Capítulo 1

"Huellas"

Seis meses después

Marcus Meyer

Llevo días sin poder dormir, no me quedo quieto, moviéndome a cada nada. Mercy duerme como siempre a mi lado. Hace dos meses me permitió regresar a la misma habitación que ella.

Cierro los ojos, disfrutando de las sensaciones que embargan mi cuerpo. Las imágenes vuelven, los besos apasionantes vuelven, las caricias, los celos y los sueños de la mujer castaña vuelven una y otra vez apoderándose de mi mente. Sin embargo, los ignoro.

«No contestó, no me llamó». Vuelvo a recalcarme eso ultimo una y otra vez.

Dejo que la rubia se apodere de mi miembro llevándoselo a la boca, últimamente las hormonas la han vuelto más apetitosa y no deja de cabalgarme cada que se le antoja. Siento su lengua recorrer el falo y el glande chupando la gotita pre seminal. Jadeo inconscientemente tratando de llegar al éxtasis de mi derrame en su garganta.

—Joder, sigue así —jadeo.

No le permito detenerse. Empuño su pelo rizado a mi mano empujándola hacia abajo. Escucho las arcadas cuando mi miembro llega hasta su garganta, y eso me es suficiente para correrme en su boca.

Trato de acompasar la respiración, pero el haberme liberado no me lo permite. Mercy se endereza, sentándose a horcajadas sobre mi cuerpo desnudo insertando mi polla en su canal humedecido. Me pesa un poco más, ocho meses de embarazo y ya pareciera que va a reventar.

—¿Cuántos bebés traes ahí dentro? —bromeo, tomándola de las caderas, arremetiendo con rudeza.

Abro los ojos esbozando una sonrisa al chocar con los suyos verdes y relucientes.

—Solo es uno —jadea —. O una, tu insististe en que no se supiera que será.

—Lo sé —respondo encogiéndome de hombros. —Me gustan las sorpresas.

Me enfoco en ella trazando círculos en su clítoris, hasta que se libera de sí misma en un orgasmo que me regala en la boca. Su aliento choca con el mío. Nos detenemos, después se endereza acomodándose a mi lado boca arriba.

Nos quedamos sin palabras mirando al techo, sin decir nada. Desde la última vez que le pedí perdón todo se ha vuelto extraño. Follamos como una pareja, pero ya casi no nos hablamos. Es como si viviera solo en el apartamento. Despues del accidente sus papás decidieron mudarse por lo menos un año, lo cual detesto, porque la mamá de Mercy suele entrometerse en el matrimonio y no deja de ser la misma mujer quisquillosa de siempre.

—Tomaré una ducha —anuncia, levantándose con cuidado —. ¡Saldré con Jen!

Me lo dice ya dentro del baño.

Vuelvo a recostarme a la cama envolviendo mis caderas a las sábanas blancas. Es domingo, aún es temprano y sé que la rutina de los últimos meses sigue igual de intacta: no hacer absolutamente nada, más que dormir los fines de semana.

(***)

—¡Hora de levantarse! —Interrumpe Mercy mi sueño.

Es lunes, la pereza me está ganando pero ahora tengo que alimentar dos bocas. Me levanto a duras penas metiéndome a la ducha. Volteo a ver a Mercy sentada en la orilla de la cama peinándose y acariciándose el vientre. Apenas dará comienzo a su último mes de embarazo, y me sorprendo a mí mismo al encaminarme a ella, dejándole un casto beso en su vientre abultado. No lo hago a menudo, no porque no quiera a mi hijo, simplemente... no sé porque.

No voy a mentir, la noticia de que sería papá no me agradó en lo absoluto cuando lo supe, sobre todo por la situación en la que me encontraba en ese momento. Ahora... ahora trato de dejarlo como un simple recuerdo en la que ambos disfrutamos y la pasamos bien, aunque muy en el fondo mi subconsciente traicionero me lo recrimine una y otra vez diciéndome que no es cierto. Además, ahora reconozco que hubiese sido difícil dejar a mi mujer.

O no sé, ¡joder!

Salgo de la ducha, me cambio y desayuno lo que Mercy me ofrece tan pronto como puedo. Voy tarde, y para colmo tengo reuniones temprano.

Camino por el pasillo del apartamento. Porque si, aún vivimos en el mismo apartamento. Mercy se ha negado a irse de él desde que pasó lo que pasó con Oliver y...

