Capítulo 2. Empiezan los resfriados
Narra Bon
¡Qué faena! Tenía que empezar a llover. Se ve que hoy no me acompaña la suerte. Por lo menos ya estaba a mitad camino de mi casa. Aceleré el paso y llegué a mi casa. Cerré la puerta detrás de mí y me fui a mi cuarto. No había nadie en casa. Me tumbé en mi cama boca abajo. Sentí que el cuerpo me mataba al llevar cargando esta maldita guitarra a la espalda. Entonces sentí una fuerte punzada dentro de mi mente. Me quité la guitarra de mi espalda y miré por la ventana teniendo una clara vista del parque. Casi no veía nada por la lluvia, pero pude distinguir fácilmente una silueta encorvada de un chico peli-morado. ¡¡BONNIE!! Soy un idiota. Me había olvidado de él, y eso que llevaba todo el camino pensando en él. Qué irónico, ¿no? ¡Bueno! Ese no es el tema. Me cogí mi sudadera azul preferida y un paraguas. Me puse la capucha y corrí lo más rápido posible hacia el parque. Hacía mucho frío y la lluvia caía sin cesar. Estaba realmente preocupado por Bonnie. ¿Y si se resfriaba? Sería mi culpa y nunca me lo perdonaría. Finalmente llegué hasta el parque y allí lo vi. Veía a un chico de espaldas con el pelo recogido, temblando de frío mientras se abrazaba a sí mismo. No podía quedarme ahí parado mientras él pasaba frío. Rápidamente corrí hacia él cuando se estaba levantando.
-¡Bonnie!
Narra Bonnie
Veía cómo caía la lluvia sin parar. Empezaba a hacer mucho frío y estaba muy mojado. Dejé mi guitarra en mi estuche para que no se mojara y me rodeé con mis brazos para no tener frío, aunque creo que fue en vano. Hacía un viento helador y la lluvia no parecía dar señales de que pararía. Parecía no tener fin. Entonces comprendí que Bon no iba a aparecer. Tal vez ya no quiere verme. Ya no querrá practicar conmigo. ¿Quién querría estar con un raro como yo?
- Creo que ya no va a aparecer- me dije a mí mismo, temblando hasta los huesos. Me moría de frío.
No era normal que en esta época del año hiciera tanto frío, ya que estamos en primavera, pero bueno, no hay nada que hacer. Seguí esperando y cuando había perdido la esperanza de que Bon viniera, escuché una voz que me llamaba.
-¡Bonnie!- me giré al instante, ya que reconocí esa voz inmediatamente y se me formó una amplia sonrisa al ver a mi querido maestro corriendo hacia a mí.
- Ho-hola m-maestro- le dije tiritando y muerto de frío-. Qué bien que hayas venido, ya me empezaba a preocupar de que no llegaras.- se me escapó un estornudo.
- Pero, ¿estás loco o qué? ¿No ves la que está cayendo? ¡Estás empapado!- me dijo muy alterado mientras pasaba su mano por mi brazo mojado.
- Sí, ya lo sé. Pero mi casa está muy lejos y quería esperarte, para poder practicar juntos- le dije señalando mi guitarra-. Aunque con esta lluvia va a ser un poco imposible practicar- estaba muy desanimado. Le sonreí forzadamente y bajé mi mirada. Lo único que quería era estar con él. Sentir su presencia junto a la mía, ver sus sonrojos. Realmente, creo que siento algo por él. Pero no creo que sienta lo mismo...
Narra Bon
No me lo puedo creer. Se estaba jugando su salud sólo para poder practicar conmigo. Sentía cómo la felicidad recorría mi cuerpo por unos... no sé, milisegundos al notar que se desvanecía cuando vi una lágrima recorrer la mejilla de Bonnie. Espera, estaba... ¡¿llorando?! No... ¡NO! Me prometí que nunca lo vería llorar, que siempre estaría contento, con esa sonrisa que siempre hace que me sonroje y me paralice. Sin tener control sobre mi cuerpo, abracé a Bonnie. Estaba temblando, pero noté que se tensó. Duramos unos pocos segundos hasta que fue alejando sus brazos de su cuerpo para luego abrazarme a mí y apoyar su cabeza sobre mi pecho. Era una ventaja ser más alto que él, en mi humilde opinión, así yo podía poner mi cabeza sobre la suya. Él seguía temblando y tiritando, así que yo le frotaba la espalda para darle más calor, aunque si tocara mis mejillas ya estaría ardiendo en llamas.
