CAPÍTULO VIII Hola, extraño

CAPÍTULO VIII
Hola, extraño
Dejar a Lucas fue la decisión más difícil que tuve que tomar en toda mi vida. Había logrado calmarme lo suficiente esa noche como para aceptar que pagase una habitación de hotel donde quedarme. No podía volver a casa en ese estado, ni siquiera estaba segura de poder manejar, así que lo dejé llevarme hasta un hotel cercano. El viaje en auto había transcurrido en el silencio más ensordecedor de todos; ninguno de los dos dijo una sola palabra, no había nada que decir, habíamos escuchado todo lo que necesitábamos.
No había sido fácil convencerlo de dejarme en la habitación, Lucas me pidió perdón por horas hasta que no pude soportarlo más y le prometí que hablaríamos después de que todo se calmara. Al día siguiente, ignoré los cincuenta mensajes de texto que me había enviado, tomé mis cosas y volví a casa.
Lucas intentó llamar un par de veces, pero desvié la llamada cada vez que la pantalla mostraba su foto. Aún no estaba lista para decirle la decisión que había tomado, sabía que esto nos alejaría, nos estaba separando, y temía con todas mis fuerzas terminar de perder lo único que quedaba entre nosotros. Así que finalmente, hablamos.
—Ángel... —Fue la primera palabra que dijo cuando contesté. Su voz había sido un suspiro de alivio — Te extraño...
Tomé aire profundamente, no podía hacer otra cosa más que decirle la verdad.
—También te extraño, Lucas...
—Ángel, por favor, no puedo estar sin ti...
Me encogí en la cama y me abracé a la almohada que sostenía; decirlo era peor que pensarlo, no solo estaba rompiendo su corazón sino también el mío.
—No puedo... —Apenas susurré — No podemos...
—Por supuesto que podemos, ángel, te amo, y tú me amas...
No respondí y ninguno dijo nada, por lo que pareció el minuto más largo de la historia.
—¿Me amas, Isa? —Aquella no era solo una pregunta, en ella estaban implícitas todas las cosas que aún no se habían dicho, la infinidad de palabras colgadas en el aire, la duda que comenzaba a crecer dentro de Lucas.
—Te amo —murmuré —. Pero no de la manera que quieres, ya no...
¡A la mierda la honestidad! Lo amaba, más de lo que jamás podría explicarle; sin embargo, era lo único que podía decir para hacer que se alejase, no podía tomar el riesgo de permitirnos volver para hacernos más daño; lo conocía mejor que nadie, y era exactamente eso lo que no me dejaría confiar en él otra vez.
—Ángel...
—Necesitamos un tiempo alejados, Lucas —dije finalmente —. Eres mi mejor amigo y no te quiero perder, pero no servimos para estar juntos, vamos a seguir haciéndonos más daño hasta terminar odiándonos, y no estoy dispuesta a perderte así...
—No tiene por qué ser así, podemos hacer que funcione...
—Rompiste mi corazón, Lucas —repliqué sorbiendo la nariz —. Pensé que era anatómicamente imposible, pero lo hiciste... Ya nos estamos haciendo daño. Eres mi mejor amigo en el mundo, y ahora que necesito a alguien para hablar, en la única persona en la que pienso es en ti, y eres el único con el que no puedo hablarlo porque fuiste tú quien me lastimó. No puedo volver contigo porque al final, no solo estaría perdiendo a mi novio, sino también a mi mejor amigo.
Lucas suspiró en el otro extremo de la línea y quedó en silencio nuevamente. Ya estaba dicho, no había vuelta atrás, no podía arriesgarme cuando el precio era tan alto. ¡Lo sé! Soy una cobarde, prefiero jugar a lo seguro que tomar un riesgo que podría ser o lo mejor o lo peor de mi vida, pero en esta situación no podía elegir, tienen que entenderme.
—Te amo, ángel —dijo finalmente rompiendo el silencio —. Y siempre lo voy a hacer... Pero tampoco quiero perderte, si esta es la única forma en la que puedo tenerte, lo aceptaré, y te juro que pasaré el resto de mi vida tratando de enmendar lo que hice...
—No tienes que hacer eso.
—Sí, tengo que hacerlo. Te mereces más, alguien mejor que yo... Pensé que finalmente cuando me notaste, cuando me besaste... Creí que alguien o algo me había dado una oportunidad, e intenté hacerte feliz, lo juro, ángel, lo intenté con todas mis fuerzas, pero quizás nunca fuiste para mí... Solo quiero que seas feliz...
