Capítulo 9

"Quien fue tu amante"

Charlotte Harrison

El viaje de regreso ha sido cansado, la escala que hicimos se retrasó, y en lugar de hacer diez horas, hicimos tres más.

Me despido de mis amigos y subo a mi coche aparcado en el estacionamiento del aeropuerto. Después de mi fin de semana, mi aventura con Leister, y tres días más en las playas de Cuba, ahora mismo me encuentro exhausta.

No he dejado de pensar en ese hombre, en las dos veces que me hizo correr. Admito que he soñado y fantaseado con él. « ¿Acaso eso es normal?» No lo sé, tal vez. Su cuerpo sudoroso sobre el mío, sus ojos azul cielo y su pelo negro, me siguen pareciendo de lo más sensual cuando lo veo hasta en mis pensamientos.

Es atractivo, para que negarlo.

Conduzco hasta el edifico de mi apartamento. Izan y yo llegamos al mismo tiempo, éste aparca su coche a lado del mío y ambos bajamos por igual. Tomo la maleta y mi bolso, espero a Izan y juntos caminamos hasta el elevador. Al adentrarnos, caigo en cuenta que hemos regresado a la realidad.

—Me hubiese gustado quedarme más días —le hago saber a mi amigo.

—Lástima por ustedes, aún les quedan dos días de trabajo, en cambio a mi... —suspira, con una sonrisa dibujada en los labios —, serán cuatro más de descanso.

—Te odio —le digo.

—Ódiame perra.

Suelto una carcajada. Después salimos al pasillo de nuestro piso, caminamos hasta nuestras puertas, entrando cada quien a su apartamento. Me despido de él otra vez con un beso en la mejilla, y cierro la puerta de mi casa.

Enciendo el televisor en cualquier canal donde me diga la hora, y noto que ya pasa de media noche. Ni siquiera tengo mi móvil, Leister se lo ha quedado y sé perfectamente que, tanto para él, como para mí, es la excusa perfecta para volver a vernos.

Nada más de pensarlo me palpita la entrepierna.

Dejo el televisor encendido, camino hasta la habitación dejando mi equipaje a un lado de la cama. En otro momento lo acomodo, pienso. Camino hasta la ducha, me quito la ropa y tomo un baño con agua tibia. El frío aun abunda por acá, así que no está de más bañarse con agua tibia.

Para cuando termino, ya pasa de la una de la madrugada. Camino al sofá envuelta en una manta, me recuesto en éste, quedándome dormida en menos de lo que canta un gallo...

(***)

Me encuentro abierta de piernas, con las muñecas atadas en los barrotes de mi cama y con Leister mirándome en la orilla de ésta. Me muerdo el labio inferior, entonces Leister se acerca a mí con detenimiento a mi entrepierna y...

Escucho el golpeteo de la puerta a lo lejos. Los ojos me pesan. También escucho la voz de la mujer que da las noticias por la mañana en el televisor. La luz de la mañana me encandila en las pupilas al darme cuenta que me quedé dormida en el sofá con las cortinas abiertas.

Vuelvo a escuchar el golpeteo de la puerta, miro el reloj en la televisión el cual marca las seis de la mañana. «¿Quién mierda toca a ésta hora?». Me pregunto. Me levanto a duras penas del sofá con la manda envuelta en mi cuerpo, observando por la mirilla de la puerta.

Izan.

Abro la puerta dejando que mi amigo entre.

—¿A que debo el honor de tu visita? —le digo, regresando a recostarme en el sofá.

—No podía dormir, así que te vine a molestar. Además, ya estas por levantarte y como no tienes móvil no quería que se te hiciera tarde.

—Que considerado —respondo cerrando de nuevo los ojos.

Después de unos minutos los abrió, dándome cuenta que no está aquí por eso. Veo que le cambia de canal al televisor, dejándole en uno de deportes donde están televisando futbol soccer.

—Ya decía yo... —me quejo, al ver que se acomoda en el sofá, trayendo de mi habitación otra manta.

—¿Qué? Me quedé sin cable, y mis aplicaciones bancarias se bloquearon.

—Tan fácil que es ir al banco —digo, levantándome del sofá, caminando a la cocina.

—Tengo cita hasta las once.

Le sube el volumen a la televisión. Preparo un desayuno rápido de waffles, café y fruta. Después vuelvo a la ducha y dejo a mi amigo quedarse en mi departamento. Me despido de él, corriendo al estacionamiento del edificio para subir a mi coche.