-O-oye, estás temblando mucho. ¿Por qué no te quedas en mi casa hasta que pase la tormenta? Parece que tardará mucho en amainar y mi casa está cerca. Así no te resfrías más de lo que ya estás- le dije aún muy sonrojado, pero con una cálida sonrisa.
-¿E-enserio no te molesta?- dijo quitándose algunas lágrimas de sus hermosos ojos rojos.
-En absoluto. Mis padres no están y mañana es sábado. No volverán hasta el lunes- quería aprovechar que mis padres no estaban para pasar tiempo con Bonnie.
-Muchas gracias, Bon- en eso se le escapó un estornudo bastante agudo. Yo me sonrojé un montón. Era la cosa más tierna que había oído en mi mida.
-¡Salud!- le dije mientras reía un poco- Vamos, mi casa está por ahí.
Bonnie asintió con la cabeza y fuimos hacia mi casa los dos bajo el mismo paraguas. Yo seguía un poco rojo, pero a Bonnie no parecía importarle. Parecía hasta feliz de que estuviéramos así. Bueno, al menos es mejor que verlo deprimido. Estuvimos en silencio todo el camino hasta que escuchamos un trueno. Y no, no fue Bonnie el que se asustó... fui yo.
-¡¡AAYY!!- me pegué un susto tan fuerte que agarré a Bonnie que hasta él se sorprendió.
-Tranquilo Bon, no pasa nada... ya puedes soltarme- me dijo Bonnie tocándome la cabeza, intentando calmarme. Alcé la cabeza pude ver una sonrisa de serenidad absoluta.
-L-lo siento, los truenos me han dado miedo desde siempre. Parezco un niño pequeño- dije en un medio susurro mirando hacia otro lado, tratando de que Bonnie no me viera avergonzado. No quería que Bonnie creyera que soy un asustadizo, pero creo que ya se dio cuenta.
-No te preocupes. Todos tenemos nuestros miedos- mi dijo al fin mirándome a la cara sonriendo.
-S-sí, tienes razón. Vamos, mi casa está justo allí- le dije mientras nos poníamos otra vez en marcha. Las calles estaban desiertas. No había ni un alma, sólo la mía y la de Bonnie.
Llegamos a mi casa. Abrí la puerta con las llaves y entramos. Llevé a Bonnie hasta mi cuarto para dejarle ropa seca. Estábamos los dos empapados. Bonnie dejó su guitarra junto a la mía.
-Ten, creo que esta ropa te irá bien. Si quieres ducharte el baño está al final del pasillo. Yo te espero aquí.
- Muchas gracias Bon. Eres muy amable- me dijo cogiendo la ropa y dirigiéndose al baño.
Yo también cogí ropa que suelo llevar por casa y entonces me di cuenta de lo que estaba pasando. Bonnie estaba aquí. ¡Bonnie estaba en mi casa! Sentí que el corazón me latía muy deprisa y que estaba muy nervioso. Entonces vi a Bonnie acercarse a la habitación con uno de mis pijamas. Aun así le quedaba un poco grande, pero al menos le daría calor por la noche. Realmente se le veía muy adorable. Se le escapó otro estornudo lo que me sobresaltó un poco. Me acerqué a él y le puse la mano en su frente.
-¡Estás ardiendo! Voy por el termómetro. Tú siéntate aquí- le dije para luego salir de la habitación en busca del botiquín.
Narra Bonnie
Bon se había ido muy rápido, como si me estuviera derritiendo y todo. Yo sólo solté una pequeña risilla y me senté en la orilla de su cama. Tenía la habitación muy bien ordenada. Era de tonos azulados. Al lado de la cama había un escritorio con algunos papeles encima junto con su mochila de la escuela. Al lado del escritorio estaba su guitarra, junto a la mía. Entonces recordé nuestras prácticas y el evento de primavera. ¿Qué pasará cuando termine el evento? ¿Ya no practicaremos más? ¿Se olvidará de mí? Muchas preguntas recorrieron mi mente hasta que llegó Bon con una manta en una mano y con un termómetro en la otra.
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