Una lágrima se escapó de mis ojos mientras ahogaba un lamento. Mordí mi labio y me sequé el rostro.
—Yo también quiero que seas feliz. Lograremos ser felices, Lucas, así no sea el uno con el otro...
Me despedí y tranqué la llamada, mientras el "Te amo" nos quedaba colgado de los labios.
Han pasado cinco meses desde la última vez que lo vi.
Acostumbrarme a una universidad, en una ciudad nueva, una casa nueva, con amistades nuevas, me costó un poco más de tiempo del que estimaba; aún me encontraba a mí misma con el teléfono en las manos, marcando el número de Lucas cada vez que algo ocurría, solo para recordar que ya no podía llamarlo... Le había pedido tiempo y espacio para arreglar todo lo que sentía, y él me lo había dado, no era justo que yo apareciera y desapareciera de su vida a mi antojo, tenía que respetar lo que yo misma había exigido. ¡Pero me estaba costando tanto!
Intenté distraerme con los estudios, la mudanza, mis nuevas clases, e incluso salí a bares y discotecas con mi nueva compañera de residencia, Ana; una chica alegre, jovial y alocada, que siempre quería divertirse y cuya idea de descanso incluía chicos lindos y un trago en la mano. Era hermosa, piel dorada por el sol, largas piernas, cabello corto color miel y ojos aceitunados, nunca parecía necesitar mucho para lucir estupenda, y los chicos morían por ella.
—Lo juro, necesitamos un descanso —exclamó, dejándose caer sobre el sofá de la sala, quitándose las altas plataformas —. Si vuelvo a escuchar algo más sobre átomos, células o iones, me arrancaré la cabeza.
Sí... ¿Había olvidado decirles que también es la reina de los dramas? ¡Y yo que pensaba que era única en mi especie!
—Tengo una cita este viernes —dijo con una sonrisa que me dio a entender que lo que venía no me gustaría — ¿Por qué no vienes conmigo?
—No quiero ser una tercera rueda.
—¡No lo serás! —insistió enseguida con sus enormes ojos de cachorro triste — Piensa en esto como si me estuvieses haciendo un favor; no lo conozco muy bien, así que no sé si me gustará o no, y si tú vienes conmigo, puedo hacerte alguna seña si quiero irme y me sacarás de ahí, dirás que tenemos una emergencia o algo.
—No lo sé... —murmuré poco convencida. Conocía a Ana, incluso si el chico no le gustaba, terminaría obligándome a quedarme a su lado el resto de la noche, y ella no culminaba una salida hasta que el sol brillaba de nuevo.
—Por favor...
Odiaba cuando hacía eso, suplicar con un puchero en la boca como si fuese un bebé, y lo peor de todo es que no podías decirle que "no" a una cara como esa, era imposible. No solo era la reina del drama, sino también de la manipulación.
—De acuerdo —acepté rodando los ojos —. Saldremos.
El viernes por la noche comencé a arreglarme. Iríamos a un club que estaba de moda, y al que muy pocas personas podían acceder; lo que significaba que mis lindos y cómodos jeans tendrían que quedarse en casa, en cambio, tuve que ponerme uno de los vestidos más ajustados y cortos de Ana. Ella era unos centímetros más alta que yo, y este vestido me quedaba como una camisa, apenas podía imaginarme cómo le quedaría a ella.
Me bajé un poco el dobladillo del vestido/camisa negro sin tirantes mientras salíamos del auto y nos dirigíamos al club. Sergio, el "amigo" de Ana, resultó ser bastante simpático, aunque apenas le había dado la oportunidad de hablar, porque desde que lo vio comenzaron a besarse.
Mi amiga se dirigió a la entrada del club, que estaba a rebosar con personas esperando para poder entrar. Ana saludó al portero, quién parecía conocerla desde hace tiempo... Olvidé mencionar que entrar en un club como ese solo era fácil cuando tus padres tenían toneladas de dinero, como en el caso de mi amiga, así que en menos de diez minutos estábamos sentadas en una de las mesas cerca de la pista de baile, con una botella de tequila esperando por nosotros.
El club estaba a rebosar de personas. Las camareras pasaban por tus mesas ofreciéndote tragos de colores gratis, bebimos tres de ellos entre los primeros chupitos de tequila; así que a mitad de la noche, con media botella abajo y más tragos de colores de los que puedo contar con la mano, los tres estábamos saltando y bailando como locos en el centro de la pista. El sudor bajando por nuestros cuerpos, la adrenalina y el mareo batallando dentro de nosotros. Algunos amigos de Sergio se acercaron, el chico nos presentó enseguida y uno de ellos me invitó a bailar.
