I

Ella estaba observando dentro de su clóset asegurándose que había empacado todo lo que necesitaba. Revisó sus cajones y el estante de zapatos para ver si todo estaba bien. Cerró la maleta y la hizo rodar en el suelo, le dio una última mirada a su habitación y apagó la luz mientras salía.

Ella se iba a Corea del Sur.

Su familia estaba experimentando una crisis económica por lo que su madre había decidido enviarla a la casa de la hermana de ella por un tiempo o hasta que la situación mejorará. Para ser honestos, ella la estaba enviando lejos para no verla luchando ni mucho menos que experimentará esa situación. Ella quería darle a su hija una buena vida pero por lo momentos eso no podía ocurrir.

Su hermana, Alice, era lo suficientemente mayor para quedarse con ella y le ayudó a decidir que lo mejor para Roseanne, era enviarla a Corea.

Su tía aceptó la propuesta alegremente, y una semana después Roseanne se encontraba empacando sus maletas.

Ella estaba tratando de sacar las cosas positivas de ese viaje, las cuales eran conocer y conectarse con su lado coreano pero la parte triste era el hecho de dejar a su madre y hermana solas, eso era algo de lo que ella no se sentía feliz, pero su madre le aseguró que solo se iría por un corto tiempo y que vendría pronto.

Todas fueron al aeropuerto mientras hablaban de cualquier tema menos de su situación actual, lo estaban tomando como si Roseanne estuviese a punto de darse unas vacaciones. Ella no soportaría ver a su madre llorar y sabía que era por ello que no habían tocado el tema.

El vuelo fue anunciado después de una hora y ellas se quedaron en silencio, viéndose entre ellas.

—Creo que esto es todo—dijo Alice, rompiendo el silencio mientras sentía las manos de Roseanne abrazarla por la cintura. Le tomó las mejillas e hizo que la mirara a los ojos.—Por favor compórtate y ayuda a la tía Sandara, ¿ok?

Ella abrazó con fuerza a Roseanne y evitó llorar por el bienestar de su madre, quien después, la tomó en sus brazos. —Te prometo—dijo—Que nos volveremos a ver, ¿ok?—terminó, para luego limpiarle las lágrimas a su hija con su pulgar—Por favor no llores cariño, todo estará bien.

—Te dije que puedo trabajar....esto es innecesario—dijo, entre llanto.

—Roseanne—escuchó a su hermana, quién hablaba seriamente—Ya hablamos de esto.

Ella rodó sus ojos y abrazó a su madre una última vez, antes de tomar su maleta e irse corriendo a la compuerta. El último aviso resonó en el aeropuerto y ella tenía que irse rápido.

Corea del Sur, es un lugar lleno de diversión. Está lleno de rascacielos, nada diferente a Australia solo que los caracteres hacían que se volviese más difícil de entender. Ella había estado practicando su coreano en casa porque era una tradición de las familias coreanas cuando se encontraban en un lugar extranjero. Ellos tenían que mantener su esencia, y su madre había mantenido la de ella. Ella no podía decir que entendía a la perfección pero ella podía defenderse, ella no era estúpida.

Su tía le había dicho que alguien la iría a recoger pero nunca encontró a nadie sosteniendo un cartel con su nombre. Ella frunció el ceño y le pareció raro el hecho de que alguien más que no fuese su tía la llegase a traer al aeropuerto. Se sentó en la sala de espera y esperó por dos largas horas, pero nadie apareció.

Aquello la había irritado y se cansó de esperar por tanto tiempo. Ella estaba ansiosa y bastante nerviosa. Claro, ella no es estúpida pero era su primera vez en aquel país. Notó que el cielo se estaba oscureciendo por lo que decidió caminar hasta la casa de su tía. Su madre le había dado un pequeño papel, en donde estaba anotada la dirección de la casa solo en caso de que llegase a ocurrir esa situación; aunque para su madre aquello era imposible, ahí estaba ella utilizando aquel pedazo de papel.

Lastimosamente no encontró taxis afuera, y decidió caminar.

Inconscientemente, ella no estaba intentando encontrar la casa de su tía. Seúl era increíble. Habían demasiada cosas para ver, luces y diversión, era emocionante ver aquel lugar lleno de distracciones y hermosas estructuras, al parecer los arquitectos se lucían aquí, huh? Ella estaba asombrada, claro estaba acostumbrada a los grandes edificios porque Australia era exactamente igual pero Seúl tenía algo diferente, algo que la hacía única y ella amaba eso de la ciudad.

Quería tomarse una foto pero su celular había muerto y su cámara profesional se encontraba en su maleta y para sacarla tendría que escarbar en su ropa no, no, mejor se tomaba una foto después. Ella continuó caminando ignorando el hecho de que existía la probabilidad de que su tía se volviese loca debido a que ella no había llegado a casa todavía.

