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Vísperas de Navidad, nieve por doquier.

Luces y regalos, aromas dulces inundando calles y hogares. La época favorita del año de Minjeong.

Un panorama que se disfruta con alegría y una gran sonrisa, siempre y cuando no te encuentres en una cama cubierta por una montaña de mantas y pañuelos descartables. Eso debió haber pensado la joven de quince años cuando decidió salir a jugar en la nieve con sus amigos y quedarse hasta tarde bajo el clima glacial de Seúl.

La ropa húmeda y el frío no fueron en absoluto una buena combinación. Y ahora estaba pagando las consecuencias de ello.

- ¡Achuu!

Ese era ya el décimo estornudo de apenas la primera hora que llevaba despierta, lo cual la tenía de bastante mal humor. No había podido descansar bien durante la noche.

Se acomodó de lado, haciendo de su pequeño cuerpo un ovillo, tenía frío y le resultaba ridículo ¿Cómo era posible sentir los pies helados cuando estaba enterrada debajo de capas de abrigadas frazadas?

Abrazó contra su pecho a su ranita de peluche y suspiró, estaba enojada con ella misma, si tan solo hubiera obedecido a su madre cuando esta le dijo que regresara temprano a casa.

Dió un par de vueltas sin lograr su cometido de dormir un poco más, por lo que decidió levantarse un momento. La espalda comenzaba a dolerle a causa de pasar todo el día anterior recostada.

Con esfuerzo hizo a un lado las mantas y lentamente se sentó sobre el colchón.

Estiró las piernas y miró sus pies, cubiertos por coloridos calcetines rayados, pero que de igual forma permanecían fríos. Con la poca fuerza que tenía se puso de pie, sufriendo un leve mareo.

- Diablos- murmuró por lo bajo mientras sostenía un lado de su cabeza con una mano y apretaba los ojos.

Esperó un momento para poder abrirlos nuevamente, y cuando lo hizo su madre apareció en la puerta de su cuarto dándole un susto.

-Cariño, ¿qué haces?

-Quería levantarme un momento, no puedo dormir.

Respondió en un tono un tanto gracioso, su congestión era muy obvia.

La mujer se acercó hasta ella con una tierna sonrisa, apartó algunos mechones del flequillo y besó su frente cariñosamente. Al separarse frunció el ceño.

-Tienes fiebre.

-¿De verdad?

Minjeong llevó una mano a su frente y comprobó lo que su madre le había dicho, abultó los labios en un puchero. Sabía lo que pasaría a continuación.

-Mejor vuelve a recostarte, mamá Seungwan te subirá el desayuno.

-Pero ma, no quiero estar en cama- reprochó.

-¿Quieres ponerte peor y que te lleve a emergencias para recibir una inyección?

La mujer cruzó los brazos debajo de su pecho con semblante serio, Taeyeon era la más persona más dulce del planeta, pero cuando se trataba de criar a su amada niña, podía ser algo intimidante.

La joven adolescente negó con la cabeza de inmediato, metiéndose en la cama de un solo brinco. Por nada en el mundo dejaría que le dieran esa horrible medicina inyectable otra vez.

-Quédate aquí, vuelvo en un rato.

Taeyeon se fue, dejando la puerta abierta por cualquier cosa que Jin pudiera necesitar.

-Esto apesta- bufó la muchacha de cabellos claros tirándose hacia atrás sobre su cómoda almohada.

En los siguientes minutos se dedicó a mirar hacia diferentes puntos del cuarto, acabando por jugar con la manga de su pijama con estampado de caramelos.

Su primera opción para matar el agobiante aburrimiento fue leer un libro que había comenzado hace poco, por desgracia, sus ojos se cansaban demasiado rápido y la tarea de pasar a la siguiente página se hizo cada vez más imposible.

Gracias al cielo su otra mamá llegó como un ángel a salvarla. La hermosa mujer de cabellos castaños ingresó en la habitación con una bandeja. El dulce aroma de los hot cakes con chocolate llenó sus fosas nasales y agitó su corazón cual campanita de una tienda cuando la puerta es abierta.

-Buenos días princesa.