Ferenc, el cual era su nombre, era un chico de veintidós años, alto, cabello castaño, ojos caramelo, amplia espalda y sonrisa de infarto. Nunca antes había bailado con un chico mayor que yo, apenas faltaba poco para cumplir mis diecinueve años; pero esto se sentía distinto... Se movía rozando sutilmente mi cuerpo poniéndome la piel de gallina, sus manos fuertes sostenían mis caderas con firmeza, con la confianza de saber perfectamente lo que hacía; en serio, este chico era todo un jugador, y sabía cómo hacerlo.
Ana no dejaba de sonreírme y levantar sus cejas provocativamente cada vez que Ferenc me acercaba a él o me susurraba algo al oído, y qué puedo decir, la verdad es que en cierta forma la entendía... Mi cuerpo se ponía caliente ahí donde me tocara; era eufórico, y aunque sabía exactamente el tipo de hombre que era solo con mirarlo... Y que mi cerebro había alcanzado el nivel máximo de alarma, por desastre nuclear en proceso; y no paraba de emitir incesantes pitidos de advertencia como: "Peligro, material explosivo a punto de estallar. Abortar misión y alejarse rápidamente del caliente recipiente", yo no podía evitarlo, este chico despertaba mis más bajos instintos.
Bailamos por lo que parecieron horas hasta que Ana me alejó de él y me llevó a rastras al baño de chicas.
—¡Oh por dios! —gritó separando las palabras — Fenrec está babeando por ti.
Rodé los ojos mientras me giraba al espejo para comprobar que mi pecho no hubiese escapado del escote.
—Le gustan todas las mujeres, Ana, créeme, conozco a los de su tipo.
—¿Y eso qué? —preguntó, como si estuviese perdiéndose algo en mi respuesta — Estás soltera y sin compromisos; tienes que salir, divertirte, conocer chicos...
—No quiero una relación —suspiré. Ana sabía un poco de mi historia con Lucas, le había contado en una noche de borrachera, y era una de las activistas por la recuperación de mi vida sentimental y sexual —, ya sabes que acabo de salir de una.
—Hace más de cinco meses —refutó, girándome y tomando mis manos, mientras me veía a los ojos con seriedad —. Es hora de que continúes con tu vida, no estoy diciendo que entres en una relación con el primer chico que veas, me refiero a que te sueltes, te diviertas, disfruta de las ventajas de ser una caliente chica universitaria —agregó con un guiño —; no hay nada de malo en solo divertirse una noche.
Sabía exactamente a lo que se refería. Ya no era una virginal chica de diecisiete años, pero Lucas era el único con el que había estado. No tenía ninguna experiencia con otras personas, y a pesar de que debía admitir que Ferenc hacía volver todas esas sensaciones lujuriosas a mi cuerpo, no sabía ni cómo lograr que sucediera algo.
—Nunca he tenido nada de una sola noche, ni siquiera sabría qué hacer.
Ana sonrió con picardía mientras me soltaba las manos y se giraba para retocar su maquillaje.
—Lo único que tienes que hacer es dejarte llevar, arriésgate.
—No soy gran fan de los riesgos —repliqué, frunciendo el ceño. La última vez que me había arriesgado con algo, arruiné una amistad de toda la vida.
—Solo relájate y deja de pensar en todo —Respiró frustrada —. Es sexo sin compromisos, solo eso... —agregó encogiéndose de hombros, mientras dos chicas que pasaban a su lado la veían de forma despectiva, y yo me ruborizaba de vergüenza... Pero ella continuó como si nada — No tienes que involucrarte sentimentalmente. No pienses que son ellos los que te están usando para acostarse, piensa lo contrario; eres tú quien se está aprovechando de ellos para obtener lo que quieres por una noche, y luego simplemente los dejas. Créeme, no he conocido al primer chico que se sienta utilizado o lastimado, por eso, es un trato justo donde los dos disfrutan de los beneficios.
Fruncí el ceño, poco convencida... Ana, era exactamente el tipo de amigas de las que mantendría alejada a mi hija; pero por alguna razón, en ese momento, con el alcohol en mi cabeza, y el pensamiento de un chico súper sexy esperándome afuera... Aquel comentario comenzaba a ganar terreno en mi mente como un tren aumentando la velocidad.
