10 | Tomando Refugio

Adrián

Estoy besando a Sofía. Sofía me está besando. Estamos besándonos. Es una combinación de besos que nunca pensé que sentiría, especialmente después de los eventos de esta noche. He esperado casi cuatro largos años para esto y es hasta más increíble de lo que pensé.

Puedo sentir el aire lentamente llenando mis pulmones con cada beso y creo que estoy respirando por primera vez. Ella no me está robando la respiración, ya ha hecho eso incontables veces en el pasado. Esta vez me la está dando, respirando vida dentro de mí.

Me está dando vida de nuevo.

Se la llevó con ella cuando se fue, y ahora me la ha otorgado una vez más. Es un regalo y un honor con el que me ha presentado. Nunca me sentí más vivo que en este momento. Y nunca quiero que se acabe.

La siento temblar contra mí y me sacude hasta la médula. No quiero alejarme de ella pero sé que debe estar congelada. Yo estoy congelado y ella es de la mitad de mi tamaño así que eso no puede ser bueno. Nuestra ropa está completamente empapada por la lluvia y su cabello prácticamente se siente como hielo. Lo sé porque no puedo parar de correr mis dedos a través de él aún con la ligera quemadura en mis yemas.

Todo se está moviendo tan rápido y necesito ir más despacio. Todavía hay tantas cosas sin decir entre nosotros. Hemos estado titubeando alrededor de ello desde que regresó, pero hoy finalmente culminó y vino a la superficie como una reacción química. Lo último que quiero es presionarla y asustarla. Esto ya se siente como un paso enorme y no lo puedo echar a perder.

Gradualmente traigo mi euforia a un fin y descanso mi frente contra la suya. Ella suspira y puedo sentir su desilusión. Ella tampoco quería parar.

"Estás temblando, chiquita," le digo. Se siente como siglos desde que alguno de los dos habláramos.

"Ah. Lo siento," dice sin aliento. "Tus jeans están helados."

"Perdón, no me di cuenta." Claro que se estaría congelando. Está sentada encima de mí con piernas descubiertas debido a sus pequeños shorts súper sexy que trae puestos. Rápidamente la muevo y la coloco a mi lado en el asiento trasero. Busco las llaves del coche que tiré en nuestro apuro para entrar, y cuando las encuentro me inclino al frente del carro para ponerlas en el arranque y prender la calefacción en alto.

Ajusto las ventanillas de atrás para que le dé el aire caliente, pero aun así se ve bastante fría. Tiene sus manos envueltas alrededor de sus brazos y está tiritando. La alcanzo y froto sus brazos de arriba para bajo pero sé que eso no va a funcionar. Tiene muy poca ropa puesta y la mayoría de su piel está expuesta.

"¿Quieres sentarte al frente? Creo que pueda estar más caliente," le ofrezco.

Ella rápidamente sacude la cabeza. "Me gusta aquí atrás," sonríe.

"Me gusta también." De ahora en adelante nunca podré mirar a esta camioneta de la misma manera, especialmente al sentarme aquí atrás.

De repente recuerdo que mi bolso de fútbol está en la cajuela, listo para entrenamiento mañana. Me reclino para buscarlo y rebusco dentro de él mientras que Sofía me mira con curiosidad.

"Estás de suerte. Tengo todo el equipo. Sudadera, playera, y shorts de gimnasio. ¿Qué prefieres? ¿O quieres todo? No te preocupes, está todo limpio."

Ella me sonríe. "La sudadera, por favor. Tú quédate con el resto."

"¿Estás segura? ¿No quieres los shorts?"

"No, tú los necesitas más que yo. Los míos sorprendentemente están bien. Supongo que sí son un poco pequeños," dice sonrojándose.

"No me verás a mí quejándome," contesto, pasándole la sudadera.

La toma pero no se mueve para ponérsela. Parece avergonzada. Creo que pueda estar esperando para que yo me desvista primero.

"Damas primero," la trato de alentar.

"De ninguna manera, voltéate," ella responde.

¿Habla en serio? "Sofía, te he visto en un bikini numerosas veces. Es la misma cosa."

"No, es diferente."

"Está bien." Sacudo la cabeza y me volteo ligeramente. Rápidamente me saco la camisa, seguido por mis zapatos y calcetines, todos los cuales están completamente empapados. Desabotono mis jeans y me tardo mucho más en bajarlos por mis piernas ya que se sienten como si pesaran una tonelada. Mierda, sí que están fríos.

