Capítulo 6

"Leister & Asociados"

Farid Leister

Como siempre, las calles siguen oscurecidas. Miro mi reloj mientras me detengo en un semáforo en rojo: las seis con cuarenta.

Soy de los hombres que considera que, llegar tarde es una falta de respeto, no de tiempo. Soy un hombre puntual porque así me educaron, y también un muy buen líder. Al menos eso es lo que escucho de las voces en mis empleados.

Piso el acelerador. Aún es temprano, eso lo sé, pero estoy seguro que mi asistente Hannah ya se encuentra en su lugar, sentada esperando a que llegue. Con ella todos los días es como una competencia. Si llegas cinco minutos antes, estas a tiempo; si estas a tiempo, ya vas tarde; y si vas tarde, mejor ni llegues.

Ese es mi lema mental. Por lo tanto, siempre llego cinco minutos antes de los cinco minutos.

Estaciono el coche en el aparcamiento subterráneo del bufet. Tomo mis libros y el maletín de mano color negro. Camino hasta el elevador, y conforme lo hago, noto el coche de Hannah y el de Brandon.

—Malditos —susurro entre dientes.

Al adentrarme al elevador, tecleo el último piso del edificio. Tardo por lo menos cinco minutos en llegar, y al hacerlo, el aroma característico del perfume de la mujer me impregna en las fosas nasales.

Aspiro exasperado. Sí, me siento derrotado por ambos.

Camino con paso decidido, la mujer es alta, de piel perlada y cabello castaño claro. Siempre va bien vestida y con tacones altos. Ni pareciera que acaba de tener a su segundo hijo. Sí, es casada, pero de todas las casadas, sería la última opción de meterme con alguien tan controladora como ella. Tiene treinta y cinco. Cuatro más que yo. Le gusta el control, el orden y la puntualidad, por eso es que llega igual o antes que yo. Somos iguales, me he dado cuenta de ello, por eso nuestras personalidades chocan. Siempre está al pendiente de mi agenda, y nunca, pero casi nunca deja de teclear su ordenador.

—Hannah, querida Hannah —digo, esbozando una sonrisa al momento en el que me posiciono frente a su escritorio —. ¿Tienes los...?

—Aquí están —me interrumpe.

Solo ella lo tiene permitido.

Estrecha un folder con los documentos que le pedí ayer antes de salir. Los ojeo; limpios y ordenados.

—Me podrías preparar...

—¡Listo! En tu escritorio, hirviendo, con uno de azúcar y negro, como te gusta —prosigue, guiñándome un ojo y sin dejar de teclear el ordenador.

—Deberíamos casarnos, ¿no crees? —respondo, caminando a la puerta de mi oficina.

—Ya lo estamos, tenemos dos hijos y ocho años de casados.

—¡Que afortunado soy!

Abro la puerta de mi oficina. Aun no amanece, y lo noto por el enorme ventanal de la misma que yace tras la silla giratoria de mi escritorio. Camino hasta éste, tomo asiento y después le doy un trago al café hirviendo. Ya ni lo siento.

—Buenos días —saluda Brandon, entrando como si nada.

—Adelante, puedes entrar...

—Tengo dudas con éste caso, la mujer se quiere divorciar pero también quiere denunciar la golpiza que le dio el esposo y...

Pongo atención hasta lo último que me explica. Brandon es abogado y especialista en el Derecho Familiar. Yo, por otro lado, en el Derecho Mercantil y Penal. Me encanta mi trabajo, pelear lo que no debo y hablar hasta por los codos deshaciéndome de todo el sarcasmo que me guardo.

Nuestro padre se esmeró en ser reconocido por años, y sus hijos no podrían defraudarlo. Excepto Antonella Leister. A ella si le vale una mierda, porque nuestra hermana es doctora.

—Mmm, por lo que veo el tipo tiene historial delictivo —comento, revisando los documentos de Brandon —. Bien, ve con Charles y explícale la situación, que te de una asesoría por si el abogado el tipo se pone roñoso.

Charles es especialista en Derecho Penal, igual que yo.

—Creí que me ayudarías tú.