—Supongo que podría intentarlo... —dije, encogiéndome de hombros sin mucha seguridad.
—Por supuesto que sí —festejó con una sonrisa triunfal en el rostro —. Ahora mueve ese lindo trasero y volvamos con los chicos.
Salimos y nos encontramos con ellos en la mesa. Bebí un chupito de tequila antes de acercarme a Ferenc y poner la mano en su pierna, tal como Ana me había instruido camino a la mesa. Sonreí y batí mis pestañas, me sentía como una idiota, pero al parecer estaba funcionando; me rodeó los hombros con su brazo y se acercó para susurrarme algo al oído.
—Eres muy sexy.
Mordí mi labio para no reír, en serio, ¿Qué clase de línea era esa? ¿Realmente las mujeres caían con eso? Bueno, no importaba, tenía una idea en mente y sus habilidades para ligar, no eran una de mis prioridades en ese momento.
—Tú también eres muy sexy —dije seductoramente a su oído.
Ferenc tocó mi cuello y haló mi rostro hasta tenerme frente a él, a solo centímetros de sus labios. Me estremecí.
—¿Por qué no vamos a un sitio donde podamos hablar mejor?
¡Esa línea sí que la conocía! ¿Un sitio para hablar mejor? Eso era sinónimo de habitación, aquí y en cualquier rincón de mundo, y sé que debería haber dicho que sí, después de todo eso era lo que quería ¿No? Pero me asusté, entré en pánico... De verdad, mi cuerpo se tensó y mi corazón se aceleró. No, necesitaba ir más lento, más calmado.
—¿Por qué mejor no bailamos un poco? —pregunté, en cambio, poniéndome de pie y jalando de su mano.
Volvimos a la pista de baile y comenzamos a movernos al ritmo de la música, su cuerpo cerca del mío, demasiado en algunos momentos... De acuerdo, extremadamente cerca, tan cerca que mi pecho chocaba con el suyo, mis piernas se confundían con las suyas y su sudor se mezclaba con el mío. Bajó su mano por mi espalda y lo sentí detenerse unos segundos en mi trasero antes de posicionarla en mi cadera nuevamente.
—Creo que necesito un vaso con agua —dije mientras me detenía y respiraba entrecortadamente del cansancio —. Vuelvo en un rato.
Lo dejé antes de que tuviese tiempo de decir algo y salí rápidamente hacia la terraza, una pequeña zona al aire libre para fumadores y los que preferían un ambiente más tranquilo, justo lo que necesitaba. La música no era tan ensordecedora ahí, así que finalmente fui capaz de pensar mejor. Quería relajarme y disfrutar, lo merecía... Lo único que había probado en toda mi vida habían sido dos relaciones; dos años con Sebastián y el escaso mes que pasé con Lucas. Nunca había besado a alguien por el que no sintiera nada... Ni mucho menos tenido sexo sin sentimientos, y a pesar de que no deseaba ser una de esas chicas que saltan de hombre en hombre, o que tienen relaciones con el primero que les guste, sí quería experimentar y hacer locuras como todas las universitarias. Después de todo, para eso estaba la universidad ¿No? Para experimentar lo que querías antes de comenzar a trabajar y vivir en el mundo real; casarte, tener hijos y formar una familia, y Ana lo hacía parecer tan liberador y divertido... Quería ser de esas chicas que no pensaban antes de actuar, al menos por una noche quería divertirme sin pensar en las consecuencias.
—¿Ángel?
Me congelé en el lugar, todo el vello de mi cuello se erizó cuando lo escuché. No necesitaba voltearme para saber que estaba parado a menos de un metro de mí, todo mi cuerpo lo reconocía, lo sentía. Me giré lentamente y me encontré con su mirada dorada, una media sonrisa cálida se formó en su rostro mientras me veía... Lucía igual que siempre, se había cortado el cabello un poco desde la última vez que lo había visto, de forma que ahora solo unos cortos mechones castaños rozaban sus cejas, dejando sus increíbles ojos a la vista, ¡Dios, su visión seguía quitándome el aliento!
—Hola, extraño...
Sonreí, no sabía cuánto lo había extrañado hasta que lo tuve frente a mí. Me eché en sus manos en un fuerte abrazo, Lucas me estrechó con fuerza en respuesta, ¡Olía tan bien! Siempre me había sentido en casa cuando sentía su perfume, y esta no era la excepción. Me dejó en el suelo después de un largo rato, llevó su mano a mi rostro, acunándolo como solía hacer, ese gesto casi me hace morderme el labio.
