Capítulo 23

Farid Leister

Me encuentro solo en la oficina, fui el primero en llegar y pienso ser el último en irme. Vuelvo a sentir el vacío que sentí cuando murió Amanda.

一Llegaste 一dice Brandon, abriendo la puerta de mi oficina.

一Si, llegué 一respondo mirando el folder color negro que lleva en la mano.

一Ésto es lo que tiene Declan hasta ahora, ya sabes como es de intrépido, discutió con una de las comandantes a cargo y... ¡pff! Lo echó.

Recargo la espalda en la silla apretandome el puente de la nariz.

一¿Que no se puede mantener tranquilo? ¡Maldita sea! 一espeto.

一¿Qué esperabas? Amanda era su hermana.

Guardo silencio. Brandon sale dejándome el folder para que vuelva a ver las pruebas del accidente. Vuelvo a hojear los documentos, a reiterarme por milésima vez que fue un accidente y no uno provocado, pero cuando llego a la prueba donde dice que los frenos fallaron, me detengo.

Suelto un suspiro con pesadez. No se olvida al primer amor con facilidad, menos cuando éste murió. Pero superar la pérdida es mejor que vivir el resto de tu vida con ella.

El móvil vuelve a sonar. Observo la pantalla, sintiendo una presión en el pecho cuando veo el nombre de Charlotte en ella. Me fui sin darle una explicación, sin decirle porque tengo dos semanas de no hablarle. He perdido la cuenta de las veces que me ha mandado mensajes pidiéndome una explicación.

一Ya, respondele y dile que la amas 一dice Declan.

Ni siquiera me doy cuenta cuando entra.

—¿Qué quieres Declan?

—Nada, ¿salimos hoy?

—No puedo, tengo cosas que hacer.

—Sigues molesto...

Alzo la mano deteniendo la conversación. Sabe que lo estoy, estoy molesto por esta mierda. Se supone que el tipo es detective y no arregla ni mierda.

—Está bien, te dejo en paz. Pero debo insistir en que debes decirle porque la dejaste y porque no le llamas.

—No te metas Declan, ese asunto es mío.

—Ajá, y se nota que sabes lidiar muy bien con él.

Sale de la oficina dejándome solo, al mismo tiempo en el que se burla de mi.

Apenas se acerca la hora en la que llega Hannah, y observo con detenimiento la puerta esperando a que ella la abra esperando a su ataque.

—¡Joder! Me espantó —exclama con mi café en su mano derecha.

—¿Te sorprende verme antes que tú? —respondo enarcando una ceja.

—Por una vez que llegue antes que yo, no hará la diferencia.

Sonrío, tomando el café que me da en la mano. Toma asiento frente a mi escritorio sosteniendo su tableta y un plumón que utiliza para escribir en ella. Sabe a qué viene, lo hacemos los viernes y ahora es como un hábito: investigar a nuestros empleados y clientes.

—Bien, ¿que me tienes?

Toma una bocanada de aire antes de hablar.

—Bueno, la juez Minerva Trejo, solicitó otra audiencia para la hija del señor Jefferson. Sara vendrá en cuanto llegue a comunicárselo, así que trata de hacerte el sorprendido cuando te lo diga. Será la próxima semana a las diez de la mañana.

Empuño una de las manos. El caso de su hija comienza a sacarme de quicio, y más cuando no quiere delatar a los hijos de esos políticos. Le pido que prosiga.

—Bien, me pidió que investigara a Neron Harrison —dice, y asiento para que continúe —. Bueno, tiene antecedentes por peleas durante su estadía en California.

—Brandon dijo que era un buen abogado. —Respondo.

—Y lo es, aunque un tanto problemático así que hay que tener cuidado con él.

—Bien, y... —carraspeo —¿Lo que te pedí?

Sonríe de lado, mirando la tableta. Si, si Hannah, a mi también me da pena que lo sepas.

—Bueno, según mi informante y los horarios que le envié, no ha salido con nadie. Recibió rosas, pero según me comenta las recibe en ocasiones así que...

—¿Rosas? —cuestiono enarcando una ceja.

—Si, señor Leister. Es una mujer guapa y de buenos atributos, no piense que no tiene pretendientes...

—Si, si... —la interrumpo antes de que explote de celos —¿Cómo van los preparativos? ¿Te ha comentado algo mi hermana?

Pregunto, observando un mensaje más de Charlotte que dice:

"Jodete."

Vuelvo a mirar a Hannah, tratando de ponerle atención, pero ésta se desvía a mis pensamientos lujuriosos por Charlotte. La entre pierma se me endurece tan solo al recordar su cuerpo unido al mío, sus besos, sus caricias y su boca en mi...

—Y bueno... será en dos o tres semanas más aproximadamente. Lo bueno fue que en el Hotel Meyer le liberaron ese espacio durante la noche a la señora Antonella.