—Creíste mal, estoy ocupado Brandon ¿no ves? —le señalo la montaña de documentos en mi escritorio —. Debo repartir casos a los asociados Jr.

—¡Bien! Por cierto, el evento de beneficencia será en dos meses, me acaba de confirmar Anto.

—¡¿Te confirmó a ti, y a mí no?! —espeto.

—Sí, me dijo que le consiguieras un buen lugar, de preferencia en el hotel de Marcus.

Asiento, sin mirarlo. Maldita, se supone que soy su favorito. Antonella es de la edad de Hannah, es casada y tiene tres hijos. Trillizos de cinco años, y ya no le quedaron ganas de más.

Decido enviarle un correo a Marcus pidiéndole el favor. Solo un comentario para que me cotice costos por apartar el restaurante del Hotel Meyer y una que otra habitación. Aun no se con seguridad que quiere Antonella, así que solo le pido un aproximado.

La mañana me la paso dividiendo los casos, y es ahí donde entra Sara, o como yo la llamo:

—Morena ardiente —le digo, esbozándole una sonrisa.

—Ya vas a empezar...

—Solo digo la verdad —respondo, recargándome en el respaldo.

—Ajá, esa sonrisa de picaron se te borrará cuando te diga que perdimos el caso con el delincuente.

—¡No me jodas! —me enderezo.

Abro el e-mail para ver el video del caso. Tardó dos horas visualizándolo, viendo cual fue nuestro fallo. Si bien mi puesto ahora es el de entregar casos, inspeccionar y demás, sigo pensando como un maldito abogado.

—Tenían una cuartada, la mujer que testificaría en su contra no aparecía y... —suspira —No podemos obligarla, el tipo se salió con la suya.

Me pellizco el puente de la nariz. ¡Vieja estúpida!

—Ni hablar, maldita sea... su papá es político, ¿Cómo crees que nos lloverá eso?

—Lo sé, estoy intentando buscar más pruebas, videos de establecimientos en callejones, lámparas, ¡qué sé yo! Algo debe de haber, una prueba donde se señale que el maldito la violo.

Lo peor que puede hacer una mujer es callar lo que le pasó. Y ella lo está haciendo. No la juzgo, pero...

Suelto un suspiro ahogado.

—Está bien, ya hablaré mañana yo con Jefferson y su hija.

Sara asiente.

—Bien, ahora... lo que nos pediste a Brandon y a mí, que por cierto, no es nuestra área —recalca eso ultimo —, solo es cuestión de que Hannah agende una cita en Software Developers, Inc.

Sara es la especialista en Derecho Mercantil, pero le jode que la tome para este tipo de trabajos.

—No te quejes, conseguirás un extra —bromeo, guiñándole un ojo.

—Los odio —dice —. Bien, le diré a Hannah que agende la cita para...

—Hoy, a las cinco de la tarde por favor.

Pone los ojos en blanco, y después sale de mi oficina. Después de unos minutos termino comiendo en mi lugar acompañado de Hannah quien no para de hablar sobre los pendientes que tenemos. Son demasiados, y no me doy abasto con el tiempo contado.

—Señor, ya son las cuatro de la tarde y tiene la cita en la compañía de Software —anuncia Hannah.

Le pido de favor que ordene mi oficina, informándole que no volveré lo que resta de tiempo hasta la salida. Salgo de mi oficina, paso frente a la puerta de Brandon la cual toco mientras sigo caminando hasta el elevador.

—¿Y quién llegó temprano primero hoy? —le pregunto, cuando escucho que camina tras de mí.

—Ya sabes quién, "La diva de la puntualidad" —se ríe.

—Hannah.

(***)

No tardamos más que media hora en llegar al edificio de la compañía. Me agrada la combinación cristalizada con ventanales oscuros. Me gusta detallar todo, y lo que estoy por detallar en estos momentos es lo que me mantiene la mente ocupada hace días.

—¿Le jugaste la broma a la mujer? —le pregunto a Brandon, recordando lo que le comenté hace unos días.

