Capítulo 29

Narra Mercedes:

No tengo ni idea de que hora es, pero se me está haciendo eterno y no se como hare para pasar está noche en esta celda. Siento un inmenso calor que traspasa mi cuerpo y llevo mi cabello hacia atrás.

Al poco tiempo veo que una oficial se acerca y mis ojos se abren al ver a Leandro, el corazón se me paraliza y mi mirada es temerosa, todo lo contrario con su porte.

Tenso, con los puños apretados y mirándome con odio.

Nunca llegue a pensar que el podría verme de esa manera y es lo peor que a alguien le podría pasar, que el hombre que amas te mire con odio.

– No está permitido el horario de visita pero el joven quiere hablar con usted, señora Velarde.

– Está bien. – Murmuro.

La mujer nos deja a solas y mi espalda está apoyada en la pared, Leandro me mira en silencio, como si estuviera pensando que decirme y ya se que se vendrán las peores palabras hacia mi persona.

– ¿Por qué lo hiciste? – Decepcionado. – Pensé que me amabas.

– Y te amo. – Mi voz se quiebra. – Y yo no lo hice. – Me pongo de pie. – No le hice nada a Belén.

– ¿Por qué no dijiste nada? ¿Por qué te quedaste callada? – Niega. – No te creo Mercedes, mataste a mi hijo... se que no amo a Belén pero con todo esto me hizo abrir los ojos al ver lo basura que sos.

Las lagrimas empiezan a caer por mis mejillas y Leandro mueve la cabeza.

– Ya no soy el estúpido que te creía cada lagrima. – Enojado. – No se como pude creerte Mercedes, como pude creerle a una persona tan ruin como vos, estaba dispuesto a darte todo para hacerte feliz y me haces esto.

Su respiración es pesada y me estoy empezando a sentir mal, me siento en el colchón y sollozo.

– Solo quería verte pagando por lo que hiciste, te va a salir caro por asesinar a mi hijo y aunque me cueste la vida, te voy a sacar de mi pecho porque lo único que mereces es mi desprecio.

Solo niego una y otra vez, me duele hasta los huesos que no me crea, que piense que sea capaz de querer hacerle daño.

– No le hice nada a Belén... – Desesperada. – Lo único que quiero es tu felicidad Leandro, no haría nada que signifique tu sufrimiento.

– En este momento ya tus palabras no valen nada, Belén me demostró que vale mucho más que vos y que ella merece mi amor aunque me cueste se que algún día la amare como lo merece. – Vuelve a mover la cabeza. – Me arrepiento tanto de haberte conocido, de haberme enamorado de vos.

Siento que me clavo una puñalada en el corazón y bajo la cabeza, ahogándome con mis lagrimas y mi respiración agitada.

– Hasta nunca Mercedes.

Escucho sus pasos alejándose de mi y me acuesto en la cama envuelta en un mar de lágrimas, llorando porque lo perdí definitivamente y apoyo la cabeza en la almohada.

Yo no hice nada, mi amor... ¿Por qué no me crees?

El llanto es el único compañero en está celda y me pierdo en la oscuridad de mi alma.

Al otro día, las luces de la celda me despiertan y siento como me enceguecen. Utilizo mi mano para tapar un poco la luz y Alfonso aparece unos segundos después.

– ¿Qué te paso? – Preocupado al verme con los ojos rojos.

– Nada. – Trago saliva.

Me pongo de pie y limpio mis ojos.

– ¿Sabes algo? – Ansiosa.

Una sonrisa aparece en sus labios y toma mi mano.

– Vine para sacarte de este lugar, ya pagué tu fianza.

Suspiro al sentirme un poco aliviada pero no me siento feliz, la felicidad que sentía unas semanas atrás se fue al saber que me gane el desprecio injustificado de Leandro.

No se como hare para vivir sin el, enfrentar a lo que viene ahora porque se que ya perdi el respeto en el conservatorio y me van a querer despedir.

– Gracias Alfonso. – Suspiro.

– Se que fue un trago muy amargo pero te vas a recuperar. – Acaricia mi mano.

Después de unos minutos, me sacan de la celda y me entregan mis cosas que estuvieron retenidas.

Salimos a la calle y entramos a su auto.

– ¿Cómo estás?

– No muy bien. – Triste. – Te agradezco por lo que hiciste por mi pero no me siento feliz, se me viene todo abajo y tengo miedo porque no quiero sufrir más.

Mis ojos se ponen llorosos y toma mi mano, apretándola suavemente.

– No estás sola, Mercedes. – Besa mi mano. – Estaré con vos en cualquier cosa que necesites. Quiero ayudar a recuperarte.