Las puertas del elevador se abren, me adentro a ellas y en cuanto llego a la recepción salgo caminando rápidamente hasta el estacionamiento. Escucho el rugir de un motor, y sé perfectamente de quien se trata: Nerón Harrison.

Trato de ignorarlo, siempre lo hago desde que supe se había mudado al edificio. Oliver tampoco se ha ido, lo cual me sorprende a sabiendas que yo sigo viviendo aquí, la persona que lo traicionó, y la misma persona con la que lo traicionó su mujer. Pensar en ella me remueve el sentimiento que creí tener por ella.

—¡Hola, hola ex cuñadito! —dice, mirándome burlonamente.

Apenas si le esbozo una sonrisa forzada. Me jode que cada vez que me ve me diga de esa forma, sobre todo porque quisiera preguntarle sobre el paradero de su hermana. Trato de ignorarlo siguiendo mi camino, sin embargo, lo saludo asintiendo con la cabeza.

Subo apresurado al coche, y en menos de un minuto ya me encuentro manejando por la carretera hacia la oficina. Sigue haciendo frío, las calles se encuentran humedecidas y, en cuanto aparco en el estacionamiento subterráneo del edificio Meyer lo primero que hago es prepararme un café.

Camino con paso decidido hasta la pequeña cafetería del primer piso. Todos me miran con asombro, puesto que, quien siempre me lleva el café es Jen, y últimamente le queda de la mierda.

—Buenos días —saludo a los presentes, y estos no dudan en responder casi al unísono.

Me encamino a la mesita situada en una esquina, donde se encuentra lo necesario para prepararse un café. Lo hago en menos de cinco minutos y camino buscándome un lugar libre.

Tomo asiento en una de las mesas situadas en la esquina. Veo por la ventana, volviendo a recordar a la mujer con la que he vuelto a soñar últimamente desde que la vi de lejos entrando a una cafetería acompañada de sus dos amigos. Llevaba puesto un vestido negro, tacones altos y el pelo negro con destellos castaños le caían en ondas hasta la cintura.

—¡Ya, suéltalo! —exclama Lorenzo azotando la superficie de la mesa, al sentarse frente a mí.

—Imbécil —gruño por lo bajo —, me espantaste.

Aferro mis manos a la taza, llevándola después a mis labios dándole un sorbo al café hirviendo.

—¿Qué tal tu fin de semana? —pregunta, llevándose un trozo de fruta a la boca.

Le quito un pedazo, sin importarme su reacción. A final de cuentas es algo que debo pagar yo.

—Encerrado, ya sabes.

—Aburrido... —dice.

—Un poco, sí.

—Cierto, desde que te descubrieron, tus fines de semana se volvieron aburridos...

—Deja el tema ¿vale?

Se encoge de hombros, con una sonrisa burlona.

—¿No te ha llamado? —niego con la cabeza —. Qué raro, nadie se resiste a tus encantos, y pareciera que ella lo está haciendo.

—Ella tampoco —espeto —. ¡Ya, a trabajar!

Me levanto terminándome el líquido amargo, cortándole el tema. No me gusta hablar de ella después de este tiempo sin haberlo hablado. Se largó sin despedirse, se mudó sin decir a donde, y para ser honesto no suelo ser de esos tipos que siguen a la mujer por más buena que esté. «Y decía amarme».

Caminamos juntos hasta la recepción, encontrándome con Jen. Ésta última no deja de repasarme la lista de las reuniones que tengo el día de hoy, recalcándome una y otra vez sobre el contrato de la construcción del hotel Meyer en playas mexicanas.

—Maldita sea, lo había olvidado —me enfado al recordar que debo hacer un espacio para ello.

He estado evitando el tema, apenas si lo supimos el jueves pasado y Leister no deja de llamarme advirtiéndome que si no hacemos algo, habrá consecuencias.

—Yo podría viajar, ya sabes, con el abogado para concretar ese tema. Indagar, y buscar una solución.

Asiento.

Mark ha decidido ya no hacerse del todo cargo de la cadena de hoteles. Ha visto mi capacidad, sobre todo porque se ha dado cuenta que ya no mantengo ningún tipo de relación con otras mujeres que no sea Mercy. En pocas palabras su maldito dinero no está en peligro y por eso no puso peros a la hora de decirle que había decidido que Lorenzo fuese el segundo al mando.