—Joder, sí. Se ruborizó, quise reírme a carcajadas pero me aguanté. Tuve que mostrarme serio.

Subimos juntos al elevador.

—Por cierto, ¿esto lo hacemos por...?

—Porque si viene alguien más, sabes perfectamente que se lo van a decir a papá —respondo.

—Hubiéramos mandado a Sara, estoy muerto de cansancio.

—Sabes que me vale, si no nos movemos pronto se desharán nuestros planes.

Abrir un club no es fácil. Es algo que siempre fantaseamos de adolescentes pensando que nos sería fácil abrirlo, pero no fue así, porque para empezar, nuestro padre nos mandó al carajo dejándonos sin capital cuando no quisimos hacernos cargo del bufete de abogados.

Las puertas del elevador se abren. Vuelvo a reparar con la mirada el lugar; limpio, ordenado, iluminado y fresco. Aspiro el aroma a pino que lo acompaña y eso me gusta. Sí, soy medio raro pero sinceramente es algo que he hecho casi desde que tengo uso de razón.

—¡Derek! —exclamo al ver al hombre rubio que se va acercando.

—Tan puntuales como siempre —responde —, síganme por favor.

Nos señala la puerta de la sala de juntas. Ambos caminamos hasta ella, saludamos al hombre y después tomamos asiento en nuestro respectivo lugar.

—Bien, en un momento viene Charlotte para ultimar detalles de lo solicitado. El equipo de trabajo que tiene es muy bueno, de hecho ya vi el prototipo de página web y es muy bueno.

—¿Y el sistema para los empleados? —pregunta Brandon.

—También, ese lo mostrará Julián.

Osuna pregunta sobre el club. Sé que le interesa, y la verdad es que Brandon y yo somos muy especiales con ello, así que solo comentamos sobre eso sin entrar a detalle. La zona en la que se ubicará es buena, una zona cara.

—Ya sabes, será un lugar donde a los hombres les guste ver culos nuevos que no sea lo que tienen en casa. —Dice Brandon.

—Mejor digamos que es un lugar para olvidarse de los negocios, sus mujeres, las amantes y hasta de que existen. La cosa es pasarla bien, eso es todo —comento.

Derek sonríe. Seguimos hablando de otros temas que, sinceramente no tomo en cuenta, al menos yo no, ya que Brandon si le presta atención, hasta pregunta y comenta. Para cuando se llega la hora, entra el hombre que ya había visto, seguido de una mujer. Después, entra la ricura que quería ver.

La detallo disimuladamente. Lleva pantalones ajustados de vestir en color negro, con tacones y blusa roja. Mi imaginación divaga, desvistiéndola. No lo niego, me bajó el ego al haber sido rechazado por ella en aquel bar. Tanto me afectó, que le tuve que decir a Brandon que le dijera como se llamaría el club. Algo que no es verdad, por supuesto.

—Buenas tardes —saluda, con su deliciosa voz.

Es de labios gruesos, o con la suficiente carne para saborearlos. Cintura delgada, y unas tetas que me agradan, perfectas seguramente para mis manos.

—Ya, deja de mirarla —me interrumpe Brandon, hablándome entre dientes.

Me encojo de hombros. Es la única mujer que me ha rechazado, y para ser honesto sigo teniendo la sensación de desagrado en mi boca al no haberla podido besar aquel día.

—Bueno, iniciamos —inquiere el otro hombre acompañado de la otra mujer que ni conozco ni me detengo a detallar.

Charlotte toma asiento a un lado de Derek. Éste observa con detenimiento a su empleado, pero después de unos minutos su atención está directamente en la mujer que también fue al bar aquel día en el que me invitó Izan... ¿Cuál era su nombre...?

Pongo atención cuando nos explican a detalle el prototipo del sistema, después, contengo la carcajada que quiero soltar cuando veo el nombre "Charlotte", en la pantalla.

La miro a ella, ésta se remueve en el asiento soltando un bufido.

—Te pasaste —dice Brandon a mi lado.

—Yo que, tú se lo pediste así.

—¡Jodete! —murmura silencioso.

