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Capítulo 25.
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Lucian se miró su reflejo en el enorme ventanal, al otro lado se podía ver el cielo naranja; resopló. La imagen que el cristal le devolvía era extraña, no estaba acostumbrado a vestir así: de traje negro y tan formal; se sentía algo... ridículo, sí, esa podría ser una buena palabra para describir el cabello engominado que llevaba esa tarde.
—¿Me harías compañía?—, a su lado, Nelly, la madre de Noah le sonrió; él imitó el gesto y asintió, ofreciéndole su antebrazo para que fueran juntos hacía las mesas.
El día anterior, Noah le dijo que Carol, la esposa de su tío, había organizado una fiesta. Bueno, en realidad Noah lo describió como una reunión donde los dueños, directores y gerentes empresariales se dedicaban a beber vino y champan mientras intercambiaban anécdotas, la mayoría pavoneándose y regocijándose por sus nuevas adquisiciones y crecimiento empresarial.
Noah hubiera pasado de ello, de hecho, hubiera ignorado tal evento; si Carol no le hubiese "usado" como pretexto.
La razón de la fiesta fue "celebrar su nuevo proyecto", ese que aún no estaba finalizado y que no pensaba que fuera a echar a andar sino hasta el próximo año, definitivamente le estaba dando largas a ese albergue y comedor comunitario.
Noah le reclamó a Carol, ¿qué derecho tenía ella para anunciar algo como eso? Además, era asunto suyo, era algo personal, algo que siempre había querido hacer sin comunicarlo al mundo; mucho menos le importaba recibir la aprobación y consentimiento de los riquillos esos.
Carol solo había fingido arrepentimiento, soltando un muy mal actuado "lo siento, pero ya no puedo cancelarlo, el salón ya fue reservado y los invitados ya confirmaron; seríamos la comidilla si no cumplimos".
Como si eso le importara a Noah, pero su padre, a pesar de no aprobar el comportamiento de su cuñada, le aconsejó a Noah estar presente; porque, quisiera o no, las relaciones personales eran importantes, sobre todo en el entorno donde se movían.
Y bueno, la noche anterior Noah le había pedido que le acompañara a la fiesta; al primer momento Lucian pensó en negarse, pero luego, al ver el semblante un poco decaído de su compañero, creyó en que su presencia sería de apoyo durante la fiesta.
Ahora, estaba a punto de arrepentirse; pues no había rastro de Noah por ninguna parte.
Habían quedado en que Lucian iría al departamento de Noah por él, para después llegar juntos al salón; pero no fue así: por la mañana, Noah llamó para decirle que había un repentino cambio de planes y que mandaría a un chofer por él. Lucian, no acostumbrado a ello, no refutó, aunque, ¿quién iba a imaginar que poco después una limusina, con un conductor trajeado y estirado, le estaría esperando en la puerta de su casa?
La limusina le llevó directo a la casa de los padres de Noah, allí, Nelly le dio la bienvenida y le ofreció un traje de color negro, con corbata y todo. Sabiendo que sería inútil rechazarlo y que obviamente no había atuendo más adecuado para la ocasión, Lucian se lo puso.
En instantes, tuvo a dos pequeños hombres ya entrados en años pululando a su alrededor, tomando medidas y calculando los ajustes del traje, por suerte no fueron muchos.
Después, él y Nelly subieron a la limusina para ir a la fiesta; Isaac y Noah habían ido a inspeccionar una empacadora que se encontraba a unos kilómetros fuera de la ciudad, así que les alcanzarían en el salón en cuanto pudieran.
En la fiesta, durante el tiempo que estuvo a su lado, Nelly le presentó ante un par de personas, mencionando su nombre y apellido: Lucian Evans, así, sin ningún título o puesto de por medio; Lucian no lo encontró extraño, pues Nelly hacía los mismo con todos: no hacía distinción alguna tratando a todos por igual; bien Lucian podría haber estrechado la mano del gerente general de una empresa cualquiera o de un importantísimo político, daba igual. Tampoco era como si tuviera interés en saber, o si existiera un tema de conversación en común; Lucian solo se dedicó a sonreír y asentir.
