Capítulo 15.

Capítulo 15.

Samuel pasó las llaves de una mano a otra, tenía la espalda apoyada en el capó de la camioneta. Con el pretexto de llevar a Amelie a la escuela antes de ir a la tienda, se había quedado en la acera de enfrente esperando, por si veía llegar a Leo.

Probablemente habría sido más fácil llamarle para quedar a una hora exacta, pero decidió que no, que mejor le esperaría.

Le vio doblar la esquina, sosteniendo con una mano la correa de su mochila y con la otra el teléfono móvil que estaba pegado a su oreja.

—Seguiré tus instrucciones al pie de la letra, lo prometo— le escuchó decir; —tengo casi todos los ingredientes en casa ... si... no, no necesito supervisión, he visto como lo haces.

¿Con quién estaría hablando?

Unos metros antes de atravesar el portón, Leo se despidió y cortó llamada, entonces Samuel se plantó frente a él.

—Hola— saludó el mayor.

—Ho-hola— le había tomado por sorpresa, pues había estado concentrado en la llamada.

—Dijiste que no tenías nada de qué hablar conmigo, entonces, por favor, solo escúchame.

Leonel miró alrededor, no había mucha gente y aún tenía unos minutos antes de su primera clase del día; además en algún momento tenía que enfrentarlo, prefería que no hubiera posibilidad de que alguno de sus hermanos lo presenciara.

—Está bien, pero que sea rápido— pidió.

Samuel asintió y dijo, —sé que le has dicho a Lucian y a Lucas tu secreto— aún evitaba decir las cosas por su nombre, —tu hermano mayor ha sido muy claro conmigo, debo respetar tu decisión, tus preferencias.

Hizo una pausa, mirando a Leonel muy atento, aún a través de sus anteojos notó algo, ¿desde cuándo sus pestañas eran tan largas y bonitas?

El omega aprovechó ese momento para aclarar, —sí, les dije, pero no mencioné que tú me gustas.

Samuel carraspeó, —sobre eso... yo...-

—Descuida, es obvio que estás incómodo— una parte de él se arrepentía profundamente de haber abierto la boca, —te propongo algo, pretendamos que nunca lo dije, ¿de acuerdo?

¿Sería así de fácil?

—¿Te refieres a que volvamos a ser amigos, como antes?— preguntó Samuel, pues eso era lo que quería desde un principio, ¿o no? La razón de su malestar, celos hacia Trevor y sueños extraños era la amistad fracturada con Leo.

—Sí— dijo el omega; haber hecho las paces con su hermano y saber que tenía su apoyo le había dado un poco más seguridad, —piensa que soy yo, el de siempre, la única diferencia es que ahora sabes que preferiría una cita con un chico y no con una chica— explicó como si fuera algo natural, y lo era.

Sam asintió, —me parece un buen plan— le sonrió, —¿eso quiere decir que, si voy a tu casa esta noche, podremos ver la televisión y tomar algunas cervezas?

—No creo que Lucian esté de acuerdo con lo último, además mañana tengo que venir a la escuela.

—Cierto, entonces, ¿qué te parece si-.?

—Lo siento— Leo miró su reloj, —debo irme, es algo tarde— no esperó respuesta y le rodeó para entrar al instituto.

Samuel miró su espalda, esperando que volteara para, por lo menos, despedirse con un movimiento de la mano, pero Leo no detuvo su andar; seguramente ya iba muy tarde a su clase.

Leonel pensó en declinar su propuesta, pero seguir adelante era lo mejor, de hecho, era la única salida, no podría evitarlo para siempre, si lo hacía seguramente alguno de sus hermanos lo notaría; iba a ser difícil pretender que nada ocurrió, pero se esforzaría, se lo prometió a sí mismo cuando ingresó al aula.

...

—¿Estás seguro?— preguntó Trevor mientras le seguía muy de cerca en patineta, recién pasaba del medio día y el beta había finalizado su trabajo en "el Fogón"; Leonel le había comentado sobre su encuentro y el acuerdo de esa mañana.

—Sí, no es como si pudiera evitarlo por lo que resta de mi vida, además algún día tendré que superarlo.

Trevor meneó la cabeza, convencido, —eres valiente, yo no podría, si la chica que me gusta me rechazara no tendría valor para mirarla a los ojos de nuevo— dramatizó.

—No exageres.

—No lo hago, es la verdad.

—Como digas— se encogió de hombros dispuesto a dejar ese tema, —mejor acompáñame a conseguir los ingredientes que faltan— sacó de su bolsillo un papel con tres cosas anotadas en él.

—Supongo que no serán para Samuel, ¿verdad?

—Supones bien, porque serán para ti.

Trevor arrugó la frente antes de exclamar con ironía, —genial, me agradará probar tu primer experimento.

