Capítulo 3. Me gusta estar contigo
Narra Bonnie
Bon se sentó a mi lado y me pidió que abriera la boca para luego ponerme el termómetro. Esperamos un rato sin mirarnos, los dos sonrojados, aunque de vez en cuando nos mirábamos de reojo y sonreíamos al vernos las caras. El termómetro pitó y Bon lo sacó de mi boca.
-Vaya, tienes 39 grados. Ya decía yo que estabas resfriado- dijo rascándose la nuca.
-Bueno, pues tendré que cuidarme para bajarlo- solté una risilla acompañada por una pequeña tos.
-Ah, sí, casi se me olvida. Toma- me extendió la manta que había traído- Así no pasarás frío- me dijo con una pequeña sonrisa.
Yo me coloqué la manta por detrás de los hombros tapando así la espalda y los brazos. Aún sentía algo de frío, pero me notaba más calentito. Susurré un "gracias", algo a lo que Bon respondió colocando su mano nuevamente en mi frente, esbozando una serena sonrisa.
Entonces, se levantó y trajo un cubo de agua con un paño dentro. Yo me recosté en su cama aún tapado, escurrió el paño y me lo puso. Estaba fresquito, por lo que se pasó una pequeña travesura para hacer...
-¡Está frío! ¡Se me congela el cerebro!- empecé a decir poniendo caras divertidas para hacer reír a Bon, y fue con éxito, pues estalló en carcajadas que casi le tiran de la cama al suelo. Los dos reímos sin parar por un rato hasta que ya nos calmamos. Bon miró el reloj que estaba en la mesilla de noche al lado de la cama. Dijo que ya eran las 9:30. No teníamos hambre, pero el me insistió de que comiera algo para no estar tan débil, a lo cual yo me negaba inflando mis mejillas, intentando poner una cara de enfadado y volteando la cabeza. Aunque sólo hizo que Bon fuera como un rayo hacia la cocina.
Narra Bon
Éste Bonnie. Yo que me preocupo por él ya que está enfermo y el se preocupa de verme preocupado, haciéndome reír cada dos por tres. Se me formó una pequeña sonrisa al recordarle mientras iba hacia la cocina. Oí otro estornudo desde mi cuarto y me apresuré para hacerle algo a Bonnie y que se sintiera mucho mejor. Yo siempre que estaba enfermo, mi madre hacía mi sopa preferida. Por suerte me enseñó a prepararla. Seguro que eso alegra mucho a Bonnie, aunque no me gusta dejarlo solo. ¿Y si le pasa algo? Vale... este nivel de preocupación ya no es normal entre dos amigos... Será que ¿siento algo más que amistad por él? Sería lo más obvio. Aunque... no creo que él sienta lo mismo... él sólo me ve como un amigo, como su maestro... en eso se me vino a la mente el concurso, las caras de Mangle y Chic. Era cierto. No puedo estar con Bonnie. A Mangle no le gustaría nada la idea de que estuviera con un chico, y menos con mi enemigo y Chic se decepcionaría al pensar que las estaba engañando para estar con mi rival. Sentí cómo la tristeza se apoderaba de mi cuerpo mientras preparaba la sopa para Bonnie. ¡Un momento! Ahora sólo estoy con Bonnie. No tiene por qué enterarse nadie más. Sí, ya lo tengo claro. Lo que siento por Bonnie es amor. Ahora sólo tengo que encontrar la manera de declararme sin que él me rechace... va a ser muuuuy complicado...
Terminé la sopa y la puse en un bol con una cuchara. Estaba ardiendo, por lo que me apresuré hacia la habitación donde estaba Bonnie. Lo vi mirando hacia los lados de mi cuarto y sonrió al ver nuestras guitarras juntas, aunque duró muy poco, ya volvió a mirar a sus manos cubiertas por las mangas. Me acerqué disimuladamente hasta que llegué a estar a su lado. Él alzó la mirada, regalándome una inmensa sonrisa, haciendo el calor volviera a mis mejillas.
-T-ten cuidado. Quema mucho- él aceptó la sopa y al tomar una cucharadita, noté que sus ojos brillaron como cuando comía un pudín. Se veía realmente tierno. Yo me senté en la orilla de la cama, mirando como comía hasta que dirigió su mirada hasta chocar con la mía, me sonrojé mucho. Él soltó una pequeña sonrisa.
-¿Quieres un poco?- me dijo extendiendo la cuchara llena de esa sopa que siempre hacía que me sintiera mucho mejor, acompañada por una sonrisa tan tierna y radiante a la que me era imposible decir que no.
Asentí, cogí la cuchara y la metí en mi boca. Bonnie me estaba haciendo señas diciendo que soplara antes, aunque fue muy tarde, pues sentía cómo me ardía la boca. Me levanté de golpe de la cama y corrí hacia la cocina a por un vaso de agua. Al llegar intenté coger un vaso sin romper el resto de la vajilla para poder extinguir el incendio forestal de mis papilas gustativas. Cuando tragué agua podía escuchar la distintiva risa de Bonnie desde mi cuarto. Dejé el vaso en el fregadero y corrí hacia mi cuarto encontrándome a Bonnie llorando de la risa intentando que no se cayera el cuenco de sopa.
-Se ve que te lo pasas bien, ¿no?- le dije apoyado en el marco de la puerta de mi cuarto.
Bonnie me miró sorprendido, como si no me hubiera visto entrar. Dejó de reír un momento para decirme algo que me alegró por completo.
-Me gusta estar contigo.- dijo mirándome a los ojos con una sonrisa de felicidad absoluta.
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