—Luces hermosa, ángel. Más hermosa que nunca.
—Tú no te ves tan mal.
—Te he extrañado —dijo, bajando la voz y con un tono más triste.
—Lucas...
—Lo sé —respondió tomando una bocanada de aire —. Lo siento, pero es la verdad... Te he extrañado, nunca había pasado tanto tiempo sin verte o hablar contigo, ángel... Me haces falta.
—Tú también —admití, porque era la verdad... Me había hecho falta, lo extrañaba más que a cualquier de mis amigas.
Sonrió, pero la sonrisa no llegó a sus ojos. Soltó mi rostro finalmente y parte de mí se quebró, como si ese toque fuese lo único que me mantenía completa.
—¿Qué haces aquí? —pregunté decidida a cambiar el tema de conversación.
—Tommy está de cumpleaños, y su novia vive aquí, así que vinimos a visitarla y celebrar, no sabía que estarías aquí.
—¿Tommy está aquí?—inquirí abriendo los ojos, solo lo había conocido la corta semana que había pasado en su departamento, pero adoraba a ese chico — ¿Paúl también?
—Sí —asintió con una sonrisa —, y también te extrañan, alucinarán si te ven.
—Vamos —pedí tomándolo de la mano mientras me arrastraba unas mesas más atrás de nosotros.
Tommy fue el primero en ponerse de pie y estrecharme en un fuerte abrazo, dándome vueltas sobre sus pies.
—¡Feliz cumpleaños, Tommy! —grité entre risas mientras me depositaba en el suelo — Alguien por aquí me acaba de decir que tengo competencia —bromeé.
Tommy sonrió y abrazo a una chica pequeña que estaba junto a él, parecía su hermana menor, era veinte centímetros más baja que él, su cabello negro caía sobre sus hombros y tenía una dulce sonrisa.
—Ángel, te presento a mi novia, Sonia.
La chica sonrió y estrechó mi mano suavemente.
—Así que tú eres ángel —dijo sonriendo —. He escuchado mucho de ti.
No tuve tiempo para responder, unos fuertes brazos se enredaron en mi cintura desde atrás, y en segundos estaba volando por el aire nuevamente.
—¿No hay abrazo para mí, ángel? —preguntó Paúl a mi espalda poniéndome en el piso — Me pondré celoso.
—Paúl —exclamé sonriendo —, siempre tengo abrazos para mis chicos favoritos. No puedo creer que estén aquí, los he extrañado.
—Y nosotros a ti, Isa —respondió con una sonrisa triste, sabía muy bien en qué estaban pensando los tres en la mesa —. Nos alegra mucho verte.
—A mí también. ¿Cuánto tiempo se quedarán aquí?
—Un par de días —respondió Tommy dándole un beso a su chica —; nos estamos alojando en un hotel cerca de aquí, pasaremos unos días y luego volveremos a casa.
—Tal vez podamos vernos mañana, ir por unas cervezas o algo —sugerí encogiéndome de hombros.
—Eso suena genial —acordó Paúl con una sonrisa —. Cervezas con nuestra chica favorita, eso es un sí.
Estaba a punto de coincidir, cuando la voz de Ana sonó a mi espalda. Me di la vuelta enseguida para encontrarme con mi amiga.
—Ana...
—¿Dónde estabas? —interrogó inmediatamente — Hemos estado buscándote por todos lados, creímos que te había ocurrido algo.
—Lo siento, salí a tomar algo de aire y bueno... —Me encogí de hombros señalando a los chicos — Me encontré con unos amigos.
El rostro de Ana se iluminó, apenas detalló a Paúl, y una pequeña y enigmática sonrisa se formó en sus labios.
—Bueno, de haber sabido que estabas tan bien acompañada, no me habría preocupado antes.
Sus ojos seguían fijos en los de mi amigo, ambos se estaban comiendo con la mirada. Suspiré, ni siquiera respetaba el hecho de que su cita estaba de pie a su lado.
—Ana —dije llamando su atención —, estos son Tommy, su novia Sonia, Paúl y Lucas.
Mi amiga apartó la mirada de Paúl, por lo que parecía la primera vez desde que lo había visto y entrecerró los ojos mirándome a mí, antes de que sus labios articularan mudamente una pregunta ¿Lucas? Asentí casi imperceptiblemente mientras ella se daba la vuelta, aún con mirada de asombro, y estrechaba la mano de cada uno. Sergio también se presentó, aunque tengo que decir que la mano de Paúl sufrió un pequeño percance en esa sacudida.