Ella entró a un centro comercial en Gangnam, compró un helado para luego caminar alrededor hasta darse cuenta que era hora de irse. Suficiente tour por hoy. Ella miró un montón de taxis estacionados frente al centro comercial pero al mismo tiempo recordó que no traía efectivo, el helado lo había pagado con la tarjeta de crédito.

Básicamente ella iba a tomar un taxi sin tan siquiera tener dinero para él.

Buena esa, Roseanne.

Ella pudo haberle preguntado a su tía que lo pagara pero la idea era que alguien la llegase a traer al aeropuerto inmediatamente el avión aterrizara...aunque eso nunca ocurrió. Así que tomar un taxi y hacer que su tía pagará era la mejor opción, por lo menos le diría la verdad. Caminó hasta el lugar donde se cargan los teléfonos en el centro comercial y conectó su celular.

Miró que tenía ciertas llamadas perdidas de su tía....pobre tía Sandara.

Ella marcó su número y su tía respondió inmediatamente—¿Dónde estás Roseanne? ¿Estás bien?—en su voz se notaba la preocupación.

—Lo siento tía...pero la persona que enviaste nunca llegó.

—¡¿Qué?!

—Si, estuve esperando como por dos horas.

—Ese hijo de...—ella se detuvo en la mala palabra—Quédate donde estés, ¿ok?

—¿Vendrás por mí?

—No, cariño—respondió la mayor—Mi esposo irá, yo tengo que quedarme con el bebé.

—Oh...—respondió Roseanne, en un sonido.

—Dime donde estás para decirle a él.

—Tienda Departamental de Shinsegae—le dijo, mientras miraba a su alrededor.

—Quédate allí.

—Ok.—y colgó.

Salió del edificio siendo recibida por la fría brisa, logrando que ella se cubriera con sus propios brazos a medida temblaba. Miró hacia todos lados buscando algún auto que estuviera aparcado o que alguna persona estuviese buscandola. Ella conocía al esposo de Sandara, lo había visto en fotos y en cosas así, por lo que esperaba que su cara apareciera en cualquier lugar para llevarla a casa.

Pero eso nunca pasó.

En vez, una camioneta negra se estacionó justo frente a ella pero...no era el esposo de Sandara.

—¿Acaso me estás jodiendo?—un chico que vestía jeans rasgados, botas militares, una camisa larga y una chaqueta de cuero negra le dijo mientras se bajaba del auto.

Ella frunció el ceño y comenzó a ver a todos lados, creyendo que estaba apunto de presenciar una pelea de novio-novia pero...

—¿Por qué no te quedaste en el maldito aeropuerto como Sandara te dijo?—aquel chico le estaba hablando a ella.

Ella se apuntó en el pecho...aún sin creer que aquel idiota le estaba hablando.

Él rodó sus ojos—Si, es a ti que te estoy hablando—se acercó hacia ella y la tomó del brazo—Vámonos.

Ella sintió el olor de cigarrillo y alcohol justo cuando él se acercó a ella. Notó que sus ojos estaban un poco rojos. Si aquel chico era el que tenía que traerla en el aeropuerto al parecer había encontrado otra actividad mucho más interesante que hacer.

—¿Quién rayos eres?—preguntó, mientras quitaba su brazo del agarre de él.

—Eso no te interesa señorita, ahora entra al auto.

Ella bufó—No entraré al auto contigo—dijo, mientras daba ciertos pasos hacia atrás—Hueles a que has estado bebiendo todo el día. No pienso morir hoy.

Él sacudió su cabello, evidentemente frustrado y dejó salir un suspiro mientras se mordía el labio enojado—Hagamos un trato—dijo—Tú entras al auto y yo no hablaré—levantó las manos en son de paz—No diré nada...la casa de tu tía está como a diez minutos de aquí.

—Sigo sin irme contigo—le respondió mientras cruzaba sus brazos.

—¡Mierda!—exclamó enojado. Estaba a punto de gritarle que entrará al auto pero dio respiro y se tranquilizó—Por favor...entra al auto, manejaré en la velocidad adecuada.

Roseanne estaba siendo honesta cuando se refería a que no entraría al auto con él en ese estado pero era tarde y su tía probablemente estaba preocupada, aparte que ella tenía frío y estaba cansada; él había prometido ir a la velocidad adecuada y que la casa quedaba a diez minutos de ahí.

Suspiró y tomó su maleta—¿Dónde pongo mi maleta?—preguntó.

Él le hizo una seña con la cabeza y caminaron hasta el baúl de la camioneta. Roseanne ni siquiera esperó a que él la tomara simplemente la subió sin ni siquiera verlo. Pero él sí, él sí la había visto.

—Entra al auto—le dijo, más calmado. Ella caminó al asiento del pasajero y cerró la puerta.

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