—Si...

—Por cierto... la seguridad en su edificio ya está confirmada por su padre. También aquí en el despacho así como un anillo de seguridad privada fuera del edificio.

—¿No te parece que exagera? —recrimino, consciente de ello.

—Las amenazas son claras señor Leister, su madre me las mostró hace tres días y... bueno, supongo que se preocupan por ustedes, sus hijos.

—Así es nuestro trabajo Hannah, y lo sabes.

Se encoge de hombros, y después habla.

—Como amiga Farid, sabes que me opondré rotundamente si quiere quitar la seguridad, como empleada tendrá que valerme mierda si lo haces, cosa que no me parece así que... tú decides, no seas imbécil.

Sonrío.

De pronto, la puerta se abre sin avisar, hago un gesto, pero a quien veo es una Sara agitada al entrar.

—Hay que prepararse, me acaba de llegar un aviso sobre la audiencia.

—Si, ya sabía —le respondo.

—Será a las diez, Farid.

Me vuelvo hacia Hannah quien se encuentra sorprendida.

***

Las horas pasan rápido. Declan, Hannah, Brandon, Sara y yo nos encontramos caminando por los pasillos del poder judicial donde nos ha citado Jefferson y donde se llevará a cabo la audiencia solicitada. Por alguna razón me encuentro nervioso, hemos recaudado las pruebas suficientes para refundir en la cárcel a los culpables, pero sin autorización del cliente no se puede avanzar.

—Tengo un presentimiento —interrumpe Declan.

—Yo también —le sigue Sara.

—Guarden silencio, no sabemos qué pasará, así que no digan nada.

Llegamos a una sala de testigos donde nos esperan Jefferson con su hija. Abro la puerta adentrándome primero, seguido de mis acompañantes. La chica me mira, se le ve cansada, con ojeras y los ojos rojos. Su madre se encuentra a un lado de ella, ambas altas, delgadas y de tes pálida. Jefferson se encuentra frente a ella recargado en un escritorio donde tomo asiento y dejo las pruebas sobre la mesa; documentos, móviles con las pruebas que utilizamos para cada cliente. Coloco la portátil reproduciendo después el video donde aparece la chica en estado deplorable para opinar algo. Ésta agacha la mirada, temerosa, avergonzada. Pauso el video, pidiendo primero el permiso de ellos para seguir reproduciendo.

—Es la prueba que los hundirá Jefferson, si no la utilizamos salen libres —le dice Sara.

—Me hundirán pero... adelante, hice una carta donde presento mi renuncia.

—Bien —respondo, consciente de que sacaremos los trapos sucios de los hijos de tres políticos con cargos importantes.

—¿Tendremos seguridad privada?—pregunta la esposa de Jefferson.

—Así es —respondo —. Él es el detective y guardaespaldas, Declan Miller.

Digo, dirigiéndome a él. Éste se acerca a dicha familia presentándose.

—Soy el detective Declan Miller, colombiano y norteamericano. Trabajo para una empresa de seguridad privada llamada la FAE. Dicha empresa reside en Londres, México, Colombia e Inglaterra.

—¿Tienen trato con políticos? —pregunta el señor Jefferson.

—Mi área es privada señor, así que no.

—¿Pero y las demás áreas? —cuestiona la esposa.

—Señora, mientras se encuentren a mi cargo no tiene por qué pasarles nada.

La noto intranquila, sin embargo, el trabajo de Declan y su equipo suele ser serio a la hora de proteger a quienes lo contratan.

—Para eso se le pagará, señora Jefferson —respondo tajante.

Me escudriña con la mirada, pero asiente.

—Señor Leister, ¿listos? —pregunta Hannah, adentrándose a la pequeña sala.

Me vuelvo hacia la familia. Ellos asienten, y nosotros nos dedicamos a salir. Volvemos a caminar entre los pasillos caminando hacia el tribunal de jueces, abogados y demás. Abrimos la puerta, todos nos voltean a ver. Los acusados se encuentran sentados en la mesa de mi lado izquierdo, y nosotros nos situamos al lado derecho. Me acomodo al lado derecho de la chica, y Sara al lado izquierdo. Después de unos segundos aparece la jueza, nos levantamos y nos sentamos en segundos para saludar.

—Bien, buenos días. Se proclamó ésta audiencia para presentar nuevas pruebas sobre los acusados. Suban al estrado.

Los tres bastardos suben, vestidos impecablemente bien, tal como me visto. Son hijos de padres millonarios que piensan pueden irrumpir con la integridad de una chica que se divertía en una fiesta con sus amigas solo para drogarla y abusar de ella.

—Mis clientes están siendo acusados injustamente, sin prueba alguna...