Noto que Sofía no se ha movido de lugar, por lo que arriesgo una mirada atrás de mi hombro y me está mirando fijamente con los ojos bien abiertos. Me doy cuenta que es porque me he desvestido hasta quedar en mis bóxers en menos de un minuto sin pensarlo. "¿Así que te toca mirar y a mí no?" la tiento.

"Yo ... eh ... no estaba mirando," dice desviando los ojos de mí.

"Cierto. Sí, mi error," bromeo, poniéndome mis shorts de gimnasio y playera. Vaya, esto ya se siente mil veces mejor.

Me volteo y Sofía finalmente se ha quitado su top. Desafortunadamente, tiene su espalda hacia mí pero igual me encanta la vista de su piel desnuda y los tirantes rosados de su sostén que lo cubre. Imagino trazarlos con mis dedos y luego lentamente desabrocharlo y hacerlo a un lado para que se caiga de sus hombros.

Pero claro que todo eso se quedará encerrado dentro del ático de mi imaginación salvaje. Decido enfocarme en otra cosa y noto su collar. Es una cadena fina dorada que cae bajo su nuca con un corazón abierto al final. Debe tener dos lados porque tiene el mismo patrón al frente que he visto tantas veces antes, corriendo bajo su cuello.

De repente mira hacia mí, probablemente al sentir mi mirada. Se sonroja y se ve tan hermosa que desearía poder tomarle una foto.

Finalmente se pone mi sudadera y noto que está teniendo dificultad en ponerse la segunda manga y puedo darme cuenta que se está frustrando.

"Ven ... espérate. Creo que está al revés." La alcanzo para ayudarla, jalando su brazo por la manga.

"Gracias." Ella sube el cierre del frente y se voltea hacia mí. Brevemente pillo un vistazo de su escote y casi suelto un gemido. Tiene toda la razón. No es lo mismo que un bikini, por mucho que me ha encantado verla en uno cada vez. Ni siquiera está en la misma liga. Pensé que ya sabía, pero todo este tiempo he estado perdiéndome de tanto más. Esto es mucho más íntimo ya que soy el único que la ve así ... y mil veces más electrizante.

Se inclina hacia el frente y empieza a quitarse las botas. No, por favor no. ¡No las botas! Estoy siendo un egoísta miserable porque sus zapatos deben estar tan empapados como los míos. Probablemente peor considerando el cuero. Las buenas noticias son que ahora sus piernas enteras están en exhibición y parecen seguir por kilómetros.

"Ya estuvo," ella suspira aliviada una vez que termina. "Eso no estuvo tan mal, ¿verdad?" dice como si acabáramos de lograr algo grande. Como una presentación o examen final.

"Fue brutal," sonrío, acercándola hacia mí de nuevo y colocando sus piernas sobre las mías. Ha estado demasiado lejos de mí durante los últimos siete minutos y se ve demasiado bien en mi sudadera. "¿Mejor?" pregunto suavemente, ahuecando su cara.

"Sí," ella susurra.

Antes que me dé cuenta, me estoy inclinando y besándola de nuevo. Me besa de regreso con igual impaciencia, llevándome a ese mismo lugar de antes que nunca supe que existía. Esto tiene que ser el cielo. Lo tiene que ser. Y desearía poder quedarme con ella aquí para siempre.

Sus manos corren bajo mi pecho. Dios, amo sus manos encima de mí. Quiero hacerle lo mismo pero tengo miedo de bajar el cierre de su sudadera o deslizar mi mano debajo de ella. Tal vez no quiera eso y luego habré arruinado el momento. Me decido por sus piernas, recorriendo mis dedos lentamente por ellas acariciándolas. Son piernas increíbles, aunque se sienten muy frías por el momento. Quizás se las puedo calentar si sigo dándoles la atención que merecen.

Sofía levanta mi playera ligeramente y no puedo esperar a sentir sus manos sobre mi piel. Pero el momento que lo hace, suelto un silbido involuntario y brinco. Tal vez no sea el mejor momento para esto.

"Perdón," ella inmediatamente dice alarmada.

"No, está bien. Es sólo que tus manos están muy frías." Las agarro y las coloco entre las mías, frotándolas como si estuviera tratando de prender un fuego con dos palos.