Saludó la mayor mientras dejaba el desayuno en la mesita de noche.

-Hola mami.

-Mamá Taeyeon me dijo que tenías fiebre. Será mejor que comas y tomes tu pastilla. No lo olvides.

Minjeong asintió obediente, cuando se trataba de Seungwan ella podía hacer todo lo que le dijera o pidiera.

-Lo haré, gracias.

Disfrutó del desayuno casero. Podría estar congestionada y con los ojos escociendo como nunca, pero gracias al cielo su paladar era todavía capaz de sentir.

Hizo a un lado la bandeja y bebió un sorbo largo de agua para tragar la pastilla.

Bastaron diez minutos para que Minjeong se quedara profundamente dormida.

⊹ ࣪ ˖ ♡ ˖ ࣪ ⊹

-Sí Seulgi, lo sé, pero no creo que sea posible.

Minjeong despertó tiempo después sin saber qué hora o siquiera que día era, pero por lo visto aún seguía siendo algún momento de la tarde del veintiuno de diciembre. Se puso su bata color rosa, sus esponjosas pantuflas y bajó lentamente las escaleras.

La voz de su madre la llevó hasta la sala. Junto a la ventana, Taeyeon atendía una llamada.

-¿Cómo crees? No podría darle esa responsabilidad.

Minjeong miró con confusión tratando de adivinar quién era la persona detrás de la otra línea, pero no lograba acertar, por lo que se acercó a su madre y llamó su atención tirando levemente de su camisa. Taeyeon sonrío, su hija seguía pareciendo una linda niña pequeña a veces.

-Por favor, hace tiempo que no lo hacemos y Sooyoung volverá a New York dentro de poco.

Estando cerca supo al instante quién hablaba con su madre, la voz de Seulgi podría escucharse estando incluso al otro lado del mundo.

-Seulgi...

-Por favor, Señorita Taeyeon, cuidaré bien de ella.

Minjeong amplió los ojos curiosa, una voz igual de ruidosa pero un poco más dulce resonó captando su atención. Era su mejor amiga Jimin.

Taeyeon miró en dirección a su hija que permanecía de pie a su lado.

-Espera, voy a preguntarle.

Cubriendo el auricular del teléfono, se encargó de poner en contexto a la menor.

-Sooyoung y Yeri vinieron para las fiestas y quieren cenar con el grupo, ¿te importaría que tu madre y yo salgamos un rato mientras Jimin viene a cuidarte?

Minjeong sonrío de inmediato, claro que no le importaba, llevaba algunos días sin ver a Jimin y ya la extrañaba. A pesar de ser dos años mayor y de haberla conocido de manera inoportuna, se había vuelto la persona más importante en su vida luego de sus madres.

Jimin lo era todo, la persona que podía hacerla reír hasta llorar, quién discutiría cada cosa solo para verla molesta y poder reírse de ella, y también esa confidente que se llevaría sus secretos a la tumba. La amiga especial que nunca desearía perder.

Y últimamente, también era la chica que se había apoderado de sus sueños. Minjeong era un manojo de nervios, una niña que quería expresarle su cariño, pero acababa por mostrar lo torpe e inocente que seguía siendo. Muchas veces intentó dar señales, alguna indirecta que le dijera Jimin que le molestaba un poco escucharla hablar de las personas que le parecían guapas en la escuela, que no quería saber de su tipo ideal universitario ni de su fantasía amorosa de película de Disney.

Pero no podía.

Creía que simplemente no estaba hecha para esas cosas, o tal vez su mejor amiga no era la indicada para saber todo eso. Después de todo, las cosas pasaban por algo, o eso era lo que repetía hasta el cansancio su mamá Seungwan.

Sin embargo, no iba a resignarse a perder la atención y el cariño de la hija del matrimonio Yu por un par de boberías que no se atrevía a decir.

Emocionada, le arrebató el teléfono a su madre y respondió sin pensar.

-Puedes venir Jimin, pero trae un cubre bocas, no quiero contagiarte.

Dijo algo apenada, creyendo que tal vez no sería muy buena idea tener contacto con alguien fuera de casa, pero Jimin podía cuidarse, después de todo no era la primera vez que se visitaban estando enfermas.