Luego de lo que fueron tal vez un par de horas le encontró, Noah estaba allí, a varios metros de distancia, de pie al lado de una de esas mesas altas, sostenía con elegancia una copa mientras platicaba con un grupo reducido de personas de edad similar. Su traje gris oscuro se ajustaba perfecto a su cuerpo, el cabello rebelde lo había echado hacia atrás, despejando su rostro y dejando más a la vista los lunares que le salpicaban; Noah estaba simplemente arrebatador.
Lucian se halló sonriendo, se disculpó con Nelly y abandonó la mesa para cruzar el salón y llegar hasta él.
Entonces lo vio.
Interrumpiendo la charla que Noah estaba teniendo con aquel grupo, una mujer joven pareció salir de la nada y se pegó a Noah, tanto que podría apostar que quería restregar sus pechos en él, los cuáles se erguían orgullosos debajo de ese vestido color salmón que le llegaba hasta la rodilla; su cabellera larga y rizada se agitaba mientras hablaba y reía. Noah se alejó un poco, liberando su antebrazo del agarre de ella, pero la mujer volvió a acercarse, esta vez más, para decirle algo al oído. Noah, con una sonrisa, asintió; ella pegó un par de saltitos emocionada, mientras Lucian sentía un retortijón en el estómago.
De inmediato, la muchacha sacó su teléfono móvil, ladeó la cabeza para recargarse en el hombro de Noah y comenzó a tomarse fotografías.
Lucian resopló un segundo antes de que una mano se posara en su hombro.
—Hombre, ¿eres masoquista o qué?
Lucian viró para enfrentarle, entonces se encontró con un rostro masculino surcado por una cicatriz apenas escondida bajo el flequillo. Era Duncan, reconocía a uno de los amigos de Noah.
—Deja de mirarlos, mejor vámonos de aquí—, ofreció Duncan sin soltar su hombro y moviendo la cabeza en dirección a uno de los balcones.
La fresca brisa de la reciente noche fue relajante; Lucian caminó hasta la baranda para mirar las luces que resplandecían a varios metros debajo; el salón se encontraba en uno de los pisos más altos de un lujoso hotel.
—Es tu primera vez en una fiesta así, ¿uh?— exclamó Duncan, acercándose también para mirar.
Lucian solo asintió con un movimiento de cabeza.
—Las sonrisas falsas y las felicitaciones huecas son parte de este mundillo, creo que deberías acostumbrarte— agregó el beta, colocándose de espaldas a la baranda, recargando la espalda y codos en ella.
Lucian le observó con atención, Duncan tenía un semblante y una pose demasiado despreocupada, incluso tenía la corbata algo floja; tal vez por eso tuvo la confianza de lanzar la pregunta: —¿Y no te molesta?
—Por supuesto que lo hace, aunque no es como si pudiera hacer algo al respecto, solo hacerme a la idea de que estrechar manos, sonreír y tomarse fotografías con niñas tontas y adineradas es parte de su trabajo—, respondió.
Lucian miró al cielo y se lo pensó unos instantes antes de soltar: —¿está bien querer salir corriendo de aquí?
Duncan soltó una risotada, —por supuesto, es lo más común y normal; pero nuestros compañeros siguen allí, así que no creo que sea prudente huir justo ahora.
Lucian frunció los labios, huir sonaba drástico.
De repente, hubo un sonido amortiguado, como una campañilla; entonces Duncan sacó del bolsillo de su pantalón el teléfono móvil.
—¡Ey!... ¿Qué? ¿De verdad?... ¿Ahora?... No, por supuesto que no, todo lo contrario, nunca nadie había sido más oportuno... Estaremos allí de inmediato.
Lucian no era cotilla, pero la última frase le hizo imaginar que alguien le había dado a Duncan la perfecta razón para salir de allí.
¿Él también quería irse? Se preguntó, bueno, al principio no la estaba pasando tan mal, al menos no hasta que...
