Capítulo 35
Narra Luciana:
Pasa el tiempo y más me siento culpable por tener la boca cerrada, de ser la cómplice de algo tan ruin como la mentira que está llevando a cabo Belén.
Todo porque no puede entender que Leandro no la ame y si a Mercedes, ahora ellos están sufriendo por su culpa y yo sigo ayudándola cuando alguien tiene que terminar con está mentira.
Ver el sufrimiento en la mirada de la profesora me hace sentir tan mal y no se cuanto tiempo voy a poder aguantar.
Me quedo callada mientras estoy con Belén en el auto y no se cuanto tiempo estuve así hasta que reacciono.
– ¿Estás bien?
Escucho la voz de Belén y asiento.
– Si... ya te llevo a tu casa e iré a descansar en la mía.
– ¿No quieres quedarte conmigo?
– Me gustaría pero no puedo, tengo cosas que hacer.
Por suerte no volvió a insistir y su mirada es tranquila, enciendo el auto y conduzco hasta su casa.
Me tomo un largo rato en llevarla y después regresar a la mía. Dejo mis cosas y mi madre me saluda con un abrazo.
– Ey... ¿Qué te pasa?
– Nada mamá, solo me siento un poco mal. – Suspiro. – Seguro que se me ira cuando me acueste un rato.
– Está bien preciosa, dime si me necesitas en algo.
– Gracias.
Sonrió un poco y me da otro abrazo antes de echarme a andar hacia las escaleras. Entro a la habitación y me siento en la cama con la mirada perdida. Me muerdo los labios y cierro los ojos por un momento.
No entiendo como Belén no se arrepiente de las cosas que hace, no le importa que por su culpa haya personas la pasen tan mal como ellos. Sus padres y yo somos los culpables de que ella se salga con la suya, ahora se va a casar con Leandro y va a ser tan tarde.
Soy consciente que puedo cambiar el rumbo de está mentira pero la amenaza de Belén me aterra y no se que hacer. Ella es demasiado peligrosa y antes no pude medir el tono de sus palabras hasta que en este ultimo tiempo pude ver de lo que es capaz.
Tomo aire y lo dejo escapar con profundidad. Solo espero poder perdonarme por lo que estoy haciendo.
Narra Mercedes:
Dejo las bolsas de compra en la mesa de la cocina y me siento en la silla, intento tranquilizarme pero las palabras de esa chica fueron tan duras. Me llevo las manos a mi rostro y tardo varios minutos en encontrar la calma.
Muevo la cabeza y mis manos van a mi vientre.
Dios mío, lo difícil que se está convirtiendo todo esto pero el pedazo de vida que crece dentro de mi me necesita fuerte para el o ella. Tengo que poder con toda está penuria, algún día tiene que cambiar toda está mala racha.
Y aceptar está nueva vida que me espera, que ya no será nada como antes.
Como le dije a Belén, ella gano, de mala forma pero Leandro creyó más en ella que en mi y a pesar que me duela completamente, quiero que sea feliz.
Aunque no sea conmigo.
Me pongo de pie para guardar todo en la heladera y decido ir a la habitación para descansar un rato.
No se que hora es y en que momento me dormir hasta que unas terribles nauseas me despertaron rápidamente. Me eche a correr hasta el baño y me inclino hacia el inodoro a vomitar.
La garganta me quema y empiezo a toser sin parar. Estuve así por un rato largo hasta que me llevo la mano izquierda a mi boca y me la refriego antes de ponerme de pie. Me cepillo los dientes y lavo mis manos.
Al salir del baño, la acidez de mi estomago me está matando y me quedo en silencio. Era completamente consciente de lo que enfrentaría con el embarazo pero nunca pensé que lo atravesaría de está manera y mucho menos en está edad.
Lo difícil que también va a ser al no tener a Leandro conmigo.
Resoplo y alejo esa idea, Alfonso tiene razón.
Mi felicidad no tiene que depender de nadie.
Narra Barbara:
Guardo mis cosas cuando la puerta de mi oficina se abre y puedo ver a Alfonso entrando en silencio.
– ¿Estás ocupada?
– No... – Me siento encima del escritorio y lo observo.
– ¿Mercedes hablo con vos?
