Capítulo 34
Narra Leandro:
Solo falta menos de dos semanas para casarme y siento una tremenda sensación en mi corazón, este me grita una y otra vez que no me case con Belén, que a pesar de todo lo que está pasando, nunca podre amarla como amo a Mercedes.
Eso me rompe completamente porque todavía me duele lo que hizo con mi hijo, lo que intento hacerle a Belén.
Hay tantas cosas que no logro entender, lo que mi corazón se niega a entender y no sé cómo seguir. Estoy a pocos días de arruinarme completamente la vida.
El pecho se me hunde mientras termino de desayunar en la soledad de la cocina y tengo que apurarme para ir al conservatorio.
Más tarde, agarro mis cosas y salgo con mi moto a la calle. Conduzco hasta la institución y la dejo estacionada con la cadena de seguridad. Entro en silencio y resoplo profundamente. Es tan feo entrar a este lugar sin emoción cuando hace unos meses atrás me sentía tan feliz sabiendo que me la encontraría observándome con esa sonrisa hermosa.
Cierro los ojos y muevo la cabeza suavemente para sacármela de la cabeza. No puedo estar así, tengo que seguir.
Al abrir los ojos, casi me choco con la profesora Lucila y me saluda con seriedad.
– Buenos días Leandro.
– Buen día profesora.
Ella entrecierra los ojos y su mirada se suaviza.
– Me entere que te vas a casar. ¿Cómo estás?
– Muy bien. – Sonrió a la fuerza. – Contento por mi casamiento.
La profesora asiente y sus ojos quedan fijos en mí, se toma un tiempo para observarme.
– ¿No me vas a preguntar cómo está?
El silencio es protagonista del momento y trago saliva. Suspiro suavemente y retrocedo.
– Lo siento profesora, tengo que ir al salón. Espero que se encuentre bien.
Doy la vuelta y camino hasta el salón de tercer año con un nudo en la garganta.
Narra Mercedes:
Alfonso me preparo un té y agarro la cuchara para revolver el líquido. Mis ojos permanecen en la infusión hasta que mi mirada se encuentra con la suya.
– ¿Cómo te sientes?
– Bien. – Muevo los hombros. – Me molesta un poco la acidez.
– Es normal, lo bueno es que no estás sufriendo con las náuseas.
– ¿Cómo estás? Tienes que estar en el trabajo.
– Estoy muy bien, vine porque mereces salir a pasear. – Toma mi mano. – Quiero que te distraigas un poco.
– No se si tenga ganas. – Niego.
– Vamos al lugar que quieras. Cualquiera. – Tratando de darme ánimos.
Sonrió un poco y su expresión es de perrito.
– Tiene que haber algo que te guste. Tal vez ir al cine, salir a caminar un poco... lástima que las obras de teatro sean a la noche
– ¿Conoces el Teatro Colón?
– Nunca tuve la oportunidad. – Animado. – ¿Quieres ir ahí?
– ¿Cómo que no lo conoces? – Exclamo. – Eso no puede ser, tenemos que ir ya mismo.
Suelta una risa y se pone de pie antes de tirar de mi brazo con suavidad para levantarme.
Narra Alfonso:
No tardamos nada en ir al Teatro Colón, estacione el auto en un estacionamiento cerca del establecimiento y caminamos hasta llegar al lugar. Entramos y esperamos a que la guía del teatro se haga presente.
Me tome unos minutos para ver la expresión de Mercedes y mi corazón se alivio tanto al ver que su expresión cambio, la veo contenta y lo veo más en sus ojos, como brillan al ver el Colon.
No me canso de pensar en lo hermosa que es, siento un amor profundo por ella y a pesar del mal momento que está atravesando, no la voy a abandonar a su suerte, la acompañare en cada momento que me necesite.
Voltea la cabeza para mirarme y su sonrisa se amplía.
– Gracias por traerme Alfonso. Gracias por todo lo que estás haciendo para alegrarme.
Solo sonrió y mi mano va a su cabello para llevarlo hacia atrás. Compartimos un momento de silencio y seguimos con el paseo.
Luego, conduzco hasta su casa y la acompaño hasta la puerta.
– Gracias por despejarme un poco.
– Haría cualquier cosa para verte bien. – Sonrió. – Solo tienes que llamarme cada vez que me necesites, aquí estaré para vos.
Sus ojos brillan al mirarme y asiente despacio. Me acerco lentamente y mi mano derecha se apoya en su mejilla.
– Solo quiero ayudarte en este momento para que tu felicidad no dependa de nadie. Solo de ti.
– Es un poco difícil que en un momento así tenga un poquito de amor propio.
Niego rápidamente y ella parpadea varias veces.
– Se que vas a poder contra todos sin mi ayuda y estaré feliz cuando eso pase.
Su mirada se estremece y sin darme cuenta, mis labios se encuentran con los suyos y cierro los ojos antes del momento maravilloso. Su boca se abre suavemente y me tomo el tiempo de besarla, de poder probar sus labios carnosos. Succiono con cuidado su labio y mis brazos la envuelven con la pasión que reprimí en todo este tiempo.
