-13-
Cambió de mano la carpeta con la información de las acciones, pero las hojas que estaban adentro resbalaron y fueron a dar al suelo. Corrió a recogerlas, tratando de no sonrojarse, la responsabilidad de esa reunión le estaba pesando.
Después que arregló el desastre, tuvo la precaución de levantarse rápidamente, a poca distancia de la mujer. El rostro de la Barbie del infierno le sonreía burlona.
—No tengo todo el día —dijo contemplándola con altivez.
Mara le devolvió la mirada, la alteró un poco el tono de voz mordaz que ella usó.
—Quizá sea mejor que tomemos asiento...
Emilie vio con atención todo lo que hizo Mara, sus ojos se movieron por toda la sala de juntas, que sólo estaba ocupada por ellas dos. Luego se sentó recta y devolvió la vista con aburrimiento hacia ella, realmente deseaba humillarla.
—Es importante para nosotros tenerla aquí. Por favor, si desea tomar algo, no dude en decírmelo. Mi nombre es Emilie Harper, hoy represento al señor Nicholas García.
La verdadera Emilie frunció el ceño y clavó sus uñas en la madera de la mesa.
—¡Pero que divertido! —Sonrió falsamente—. O sea, que tenemos el mismo nombre.
—Disculpe, ¿usted se llama Emilie?
—Sí, ¿no lo sabías?
Los ojos de Mara se enfocaron en ella y negó suavemente con la cabeza, haciéndole saber que no tenía idea. Un denso silencio inundó el lugar, sin embargo, se atrevió a hablar:
—Esta reunión fue pautada con poco tiempo, de verdad siento no haber estado informada de ese dato importante.
Emilie la miró con fría calma.
—Bueno, no solo pecas de torpe, sino que también eres ignorante.
Mara apretó los dientes, molesta.
—No me falte el respeto, no soy ninguna ignorante, estoy totalmente capacitada para este trabajo.
—Pues, si quieres hacer negocios conmigo, recuerda guardarte tu orgullo.
Mara arqueó las cejas.
—Ah, qué pena, no sabía que una clienta podía ser tan grosera. —Pensó que esa mujer zanjaría la reunión ahí y se marcharía, pero no todo llegó hasta ahí, porque a Emilie no le convenía irse.
—Representar a Corporación Delawere y después decir algo como que no sabes el nombre del cliente no te hace muy culta.
Mara se tensó.
—Ya le pedí disculpas por eso.
—Y yo pensaré en tu arrepentimiento, pero primero te ocuparás de explicarme todo de forma sencilla, aunque supongo, que tienes el resumen anotado en esa carpeta. Haré unas llamadas y ordenaré el pago hoy mismo. Quiero las acciones, sin esfuerzo alguno de tu parte. ¿Te consideras capaz de hacer eso?
Mara no intentó ocultar su desconcierto, luego pensó que no estaba tan desesperada como para seguir hablando con esa odiosa mujer. Pero si lo estaba. Ella había mencionado un pago que le interesaba demasiado y entonces no le quedó más remedio que resignarse a seguir con la reunión.
—Señorita, puedo hacerlo, sobretodo, después de haber pasado la mañana estudiando la propuesta, pero debe respetarme, y con cortesía le pido que empecemos de nuevo, eso querría el señor García.
—Me parece bien, tu jefe debe estar encantado de tenerte. —La Barbie malvada lo dijo como un comentario malsano, pero a Mara le dio igual, ella solo quería llegar a la meta.
—¿Le parece si empezamos? —preguntó exasperada.
Emilie movió una mano, como indicándole que fuera al punto, y puso nerviosa a la mujer que tenía enfrente.
Cansada de tantos gestos estúpidos, Mara comenzó a explicarle. Mientras hablaba, Emilie esbozaba sonrisas misteriosas, pensaba que Mara era una mujer tonta que no se daba cuenta de su verdadero propósito, lo único que le importaba era humillarla, la verdadera razón por la que había armado semejante teatro. Seguirle el juego hasta llevarla a donde quería no sería difícil.