—Bien —afirmo —. Jen, has un espacio para el abogado. Dile que venga, que hoy analizaremos los contratos al pie de la letra.

Jen asiente, y Lorenzo camina conmigo hasta la oficina. Éste lleva consigo la portátil. Abro la puerta, ambos nos adentramos y comenzamos a trabajar.

Ha habido complicaciones con el asunto de la construcción del hotel. Los ingenieros que fueron contratados para analizar el uso del suelo en esas tierras resultaron ser una estafa, retrasándonos con la construcción poco más de tres meses.

Vuelvo a leer los contratos, con la ayuda de Lorenzo. Él no es abogado, pero comprende y entiende algo de ello. Además, debe estar al tanto de todo lo que sucede ahora que lo cambié de puesto.

Una hora más tarde llega nuestro abogado de cabecera: Farid Leister.

Jen lo anuncia por el interfono y le confirmo su entrada. Éste abre la puerta sonriendo como lo que es: el hijo de puta guapo. No me sorprende que tenga facciones favorecibles, lo acepto, soy sincero y sé aceptar cuando otro de mí mismo sexo tiene lo suyo, y Farid Leister lo tiene. Sus raciones latinas y americanas le han dado ese toque perfecto a la hora en la que su madre lo parió. He visto las fotografías de su madre cuando era joven, una colombiana de cuerpo grande y...

—Hasta que por fin, me haces caso —dice al entrar.

—Buenos días para ti también Leister —responde Lorenzo con sarcasmo, levantándose para saludarlo.

Imito lo mismo.

—¿Y bien? —cuestiona, tomando asiento en una de las sillas junto a Lorenzo —. ¿Alguna duda con lo que les he mandado? —pregunta.

—Yo tengo algunas, ¿Qué se hizo mal a la hora de contratar a los ingenieros? ¿Y por qué nos culpan? —pregunta Lorenzo.

—Nuestra gente fue quien se hizo cargo de las contrataciones. No solo es culpa nuestra, también es de ellos así que reprendan a Recursos Humanos. Además, nuestro socio Leonel Castillo, comentó que tiene uno que otro lazo con políticos, y para nuestra mala suerte en estos momentos el estado donde se llevará a cabo la construcción se encuentra en elecciones. Así que si, le querrán sacar jugo los partidos opuestos a cualquier construcción que vean a su alcance para poner al pueblo en su contra.

—Pero Leonel no es político —contesto tajante.

—Lo sé, pero Leonel es conocido de políticos. Díselos a ellos, les vale una mierda, así que si, los ingenieros que se contrataron nos estafaron por ambos lados. Dijeron que el suelo estaba en perfectas condiciones para construir, y no fue así, por eso el derrumbe y material perdido.

Me quedo pensando. Mark no debe saber esto, le daría un maldito paro cardiaco.

—Perderemos mucho dinero —digo, tratando de sonar tranquilo. Pero estoy de todo menos tranquilo.

—Lo sé. Y por eso decidí mover mis contactos. Así que la construcción se atrasará un mes, les haremos creer que se seguirá llevando a cabo sin que así sea dejando la mitad del personal en esa zona —hace una pausa breve, pero continúa —, durante ese mes se estará analizando el suelo de otra región cercana, un poco más rural y donde según las estadísticas, van muchos turistas. Eso nos beneficia a ellos y a nosotros, se les dará empleo a los que habitan ahí, y algunas ganancias extras de más atrayendo a turistas jóvenes en esa región. Me he tomado el tiempo de indagar, dándome cuenta que a la gente les gusta ir a los llamados "Pueblitos mágicos", así que si es necesario se hará un hotel Meyer en alguna de esas zonas rurales alejadas de la playa.

Me quedo pensando nuevamente. Hay mucho por hacer, y mucho que procesar. Comienzo a fastidiarme. Necesito desestrezarme y lo único que se me ocurre es ir a tomar a algún bar ya que con otra mujer me niego a follar.

—Pero no sería un hotel de lujo, ¿cierto? —cuestiona Lorenzo, y yo solo me quedo escuchando y viendo lo que ambos debaten.

—No, pero hotel de lujo o no, es un hotel Meyer. Y qué mejor que esté uno situado ahí —vuelve a callar, detallando un par de hojas en sus manos —. Me tomé el tiempo de analizar nuevos contratos, ya saben, por si ambas partes acceden. Si me lo confirman, le haré llegar esto mismo a los abogados de Leonel Castillo.