Narra Mercedes:
Estoy esperando a mi hermana para poder hablar con ella. Mi mente está literalmente tildada después de lo que paso con Alfonso.
No entiendo nada y se que ella sabe algo.
Solo tardo una hora en llegar, le abro la puerta y caminamos hasta el living. La mirada de Barbara está completamente intrigada y se sienta frente a mi.
– ¿Qué paso? ¿Estás bien?
– Estoy bien. – Ansiosa. – Solo quiero saber algo y estoy segura que lo sabes.
– Y dime.
– ¿Alfonso te dijo algo de sus sentimientos? Si está en pareja o quiere a alguien.
Sus ojos oscuros quedan estáticos al escucharme y no logro captar su expresión.
– ¿Acaso te conto que le gustas?
Me quedo sorprendida y tardo unos segundos en hablar.
– ¿Lo sabias?
– Hace un tiempo, sí. – Seria. – El me lo dijo. – Se cruza de brazos. – Ahora que lo sabes, ¿Qué vas a hacer?
Suspiro y me recuesto en el sillón.
– No se... no quiero lastimarlo porque no se que es lo que quiero. En otro momento lo hubiera rechazado y le pediría que se aleje, pero no quiero. – Suspiro. – Y más cuando deje que me besara.
Sus ojos se abren más y puedo ver una chispa.
– ¿Se besaron?
Vacilo por un momento y me muerdo los labios.
– Si. – Asiento. – Y no lo rechace. – Traga saliva.
– No se que decirte. – Habla entre dientes. – Me da un poco de gracia que no veas lo que pasa a tu alrededor y te des cuenta cuando ya es tarde.
La miro con atención y está tan rara, antes no era así y no entiendo su comportamiento.
¿Qué le pasa?
Narra Barbara:
Se me hace tan difícil hacer que no pasa nada cuando por dentro siento una furia que me quema, está maldita me está sacando lo que es mío y no voy a quedarme de brazos cruzados. No VOY A DEJAR QUE SE QUEDE CON EL.
Antes la mato.
Encima ese estúpido se atrevió a besarla y escuchar que está maldita me cuente todo lo que le paso me parece lo peor. No lo puedo soportar.
Tengo que hacer algo, no puedo dejar que está puta siga arruinándome la vida. Me saco a Ernesto y no dejare que siga haciendo lo mismo.
Alfonso ES MIO y no voy a dejar que pase de nuevo.
Si llega a meterse con él, la mato.
Me canse de la actuación de la hermana buena, ahora sabrá de lo que soy capaz.
Narra Belén:
Salgo a la calle para que me hagan las uñas y estoy con mi mejor amiga. Ella me lleva con su coche hasta en centro de estética y permanecemos allí más de una hora.
Mis uñas quedaron perfectas y ya no falta nada para casarme. Tengo todo para que la boda sea perfecta y estoy tan emocionada. Ya quiero que sea el próximo sábado.
Salimos del centro y en el camino de regreso, veo a Mercedes saliendo del almacén y una sonrisa aparece en mi rostro.
– Frena.
– ¿Para qué?
– Frena y baja conmigo.
La escucho suspirar y estaciona el auto, ve la dirección donde yo estoy mirando y se niega.
– Ya no la molestes.
– Callate y baja conmigo.
Bajo del auto y cierra la puerta, ella me sigue y camino hasta donde está Mercedes.
– Mira con quien me vengo a encontrar.
La vieja me mira con seriedad y voltea la mirada.
– Quería invitarte a mi casamiento pero recordé que mi Leandro no quiere saber nada de ti. – Suelto mi veneno.
Suspira cansada y me mira de nuevo.
– ¿Para qué me sigues molestando? '– Harta. – Ya tienes lo que tanto querías, todos te creen y yo estoy arruinada.
– Quiero más, quiero que sufras porque intentaste quitármelo. – Enojada.
– Ganaste Belén, ya estoy sufriendo. – Su voz se quiebra. – Solo quiero pedirte algo.
– Ay que linda, ¿Qué quiere la viejita? – Me burlo.
– Por lo menos hazlo feliz.
Suelto una risa venenosa.
– Que pena me das Mercedes, el te odia y mira lo que me pides.
– Lo se. – Asiente. – Se muy bien que me odia pero por lo menos fui honesta.
– ¿Quieres que te aplauda?
– Ya basta Belén. – Interrumpe Luciana. – Sera mejor que te lleve a tu casa.
Mi respiración es acelerada y le doy una sonrisa llena de triunfo.
– Ahora Leandro va a ser mío y te dejara atrás. En el futuro nos vamos a reir cuando recordemos como el fue capaz de estar con una vieja. – Rio a carcajadas. – Que patética sos, Mercedes.
Después de eso, me voy con mi amiga y respiro con tanto alivio al saber que gane la guerra.
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