—Creo que el problema principal de esta reunión es el lugar... No tengo nada contra ti, pero me aburro muchísimo.
—La sala de juntas es el lugar idóneo para hablar de negocios, señorita Emilie, no puedo llevarla a una oficina.
—Tengo una gran idea, ¿quieres tomarte una copa conmigo? —le preguntó la bruja.
—¿Qué?
—Todavía tenemos mucho de qué hablar, pero prefiero hacerlo en un bar. Te brindaré la botella más cara, no puedes negarte.
—No me parece correcto, estoy trabajando, no puedo simplemente irme así.
Emilie suspiró con dramatismo y se levantó.
—No te niegues, por favor. Sí, he sido una grosera porque las últimas semanas he estado bajo mucho estrés, pero no soy una malvada, ¿de acuerdo? Honestamente te pido perdón, pero de verdad deseo hablar en otro lugar, ¿podrías entenderlo? —mintió, fingiendo arrepentimiento, y para convencerla del todo, dijo—: me recuerdas mucho a una vieja amiga, por eso te digo lo del bar, es que yo solía ir allí con ella.
Para Mara esas palabras fueron dudosas y sintió que debía negarse, pero al mismo tiempo no podía dejar que la venta de esas acciones se le escapara. Inspiró profundamente...
Quizá no está fingiendo, no la conozco.
—De acuerdo —aceptó dudosa—. Creo que tomar una copa mientras hablamos le sentará bien.
—Qué maravilla, gracias —contestó con aparente entusiasmo.
***
A Mara no le gustaba el aleteo de mariposas que le revolvía el estómago mientras la señorita Emilie manejaba hacia el dichoso lugar en que se beberían una copa. Lamentablemente, ya había accedido a acompañarla. Después de la incómoda charla en la sala de juntas hace media hora, no había logrado dominar los nervios. No sabía si Nicholas aprobaría ese método de negociación, pero él no estaba en la empresa. Tampoco quería molestarlo.
El carro olía a colonia de diseño. Mara tenía la cartera sobre sus piernas y en la mano llevaba la carpeta con los papeles que le había dejado Nicholas, junto con una nota en donde le apuntó su número de teléfono por cualquier duda o consulta.
Emilie la entretuvo para ofrecerle un informe detallado de todas sus rutinas de belleza, incluidos los cinco pasos de Skincare: limpieza diaria, tónico, exfoliación, hidratación y protector solar. Mara pensó que debería de estar agradecida de que una mujer tan elegante se interesase en hablar con ella, pero esa conversación no hizo más que agudizar su añoranza por su mejor amiga.
El sitio al que ella quería ir se encontraba doblando una esquina. Un lugar que Mara conocía bien. En la entrada estaba impreso el nombre: BAR DE DON PEDRO, en letras rojas y contorneadas en negro. La música llegaba hasta afuera. Dos mujeres hablaban cerca de la puerta con un negro alto, cuya cabeza rapada revelaba la forma de su cráneo. Llevaba una chaqueta negra ceñida a su cuerpo musculoso, un collar grueso y perforaciones en la ceja y la nariz.
—¿Por qué este bar...? Pero bueno... —Arqueó las cejas, los viejos fantasmas se cernieron ominosos—. Yo no pienso entrar.
Emilie se arregló un poco el cabello y tomó su cartera. Eran de la misma edad, pero Mara no la entendía. Las mujeres de clase alta no solían frecuentar ese tipo de sitios.
—¿Qué tiene de malo? —preguntó mirándola fijamente.
¿Qué que tenía? ¡Detestaba ese bar! La última vez...
Vio imágenes de ella siendo llevada hasta el callejón de atrás y...
Para, no pienses en eso.
—Puede pasar algo malo.
—No veo el problema. ¿Por qué no quieres entrar? Reaccionas como una niña tonta, es solo un bar, estoy convencida de que la pasaremos bien.
—Es una mala idea, le ofrezco ir a otro sitio.
—Creo que no, ya estamos aquí y a mí no me incomoda. Además, nos están esperando.
Saber eso molestó a Mara, por no mencionar el hecho de que le parecía extraño que la llevara justo a ese lugar, cosa que la alertó por completo.