– ¿Quieres saber si me conto que la besaste? Si, me conto todo.
– ¿Te dijo algo?
No dije nada, solo me tome un momento y ya no puedo soportarlo. Me pongo de pie y me acerco con los brazos cruzados. La garganta me quema por las veces que reprimí las palabras que quieren salir de mis labios.
– ¿Por qué amas a mi hermana? ¿Por qué amas a una mujer que nunca te dará el lugar que te mereces solo porque ama a otro? – Implosionando. – Yo soy la única mujer que te quiere de verdad y me duele que quieras a Mercedes en vez de mirarme a mí con esos ojos de amor cuando la miras.
Alfonso me mira con los ojos muy abiertos, casi sin entender y sorprendido.
– ¿De qué hablas?
– Es muy fácil Alfonso, demasiado obvio para ser exacta. – Alterada. – Te amo.
Avanzo para apoyar mis manos en su pecho y el retrocede.
– ¿Es una broma? – Desconcertado.
– Te estoy expresando lo que siento, ¿Cómo va a ser una broma?
– Es que no puede ser. – Nervioso. – Hace años que somos amigos y nunca me dijiste nada.
– Y ahora quieres a mi hermana. – Enojada.
– Lo siento Barbara pero sabes que sí, desde el primer momento que la conocí te dije que empecé a sentir cosas por ella.
Respiro hondo y niego varias veces.
– Sabes que mi hermana no te quiere.
– Lo se pero correspondió a mi beso.
– Que Mercedes te haya correspondido el beso no hace que ella sienta algo por vos.
– Puede que tengas razón y aún así no me importa, igual la voy a ayudar en salir inocente de lo que se le acusa. Solo quiero que al fin pueda estar en paz consigo misma y pueda ser feliz.
Me quede en silencio mientras el maldito sale de mi oficina y aprieto los puños.
– Ella nunca va a ser feliz. – Escupo con furia. – Y no vas a poder hacer nada para evitarlo.
Narra Leandro:
Estoy arreglándome la corbata mientras Lucas me mira con seriedad. Está sentado en mi cama y sus brazos están cruzados.
Hoy es el día de la boda y no estoy para nada listo, solo quiero salir corriendo y tocar la puerta de la casa de Mercedes, abrazarla y olvidarme de todo lo que paso pero es imposible. Tengo que cumplir con mi deber porque Belén no se lo merece.
Ella se comporto tan bien, me demostró que no fue la villana sino la victima de todo esto y por suerte lo pude ver antes de tiempo.
– Tenes una cara. – Habla mi amigo y suspiro lentamente. – Todavía estás a tiempo Leandro. – Se pone de pie.
Niego rápidamente y me acomodo el saco.
– Ya Lucas, se que no te cae bien todavía pero veras que con el tiempo eso va a cambiar.
Este se rie y chasquea la lengua.
– Que ciego estás. – Se lamenta.
No digo nada, solo me miro al espejo por ultima vez y camino en dirección hacia la puerta. Enseguida, mi padre abre la puerta y puedo ver que Lucila está detrás.
– Lean, esta muchacha vino a hablar con vos.
Asiento y la amiga de Belén entra a la habitación. Lucas la observa con el ceño fruncido y ella está temerosa.
– ¿Podemos hablar a solas?
– Está bien.
Le hago señas a Lucas y este se fue refunfuñando.
– Ahora si, ¿paso algo con Belén?
– De ella vengo a hablar. – Traga saliva. – Espero que puedas perdonarme por todo el tiempo que me calle.
– ¿De que hablas?
– Es que Belén te mintió, la profesora Mercedes no la empujo por las escaleras.
Narra Alfonso:
Palmeo la espalda de Mercedes mientras está colgando su cabeza cerca del inodoro y tose en el momento que está vomitando. Levanto su cabello rojo y escupe varias veces.
Su expresión es de tremendo asco y la ayudo a sentarse, casi no tiene fuerzas y resopla débilmente.
– Es horrible.
– Lo se.
Agarro una toalla y la mojo un poco antes de pasarlo por su rostro. Ella tiene los ojos cerrados y limpio su rostro.
– ¿Cómo te sientes? ¿Mejor?
