dustin se detuvieron por la discusión. Los tres miraban sin entender el qué había dado inicio al pequeño pleito entre ambos.

- No seas idiota, ¿qué te cuesta pasar página, Mike? ¡Nadie tiene la culpa!-

- Tú también le tenías cariño.- Le grita con su ceño fruncido.

- Sí, e incluso me atrevo a decir que más que tú, pero no por ello voy a pagarla con todos.- La chica se acercó cada vez más enfadada por su actitud.

- Chicos.- Interviene Lucas.

- Como sea.- Le dio la espalda y comenzó a caminar en dirección contraria nuestra. Eso alimentó el fuego de Jade.

- Ah, no. ¡No te atrevas a darme la espalda, Wheeler!- Gritó persiguiéndolo.

- ¡Chicos!- Ambos miraron a Dustin. - ¿Dónde está Will?-

[...]

- Hoy es el día trescientos cincuenta y dos. Hoy a sido un buen día para mí... bueno, no del todo. Mike y yo tuvimos una discusión.- Dice con tristeza. - Dije cosas que no debía sabiendo por lo que pasa, pero me había hecho enfadar demasiado. Quizá él te cuente lo idiota que soy, y está bien.- Jade hizo una diminuta pausa y no pudo evitar soltar una risa amarga.
Lo que ella no sabía es que Eleven estaba cerca de ella.
- Te extraño, yo... Deseo que estés aquí. Sé que no soy igual de persistente que Mike. Yo no te llamo siempre, sé que parece que me he rendido contigo... Pero no. Yo... jamás me rendiría contigo.- Jade dejó que sus lágrimas se deslizasen por sus mejillas enrojecidas.- Si estás ahí, manda una señal...-

Eleven la miraba con tristeza de no poder hacer nada. Observó como las lágrimas de su mejor amiga salían sin mucho control. Ella tan solo deseaba abrazarla y darle consuelo. O al menos decirle que estaba bien, que ella también la extrañaba, que no podía esperar a hacer pijamadas juntas. Tan solo quería que Jade supiese de ella.

- Ede.- Habla El.

Jade y El hicieron contacto visual. Salvo que la pelinegra no sabía que eso estaba pasando ahora mismo. 
Su oreja estaba pegada al aparato. Ella juraba haber escuchado su nombre.

- ¿El?- Susurra con un hilo de voz.

Nadie contestó. Un doloroso silencio reinaba en la habitación amarilla pálida de la joven.
Se sentía idiota. Se sentía idiota porque pensaba que hablaba sola cada vez que agarraba su walkie-talkie. Se sentía idiota porque pensaba que ella sería a la última persona que El visitaría. Se sentía idiota porque creía que podría haberla salvado hace trescientos cincuenta y tres días atrás.
Con el corazón roto por hoy, se levantó de su sillón pegado a la ventana y se acostó de inmediatamente en su cama dejando así salir su sollozo. Eleven la miraba con tristeza. Su mano había estado a unos simples centímetros de tocar su mejilla. Sus ojitos miel se quedaron observando a su destrozada amiga llorar y lamentarse bajo sus sábanas blancas, hasta que finalmente todo aquello se desvaneció. Se quitó la banda que cubría sus ojos y segundos bastaron para que la sangre brotase de su nariz. Y no tardó demasiado en que sus lágrimas acompañasen la sangre.

Necesitaba un abrazo de Jade.

---

- Deli

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