-Estaré allí en un rato.

Contenta con la respuesta, le regresó el aparato a su madre y salió rumbo a su cuarto para cambiarse por algo un poco más decente -un pijama nuevo de color celeste, con diseño de dinosaurio, incluyendo los dientes sobre la capucha y la larga cola-.

A las siete en punto el timbre del hogar sonó, en la puerta una muchacha con una mochila en su espalda aguardaba. Detrás de ella, estaba estacionado un coche negro con las luces encendidas.

Taeyeon y Seungwan salieron completamente arregladas luego de despedirse y dejar un par de encargos a la mayor, confiando en que podría cuidar de su "pequeña cachorrita" por un par de horas.

Jimin cerró con llave la puerta principal y subió al segundo piso, yendo directamente hacia el final del pasillo, dónde la puerta abierta y la tenue luz de una lámpara le mostraron la adorable imagen de un ovillo de mantas durmiendo.

Sonriente se acercó, sacó el celular del bolsillo y asegurándose de no tener el flash activado, tomó una foto.

Justo a tiempo antes de que Minjeong se removiera.

Jimin guardó el teléfono con prisa y se apartó, esperando no haber sido atrapada. Para su suerte, Minjeong seguía en su nube de sueños y ella podría añadir otra imagen a su carpeta especial, porque sí, su galería estaba llena de lindas fotos espontáneas de su mejor amiga y ella.

-Jeong, despierta-murmuró.

Falló en el primer y segundo intento, para la tercera vez la adolescente en la cama comenzó a abrir los ojos con lentitud.

Jimin quedó hipnotizada, era tan linda, con sus ojos redondos y brillantes, las mejillas y la nariz algo rojas. Tan solo quería lanzarse y llenarla de suaves besos por todo el rostro.

Pero se limitó a quitarse el cubre bocas y dejar un corto besito en una de las abultadas y suaves mejillas.

Minjeong sonrío ante el contacto, sorprendiendo a su contraria cuando le rodeó el cuello con los brazos y se aferró a ella cual koala.

-Unnie, te extrañé.

-También te extrañé y me da gusto verte, pero vas a tirarme.

La de cabellos negros soltó una risita, a lo que la pelicorta se apartó algo sonrojada, podía ser por el resfriado, o tal vez por la pena, pero ese tono rosado le quedaba tan bien a sus mejillas que la verdadera razón no importaba.

-Lo siento.

-Descuida, me gustan tus abrazos.

Jimin tomó asiento sobre la cama, se quitó la mochila y miró con atención a la menor mientras tallaba sus somnolientos ojos con el dorso de sus delicadas manos.

-A mí me gusta dártelos.

Dos pequeñas sonrisas en un silencio cálido y cómodo, era todo lo que necesitaban, la compañía de la otra. Minjeong para no aburrirse, y Jimin para cerciorarse de que su pequeña amiga estuviera bien.

- ¿Estás muy cansada?

-No mucho, estaba esperándote y el calor de las mantas me dio algo de sueño.

-Entonces, ¿quieres hacer algo?, aunque creo que lo mejor es no salir de la cama.

Minjeong rodó los ojos, Jimin sonaba como su mamá.

-Tengo un nuevo juego de cartas, ¿jugamos mientras escuchamos a Camila Cabello?

Una oferta tentadora, la más alta no pudo resistirse. Minjeong tomó la caja de cartas del cajón de su mesita y luego intentó agacharse para buscar sus zapatillas debajo de la cama, pero un repentino mareo no se lo permitió.

-Déjame hacerlo por ti.

Jimin tomó el par de Converse negras y se encargó de ponerlas en cada pie y hacer dos firmes nudos. A Minjeong le gustaba cuando ella ataba sus agujetas, por alguna razón cuando Jimin lo hacía, los nudos nunca se desarmaban.

-Listo Mindongie, vamos.

La menor sonrío, se quedó sentada en la cama por unos segundos más tratando de aterrizar en el planeta Tierra, porque estaba segura de que su mente andaba navegando por cada uno de los anillos de Saturno. Era increíble como la otra lograba transportarla a una galaxia muy lejana con una sola mirada.