La mañana es tranquila, voy de pantalones negros de vestir, blusa y abrigo color beige. Salgo a la intemperie caminando hasta el elevador de mi trabajo. Para cuando llego a la oficina, Julián ya se encuentra esperándome en mi oficina con una café en mano.

—Buenos días Julián —lo saludo con una sonrisa.

Dejo la puerta abierta de la oficina, porque si la cierro seguramente pasaría lo que ha pasado estos últimos días con él.

—¿Qué tal el viaje? —me pregunta, estrechando el café a mi mano.

Lo tomo sin ningún problema, tomando asiento en mi lugar. Comienzo a platicarle sobre lo que hicimos, omitiendo claramente la parte en la que me follé a nuestro cliente. En ocasiones me pierdo volviendo al sueño que comenzaba a ponerse candente antes de que fuese interrumpida por Izan.

Trato de hacerle la menor platica posible a Julian, pero es imposible no hacerlo cuando es un chico agradable que te escucha con atención. Despues volvemos hablar de la pagina web y el sistema de Leister con el nombre del lugar. Julian y yo lo criticamos unos segundos, pero después volvemos a nuestro profesionalismo respetando los deseos del cliente.

—Bueno, cualquier mejora que quiera le haga, me lo haces saber ¿vale? —me dice, y yo asiento.

—¡Oh, Julián! Antes de que lo olvide.

De mi bolso, saco una pequeña bolsita de regalo donde yace una taza en color azul, y un llavero de Cuba.

—Es un pequeño detalle, ¿vale? —le hago saber.

—Gracias —dice, abriéndolo —, me gustó. Usaré la taza eh, no lo dudes.

—Eso espero —le sonrío.

Julián camina hasta la puerta, pero se muestra dudoso de salir. Entonces, se da la media vuelta volviendo hacia mí. Levanto la mirada en su dirección cuando éste se posiciona frente a mi escritorio, me toma de la barbilla levantándola hacia arriba y acercando mis labios a los suyos. Beso la suavidad de éstos, no lo profundizo. Después sale de la oficina.

La mañana la paso ocupada con las revisiones de algunos proyectos en otros departamentos. Decido avanzar con los pendientes que me ha dejado Harry. Para cuando se llega la hora de comida, Nay y yo decidimos tomarla en mi área de trabajo. Los días fuera de improviso me han acumulado el trabajo, y el proyecto que aún sigo detallando es el que se encuentra haciendo Julián y su equipo.

—¿Y...? —me interroga mi amiga, dándole un sorbo al refresco que lleva en mano.

—¿Y...? —la miro, enarcándole una ceja.

—No te hagas tonta, ¿has hablado con el bombón?

Sonrío como estúpida, mirando la pantalla de mi portátil.

—Sabes que no, aún tiene mi móvil —respondo, encogiéndome de hombros.

—¡Oh, vamos! Solo es de que lo llames y le digas que te lo entregue ya.

—No lo haré —le digo —, no aún.

—Te haces del rogar —dice, recargando la espalda en el respaldo de la silla frente a mi escritorio.

—¿Y por qué no? Ni siquiera me hice del rogar con Marcus, y mira como terminó.

—No lo sé conejita, ese tipo me... —se queda callada —, no sé.

—No me digas que no te da buena vibra —le recrimino riendo.

—¡No! No es eso, es... algo raro. Es guapo, adinerado y por lo que he visto su firma de abogados es muy buena.

Asiento, después le aclaro que uno de sus asociados comenzará el trámite de mi divorcio. Hablamos un rato más sobre el viaje y lo maravilloso que nos la pasamos. Después se va a su lugar, dejándome el resto de la tarde para avanzarle a mi trabajo. Entonces, me entra la melancolía recordando a Oliver. No hemos hablado desde la última vez en la que fui al edificio para recoger mis cosas.

—Soy una maldita perra —me digo a mi misma.

Los ojos se me llenan de lágrimas, y me siento una hipócrita al pensar en él como si no hubiese disfrutado lo que hice. Suspiro, al mismo tiempo en el que me recargo en el respaldo de la silla de mi oficina. Miro el reloj de la portátil, faltando quince minutos para salir, y decido dedicarlo a pensar en lo siguiente que haré.

Trago duro, cierro los ojos y aunque quisiera recordar la noche pasional con Leister, quien me viene a la mente es Oliver y Marcus.

Oliver endulzándome el oído con sus palabras bonitas, sus regalos y la infinidad de veces que me amó como nadie más lo hizo.

Marcus, con su sensualidad, su mirada, su sonrisa traviesa y esos momentos de sexo placentero que me llevaron a perder la razón, a perder los estribos y olvidarme por un momento de que estaba casada con su mejor amigo.