– Me tomo mucho tiempo recuperarme, ya no quiero pasar otros años recuperándome del vacío y la tristeza que siento ahora.

– Puede ser pero ahora no estás sola. – Sonríe suavemente. – Ponete cómoda que te voy a llevar a tu casa y me quedare con vos para que no estés sola.

No digo nada, preferí seguirle la corriente y Alfonso enciende el motor.

Narra Belén:

Estoy a solas con Luciana en la cama de hospital, apenas me puedo mover por el dolor de cuerpo y siento su mirada juzgadora.

– No entiendo como tus padres te hicieron caso para hacer algo así.

– Porque hacen todo lo que quiero y saben que yo amo a Leandro.

– Eso no es amor, es un capricho de mierda y estás destruyendo a una mujer inocente.

– ¿Y que? Se lo merece por querer quitármelo y solo quería sacarla del medio. – Sonrió. – Lo logre muy fácil y se va a retorcer del sufrimiento que va a pasar de ahora en adelante. Leandro la odia, la institución no la respeta y la van a echar.

– Ay Belén... ya no te conozco, no eras así.

– Esa vieja me hizo así y estoy demasiado satisfecha porque ya no tengo que estar preocupada por embarazarme y me falta el siguiente paso, que se case conmigo.

– El no te quiere, ¿Cómo lo harás?

– Ay Luciana, me sorprende que no lo sepas. – Suelto una risa. – Soy una experta manipulando a la gente y muy buena actriz. Hasta me gane el cariño de mi suegra.

Luciana niega lentamente y me mira con desaprobación.

– No puedo creer que seas capaz de hacer algo así para retener a un chico que no te quiere. No se como no te pica la culpa.

– ¿Por qué tendría que sentir culpa? Yo solo hice lo que tenia que hacer, nada más. ¿Y sentir culpa por destruir a esa vieja? Ay mejor cállate, Luciana. Ya me aburres. – Seria. – Solo te voy a decir algo, espero que mantengas esa boca cerrada porque te puedo llegar a matar. – Le advierto. – No voy a dejar que arruines todo solo porque sientes culpa. Yo no la siento, no me importa lastimar al que sea para que me salga bien lo que quiero.

Ella me mira con miedo y deja de mirarme. Suspira y se pone de pie para dejarme sola en la habitación.

Narra Leandro:

Me levanto temprano para ir al trabajo y me doy una ducha antes de prepararme. Salgo de mi habitación y voy a la cocina donde está mi familia, mi madre me mira con los brazos cruzados y mi padre, y mi hermana me miran con temor.

– ¿Cómo estás, Leandro? – Pregunta mi padre.

– Más o menos, me duele un poco la cabeza.

Suspiro y me siento en mi silla, mi hermana me entrega la jarra de café y me sirvo un poco. Al mirar a mi familia me doy cuenta que se miran entre ellos y mi madre mantiene su rostro serio.

– ¿Pasa algo?

La expresión de mi mamá pasa ser a enojada y se sienta frente a mí.

– Recibimos la llamada del abogado de Belén para avisarnos que alguien pago la fianza de esa mujer y ahora estará en libertad.

– Eso no puede ser. – Enojado. – ¿Por qué? Tendría que estar presa.

– Le dieron la libertad con la condición de no salir del país y no acercarse a la víctima pero no te preocupes, los padres de Belén hablaron con las autoridades del conservatorio y la van a despedir de su trabajo, ella va a quedar aislada y de alguna manera va a sufrir por lo que hizo.

Al escuchar eso de mi mamá me dio una sensación que no quiero sentir, que es la tristeza que me da saber que la van a despedir del trabajo que ama Mercedes.

¿Por qué siento tristeza por una persona que me hizo lo peor que me pueden hacer? Esa mujer solo merece lo peor y no mi amor.

Cierro los ojos y me pongo de pie.

– ¿Por qué no nos calmamos? – Mi hermana intercede y traga saliva. – Si ella es culpable la justicia se va a encargar.

Mi madre la toma del brazo y la mira como si quisiera matarla.

– Claro que es culpable, ella mato a mi nieto y quiso matar a Belén.

– Eso no se sabe mamá. – Poniéndose de pie. – Ya se que lo dijo esa chica pero recorda que hace un tiempo decías que estaba loca porque se atrevió a entrar a la casa diciendo que era pareja de Leandro cuando no era así, ¿y todavía le vas a creer?

Entrecerré los ojos al escuchar esa hipótesis de mi hermana y no está tan errada, lo que me dejo confundido por un tiempo. 

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