- ¿Vienes?

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En el sofá, con el calor de la chimenea y las luces del árbol de navidad encendidas, el ambiente se tornó realmente acogedor y calmo.

Hasta que unos gritos decidieron acabar con él.

- ¡UNO! - exclamó la mayor de ambas enseñando su última carta.

- No lo creo, unnie - la voz ronca causó una risita en Jimin, risa que se esfumó en cuanto la carta de su amiga cayó sobre la suya.

- Vamos, alza cuatro.

- Eres detestable- le dijo con los ojos entrecerrados, asegurándose de mantener el contacto visual mientras alzaba las cartas de la pila en el centro.

- Sabes que no es así.

- Vas a pagarlo Kim Minjeong.

Minjeong solo río, incrementando la risa al ver la expresión de indignación en el rostro de su amiga cuando ganó la partida, siendo ya la tercera vez que lo hacía.

- ¿Has mejorado o estás haciendo trampa?

- Solo creo que la suerte está de mi lado - dijo de manera inocente.

- Mmm, tendré que revisarte.

- ¿Revisarme?

Y la respuesta no llegó, la mayor se abalanzó sobre la más pequeña en el sofá y comenzó a atacarla con cosquillas interminables.

- Vamos, muestra la carta que escondes.

- ¡No, unnie! - pidió entre risas.

-Bueno, te dejaré solo porque sé que no puedes respirar bien, pero cuando mejores vas a tener que pagar.

Minjeong se reincorporó tosiendo levemente y mirando a los ojos a Jimin. Trató de mostrarse molesta, pero acabó por verse aún más tierna.

-Mindongie, no te molestes conmigo - Pidió con notable dulzura en su voz.

Eso y un par de miradas adorables bastaron para convencer a la más joven, ella jamás podría enojarse de verdad con esa muchacha. Jimin era un verdadero rayo sol. Las siguientes y últimas rondas Minjeong dejó que su mejor amiga ganara, pero vamos, no era su culpa que Jimin mezclara tan mal y siempre le tocaran las mejores cartas. Además, podría dejarse vencer solo para apreciar sus graciosos y lindos festejos.

- ¿Qué quieres hacer ahora? - preguntó la chica a cargo terminando de guardar las cartas en su caja.

-¿Quieres ver una película?

- Bueno, pero recuerda que a las nueve debes tomar tu pastilla e ir a la cama.

- A la orden general- respondió adoptando una pose firme, provocando la risa de Yu.

- Bueno, tu mamá nos dejó una bolsa de palomitas para microondas, podemos hacerlas.

- ¡Hagamos un fuerte también! - soltó de repente la más baja.

- ¿No crees que se molestarán si hacemos desorden?

- Mamá Seungwan dice que una película siempre se disfruta mejor dentro de un fuerte, podemos hacerlo - aseguró, jugando con el brazalete de cuentas en su muñeca, estaba algo nerviosa, esperaba que la idea no le pareciera demasiado infantil a la mayor.

- Bueno, tú encárgate de las palomitas, yo iré por mantas a tu habitación.

La de cabellos castaños se puso en marcha con su tarea, disfrutando de sentarse en la encimera de la cocina para admirar el bello trabajo de Jimin mientras cubría las sillas y el sofá con mantas, decorando su interior con muchos cojines.

El sonido del microondas interrumpió sus pensamientos, y para disimular que se había quedado como una boba enamorada, se apresuró a colocar el contenido de la bolsa en un recipiente, quemando un poco sus dedos en el proceso.

Cuando regresó a la sala, Jimin la esperaba frente al fuerte. Con un exagerado gesto de caballero, se inclinó y dio pase con una mano hacia el interior de la improvisada carpa de mantas.

- Pase usted, señorita Kim.

- Gracias, señorita Yu.

Respondió siguiendo el juego con una reverencia de princesa. Se quitaron los zapatos y entraron, acostándose una al lado de la otra, poniendo una película navideña en la televisión.