—Lo revisaré —informa Lorenzo.

—Perfecto... —dice Leister con una sonrisa socarrona.

Lorenzo se levanta de la silla, anunciando que va a la sala de juntas para dar comienzo a la primera reunión en lo que yo llego. Asiento, y éste me deja con Leister.

—Debería ser tu empleado ¿no crees? Casi te soluciono la vida —alardea —. Por cierto, ¿Cómo vas con lo de tu divorcio? Mi hermano ya no me comentó nada —dice.

Sé que le vale una mierda, pero se hace el interesando. Aun así respondo.

—Por supuesto que no te lo diría, es confidencial —respondo, y se ríe —. Ademas, me fue de la mierda, ya no me divorciaré —le hago saber —. Por lo menos no hasta que nazca el bebé.

Pone cara de sorpresa. Si, él tampoco se lo esperaba. Comienza a reírse, y niega con la cabeza.

—Que escondidito te lo tenías eh —dice —. ¿Qué será? ¿Niño o niña? Digo, si es niño, desde una vez te digo que se tiene que sumar al club de los infieles.

Me recargo en el respaldo de la silla giratoria.

—Ni de puta broma, aun no me la creo que seré papá —digo.

—Estas por cumplir treinta y yo estoy exactamente igual. Ya es hora ¿no crees? —agrega.

—¿Tú para cuándo? Mira que Brandon se sigue quejando de tus deslices con mujeres casadas.

Se encoge de hombros.

—Ya sabes que me gusta lo prohibido. Además, no me veo con hijos, no aun —inquiere —. Mi carrera está en pleno apogeo, que Brandon los engendre, yo no.

Niego.

—¿Entonces no hay nadie? —pregunto con desinterés.

—No, y de haberlo te aseguro que lo que menos haré es dejarla ir.

—¡Cálmate Oliver! —me burlo.

—¿Oliver? ¿Tu amigo?

—Ex, mejor amigo —lo corrijo.

—¿Ya no lo es? —niego con la cabeza —. Mierda, ¿Por qué? No quisiste ser mi mejor amigo cuando nos graduamos porque lo eras de él.

Se burla. Sé que lo dice por joderme, él tanto como yo éramos unos hijos de puta en la universidad. Todo lo contrario a Oliver, ya que él era mucho más centrado.

—Ya sabes, problemas personales —digo, sin entrar en detalles.

«Porque me follé y me enamoré de su mujer. La misma que ahora no me habla y se hace la ofendida porque la quiero seguir teniendo como mi amante».

—Que mal, tuvo que haber sido algo fuerte para que dejaran de ser amigos.

—Que se joda, no quiero su amistad.

Leister suelta una carcajada. Después de hablar diez minutos más sobre el tema del hotel, éste se despide diciéndome que tiene otras citas con clientes. Lo invito a que se tome una copa conmigo y con Lorenzo hoy por la noche, aceptando a mi proposición.

Para cuando se da la hora, me encuentro exhausto, pero las ganas de ir a algún club no se me van, así que espero a Lorenzo en el estacionamiento para que proponga lugares buenos, y el lugar que propone es mucho más que bueno.

—No me jodas —digo riéndome —. Tengo años sin ir a uno de esos sitios.

—Estoy igual —me responde —, tengo a mi bailarina personal.

Me guiña un ojo. Sube a mi coche con la excusa de que no ha traído el suyo, no quiere que yo sepa que Jessica se lo ha quitado porque se irá de copas conmigo. Me burlo de él.

—Y bien, ¿invitaste a Leister? —me pregunta.

—Sí, me mandó la ubicación, ya se encuentra allá.

Arranco el motor. Conduzco hasta llegar al lugar, dispuesto a olvidarme por un rato de mi realidad. Mi frustrante y tediosa realidad, dispuesto a deshacerme de las huellas de la mujer que me dejó una marca.

¡No es lo que piensan! 

Charlotte no es stripper, pero alguien quiere que le baile como si fuese una jajajaja

Primer capítulo de la segunda parte, era necesario cerrar el primer libro para no hacerlo super largo ♥ Gracias por seguir aquí, seguiré subiendo capítulos como en Seducción.

LES AMO MILLONES ♥25/02/2022

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