—¡Aquí están! —gritó una nueva voz a mi espalda y cerré los ojos maldiciendo en mi interior, la última persona que necesitaba que apareciera — Los estaba buscando.
Caminó hasta nosotros, sonrió al grupo frente a mí y pasó su brazo por mi cintura atrayéndome a él. Lucas bajó la mirada hacia el lugar donde Ferenc me sostenía, sus manos se cerraron en puños y su rostro tomó una expresión impenetrable. ¡Mierda! Traté de alejarme disimuladamente del chico, pero estaba fuertemente agarrado a mí; como un perro marcando territorio. De hecho, casi esperaba que Lucas y él se pusieran en cuatro patas y comenzaran a ladrarse el uno al otro mientras daban vueltas a mi alrededor.
—¿No me presentarás a tus amigos, bebé? —inquirió a mi lado alzando la ceja.
Me estremecí, la mirada de todos los chicos parecía estar puesta sobre mí. Bueno, ¡Qué demonios! Yo estaba soltera, era libre de estar con quien quisiera. Además, no había sido yo quien lo había arruinado todo, yo no había besado a una zorra en una noche de tragos, así que a la mierda todo, no tenían derecho a juzgarme; sin embargo, no podía evitar sentir que no estaba bien que este chico me tocara de esa manera frente a Lucas.
—Ferenc —dije tratando de soltarme de su agarre —, te presento a unos amigos.
El chico extendió su mano a todos los presentes, Tommy y Paúl casi ladran sus nombres de forma posesiva, y Lucas intentó estrecharla de la manera más civilizada posible, di gracias internamente por eso.
—Así que son amigos de Isa —comentó, apretándose aún más a mi cintura.
—Sí —dijo Paúl, sin apartar la mirada desafiante —. Viejos amigos.
—Que bien.
El aire en la atmósfera se tornó muy denso, de hecho casi podías tocarlo, en serio... No solo todos los ojos estaban clavados en nosotros, sino que parecían a punto de atacar a Ferenc si movía un poco más su mano. Tragué, intentando pensar en algo para alivianar la tensión.
—Bueno... —dije con el corazón latiendo a mil por hora — Nosotros estaremos adentro si quieren acercarse.
Ferenc sonrió triunfante y yo maldije por dentro, no estaba haciendo nada bueno para aliviar la atmósfera. Ana fue la única que comprendió mi indirecta y con una última sonrisa hacia Paúl, tomó la mano de Sergio y la de Ferenc y los empujó en dirección a la puerta.
—¡Un placer conocerlos! —gritó antes de perderse en la multitud.
—Los veré mañana —comenté en voz baja despidiéndome de los chicos.
Me abrazaron y dijeron adiós, pero justo cuando estaba por irme, Lucas me detuvo.
—¿Podemos hablar un minuto? —preguntó con suavidad. Asentí y nos alejamos del grupo.
Lucas respiró profundamente, apretó y soltó sus puños unas cuantas veces antes de mirarme a los ojos.
—¿Estás saliendo con él?
—No creo que ese sea tu problema —repliqué en tono más serio.
El rostro de Lucas se contorsionó de dolor por un segundo y asintió. Sabía que lo estaba lastimando y no era mi intención, pero era mi vida privada después de todo ¿No? Incluso aunque él fuese mi mejor amigo... ¡Qué demonios! Seguía siendo mi mejor amigo, a pesar de que tuviese tanto tiempo sin verlo; respiré profundo y lo miré a los ojos.
—Lo acabo de conocer —admití finalmente —. No estamos saliendo, tal vez le di a entender otra cosa y por eso actuó de una forma tan posesiva hace un momento, pero no estamos juntos.
Respiró aliviado y mordió su labio intentando no hacer el siguiente comentario. Falló descomunalmente.
—Sé que perdí mi derecho a saber de tu vida en cuanto arruiné las cosas —murmuró —. No puedo preguntar sobre tu vida sentimental, ni si estás o no saliendo con alguien, lo siento... Es solo que... ¡Mierda, ángel! —exclamó llevándose las manos al cabello — Eres importante para mí, no puedo simplemente mantenerme alejado de ti... Sé que arruiné las cosas y sé que no merezco que me disculpes, pero te necesito en mi vida, eres mi mejor amiga, conoces todos mis secretos... Odio no poder llamarte y contarte lo que me sucede o simplemente hablar sobre cualquier tontería como solíamos hacer... Te extraño...