Concentradas en la pantalla, metieron las manos en el tazón al mismo tiempo, acabando por atrapar los dedos contrarios. Con pena y algo de risa, se retiraron, para mirarse al cabo de segundos y terminar entrelazando sus manos hasta el final de la película.

Cuando los créditos aparecieron, Jimin pudo sentir unos pequeños estornudos a su lado, por la ventana de la sala diviso que afuera ya había oscurecido, por lo tanto, el frío era un poco más notable.

- Yeo, deberías ir por tu pastilla y subir al cuarto, yo limpiaré.

- No, quiero quedarme aquí contigo- murmuró con notable congestión.

- Bebé, hace frío, no quiero que te pongas peor.

Bebé, eso había salido de manera involuntaria de los labios Jimin, que al darse cuenta de su pequeño error se ocultó entre los almohadones.

- Podemos cubrirnos, anda unnie, quiero estar aquí.

Jimin descubrió su sonrojado rostro, viendo cómo su pequeña amiga le miraba con ojitos de cachorro y un dulce y besable puchero en sus rojos labios.

- De acuerdo, pero debes beber algo caliente y...

- Y tomar mi pastilla, lo sé, voy por ella.

La menor se marchó, dejando a una avergonzada pelinegra dentro del fuerte. Después de todo Seungwan tenía razón, nunca había disfrutado tanto de una película como ahora, quizás porque hacían falta unos pies fríos sobre los suyos y una cálida mano entrelazada a la suya. O simplemente le hacía falta llenar sus oídos de una contagiosa risa.

Mejor dicho, de la risa de Yu Jimin.

Al cabo de unos minutos ambas se encontraban bebiendo chocolate caliente, mirándose con cariño, dibujando sonrisas en sus labios y bigotes de cacao sobre ellos.

- Te ves chistosa.

- Y tú bonita, muy bonita.

Vaya, hoy era el día en el que Yu no podía controlar su boca, pero no se arrepentía en absoluto, mucho menos cuando era recompensada por una linda sonrisa como la de su mejor amiga.

- También te ves bonita.

Permanecieron en silencio hasta acabar sus tazas, sentadas frente a frente, Minjeong se vió atacada por una repentina ola de estornudos. Por suerte, Jimin era precavida, y se había encargado de llevar una caja de pañuelos.

- Ten.

- Gracias.

Al apartar el suave papel, la pelinegra le miró con ternura, la punta de su nariz estaba algo roja.

- ¿Qué?

- Minjeongie, pareces un lindo reno de Santa Claus.

- ¿Por qué?

-Tienes la nariz como Rudolph.

Ambas soltaron una risita, Jimin se acercó para arropar a su menor, viendo de cerca esa pequeña y linda nariz roja. Sin poder contenerse dejó un beso casto en la punta de ella, otro en la frente.

- Unnie...

- ¿Sí?

- ¿Crees que Santa quiere ponerme a tirar de su trineo? - preguntó en tono de burla.

-Esperemos que no, no quiero que te lleve lejos de mí- respondió con una risa.

- ¿Por qué no?

- Porque me haces falta. Ahora duerme, lo necesitas.

- Jimin Unnie- volvió a llamar.

- ¿Sí?

- Gracias por cuidarme.

- No es nada, siempre lo haré.

Minjeong sonrío, mariposas revoloteando por su estómago, tener a la pelinegra tan cerca se podía comparar con la hermosa sensación de abrir un regalo, decorar un árbol de navidad y escuchar miles de cascabeles tintineando.

- Te quiero.

- También te quiero, bebé.

Una mano de Jimin acaricio una de las mejillas de su amiga, para posteriormente reemplazar el tacto con el de sus labios, un beso un poco más duradero que los anteriores. Podía ser un beso en la mejilla, un contacto simple y algo infantil, pero para Minjeong significó una tranquila noche, durmiendo en brazos de su persona favorita a la luz de las luces del árbol, con su resfriado pasando a un segundo plano.

- Descansa, Rudolph.

- Descansa, Jimin Claus.

Porque al igual que ese lindo reno de nariz roja siempre sería la guía de Santa en la oscuridad, igual Minjeong sería el faro lleno de luz de Jimin.

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