—Oye, hombre, debo irme— nuevamente la mano de Duncan se posó en su hombro, —si vas a quedarte aquí, no tardes demasiado, seguramente Nelly comenzará a buscarte.
Cierto, Lucian recordó que había dejado a la madre de Noah en la mesa con otros invitados, y no tardaría en notar su ausencia.
Con unas palmadas en su espalda Duncan se despidió de él, entonces el balcón se sumió en el silencio casi absoluto, pues los murmullos de la fiesta se escuchaban distantes y amortiguados.
Recargando los antebrazos en la baranda miró de nuevo hacia la noche; recordando inevitablemente qué lo había llevado hasta allí y cómo se le había contraído el estómago al ver a Noah.
Vaya, ¿así que de esa manera se sentían los...? Tragó fuerte cuando la imagen de él y la hermana de Jacky, en la cocina de su propia casa mientras le examinaba un tatuaje en la mano, llegó a su mente; ante esa situación Noah se había molestado y Lucian no lo había entendido del todo; bueno, supo lo que pasaba por la mente del otro, pero no le veía mucho sentido a ello.
Ahora había sido diferente, porque aun estando consciente de que no estaba ocurriendo algo significativo entre Noah y aquella muchacha de bonitos rizos, los celos le habían estrujado las entrañas; no había otra forma de describirlo.
—¿Lucian?
Fue la voz de su compañero a su espalda lo que le hizo voltear.
Noah le miraba dubitativo, seguramente estuvo llamándole desde antes.
Lucian simplemente sonrió, lo hizo al notar lo bien que le sentaba ese traje gris, el color definitivamente resaltaba el precioso verde de sus ojos; inconscientemente flanqueó la poca distancia que los separaba y le abrazó, dándose cuenta de que no lo había tenido así de cerca desde la noche anterior.
Noah le correspondió, rodeándole con los brazos también, antes de preguntarle, —¿por qué no me has contestado las llamadas?—, no parecía un reclamo, sino curiosidad.
Lucian le alejó un poco y revisó el bolsillo interno de su saco; hizo una mueca cuando notó apagado el teléfono móvil, —lo siento—, se disculpó.
Noah sacudió la cabeza, sonriendo y restándole importancia; luego pasó las palmas de las manos sobre el pecho de su compañero, quitando las pocas arrugas en la ropa y dijo: —creo que no fallé al escoger este traje para ti, me gusta, me gusta mucho cómo te queda.
Lucian se aclaró la garganta y jaló un poco su corbata; Noah comenzó a reír.
—¿No te gusta?—, preguntó.
—No es eso—, contestó Lucian, —es solo que no lo encuentro muy cómodo, aun no me acostumbro.
Para su sorpresa, en vez de colocarle de nuevo la corbata, Noah tiró de ella hasta aflojarla un poco más, mientras le decía: —¿Sabes? Creo que ya estuvimos suficiente tiempo aquí, hemos cumplido con los protocolos sociales y eso.
—¿Qué quieres decir?
Noah le hizo un ademán para que se quitase el saco, ayudándole y después doblándolo para colocarlo en su antebrazo; —que ha llegado la hora de irnos—, contestó.
—¿No tendrás problemas por ello?
Noah se encogió de hombros, a la vez que tomaba la mano derecha de Lucian para comenzar a aflojarle los botones de la camisa que se ceñían alrededor de su muñeca; —no, para cualquier escena que quiera montar, seguramente Carol se las podrá arreglar sin mí.
Cuando pasó a aflojar la otra manga de la camisa, añadió, —¿o es que tú deseas quedarte?
—No, por supuesto que no—, la respuesta de Lucian salió demasiado apresurada, dejando en evidencia que, en verdad, no estaba muy a gusto en ese lugar.
Noah sonrió, mirándole con simpatía y ternura; luego se aproximó a él, tirando de nuevo de la corbata floja, para besarle.
Lucian, de inmediato, le rodeó la cintura para acercarlo aún más; le gustaba cuando Noah le mordisqueaba el labio inferior, justo como hizo al final de ese beso.