—Saldrá bien, solo serán algunas galletas de vainilla, además tengo al mejor maestro— le lanzó un guiño.

—Pero no estaré para supervisarte, así que no me haré responsable de los resultados— advirtió cuando llegaban a la tienda de conveniencia.

...

Esa misma noche transmitirían por televisión abierta el partido de baloncesto del equipo más conocido, Samuel y Lucian no eran fans declarados, pero lo miraban de vez en cuando, y Sam pensó que sería un buen pretexto para pasar la tarde echado en el sofá de los hermanos.

Le comentó a Lucian su idea y este aceptó sin reparos, al fin y al cabo, hacía algún tiempo que no miraban deportes juntos. El alfa también le habló sobre lo mejor que estaban las cosas en casa, pues Lucas había hecho las paces con Leonel.

Más animado que días anteriores, después de cerrar la tienda, Samuel fue a su departamento a echarse una ducha y después pasó a la tienda de comestibles por unas cuantas botellas de cerveza, un paquete grande de frituras y, camino a la caja registradora, tomó una bolsa de gominolas.

Seguramente Leo estaría allí, como bien dijo, tenía que ir al instituto al día siguiente y lo más normal sería que estuviera en casa, él no gustaba de salir a fiestas a altas horas de la noche, mucho menos en días de escuela. Además, también disfrutaba mirando los deportes, lo recordaba perfectamente: cuando era mucho más joven, Leo solía sentarse entre Sam y Lucian para robarse sus frituras del tazón, aun cuando su hermano mayor dijera que era suficiente y que podría indigestarse porque ya iba a ser hora de dormir. Se descubrió sonriendo debido a ese recuerdo, Leo siempre se salía con la suya.

Pagó y fue a su auto, dejó las bolsas en el asiento de al lado y encendió el motor, hubiera llevado su motocicleta, pero antes de salir del apartamento pensó que, si era necesario ir a la tienda de nuevo, Leo podría acompañarle y un vehículo de cuatro ruedas sería más cómodo.

Condujo varias calles bajo los rayos del sol del atardecer, hasta llegar a la residencia que conocía desde hacía algunos años, aparcó en la entrada y desde la puerta principal pudo sentir el olor a vainilla, el aroma delicioso despertó su apetito. Subió los pocos escalones y, cuando estuvo a punto de golpear con los nudillos, Lucas abrió de repente.

—¡Oh, eres tú! Lucian aún está en la ducha— informó Lucas haciéndose a un lado para que el otro ingresara, —no debe de tardar, dijo que no quería perderse absolutamente nada del partido— explicó colocándose la chaqueta.

—¿Te vas?

—Sí, tengo el tercer turno en el taller— suspiró fingiendo resignación, —pero pueden guardar algunas para mí— señaló la bolsa con las botellas de cerveza.

—Claro, sí, como no— bromeó, seguramente no quedarían.

Lucas soltó una risilla, luego, por un instante, le dio la espalda para hablar en dirección hacia la cocina; —¡Leo, me voy!— exclamó en volumen alto para que le escuchara.

—¡Sí, está bien!— escuchó la voz del omega, —¡conduce con cuidado!

Lucas regresó su atención a Sam y le palmeó el hombro, —nos vemos otro día— fue su manera de despedirse y salió de allí.

Una vez solo en el recibidor, Sam fue hacia la cocina, no era algo diferente, muchas veces había ido y venido de ese lugar.

Al ingresar encontró la espalda de Leonel, justo cuando el aroma delicioso se intensificó.

—¿Qué haces?— preguntó curioso.

Leo dio un ligero respingo, no se había dado cuenta de su presencia, pues estaba muy concentrado en su labor.

—Me asustaste— se quejó al mirarle.

—Lo siento— le sonrió, no burlón, sino porque le causó ternura.

Leonel volvió a darle la espalda y dijo, —Lucian no debe tardar.

Eso ya lo sabía y no necesitaba escucharlo de nuevo, así que el beta se acercó y miró sobre el hombro del otro, —¿qué haces?— repitió.

—Empaqueto unas galletas— explicó.

Samuel prestó atención y era evidente, pues había galletas semi-redondas siendo apiladas en un recipiente alargado. "Semi-redondas" era una buena manera de describirlas, pues su forma era bastante irregular, algunas parecían más cocidas que otras, mientras que solo unas cuantas lucían un poco crudas.

—¿Tú las hiciste?

—Sí, yo— contestó sin detener su tarea, incluso pareció mover más rápido las manos.

De repente el beta tuvo el deseo de probarlas, si sabían tan bien como olían su aspecto era lo de menos, pero lo que más le entusiasmó fue pensar que Leo las había hecho, seguramente había puesto mucho empeño y dedicación.

—¿Me regalas una?— se atrevió a pedir.

