Capítulo 10


Cuando llega la primera reunión del Ejército de Dumbledore ya sé que se va a llamar así. También sé que Harry querrá ver nuestras habilidades para luego practicar el hechizo de desarme y que todos saldremos de allí sabiendo usarlo a la perfección. Con los días mis visiones aumentan, me desmayo y a las pocas horas sucede lo que había visto. Dejo de poder localizar en el tiempo las visiones, así que empiezo a llenar la cama de papeles sueltos, tratando de organizar todo lo que he visto. Olivia, Claire y Sam tratan de ayudarme, pero resulta imposible tener algo claro. Hay algunas que son claramente de sucesos cercanos, pero otras no sabemos si ocurrirán pronto o cuando la guerra empiece de verdad.

— Abby, ¿estabas prestando atención? — Harry me saca de mis pensamientos, y yo no me molesto en ocultar la verdad, así que lo niego. — ¿Estás bien?

— Sí, estoy bien. — Le miento descaradamente, no quiero que sepa nada de lo que veo, sobre todo porque todo está relacionado de forma indirecta con él. —¿Qué es lo que hay que hacer?

— Enseñame que sabes hacer con el expelliarmus.

— ¿Todavía vamos por ahí? —murmuro y oigo reír a Claire. Debe de haber leído la visión sobre la reunión.

Me pongo de pie y veo que Harry está al otro lado de la sala, así que supongo que tengo que atacarle a él. Pero para mi sorpresa es Hermione la que se pone a una distancia razonable y Harry da la salida. Ambas nos preparamos y, como llevo sabiendo usar hechizos de forma no verbal desde el verano, aprovecho la ventaja al ver como Hermione dice el hechizo. Conjuro un protego y luego le devuelvo el expelliarmus, consiguiendo que su varita esté en mi mano.

— ¿Desde cuándo sabes hacer eso, Abby? — Pregunta Fred a lo lejos, creo que junto a George son los únicos a los que he visto usarlos a la perfección. Claire, Sam y Olivia siempre prefieren decirlos en voz alta, al igual que el resto de la clase, argumentando que sienten más confianza en que todo vaya a ir bien.

— Desde el verano, alguien me enseñó. —Digo, y me voy a sentar después de lanzarle la varita a Hermione de vuelta. Es buena, pero teniendo a Ojoloco Moody como entrenador durante una semana basta para que estés en estado de alerta permanente, como lo llama él. 

— También podemos trabajar en eso. — Harry aprovecha para hablar mientras que todos asienten a las palabras de nuestro nuevo profesor. — Vamos a hacer parejas para que practiquéis, nada de quejas por no estar con vuestros amigos.

Todo el mundo se revoluciona, pero al final ya sea por nivel o por no oírlos, todos acabamos de alguna forma con amigos. Primero me enfrento a Claire y ninguna conseguimos avanzar nada, así que separa a los gemelos y a Angelina y Alicia. Claire hace una mueca cuando le toca ponerse con Alicia, aunque la sonrío para darle ánimos. A los tres segundos Harry tiene que volver a cambiar las parejas para poner a Claire con Lee y a Katie con Alicia ya que Claire se estaba pasando.

— Abby, ¿preparada? — me dice Fred, y me dedico a prestarle atención. Aunque hoy no es uno de mis mejores días, así que solo asiento.

El hechizo me golpea antes de lo que pensaba, a pesar de haber predicho hace días como iba a suceder todo, pero supongo que estaba demasiado pendiente de todo lo que no había podido notar en la visión. Como que a George le llama la atención Angelina. No puedo evitar pensar en cómo va a ser su futuro, perder a su gemelo será un duro golpe, ya lo he visto, pero lo que no he visto es como será todo después de la guerra. Mis visiones no van más allá del dos de mayo de mil novecientos noventa y ocho.

— ¿Estás bien? Sé que le has dicho a Harry que sí, pero no lo parece.

— No, creo que me voy a ir antes de que termine todo esto. Siento dejarte solo.

— ¡Ya está bien por hoy! — Oigo decir a Harry y suspiro, no hay forma de conseguir cambiar lo que veo. — Nos vemos aquí la semana antes de irnos de vacaciones, el miércoles por la noche, ¿entendido? Recordad no venir en grupos muy grandes para que se pueda disimular mejor.