—Te extrañé— confesó Lucian, acariciándole la mejilla, mirando sus bonitos ojos verdes.
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Johan guardó la cuchilla en su funda, sujetándola al costado de su bota, justo cuando escuchó un par de pasos al otro lado de la puerta; Dylan les había contactado y él, junto con Cameron, habían llegado recién y estaban esperando en la oficina de quien les llamó.
La puerta se abrió y no pudo evitar sorprenderse, con sus ojos bien abiertos, e incluso sus labios separados un poco, demostró su asombro por el cuadro inesperado: Jared y Duncan vistiendo unos trajes de diseñador. Aunque el cabello de Jared recogido en una coleta alta y desordenada le daba un aire muy opuesto a la formalidad que el gesto en su rostro y el traje inspiraban, era una imagen que solo podía verse bien en él. Y Duncan, con esa sonrisa astuta y el flequillo que ocultaba parte de su rostro, estaba simplemente...
—Ey, Jo; cierra la boca, parece que nunca hubieras visto uno de estos—, Duncan se señaló a así mismo, específicamente el saco que se ajustaba tan bien a él; mientras se mofaba del más joven.
Johan se aclaró la garganta, cerrando la boca, frunciendo el ceño y virando el rostro; con suerte el rubor en sus mejillas podría pasar como consecuencia del enojo.
—¿Tan impresionado has quedado que ya no puedes ni hablar?—, volvió a molestarle Duncan, se acercó y dijo burlón: —¿a poco no me veo maravilloso?—, se jactó, acomodándose frente a Johan las solapas del saco.
Johan entonces le miró y dijo, —por supuesto que no, te ves ridículo.
¡Mentira! El traje parecía haber sido hecho a la medida, se ajustaba perfectamente a sus hombros; no dudaba que Jared se hubiera encargado de hacer lucir tan bien a su esposo, incluso en los puños tenía detalles únicos y las mancuernillas de ambos habían sido escogidas a juego. Johan solo agradeció que nadie estuviera lo suficientemente cerca de él, porque, de la forma en la que su corazón y su pulso se había acelerado al ver a Duncan, estaba seguro de que habrían podido oírle.
Jared solo los escuchó reñir sin inmutarse, ¿por qué no le sorprendía aquella pelea? Aparentemente, Cameron tampoco se molestó por ello, porque estaba más concentrado en su tableta.
En ese instante, por la otra puerta, David ingresó y detrás de él lo hizo Dylan.
—Oh, qué bien, han llegado a tiempo—, exclamó Dylan en general, a todos; pero luego se centró en Jared e informó, —hemos investigado sobre los últimos detalles que nos has compartido y todo es correcto—; porque Jared les había hablado de la historia de Kyle, sin dar nombres y explicar exactamente de donde había obtenido los datos, solo aseguró que su fuente era lo suficientemente confiable para ser tomada en cuenta.
—Y también hay más— intervino David, al sentarse frente a la computadora; ésa era la oficina de Dylan, pero parecía que David conocía mejor los equipos de cómputo; —ocurrió algo similar antes de la muerte del otro sujeto—, informó.
—¿Similar?—, Jared se acercó al escritorio.
—Después de indagar a fondo en los registros del hospital, descubrimos que también hubo una falla eléctrica; así que, ordenando los sucesos cronológicamente, notamos algo interesante.
Jared sintió la presencia de su esposo cerca, seguramente también llamado por la curiosidad.
David tomó una hoja de papel donde tenía escrito algunas oraciones muy concretas, releyéndolas para sí mismo, comprobando y asegurándose de lo que estaba por compartir con los demás; luego expuso, —primero, Lester llegó a las instalaciones e hizo el intento de visitar al cazador que estaba internado, la entrada se le negó, él no insistió y se fue; luego de poco más de una hora hubo una ligera falla eléctrica en el edificio, una pequeñísima variación de voltaje en la red de energía; esto nadie lo notó, las luces no se apagaron ni hubo aviso alguno porque fue muy leve y porque el hospital cuenta con generadores lo suficientemente potentes para cubrir la demanda en caso de que se corte el suministro principal; ya saben, por las máquinas especiales que existen, de esta manera, los pacientes en cuidados intensivos nunca sufrirían las consecuencias, es más, ni siquiera lo notarían.