Niega lentamente y se inclina para apoyar la cabeza en mi pecho. La abrazo con cuidado y acaricio su espalda.
– Mejor te llevo a tu cama.
– Espera. – Susurra. – Ayúdame a levantarme.
Le hago paso y se apoya en el lavado. Agarra su cepillo de dientes y se cepilla los dientes. Tomo su mano y la ayudo a caminar hasta la cama. Se acuesta y se coloca de costado.
Hace señas para que me acueste a su lado y me acuesto. La rodeo con mi brazo y beso su frente. Observo como cierra los ojos y respira hondo. Sonrió con suavidad y apoyo mi frente con la de ella.
Narra Leandro:
Me quedo en blanco y la garganta empieza a dolerme.
– ¿De qué hablas? ¿Escuche bien?
Luciana cierra los ojos con fuerza y se sienta en mi cama antes de llevar las manos a su rostro.
– Perdóname Leandro pero es la verdad, Belén te mintió con todo. Nunca se acostaron, aprovecho tu estado de ebriedad para hacerte creer que se habían acostado, invento el embarazo para separarte de Mercedes y al verse acorralada tuvo que enfrentarse a ella y hacer que la empujo por las escaleras. – Me mira asustada. – Sus padres se enteraron de todo en el hospital y la ayudaron con todo.
– Culparon a Mercedes.
Estoy blanco por todo lo que escuche de Luciana y siento como si me hubiesen tirado un balde de agua fría. Me llevo las manos a la nuca y mis ojos se llenan de bronca.
– ¿Por qué hablas ahora? – Furioso. – Vos también sos su cómplice, ocultaste la verdad en todo este tiempo al quedarte callada.
Levanto la voz por la bronca que siento, por haber sido tan estúpido de haberle creído a Belén y no a Mercedes.
Dios mío, nunca me voy a perdonar por lo que le he hecho. Quería que pagara por lo que ha hecho y solo fue víctima de una persona tan nefasta como esa pendeja de mierda.
– Belén me tenia amenazada, nunca la había visto de está manera hasta que se obsesiono por vos. – Llorando. – Lo siento Leandro pero tenia mucho miedo.
– No puede ser... – Destrozado. – Lastime a la mujer que amo. – Recriminándome. – Me las va a pagar Belén. – Enojado. – Va a pagar por todo lo que le hizo.
– ¿Qué harás?
– Me vas a acompañar, hay que ir a la iglesia.
– ¿Qué son todos esos gritos?
Lucas se hace presente y suspiro con dureza.
– Belén nos mintió a todos. – Señalo a la chica. – Me conto todo pero no voy a perder tiempo, ya mismo tengo que ir a la boda.
Mi amigo me mira sin entender lo que está pasando y mi papá está igual, no voy a explicar nada. Solo nos vamos de la casa y voy a enfrentar a esa basura.
Estoy tan lleno de odio pero el culpable de todo soy yo, de caer en las mentiras de esa mentirosa y ahora voy a sufrir las consecuencias.
Narra Belén:
Me preocupa que yo este en la iglesia y que Leandro todavía no este en el altar. Me muevo de un lado para el otro mientras lo espero.
– No te preocupes Belu. – Dice mi suegra. – Seguro que paso algún contratiempo pero ya estará con nosotros.
Veo a los invitados hablando entre ellos y con malas caras, esto es un escandalo para mi imagen y no me gusta nada.
Minutos después, Leandro se hace presente y respiro aliviada. Se acerca al altar y mis manos van a sus hombros. No obstante, me aleja rápidamente y puedo ver su rostro lleno de odio.
– ¿Qué pasa, mi amor? ¿Por qué pones esa cara?
– ¿Cuánto más ibas a durar con la mentira? ¿Pensabas que nunca me enteraría?
– ¿De qué hablas?
Empiezo a sudar y más al darme cuenta del enorme silencio de todos.
– De todo. De la mentira ruin de hacerme creer que había pasado algo con nosotros. – Levanta la voz. – De hacerte pasar por embarazada y jugar algo tan importante como eso. – Furioso. – Y lo peor que pudiste haber hecho es culpar a Mercedes cuando siempre fue inocente.
Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top