Abro los ojos, dejando que las lágrimas recorran mis mejillas recordando que perdí a un hombre que me amó como nadie más lo hizo, recordando el momento en el que lo conocí y...

Recompongo la postura. Me levanto de la silla giratoria y me repito a mí misma que ya no lo amo, porque es así. Amo a otro, y ese otro me dejó por su mujer, lo cual comprendo al saber que están esperando un hijo. Me enamoró en minutos, y bastaron segundos para que se olvidara de mí.

—Estoy confundida... —me susurro a mí misma.

Me tallo los ojos, me limpio las lágrimas y tomo mi bolso para salir de éste espacio que comienza a sofocarme. En mi piso ya no hay nadie, suelo ser de las que apenas si llegan a tiempo, pero se van tarde.

Para cuando llego a la recepción me despido del guardia. No sé nada de Nay, si ya se ha ido o no, así que camino sola hasta el estacionamiento del edificio. Conforme camino, mi humor cambia. Sobre todo al ver a ese hombre con toda la extensión de la palabra. Va de traje, con un abrigo en color negro que lo abriga del frío que hace. Me sonríe, y pareciera que mi sexo reacciona cuando lo hace.

Camino hasta donde se encuentra, éste eleva su mano izquierda mostrándome el móvil que lleva en la mano.

—Casualmente, se le acabó la batería —dice, entregándomelo.

Lo tomo con mi mano, guardándolo en el bolsillo de mi abrigo.

—¿A sí? Que extraño ¿no crees?

—Si, demasiado. Lo use casi toda la semana mirando ese video que me dejaste.

—No te lo dejé a ti —respondo sonriendo.

—Aun así lo vi como diez veces, ya te imaginaras como terminé... —sonríe.

—¿Y cómo terminaste? —pregunto.

Mi respiración comienza agitarse.

—Muy, pero muy... caliente.

Sonríe.

Me rio, bajando la mirada y negando.

—Menos mal que ya está de nuevo en mis manos.

—Podrías dejármelo cuando quieras.

—Lo dudo.

Camino, pasándole por un lado. Aspiro el aroma de su fragancia y...

— ¿A dónde escapas bonita? —gruñe, tomándome del cuello con su firme mano derecha.

Jadeo cuando Leister me acerca hasta sus labios.

—No estoy escapando —respondo, mirándole los labios.

—No te traje el móvil de gratis —dice —, de hecho, estoy caliente y quiero follar contigo.

—¿Otra vez? ¿No te bastó mi video? —bromeo.

—No es suficiente, quiero sentir esto en mi boca.

Con la mano izquierda, me frota la entrepierna sobre la tela. Trago duro cuando lo hace, el cuerpo se me calienta, se tensa, y lo único que quiero es que éste hombre me desnude y me bese de pies a cabeza.

—¿Tú no quieres? —jadea, y yo jadeo cuando se prende de mis labios.

—Ni siquiera me gustas —respondo, colgándome de su cuello.

—Ni tú a mí, pero qué más da...

Me magrea los glúteos, colando después una de sus frías manos a mi vientre.

—Joder, estas frío... —me quejo.

Leister sonríe cuando lo interrumpo.

—Podrías calentarme bonita —dice, rodeando sus manos a mi cintura, pegándome más a su cuerpo.

No paso desapercibida su erección pegada a mi cuerpo.

—Mmm, no creo. En realidad me muero de hambre así que iré a casa y...

Me interrumpe al besarme.

—Vale, te invito a cenar y después a follar.

—¡Uy, que gran oferta! —me río, echando la cabeza hacia atrás.

—Tómalo o déjalo —responde, mordiéndome la barbilla, direccionando sus besos a mi cuello.

Me le quedo mirando, aun con mis brazos rodeándole. Leister aprieta su miembro a mi abdomen, y el simple roce es suficiente para que me encienda.

—Mi oferta se termina en tres... dos... uno...

—¡Oh, cállate! —lo interrumpo con un beso —, sabes que si quiero.

—¿Tu casa, o mi casa? —pregunta.

—Primero cenar, después mi casa.

Asiente. Me acompaña hasta mi coche, indicándome la dirección del restaurante al que iremos, y agradezco tanto que no sea al que he ido con Marcus.

Estaciono el coche en el estacionamiento del restaurante. Leister llegó primero que yo, así que le tocó esperarme en éste hasta que llegara yo. Me abre la puerta de mi coche, y después me atrae hacia él dejándome un casto beso en los labios.