—¿Quién nos está esperando?
—Vinimos a cerrar un negocio. Espero que comprendas que necesito a mis personas de confianza en este tipo de situaciones. No hay nadie mejor que ellos... chica. Supongo que no hay problema, ¿verdad?
Mara trató de refutar, pero Emilie no se detuvo a escucharla y se bajó. Al final, no tuvo más remedio que seguirla.
Nada más entrar la vio saludar a tres tipos que estaban riendo con sus bebidas en mano en la barra del establecimiento. Le costó adaptarse a la poca luz, pero se fue adentrando y tragando humo hasta situarse al lado de Emilie, y como un radar, escaneó a los hombres, por llamarlos de alguna manera, porque más bien parecían matones. Vio a varias chicas detrás de la barra, pero ninguna era su amiga Silvia, seguro era su día libre.
Dos de los hombres que nunca había visto en su vida voltearon a mirarla y el otro mostró una sonrisa tenebrosa, todo empezó a ser peligroso cuando uno extendió su mano hacia adelante, atrapando enseguida el brazo de Mara. Ella frunció el ceño, pero cuando iba a protestar, los otros sujetos avanzaron y la acorralaron en medio de los dos.
¿Qué demonios?
—¡Quítense! ¿Qué les pasa? —dijo alto, tratando de quitárselos de encima, pero ellos no estaban ahí para obedecer a Mara, sino a Emilie.
Contuvo un gemido cuando le vio la pistola a uno, pero no dejó de moverse, no volvería a ser atacada, aunque parecía que era justo lo que pasaría. No sabía qué coño hacer con aquel nuevo problema.
—¡Vamos! —apremió Emilie con apuro.
Ellos asintieron y Mara no entendía qué pretendían. Una extraña quemazón se inició en el centro de su pecho y fue extendiéndose lentamente por sus extremidades cuando la maldita mirada de Emilie le indicó que debía temer, que ella la había llevado a una trampa.
Uno de los tipos la jaló del brazo mientras los otros dos lo seguían hasta un área privada del bar. La hicieron entrar rápidamente de un empujón, todo estaba oscuro. Cuando cerraron la puerta, Mara se estremeció, al parecer iban a hacerle daño.
—Quita esa cara de susto, querida, aquí nadie los molestará —avisó la bruja—. Querías cerrar el trato, ¿verdad? Bueno, solo si ellos quedan contentos, compraré las acciones.
Mara se heló y tuvo que dar dos pasos hacia atrás porque uno de los tipos comenzó a desabrocharse el pantalón. Emilie les había ordenado que abusaran de ella. Empezó a temblar.
No puede ser... ¿Quién es esta maldita mujer?
Se preguntó el por qué ella estaría actuando de ese modo, solo la había visto una vez y luego la llevó a ese bar. Pero lo supo un instante después, cuando Emilie volvió a hablar:
—No sabes lo ridícula que te veías defendiendo a tu esposo en la fiesta... —Su maldita voz sonó dura y perversa, pero se paseó por su rostro, proporcionándole la lógica de sus actos—. No malgastes tu tiempo, Emerson siempre será el mejor.
***
—No puede ser ella —dijo casi con seguridad.
Mara estaba en la empresa, tenía una reunión importante, no saldría sino hasta...
Un momento.
Un momento.
Devan necesitaba un jodido momento para que su cerebro procesara.
—¿Estás seguro, Jack? ¿Me confirmas eso?
—Sí. Tu esposa está en este momento en el bar donde trabajaba. No sé quién es la mujer que la acompaña, pero muy probablemente se trate de una ricachona, porque llegaron en un auto lujoso. Estoy investigando la matrícula.
—Mantente atento, llego en diez, no estoy muy lejos. Por lo que se ve, esa Reina no aprende, si es necesario la sacaré de allí a rastras.
Por puro impulso golpeó el volante con las manos y gruñó, apretando los dientes.
—Me ha mentido... ¡Me ha vuelto a mentir!
Apretó el acelerador rumbo al bar lo más rápido que podía.
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