El abogado de los tres es Sean Jones, es buen abogado y poderoso, igual o tanto como lo somos nosotros. Su boca tiene poder, es sucio, trabaja para políticos corruptos igual que yo. Casi siempre suelo estar del lado de la justicia, pero cuando se tiene un cliente poderoso es preferible mantenerlo firme, como si fuese un Dios para el despacho aunque sea uno más con pruebas que los avalan en sus cochinadas.

Los tres bastardos (como yo les llamo), comienzan hablar y dar su testimonio por milésima vez, donde Sara los destruye colocándolos entre la espada y la pared. El que más habla es Joseph Davis, el hijo del secretario. Es alto, rubio y de ojos claros. Después de media hora sube la hija de los Jefferson a declarar. Jones hace preguntas que objetamos, y para cuando llega el turno de Sara, es el colapso.

—Tenemos nuevas pruebas, su señoría —dice Sara.

La jueza lo piensa, pero al final termina aceptando dichas pruebas. Entonces, Sara reproduce el video frente a los presentes donde aparece Karim Jefferson. La chica se queda estática observando el video que ya he visto. Me repugna. Los tres imbéciles con una menor de edad inconsciente tomándola y desnudándola, acariciando a su antojo. Karim suelta un sollozo que trata de taparse con la mano. No la detengo, es preferible que la vean así a que la vean seria o sonriendo.

—Cómo podrán ver, tenemos pruebas del abuso hacia la menor, por tres hombres mayores que ella.

La gente balbucea, y dice cosas inaudibles en la sala. Los padres de los tres se quedan sentados, sin decir una palabra. Entonces, la juez levanta la sesión ordenando que nos tomaremos un descanso de una hora para el veredicto final.

Todos salimos a los pasillos donde Declan ya nos espera con la seguridad privada vistiendo de trajes negros. Veo a Hannah, quien me hace una seña indicando que camine hacia ella a un lugar mucho más privado.

—Escuché algo —susurra Hannah cuando me acerco.

Caminamos a un pasillo menos concurrido de gente.

—¿Qué cosa? Suéltalo.

—Bien, uno de los hijos es del secretario.

—Eso ya lo sabíamos —respondo.

—Si, pero ¿sabías que tienen al hermanastro del secretario encerrado?

—Investigamos a su familia y...

—No es el hijo del secretario, lo adoptó como tal cuando se llevaron preso al hermanastro. Se cambiaron el apellido, Farid. Meteremos a la cárcel al sobrino.

—¿Y? Eso es lo que buscábamos.

Suelta un bufido.

—Veelo por ti mismo, y dime a quien te recuerda éste hombre.

Hannah me entrega un folder el cual abro.

—Se nos pasó un pequeño detalle, Leister. Joseph Davis, es el hijo de un capo que se pudre en la cárcel.

—¿Crees que tenga lazos con el exterior?

—Quizás, no lo sabremos hasta después.

Suelto un bufido, enarcando una ceja mientras observo la fotografía y leo el historial del papá.

—Ni hablar, dile a Declan que les aumente la seguridad —respondo.

—Y a ustedes, se metieron con los grandes.

—¿Y? Para eso se nos paga, ¿apoco crees que Brandon contrató a Nerón por bonito?

***

Volvemos a la audiencia para el veredicto final. Karim toma de la mano a Sara, dirijo la mirada hacia el frente y...

—Culpables, su señoría.

La chica voltea a ver a sus padres, estos se acercan a ella para abrazarla y nosotros los levantamos el cuello al estar metiendo a hijos de políticos corruptos en la cárcel.

—No canten victoria —dice el Joseph Davis.

Un pelele de veintiún años que mandó su vida al carajo.

Le sonrío de lado con satisfacción. Sé que habrá consecuencias, pero para eso está Declan y Nerón.

Después de una hora nos retiramos, Camino hasta mi coche dejando a Sara con los Jefferson. El mérito es para ella, ella fue quien buscó las pruebas con ayuda de Declan y ambos optan por ir a celebrar.

—Anda, vamos —insiste Brandon.

—Estoy cansado, vayan ustedes —respondo.

Los dejo en el estacionamiento, camino hasta mi coche observando mi reloj marcando las tres de la tarde. Tan temprano quieren ir a beber. Pienso.

Subo al coche, y emprendo el viaje al apartamento donde me quedo durante el resto de la tarde tirado en la cama observando la fotografía de Charlotte, una que tomé aquel día cuando dejé esa nota diciendole Adios. Grave error, pero uno necesario.

Detallo la imagen, es toda una mujer de labios carnosos y rosados; de piel perlada y ojos claros; sus curvas me tienen vuelto loco, su humedad, sus gemidos y la forma en la que me enciende con tan solo rosar mis labios con los suyos. Estoy enamorado, eso lo acepto. Pero... maldita sea.