Todos empezamos a recoger las pocas cosas que hemos llevado ese viernes por la noche. Por suerte los viernes aumentan el toque de queda a las diez así que no resulta muy complicado volver a las salas comunes de nuestras casas. Una vez que llegamos, vemos a Luna en una esquina, leyendo El Quisquilloso al revés, como siempre. La saludamos a lo lejos pero no llegamos a pararnos, todas estamos demasiado cansadas como para pasar un poco más de tiempo fuera de la cama. Así que en cuanto la última cierra la puerta, Olivia hechiza la habitación para que no nos oigan desde fuera.

— En la reunión estabas un poco ida, ¿qué te pasa? — Pregunta mientras que me tiro de cabeza a la cama.

— Dmsds vsns n ls ltms ds. — Digo, con la cara pegada en la almohada y sabiendo que no se me va a entender.

— ¿Qué?

— Demasiadas visiones en los últimos días, creo. —Le levanto el pulgar a Claire y entonces me pongo bocarriba.

— No consigo ver nada más allá de vuestras muertes y la Fred, ¿creéis que yo también moriré? —  pregunto, sabiendo que ninguna puede darme la respuesta. 

— Abby... ¿y sí lo que estás viendo no es más que uno de los posibles futuros? — Pregunta Sam, y yo me levanto corriendo de la cama. — Ya sabes, multiversos.

— Dadme vuestras manos. — Me pongo seria y ellas vienen a mi alrededor rápidamente, como la primera vez que vi su futuro.

Las cuatro cogemos aire y una a una van poniendo la mano encima de la mía. Nos quedamos calladas, yo esperando a que pase algo y ellas supongo que por lo mismo. Pero solo hay vacío. Cierro los ojos tratando de concentrarme, nunca había intentado buscar una visión por mí misma y no era mal plan intentarlo. Empiezo a oír como ríen de una forma suave, así que abro los ojos para verlas.

Abby debe estar tratando de llegar hasta Fred, ya sabéis que vamos a morir así que solo me queda decir que os quiero mucho y que sois las mejores amigas que podía haber encontrado. — Dice Claire, con lágrimas en los ojos y todas se abrazan.

No sé que hubiera hecho en Hogwarts sin vosotras, me sacasteis del cascarón.

Olivia, el cascarón lo rompiste tú sola, nosotras solo estuvimos ahí para recogerte. —Sam las abraza con más fuerza, tratando de despedirse de la mejor forma posible. —Amigas tras la muerte.

Amigas tras la muerte. — Dicen las otras dos a coro.

—Creo que ha visto algo y seguimos muertas. 

— Seguramente, ¿deberíamos moverla a la cama? A ver si se va a caer redonda otra vez.

— No hace falta que me mováis, ya voy yo sola. — Murmuro mientras que me separo de ellas. No ha cambiado nada, sigo sin saber que va a pasar con ellas en un futuro. Noto que los ojos se me vuelven a llenar de lágrimas, estoy harta de esto.

Las chicas me dejan tranquila cuando ven que me meto a la cama con el uniforme puesto y echo las cortinas. En el cumpleaños de Claire Fred me convenció para darle la cazadora otro día, y lo acepté porque hacía frío. Al final me la he quedado de una forma semi-permanente que creo que va a ser permanente. Siempre dice que ya no la necesita y a mi no me importa no devolvérsela. Saco el brazo para cogerla y me la pongo encima del uniforme, logrando ganar un poco del calor que había perdido.

Abby, ¿qué haces aquí?

Luchar, como hacéis todos.

Pero ¿y nosotros? Necesito que estés bien, no quiero pelear sabiendo que puedes morir en cualquier momento.

Fred, me puedo valer por mi misma, ¿te recuerdo cómo te gané más de una vez en las reuniones del ED?

Fred sonríe, llenando mi corazón de calidez, a pesar de que estamos en mitad de un Hogwarts que se empieza a caer a pedazos y cada uno tiene que ir a su zona para protegerlo. Y no he conseguido hacerle cambiar de opinión sobre cambiarlas, así que me lleva a la mía, me agarra por la cintura y me besa.

Tranquila, no voy a morir hoy, tengo una prometida con la que casarme.

Antes de que me de tiempo a reaccionar, Fred sale corriendo de nuevo, hacia el mismo lugar en el que le he visto morir más veces.

— ¡NO!
— ¡Abby! — Sam me sacude, sacándome del sueño. O la visión. Empiezo a notar como las lágrimas salen de mis ojos, y luego empiezo a sollozar. — Tranquila, ¿vale? Todo va a estar bien, de verdad.