Esas eran exactamente mis palabras, justo lo que sentía cada día de mi vida desde que nos habíamos separado. Respiré hondamente sintiendo que un gran peso salía de mí.
—Yo también te extraño, Lucas —dije suavemente con una sonrisa triste —. Extraño a mi mejor amigo, quisiera volver a como eran las cosas antes, llamarnos, escribirnos, vernos... Extraño no poder contarte sobre mí, y odio sobre todas las cosas sentirme como una extraña cuando estoy a tu alrededor. Eres el único que me hace sentir en casa, no soporto tenerte lejos...
Lucas sonrió y llevó su mano hasta mi mejilla. Adoraba la forma en la que sus perfectos ojos dorados se iluminaban cuando me veían.
—Entonces volvamos a ser como antes —pidió sosteniendo mi rostro —. Te amo, ángel, y sé que no te merezco, sé que no soy el adecuado para ti, pero prefiero tenerte como amiga a no tenerte en lo absoluto.
Sorbí mi nariz. Yo también lo amaba, y gran parte de mi cuerpo se estremecía ante su toque y deseaba con todas sus fuerzas un beso, un simple beso en esos labios que solían derretirme, pero no podíamos volver a eso, no cuando sabíamos lo que estaba en juego.
—Eso me gustaría —susurré dejando caer mi mejilla en su palma —. Solo quiero volver a tenerte en mi vida, Lucas, necesito a mi amigo...
—Entonces no me apartes más, ángel, por favor...
—No lo haré, lo prometo... No quiero volver a perderte...
—Jamás me perderás, ángel, lo juro.
Sonreí, ese era el Lucas al que amaba con todo mi corazón, mi mejor amigo, mi otra mitad.
—Nos veremos mañana ¿Si? —inquirí con una sonrisa — ¿Cervezas y un partido de fútbol?
—No me lo perdería por nada en el mundo.
El resto de la noche transcurrió de manera normal. Volví a la mesa y los chicos esperaban por mí; Ferenc había dejado claro que no le gustó la forma en la que Lucas y el resto me estaban mirando, y eso terminó de ser la gota que colmara el vaso. Sí, lo sé, había sido mi culpa desde el comienzo, pues yo fui quien se insinuó, pero por favor, ¿Qué se creía este chico? Apenas me acababa de conocer.
—Son mis amigos, pueden verme como les dé la gana —repliqué en forma cortante —. No sé por qué eso tiene que ser tu problema, no veo ninguna cadena de propiedad con tu nombre y tu número colgando de mi cuello, no tengo dueño.
Basta con decir que, después de ese comentario, mi momentáneo deseo de aventura de una noche terminó desechado en la basura; pero no me importó. Ferenc era solo una distracción momentánea que había ido en aumentando a medida que tomaba los chupitos de tequila, de ninguna forma tendría algún tipo de relación con un chico como él, no era tan idiota. Conocía a los hombres, después de todo, Lucas se parecía en cierta forma... No lo tomen a mal, no hay punto de comparación, pero estaba acostumbrada a reconocer las señales cuando un chico solo quería llevarte a la cama o cuando realmente se interesaba en algo más.
A la mañana siguiente, me arreglé tan rápido como pude; los chicos habían alquilado una cancha de fútbol cerca del hotel, así que nos reuniríamos allí para un partido amistoso entre las chicas y los chicos.
Ana se había animado casi al segundo de darle la noticia, y se apuntó al juego antes de yo preguntarle. Sabía que la verdadera razón por la que iba era para volver a ver a Paúl, ya que había pasado toda la noche interrogándome sobre él y Lucas, pero no me importó, éramos tres chicos contra Sonia y yo, así que una tercera mujer nos venía como anillo al dedo.
—Así que... ¿Sabes jugar al fútbol? —inquirió Paúl en dirección a mi amiga, casi comiéndose con la vista las largas piernas bronceadas que se veían por debajo de su minúsculo short deportivo — ¿O tengo que explicarte lo básico?
Ana se mordió el labio y optó por la segunda opción. En su defensa, mi amiga jamás había tocado un balón antes de ese momento. No era exactamente atlética, y eso lo dejaba claro en su forma de vestir, ya que mientras que Sonia y yo teníamos un mono deportivo y una camisilla; ella había optado por un corto short que dejaba ver sus largas piernas, un top de tirantes a medio estómago y unas botas Adidas de colores brillantes, nuevas.
Lucas se acercó a mí extendiendo una cerveza fría en mi dirección, mientras Paúl intentaba explicarle los movimientos básicos y las reglas a Ana.