Entonces lo recuerdo, recuerdo que sigo siendo una mujer casada.

—Mierda —susurro, cuando me suelta.

—Esa boquita —se queja, tomándome de la mano.

Caminamos juntos hasta la recepción del restaurante, uno lujoso y elegante con candelabros de vidrio y manteles color beige. Leister pide una mesa para dos, para después seguir a la hostess entre las mesas del lugar. Parece ser un lugar tranquilo, sin tanta gente donde se puede cenar en paz.

Leister me toma de la mano conforme caminamos siguiendo a la mujer de traje negro y corbatín dorado. Es alta, bonita y esbelta. Y no paso por alto que el maldito se le queda mirando el trasero.

Rodeo los ojos. Me suelto de su agarre, pero éste vuelve a tomarme a la fuerza. Entonces, y como si me hubiese ido a otro maldito mundo, la sangre viaja hasta mis pies al ver al hombre que se encuentra a dos mesas de la nuestra. Mi labio inferior tiembla, y el rostro de Marcus es sustituido por unos ojos llenos de furia.

Creí haberlo enterrado.

Le volteo la mirada, pero para mí mala suerte él no lo hace y ahora mismo no quiero que Leister se entere de mi romance con quien fue el mejor amigo de mi esposo.

Sigo caminando con la frente en alto, caminando como si no le debiese nada a nadie. Aunque en realidad no le debo nada a nadie. Leister arrastra la silla hacia atrás para permitir que yo tome asiento. Para cuando lo hago, siento la mirada escrutiñadora de Marcus en todo mi cuerpo. Lesiter toma asiento a mi lado, pidiéndole después a la dependienta una botella de vino que ni siquiera alcanzo a escuchar el nombre.

—Creo que alguien se te queda viendo —dice.

—¿Qué? —me hago la estúpida, consciente de que si, alguien me mira.

—Conozco a Marcus, iré a saludarlo ¿vienes? —me pregunta.

—No, no, ve tú. Aquí te espero.

—Bien.

Me sonríe, dejándome después un casto beso en la mejilla.

Leister se levanta de su silla caminando hasta donde se encuentra Marcus. Éste último lo saluda, al mismo tiempo en el que le presenta a los hombres con quienes se encuentra. Por lo que alcanzo a escuchar, Marcus no le dice nada ni pregunta por mí. Simplemente se dedica a hablar con Leister y los tres hombres que se encuentran ahí. Después de unos minutos Farid se disculpa con ellos. Éste vuelve a nuestra mesa, tomando asiento a mi lado. Sonríe al verme. La dependienta llega con uno de los camareros a colocar el vino que Leister a pedido. Nos ofrecen del vino, pero él se niega a que nos lo sirvan, así que lo hace por su propia cuenta.

—¿Gustas?

Me pregunta, y yo asiento con la cabeza. Estoy nerviosa, las manos me sudan y por un momento quiero salir huyendo creyendo que Marcus puede venir e interrumpir lo que sea que Farid y yo estemos haciendo.

Leister deja la copa de vino frente a mí, la tomo con cuidado, dándole después un sorbo al frío vino.

—Sabes, disfruto de lo prohibido... —comienza a decir, sacándome del trance y el nerviosismo al sentir las miradas que Marcus me está lanzando —. Deja de mirarlo a él, tú vienes conmigo.

¿Qué mierda...?

— ¿Qué? No estoy mirando a nadie.

Vuelvo la mirada hacia Lesiter disimuladamente. Las pupilas dilatadas, y el gesto endurecido lo hacen ver provocativo. Me toma de la barbilla acercándome a sus labios. Trato de negarme, porque por alguna razón estúpida no quiero que Marcus me vea besando a alguien, pero él me detiene lamiéndome con su lengua los labios. El simple roce me pone a ver pajaritos volando.

— Bésame como lo hiciste en Cuba —me susurra en los labios con la respiración agitada —, ¿o qué? ¿Ya te olvidaste de cómo te follé y de lo bien que la pasaste? —niego con los labios entreabiertos, mirándolo a sus ojo azul cielo —, entonces bésame hasta calentarte y deja de mirar a quien fue tu amante.

¡AAAAAAAHH! Sinceramente, me encantó jeje 

Feliz lunes mis Perversas ♥ 

La primera parte de Perversos, se está subiendo también a Booknet, si  tienen alguna conocida que lea solamente por esa plataforma, les agradecería muchísimo recomendaran a nuestros Perversos ♥

¡LES AMO! ¿Qué les pareció? 

28/03/2022♥

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