Jared asintió atento mientras la información trataba de cobrar sentido en su cabeza.
David siguió hablando, —después de eso, la alarma de emergencia en la habitación del cazador fue encendida, así que las dos enfermeras que estaban más cerca fueron a verificarlo, encontrándolo inconsciente porque había dejado de respirar y su corazón también había dejado de latir, la máquina a la que estaba conectado pitaba avisando justamente eso. Las enfermeras llamaron al médico de guardia mientras intentaban reanimarlo, pero no tuvieron éxito—, suspiró y se echó un poco hacia atrás, en la silla, mirando a los ojos de Jared con intensidad, a Duncan y de nuevo a Jared antes de decir, —además de leer el informe, entrevisté a las enfermeras personalmente, por separado, y, en medio del caos al intentar reanimarlo, ninguna recuerda con certeza haber desconectado al paciente para poder maniobrar.
—¿Pudo haber sido un error?
David meneó la cabeza ante la pregunta de Duncan, —no lo sé; ellas relataron lo sucedido, dónde estaban cuando escucharon la alarma, a qué lado de la cama se colocó cada una, pero ninguna recuerda exactamente haber quitado los tubos y cables del hombre; cada una asumió que la otra lo hizo antes de intentar reanimarlo; es como si hubiera una laguna en sus recuerdos, como si en el momento eso hubiera sido algo trivial y que pasaron por alto.
—¿Hay cámaras de vigilancia?—, Jared tenía que preguntar, debía asegurarse de que todo estaba cubierto.
David negó, pero fue Dylan quien explicó, —las cámaras solo están instaladas en los pasillos y, aunque estos están bien iluminados, no hay registro de lo que sucedió dentro la habitación; los hechos no ocurrieron en el ala de los cambiaforma, porque lo que es toda la información que tenemos, no hay más detalles y las entrevistas que David ha realizado se justificaron como las necesarias en el proceso de rutina en el caso de decesos.
El cazador era un humano, por lo que había sido asignado al área de sus iguales, así que las enfermeras en esa área también lo eran; solo el médico especialista era cambiaforma y estaba al tanto de lo ocurrido, el cual no se encontraba en el momento de la muerte del paciente.
—Así que, en resumen, Lester apareció por los alrededores, hubo una falla eléctrica y después los cazadores murieron, sin testigos—, dijo Duncan.
Dylan y David asintieron.
—Y sospechan que de alguna forma esto tiene sentido, quiero decir, no es simple coincidencia la secuencia específica de los hechos en ambos casos, ¿cierto?—, soltó Jared.
Dylan volvió a asentir y dijo —sí, pero aún no sabemos cómo fue posible.
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ESPACIO PARA CHARLAR:
Les platico que, en unos minutos de ocio esta semana, estuve atendiendo algunas notificaciones y vi que alguno/as lectore/as han expresado su desilusión o desagrado (no sé cómo decirlo exactamente) por el hecho de que Liam haya salido de la historia. Incluso dicen que "gracias a eso ya no van a continuar leyendo ninguna historia más de este universo". Bueno, nada más quiero recordarles que desde el inicio hay personajes contemplados para tal o cual propósito; algunos saldrán de la historia para siempre, otros se irán y regresarán de nuevo (por ejemplo, Sirhan y Kris, del que por ahora no se ha dicho algo más), etcétera.
Gracias por continuar por aquí, y gracias por la paciencia.
P.D. Temo que lo que viene no les agrade.
P.D.2. Perdón por los errores de dedo y otros.
P.D.3. Este capítulo no tiene título porque "tenía prisa"; es decir, era publicar ahora o hasta dentro de dos semanas más o menos.
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