—Tu amiga es... —frunció el ceño pensando en la palabra correcta — Toda una personalidad.
—Sí que lo es —reí —. De hecho estuve sorprendida cuando me dijo que quería venir.
—Yo que tú no estaría tan asombrada —objetó señalando a Paúl, que estaba detrás de ella enseñándole cómo mover su pierna para patear —, parece que el motivo se encuentra frente a nosotros.
—¿Qué te puedo decir? Es una chica con múltiples gustos.
—Ya lo veo.
—¿Piensan quedarse aquí o comenzaremos el partido?—inquirió Tommy llegando a nuestro lado — Tengo que comenzar antes de que las cervezas empiecen a hacer efecto.
—No intentes culpar a la cerveza, cariño —bromeó Sonia abrazándolo desde atrás.
—¿De qué vale tener una novia si se burla de cómo juegas? —replicó con una sonrisa.
Se veían muy bien juntos, y me sentí feliz por ambos, sabía lo mucho que Tommy había querido una novia que amase el fútbol como él. Después de hacerle señas a Paúl y a Ana, nos reunimos en el medio de la cancha y comenzamos a jugar.
Lucas lanzó una moneda para sortear quién sacaba y quién elegía la cancha; por suerte, el saque inicial nos tocó a las chicas, así que me dirigí al centro del campo con el balón en las manos, mientras el resto de los chicos ocupaba su respectivo lugar. Pateé con todas mis fuerzas y la envié al lateral derecho, que era Sonia, quien esquivando la marca de Tommy, centró directo al arco para total sorpresa de todos. Paúl que era el portero de los chicos, estuvo a punto de detenerla, pero Ana gritó desde el arco opuesto, haciéndole señas, y alzó su camisa tan alto como pudo, mostrando su sujetador y sus dos grandes atributos. El balón golpeó las manos de Paúl, pero cayó dentro de la línea del arco contando como gol.
Sonia, Ana y yo gritamos gol mientras los chicos refutaban y exclamaban falta a cada segundo.
—Eso fue trampa —Se quejó Tommy llegando hasta nosotros —; no pueden levantarse la camisa en un juego.
—Oh, vamos —dije entre risas —, creo que los tres disfrutaron el espectáculo, así que nos merecemos este gol.
—No puedo refutar eso —replicó Paúl con media sonrisa en dirección a mi amiga —. Lo considero una de las mejores distracciones que el fútbol haya visto en su vida; de hecho, si todos los partidos fuesen así, las entradas se agotarían en segundos.
—Y si tú sigues distrayéndote de esa manera, nos darán una paliza —recordó Tommy —, aunque tengo que admitir que esa fue una gran patada, bebé —agregó, abrazando a su chica —. Creo que no jugaré en público contigo.
—Te dejaré ganar, amor.
Los seis reímos y volvimos al juego. Una hora después, los chicos nos habían ganado tres goles a dos, pero la habíamos pasado genial, así que decidimos comprar unas cuantas bebidas más para celebrar la victoria y nos fuimos al departamento de Sonia.
—Buen juego, ángel —dijo Lucas sentándose a mi lado —. No has perdido tu toque.
—Tuve al mejor entrenador —repliqué sonriéndole, por fin se sentía como antes, como habíamos sido antes de que arruináramos todo —. Opino que Ana y Paúl se están haciendo muy buenos amigos.
Lucas y yo reímos mientras veíamos a Paúl persiguiendo a Ana por toda la sala intentando atraparla; ambos reían y se gritaban tonterías, me gustaba verlos así... Paúl era un gran chico y mi amiga se merecía a alguien que la cuidara y la protegiera.
—Extrañaba esto—dijo colocando su brazo alrededor de mis hombros — Tú y yo...
—Yo también...
—Prometo que no haré nada para arruinar esto, ángel, solo quiero que seas feliz.
Sonreí y me apreté a su pecho colocando mi cabeza bajo su cuello.
—También quiero que seas feliz.
No había ninguna duda ni mentira en eso. Lucas y yo no éramos adecuados para una relación porque lo que teníamos significaba demasiado como para arruinarlo, y a pesar de que parte de mí aún lo añoraba, esto era lo más cerca del cielo que podía llegar a su lado.
-ˋˏ ༻✿༺ ˎˊ-
¿Quieres saber qué ocurrirá más adelante? Sigue leyendo y descúbrelo en el próximo capítulo. Déjame un poquito de amor en los comentarios🥰

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top