— No puedes decir eso. — Consigo decir entre hipidos. — ¿Os he despertado?

— No te preocupes, la alarma ha sonado antes de empezaras a gritar. Menos mal que encantamos la habitación, si no la gente pensaría que te estábamos torturando.

— Lo siento por gritar, de verdad. —Me levanto de la cama, preparada para un nuevo sábado en Hogwarts. Noto como la tripa me ruge, así que me ordeno el uniforme bajo la cazadora de Fred y me hago un moño. — Voy a desayunar, ¿venís ya?

— Bajamos en un momento, tenemos que cambiarnos. — Dice Claire desde la cama, todavía sin moverse de ella, y yo asiento y cojo mis cosas.

Sé que todavía van a tardar un rato, así que salgo tratando de no hacer ruido por si alguno de mis compañeros de casa sigue durmiendo. Odio tener visiones mientras que sueño, me dejan totalmente agotada y sin nada de descanso.

Cojo un bollo y me preparo un café mientras que empiezo a escribir las visiones en el cuaderno negro. Odio hacer eso, cada día está más lleno. Colin Creevery, Lavender Brown —que no tengo muy claro si está viva o muerta y por eso apunto su nombre— y calculo que treinta personas más tienen su vida ya sentenciada. En las últimas semanas ha ido aumentando poco a poco y espero que no suba más. Miro de nuevo la página y un nuevo nombre aparece en mi mente. Harry Potter. Todo empieza a tener un poco más de sentido cuando anoto su nombre junto al de los demás. No puedo ver más allá porque Voldemort va a ganar y a mi me matarán. Cierro de golpe el cuaderno y cuando veo que Claire, Olivia y Sam vienen hacia mí me levanto, murmurando una excusa.

Durante la siguiente semana no dejo de apuntar nombres de las víctimas de la batalla de Hogwarts hasta que llego a cincuenta y los nombres pasan a ser de mortífagos. En cuanto reconozco el de Bellatrix titulo la lista con el nombre de mortífagos y todos los días apunto al menos dos nombres, hasta que el día de la última reunión del ED veo el último. Tom Riddle. Y no puedo evitar sonreír al ver el nombre, no va a ganar, aunque Harry muera conseguiremos derrotarlo, la profecía que vi hace meses se cumplirá y podremos vivir tranquilos. Bueno, podrán. No me quita la alegría saber que las próximas generaciones vivirán tranquilas y en paz, pero yo no lo veré. He tenido años bastante buenos así que tampoco me voy a quejar.

Llego sola a la sala de los menesteres y noto que llego tarde, así que no tardo en disculparme con mi pareja de prácticas, que había estado con Harry. Que gracias a mi no estaba pudiendo hacer sus labores como profesor. 

— Podrías haber avisado. — Me dice molesto y yo no sé que responder. No hemos hablado en toda semana y sigo llevando su cazadora de Quidditch allá donde voy.

— Lo sé, lo siento, he tenido un poco de lío con las clases y eso. 

— ¿Cuántas has tenido?

— ¿Qué? — Levanto la vista del suelo para mirar a Fred fijamente, entendiendo perfectamente que se refiere a las visiones que no le he contado ni le quiero contar. 

— Abby, te están absorbiendo, no puedes seguir así, habla con alguien, por favor. Si no es conmigo habla con Claire, Olivia o Sam. Quizá George puede ayudarte, incluso Lee es buena opción. 

— No quiero hablar con nadie, no necesito hacerlo, estoy  perfectamente —digo, tratando de sonar segura de mi misma. Pero fallo estrepitosamente y noto que me empiezo a poner roja gracias a Fred, que me mira intensamente. 

— Me apuesto lo que quieras a que has visto algo que te ha avergonzado y ahora quieres huir —dice, y no puedo hacer otra cosa que quedarme callada. Prometida. Teniendo en cuenta que primero me besa y luego dice eso, creo que me hago una idea de quién es su prometida. — Seguro que tiene que ver con el compromiso.

— ¿Qué? —repito, alarmada. No puede ser capaz de leerme tan bien. 

— Que seguro que has visto nuestra noche de bodas y por eso no puedes ni mirarme a la cara. — Le miro fijamente, tratando de entender a donde quiere llegar ya que no le sigo. — No, noche de bodas no, la boda.