Llaman a mi línea anunciando la llegada de Brandon. Hago que entre, y éste viene acompañado de mi padre.

—¿A qué debo el honor? —pregunto.

Entran juntos, Brandon sirviendo whisky seguido de mi padre.

—Adelante, con confianza —bromeo, sentándome en el sofá estirando las piernas a la mesita centrada.

—Tomaremos medidas —habla mi padre, centandose en el sofá de al lado.

—¿Por? —cuestiono, cuando Brandon me da un vaso de bourbon.

Le doy un trago disfrutando su sabor. Sé a lo que se refiere, sé a lo que vienen.

—Declan... Declan lo comprobó —dice mi padre —, y en menos de un mes abrirán el caso nuevamente de Amanda, hijo.

Guardo silencio. Me empino el vaso tomando el resto que le queda del alcohol. La piel se me calienta, veo borroso, pero cuando cierro los ojos la vista vuelve a su normalidad. Asiento hacia ellos. Me levanto del sofá colocandome una remera, me vale mierda estar en pijama, quiero ir a un lugar donde me sienta bien, y con ella es lo que me pasa.

—Si vas con ella estas arriesgando mucho, y lo sabes.

—Nadie se enterará.

Brandon maldice.

—Ten, llévate mi coche, maldita sea —espeta, aventándome las llaves.

—Si tanto la quieres deberías mantenerla fuera de la jugada hasta que se resuelva esto Farid. Fue un accidente provocado, ¿que no entiendes? No se sabe si iban sobre ti, sobre mi o por ella —responde tajante mi padre.

Camino hasta el elevador, tecleo la clave que lo abre y subo a este esperando a que cierre sus puertas.

—No la jodas Farid, por favor. Estamos haciendo esto por ti y Declan.

—Bien —es lo único que respondo.

Las puertas se cierran. Para cuando llego al estacionamiento subo al coche de Brandon, no sin antes colocarme la capucha.

Media hora más tarde llego al edificio. Ya no ha llamado, ni mandado mensajes. Se ha de sentir una tonta por haberlo hecho estas dos semanas, y yo siento que he perdido tiempo para tomarla, besarla y... Cuando menos lo espero ya me encuentro en la recepción. Me anuncio con el hombre, y éste me deja entrar sin consultárselo a ella.

—¿No me anunciara? —pregunto.

—No, tengo órdenes de la señorita Harrison donde me indica que solo usted puede subir.

Sonrío.

Camino hacia el elevador, tecleo el piso de Charlotte llegando a este en segundos. Salgo al pasillo caminando hasta su puerta sin importarme que ya sean las diez. Toco a su puerta, esperando que se encuentre en el apartamento. Es viernes, pienso. Y espero que no haya salido con alguno de sus amigos.

Vuelvo a golpear la puerta, pero no sale. Insisto unos segundos más, y cuando la abre veo a Charlotte en pijamas diminutos y soñolienta. El corazón y la entrepierna me palpitan con fuerza.

—¿Qué haces aquí? —cuestiona con el rostro sombrío y molesto.

—Vine a hacerte el amor.

Me abalanzo sobre ella, a como puedo cierro la puerta y vuelvo a tocar el cuerpo que no deja de rondar en mis sueños. Jadea, y yo también jadeo.

—Me ignoras dos semanas y crees que...

—Tu cuerpo dice otra cosa —la interrumpo, recostandola en el sofá.

—No quiero —dice, demostrando lo contrario.

—Si quieres, yo también quiero —le susurro, deshaciéndome de los pantaloncillos de satín y blusa.

Intenta cubrirse los senos, que después tomo y lamo a mi antojo.

—Ni siquiera me gustas tanto —jadea enarcando la espalda cuando hundo mis dedos a su canal.

—Repitelo hasta que te lo creas —respondo, mordiéndole el cuello, los pezones y después los labios.

Me dejo llevar, y ella también. Nuestros cuerpos comienzan a sudar, sobre todo cuando mi entrepierna rosa su piel.

—Farid...

—¿Si?

—Te amo...

El pecho se me infla, me detengo un segundo observandola con las mejillas sonrosadas y los labios rojos. Le sonrío de lado, beso su nariz, volviendo a sus labios.

—¿De aquí a donde? —le pregunto, sin importarme que se apene.

—No me hagas decirlo.

—Dímelo, y continuo con la línea erótica.

Sonríe.

—¡Leister! —gime, cuando masajeo su delicado sexo.

—Bueno, yo lo diré —respondo —. Te amo de aquí a...

—¿La luna?

—Es poco. —Respondo.

Ella sonríe envolviéndome en otro beso.

Inserten sus teorías conspirativas aquí !!!! jajaja

Gracias por el apoyo mis Perversos ♥

13/06/2022

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