Entonces Leonel detuvo lo que estaba haciendo para mirarle, —tal vez la próxima ocasión, estás las he prometido.

—Ya veo, si Lucian se las va a comer, entonces habrá más frituras para mí— elevó el paquete de estas hasta la altura de su rostro, el beta asumió que serían para su hermano mayor, ¿para quién más sino él? Cuando se descuidara le iba a robar una, eso era seguro.

Leo abrió la boca para decir algo, pero la cerró, pues en ese instante la voz del alfa se escuchó, al igual que el sonido del televisor, eso quería decir que Lucian estaba ya en la sala sintonizando el canal, —¡Faltan dos minutos para que inicie!— dijo, sabiendo que su amigo se encontraba en alguna parte de la casa, a través de la ventana veía la camioneta.

—¡Ya vamos!— habló Sam, luego se dirigió a Leo, —traje esto, para ti— le ofreció la bolsa de gominolas.

—Gracias— dijo al tomarlas con la diestra.

Samuel le sonrió y fue hacia el frigorífico, dejando las botellas excepto dos, una para él y otra para Lucian, —¿vienes?— le preguntó a Leo cuando le vio aún de pie allí.

—Sí, en un momento.

El beta asintió y salió de la cocina.

Leonel escuchó el murmullo de las voces de su hermano y la de Samuel desde su lugar en la cocina, pero se obligó a no ir a la sala, sino que terminó de empaquetar las galletas y limpió con rapidez la mesa. Luego subió de dos en dos las escaleras hasta su habitación.

Al principio, Sam prestó atención al partido, pero después comenzó a preguntarse porqué Leo no estaba allí. ¿Tendría deberes escolares? Sí, era más que probable; así que volvió a centrarse en el partido con la esperanza de verle al final, para el resumen deportivo, cuando hubiera finalizado sus tareas escolares. Pero no había llegado ni el medio tiempo, cuando Leo apareció, mejor vestido que hacía unos minutos y con el recipiente de galletas en la mano.

—Ya me voy— dijo tomando las llaves de la mesa cerca de la salida.

—Está bien— contestó Lucian sin mirarle, pues era una jugada interesante.

—Regreso en una hora.

—Sí, ve con cuidado— de nuevo respuestas automáticas.

Samuel frunció el ceño, ¿A dónde iba a Leonel bien vestido y solo? Era verdad que no eran altas horas de la noche, pero mañana tenía que ir a la escuela; él no solía hacer eso.

El omega dijo un "hasta luego" de manera general y salió de su casa.

Samuel no lo pensó dos veces antes de saltar del sofá y seguirle.

—¿A dónde vas?— al notar que podría escucharse como un reclamo, agregó, —¿Quieres que te lleve?

—No, gracias— ya estaba cerca del portón, —no te molestes, quédate a mirar el juego— dijo sin dejar de caminar.

Sí, claro, como si le estuviese prestando mucha atención. Pero eso no era lo importante, sino que Leo no le dio respuesta a la primera pregunta y Sam no sabía a donde se dirigía el menor.

—¿Está muy lejos ese lugar?— insistió.

—No, no te preocupes, no tardaré— para entonces ya estaba fuera del portón, y a Sam no se le ocurrió otra pregunta antes de perder de vista a Leonel.

Volvió a entrar y vio a Lucian cerrar las manos en puños, agitándolos, seguramente su equipo favorito había anotado. La intervención del locutor y el vitoreo del público que estaba en el recinto en vivo le dio el tiempo suficiente para preguntar.

—¿A dónde fue Leo?

—A casa de Trevor, le llevó sus galletas.

¿Las galletas, esas que olían maravillosamente bien, eran para Trevor?

Lucian le dio el último trago a su cerveza y agregó, —oye, ¿podrías traerme otra cerveza?— le pidió, pues el beta seguía de pie y estaba relativamente más cerca de la cocina.

Samuel no contestó, pero hizo lo mandado; y cuando entró a la cocina lo primero que vio fue la bolsa de gominolas, olvidadas cerca de la canasta de frutas; eso provocó que durante lo que restó del juego de baloncesto no pudiera pensar en otra cosa que no fuera en lo mucho que le desagradaba Trevor.

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ESPACIO PARA CHARLAR: ¡Hola! Les dije que posiblemente iba a subir el capítulo un poco antes, pues yo no estaría disponible. ¡Y aquí está!

Bien, la pregunta para "liberar" el próximo capítulo el miércoles es: ¿Qué personaje de este libro es tu favorito y porqué?  Obviamente no hay respuesta incorrecta, sino que será algo "motivacional" para quienes escribimos esta historia (jejeje), además de incentivar(? la interacción :) 

Nos leemos el miércoles, si es que vario/as lectore/as responden la pregunta anterior, de lo contrario, hasta el domingo. 

Conejo & Índigo <3 

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