dieciséis

Jungkook

—Ven a casa luego de la escuela.—me explicó Jennie—aquí te dejo mi dirección y mi número. Mis padres quieren conocerte y asegurarse de que eres buen tipo, ya sabes...—hizo un ademán con la mano restandole importancia—como sea, luego te veo.

Sonreí y asentí.

—¿Algún tip para ayudarme a ser agradable para tus padres?—pregunté al aire.

Jennie me dedicó el dedo medio junto a una resplandeciente sonrisa.

—¡Ni que fueras mi maldito novio, Jungkook!

Yo sonreí en grande.

Cuando llegué a casa noté que Lalisa aún no llegaba. Así que deduje que estaba con alguien por ahí afuera. Intenté quitar el nerviosismo de mi sistema y me duché, para cambiarme e ir a la casa de Jennie.

Luego de caminar y ubicar la dirección que Jennie me había dado, me detuve frente a la puerta y limpié mi camisa que no tenía ni una sola arruga. La verdad era que su casa era muy llamativa y bien construida. Con un gran balcón y enormes ventanales. Algo me decía que Jennie era hija de padres con mucho dinero y no me equivoqué; me atendió una ama de casa.

—¿Quién eres tú?

El ceño de la señora se había fruncido notablemente. Carraspeé.

—Soy Jeon Jungkook-me presenté, nervioso.

—¡Oh! El amigo de Chae.—de repente cambio todo su semblante por una sonrisa—¡Pasa querido mío!

Se hizo a un lado y me permitió el paso encantada. Llamó a Jennie con un grito ensordecedor y esta con un pijama rosa y pantuflas color crema bajo las escaleras de forma ligera.

—¡Jungkook! Hola.—saludó acercandose—me alegra verte. ¿que tal todo?

—De maravilla.—dije mirándola disimuladamente. Se veía muy linda con el cabello ligeramente despeinado. Era como ver a una niña.

Recordé a Lisa inconscientemente. Suspiré.

—Espero caerle bien a tus padres.—dije, por decir algo.

—Seguramente lo hagas.

—¿Jennie?—una voz gruesa y masculina se oyó desde fondo, junto a unos pasos acercándose—¿Quien es?

Un señor enfundado en un traje elegante y con rostro perfectamente afeitado se presentó ante mí en cuestión de segundos. Me ofreció su mano y la acepté con una sonrisa, aunque el me inspeccionó con la mirada de todas maneras.

—Mucho gusto señor Kim.

—Lo mismo digo.—respondió—y dime, muchacho ¿porque te interesa este trabajo?

—Me despidieron del anterior por problemas personales.—respondí de inmediato.

—¿Qué problemas personales?

—Bueno, con todo respeto, pero por algo son personales ¿no?

Una manera educada y reservada de decir que era un imbécil que se había quedado dormido.

El me miró ceñudo.

—¿Tienes familia o vives solo?

—Con mi hermana menor. Ambos solos.

—¿Tus padres?—insistió

—Lejos, por suerte.

El hizo silencio entonces. Analizando mi respuesta.

—¿Todo esto es para poder darle los gustos a tu hermana pequeña o tienes planes a futuro?

—¿Realmente vale la pena saberlo?

—Solo conteste, Jungkook.

Me relamí los labios pensando una respuesta.

—Sí—respondí finalmente, encogiendome de hombros—Mi hermana es lo más cercano y lo único más preciado que tengo de mi familia. Haré todo por ella siempre—me asinceré haciendolo abrir un poco los ojos—y cuando sea grande creo que me gustaría ser arquitecto.

Al oir esto último sonrió como si le festejaran un feliz cumpleaños.

—Pues serás un gran arquitecto, muchacho—me guiño un ojo palmeandome la espalda. Wow. Sabía que era agradable pero ¿tanto?—yo soy dueño de unas fábricas. De hecho mi esposa y yo nos iremos de viaje por ello, pero Jennie no puede ir, ya que es arriesgado que se atrase con los estudios.—explicó

—Muchas gracias. La cuidaré bien.—respondí—seré un amigo más.