Me encojo de hombros, y sigo poniendo toda mi atención al tal Julián. Lo sé, porque Charlotte le hace algunas preguntas sobre el sistema. Después de cuarenta minutos de explicación, vuelve la vista hacia nosotros.

—¿Alguna duda, señores? —pregunta el hombre.

—De mi parte no —respondo —. ¿Tú? —volteo con mi hermano, el cual niega.

—Bien, sería todo, a continuación mi compañera les presentará el prototipo de página web del club.

—Gracias Julián —le agradece Charlotte.

Se levanta de su asiento. Dice algo como: mi compañera de ésta área no vino el día de hoy. Y continúa encendiendo la pantalla. Sonrío, y no por querer burlarme de que precisamente su nombre es el que aparece en la pantalla, si no por el buen trabajo que han hecho con ella: fondo negro, y la imagen de una mujer en un tubo es lo primero que veo. Después, las letras en cursiva con su nombre grabado aparecen en la pantalla iluminada en color rojo.

Sigue explicando, y termino por decidir que sí, quiero que sea su nombre el que lleve ese lugar.

—Me gusta —dice Brandon —, respecto al nombre...

—Quedaría tal y como está —lo interrumpo.

Ella endurece el gesto, pero termina asintiendo. Brandon, me hace voltear la mirada con él, y ésta me escrudiña con profundidad.

—Claro, con sus respectivos detalles —aclaro —, ¿podriamos ultimar detalles?

La mujer voltea a ver a su jefe, éste asiente.

—Claro, si gusta podemos pasar a mi oficina o aquí mismo —responde con profesionalismo.

—La oficina está perfecto.

Ella asiente. Derek se despide de nosotros cuando su asistente le informa de otra reunión fuera de la oficina con clientes, y Brandon suelto un bufido al verme cuando me levanto y acomodo el saco de mi traje. Camino hasta la puerta, donde Charlotte nos indica que salgamos primero.

—Las damas primero —le dice mi hermano.

No soy imbécil, ya sé que quiere verle el culo.

Caminamos tras ella hasta el elevador. Los tres nos adentramos y ella presiona los botones con el número de piso al que nos dirigimos. Después, el elevador abre sus puertas, ella sale, y cuando Brandon está por hacer lo mismo lo detengo.

—¿Qué mier...?

—Déjame un momento a solas —le digo.

—No me jodas, eres un maldito —dice entre dientes —, pero quítale ese nombre, no me gusta para un club de strippers. Imagínate que tengas hijos con ella y cuando sean mayores se pregunten porque tiene el club su glorioso nombre —se burla.

—¿Qué tomaste? ¿Alucinógenos? —me rio —, no seas patético.

Salgo del elevador antes de que cierre sus puertas. Camino hasta la oficina de ella, donde se encuentra recargada en la puerta, esperando a que entre.

—Si gusta tomar asiento, señor Leister.

Sonrío. Tomo asiento en su oficina. Es chica, me siento sofocado pero me aguanto. Es color blanca, limpia y con aroma a perfume de vainilla. «Seguro el perfume de ella». También hay un sofá, donde comienzo a imaginármela en una pose comprometedora. Y digo comprometedora porque ahora mismo lo que imagino es...

Trago duro. Me remuevo en el asiento, y ella se sienta en su lugar abriendo la portátil. La gira, dejándola a mi vista, y comienza a explicarme los cambios que le harían a la página web.

—En realidad no es mi área, la persona que le mostraría el avance enfermó y... pues bueno, el resto ya lo sabe.

Asiento, mirando forzadamente la pantalla. No quiero mirar la pantalla, quiero mirarla a ella, pero no lo hago, el orgullo me lo trago recordando su rechazo. Aunque me gustó ver la cara de su marido.

«Mierda, tiene marido».

Tortura. A esto le he dado el nombre de tortura. La mujer no se calla, no deja de señalar la pantalla y sigo queriendo verla a ella.

—Podríamos agregarle más funciones. No sé, algún botón donde nos dirija a las salas VIP...

A ella me la imagino en una de esas salas.