— En serio, ¿de qué estás hablando? No hay ninguna boda, Fred. Y mucho menos la nuestra. ¿Por qué iba a ser la nuestra? 

— Oh, vamos, sé que has visto algo. ¿Quizá la pedida? Normalmente eres un libro abierto, ¿qué estas ocultando? 

— Fred, Abby, ¿planeáis practicar algo hoy? Sé que solo es un repaso, pero es importante —Harry interrumpe nuestra conversación y nunca me había sentido más aliviada. 

Me alejo un poco de Fred para que empecemos a practicar y para poder dejar la conversación de una vez. No entiendo por qué solo insiste en que he visto nuestra boda. Aunque tampoco entiendo por qué está tan convencido de que vamos a tener una boda. La amortenia olía a él, pero eso solo quiere decir que es uno de los olores que nos gusta de alguien que te importa. Seguro que si ahora la oliera también podría identificar los olores de Olivia, Claire y Sam, al igual que el de George. Si solo la hubiera podido oler más rato el año pasado también habría notado a Gemma y a George, probablemente también hubiera olido La Madriguera.

— Abby, ¿sigues con nosotros? —Hermione aparece justo en mi campo de visión y lo único que puedo hacer es sobresaltarme.

— Sí, ya estoy, ¿qué?

— Que nos estamos yendo todos, faltáis Fred y tú.

— Vamos a practicar otro rato — dice Fred sin darme tiempo a responder. No quiero quedarme a "practicar", quiero salir corriendo, quiero volver a mi habitación o quizá bajar a las mazmorras a comprobar el olor a Amortenia. 

— Vale, nos vemos mañana, tened cuidado cuando volváis.

Harry, Ron y Hermione salen de la sala de los menesteres después de haber mirado el mapa del merodeador. A veces lamentaba habérselo dado a Harry, pero cuando lo hicimos él lo necesitaba más que nosotros. Además, si su padre hubiera seguido vivo seguramente le hubiera hablado de él y de como recuperarlo. Todo hubiera sido bastante diferente si Voldemort no hubiera aparecido nunca. Yo tendría madre, hubiera vivido con ella y no en el orfanato. 

— ¿De qué quieres hablar? — le pregunto a Fred, sabiendo que en realidad no vamos a practicar.

— De tus visiones, Abby, ya no me cuentas nada, siempre estás con Claire, Sam y Olivia. Me caen muy bien, de verdad, pero nosotros somos mejores amigos.

— Se puede tener más de un mejor amigo, ¿no? Jordan también es tu mejor amigo junto con George. Ahí ya tienes tres.

— Y tú cinco.

— Más que diecisiete años parece que tienes tres — Fred decide sacarme la lengua, haciendo gala de su increíble madurez.

— No cambies de tema, ¿qué has estado viendo?

— ¿Por qué necesitas saberlo todo?

— Porque eres mi mejor amiga. —Prometida.

— Entonces, ¿a qué ha venido antes lo de que si he visto nuestra boda, noche de bodas o pedida?

— ¿La has visto o no? — Vuelve a decir, con una sonrisa de oreja a oreja.

— ¡Qué no!

— ¿Y por qué no me miras a la cara? ¿Es por lo de los vestuarios?

— Como que verte desnudo me supone mucho problema —digo. —Y no cambies de tema. 

— Ya te lo dije, las castañas me gustan.

— Muy gracioso, sí, me parto. —Le digo sarcásticamente, y veo que no me entiende, aunque he de decir que yo a él tampoco.

— No estoy de broma, las castañas son mis chicas favoritas. Sobretodo para formar una vida con ellas, teniendo nuestra casa y al menos dos hijos. Ahora, te voy a besar, en el momento en el que des un paso atrás entenderé que no lo quieres y no lo haré, pero necesito avisarte.

Me hubiera gustado haber previsto lo que iba a pasar, hubiera tratado de evitarlo o quizá lo habría asimilado y hubiera sido más fácil de digerir. Tal y como había visto en la visión, Fred me agarra de la cintura y me besa. Solo que aquí estamos en la sala de los menesteres y no corriendo peligro. Me quedo estática sin saber qué hacer, y pronto se separa. Me ha avisado y dado la oportunidad de alejarme, pero no lo he hecho. No sé si quiero correr y esconderme en mi habitación para no salir jamás o bien volver a besarle, esta vez respondiendo el beso. Noto como empiezo a ponerme roja y hago lo que mi cuerpo me pide, salir corriendo.

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