—Ah, y eso también.—dijo mirandome seriamente—aleja tus manos de Jennifer, Jeon Jungkook ¿está claro? Créeme que me agradas. Pero mi niña siempre estará por arriba de todo, y no dejaré que nisiquiera alguien como tú le haga daño. ¿te quedo bien grabado en la cabeza, chico?

Admito que su mirada fría me dio un poco de terror. Su mano en mi hombro hizo más presión y su voz amenazante no ayudó. Más aún así asentí.

—Si, señor.

—Perfecto.

Dicho esto, llamó a su mujer colocando una resplandesciente sonrisa. La saludé, por la forma de hablar note que era muy parecida a Jennie. Luego de eso ambos me dijeron cuanto dinero ganaría y me dejaron su teléfono por cualquier inconveniente.

Finalmente después de unos 20 minutos, se fueron. Quedamos tan sólo Jennie, el ama de llaves y yo.

—¿Quieres subir? Podemos jugar algún juego de mesa o algo.—ofreció Jennie—de paso nos conocemos un poco. Me va a agradar más tu compañía que la de la vieja vecina de al lado ¡eso tenlo por seguro!

Ambos reimos.

—De acuerdo. Un juego de mesa esta bien para mi.

Jennie sonrio a respuesta y ambos subimos a su habitación escaleras arriba. Toqué con mi mano el barandal y me sorprendí del lindo color madera que tenía. Y brilloso. Como si acabaran de limpiarlo aunque dudaba de ello. Jennie abrió la puerta de su habitación y ambos entramos. Era simple pero se notaba que ahí dentro vivía una chica. Tenía un placard con puerta corrediza y un espejo enorme en este. También un pequeño estante de libros y una cama matrimonial con frazadas rosas.

—Tengo el ajedrez, el operando, el ludo matic, el monopoly, o simple juegos de cartas.

—El juego de cartas por ahora esta bien.

Jennie asintió y sacó este de su sitio. Sonrió y comenzó a sacar las cartas sentándose en el borde de su cama, a una distancia prudente de mi.

—Entonces... ¿Te la pasas bien aquí?—preguntó Jennie comenzando a repartir las cartas—digo, en el pueblo.

—Es interesante.—admití—hace mucho no venía y bueno, decidí con mi hermana que era el momento perfecto.

—Si no te molesta que te pregunte... ¿qué pasó con tus padres? No sabía que no vivías con ellos.

Sentí como mi cuerpo se endurecia un poco al oir su pregunta. Me quedé unos segundos en silencio pensando una posible respuesta.

—Uh, lo siento. No quise...

—Esta bien.—dije y abrí la boca para hablar, decidiendo ser sincero—mamá y papá son... personas que aunque quisieran ser buenos padres, no podrían—me reí incomodo—ambos tienen mucho dinero y se la pasan viajando todo el tiempo. A nosotros siempre nos dejaron con una niñera. Y la verdad son pocos los momentos que recuerdo haber tenido con ellos.

Jennie me miró con lástima. Yo sólo me encogí de hombros restandole importancia. No era lo peor que nos había pasado, siendo sincero.

—Ahora que soy mayor de edad y conseguí dinero decidí mudarme llevándome a mi hermana conmigo. Al menos por un tiempo. Sería mejor alejarse un poco de todos, y nada nos parece mejor que volver al pueblo en donde nacimos.

Jennie sonrio calidamente en silencio. Sin atreverse a decir otras palabras. Tomó mi mano y la frotó en un gesto de apoyo sincero. Yo le sonreí agradecido. Todo en lo que Lalisa era diversión y malicia en ella era paz y buenos deseos. Fue extraño, pero me agradó al fin y al cabo.

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top