Vuelvo a removerme en el asiento. Digo que si con la cabeza de arriba, porque la de abajo se encuentra estática y un tanto caliente al ver de reojo los senos que no gritan, ¡exigen! Salirse de la blusa.

Sin embargo, y a pesar de toda mi tortura mental, me fascina su profesionalismo y la forma en la que explica con detenimiento su trabajo y el de los demás.

—Bien... pensé que nunca guardaría silencio —bromeo, pero al ver su rostro me retracto —. Era broma, discúlpame.

—Está bien —responde forzadamente.

Bien, me siento culpable.

—Enserio, no solo te pido una disculpa por esto sino... por lo de la última vez. Mi intención no era ofenderte.

—No me ofendió —responde a la brevedad.

—Bueno, eso no fue lo que vieron mis ojos. Por cierto, ¿Qué tal el matrimonio? —le sonrío.

Vuelve acomodarse en el asiento, deja a un lado la portátil, y cuando pienso que no hablará más, vuelve hablar.

—Creo que eso es algo muy personal señor Leister —contesta.

¡Maldita sea! Estoy por retractarme, pero vuelve a responderme.

—Nos hemos separado —comenta —. Por cierto, usted y su hermano son abogados, ¿podrían...? Dios que pena...

Hace una pausa breve, removiéndose en el asiento.

—Vera, estoy por comenzar el trámite de divorcio y... me gustaría contratar alguno de sus abogados para ello. Digo, si hay alguno disponible. Sé que mi área de trabajo no es para ello, por eso... ¿podría agendar alguna cita?

Se va a divorciar. Interesante...

Me aclaro la garganta, y respondo:

—Por supuesto, Leister & Asociados cuenta con los mejores abogados. De hecho, mi hermano se dedica precisamente a esos trámites así que se lo comentaré.

—Muchas gracias —sonríe.

Se me queda viendo, mordiéndose después inconscientemente el labio inferior. Mi polla reacciona y...

—Creo que eso no se hace en oficinas de cuatro paredes, con apenas una ventana y muy, pero muy cerradas.

—Yo no... mierda.

—Tranquila, no es la primera vez, ¿recuerdas? Ya me restregaste el trasero en mi miembro así que...

La mujer tose al estar tomando agua. Me burlo de ella agachando la mirada.

—No me recuerde eso, además, estábamos fuera de horario de trabajo así que...

—Ajá, claro.

Me levanto de la silla, no era lo que quería pero al menos tengo un muy buen dato, y es el saber que ya está por divorciarse.

—Bueno señora...

—Harrison, Charlotte Harrison —responde, levantándose también.

—Harrison, que tenga bonito día.

Estrecha su mano, y yo estrecho la mía. Tomo la suya, arrastrándola después hasta mí. Se sobresalta, su aliento choca con el mío embriagándome con su aroma a vainilla, y por un momento recuerdo el baile candente que protagonizamos ese día.

—Sigo pensando que lo que se te levantó fue el meñique —dice.

—Ya quisieras probarlo con la lengua y gemir en mi boca, ricura...

Suspira, sus ojos se dilatan, seguramente igual que los míos. Después me suelta de un manotazo provocándome una carcajada.

—Tranquila, mujer. No eres la primera ni la última que ha tenido un baile candente conmigo.

—Idiota —masculla, y me rio.

Me doy la media vuelta, caminando a la puerta.

—Le diré a mi hermano que se contacte contigo —digo, antes de salir.

Ya en el estacionamiento, subo al coche donde me espera Brandon.

—¿Y...? ¿Qué pasó? ¿Le cambiaste el nombre?

Niego.

—Así se quedará.

—¡No me jodas Farid! No me gusta.

—No me importa, soy accionista mayoritario y las reglas las pongo yo.

Bufa. Y ahora si me voy hasta el apartamento con una mejor satisfacción.

Vale, así es como me imagino a los hermanos Leister, PEROOOOO ustedes pueden imaginarlos a su modo que a mi no me gusta, a mi ¡ME ENCANTA! Jajajajaja

Una sorpresita con capítulo nuevo solo porque es martes.

¿Les gustó?♥

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