"Tu nariz también está muy fría," ella se ríe.

"Sabes, dicen que te calientas más rápido con el calor humano. Siempre podemos tratar eso," digo medio bromeando.

Ella se ríe. "Bueno, no sería eso conveniente para ti."

"Oye, es la ciencia. Sólo estoy diciendo los hechos."

Se ríe de nuevo y me besa en la mejilla. "Tal vez en otra ocasión, macho."

¿Qué? ¡Hombre! Además, secretamente me está encantando su nuevo apodo para mí, a pesar que sólo es una broma del incidente anterior de Sofía. Pero todo lo que sale de su boca suena tanto mejor. "Definitivamente te voy a citar en eso."

"¿Lo vas a escribir en tu diario?" ella bromea.

"Sí, eso va directo al calendario. Espera una invitación de mí pronto."

"Tú y tus invitaciones de calendario. Son demasiado chistosas."

"Hablando de ello, ¿quieres regresar a la casa? Se está haciendo tarde y no quiero que te enfermes y nos podríamos poner más cómodos ahí," sugiero.

Es chistoso cómo tenemos esa opción. Normalmente sólo dejarías a una chica en su casa después de unos buenos besos y terminar el día, pero nosotros en verdad vamos a regresar juntos. Porque vivimos juntos. Realmente espero que esto no se vuelva incómodo para ella.

"¿Nos podemos quedar un poco más? Siento que sólo somos nosotros dos aquí, y también parece peligroso estar manejando en la lluvia ahora. Tal vez podamos esperar hasta que baje un poco."

"Sí, tienes razón. No había pensado en eso." También me gusta mucho la manera en que ella mencionó estar sola conmigo. No que pudiéramos arreglar eso en la casa, pero esto definitivamente se siente más privado.

"¿Adrián? Lo siento mucho por lo de antes. No debí acusarte que querías ligar con esa chica. La segunda, digo."

Casi me río de lo absurdo. Tiene que clarificar a cual de mis ligues pasados de una noche se está refiriendo.

"No te disculpes. Supongo que es mi culpa que pensarías eso considerando mi reputación. Dios, soy un idiota. Tienes que saber que todo eso se acabó y nunca lo haré de nuevo. En realidad me siento enfermo sólo al pensarlo. Tú eres la única con la que en verdad quería estar. Sólo por favor no me dejes así de nuevo. Me dieron todo tipo de flashbacks cuando no te pude encontrar y no estabas contestando tu teléfono y casi me mata."

Ella asiente con la cabeza y se inclina a abrazarme. No es cualquier abrazo, sino uno de esos abrazos que parece que tu mundo se desbarataría si no fuera por él. Envuelvo mis brazos fieramente contra su espalda y la abrazo contra mí por el tiempo que me lo permite.

Me doy cuenta que con este abrazo nos estamos perdonando. Ella me está perdonando a mí y yo la estoy perdonando a ella. No necesito escuchar las palabras. No necesito una explicación de lo que pasó. No me importa que ella se haya ido por tanto tiempo y que la extrañé durante cada segundo. Sólo me importa que ha vuelto, que regresó a mí, y que ahora está aquí conmigo. Es todo lo que siempre he querido.

"Adrián. Te quiero decir lo que pasó, pero no puedo. Todavía no. Pero quiero que sepas que no fue por ti. Necesitaba irme. No sabía que te iba a afectar así. No pensé que te importaba de esa manera y pensé que estarías mejor sin mí. Sólo espero que algún día me puedas perdonar."

Dice todo esto contra mi cuello y parece que está por llorar. Realmente no la quiero hacer llorar. No creo que la haya visto llorar antes aparte de unas lágrimas solitarias y ciertamente no quiero presenciarlo en verdad porque sé que me arruinará.

"Shh. Sofía. Está bien. Me dirás cuando estés lista. No voy a ir a ninguna parte, chiquita. Yo sólo quiero estar contigo."

Beso su sien tratando de darle confianza y la acurruco dentro de mi pecho. Termino reclinándonos y acostándonos a lo largo del asiento. Ella rápidamente se ajusta a la nueva posición y se coloca junto a mí. Ya me encanta la manera que su cuerpo se siente a ras del mío.

Nuestras piernas se enredan y casi grito de dolor cuando descansa su pie contra mi pantorrilla.

"¡Caray! ¡Tus pies están congelados!"

Sofía suelta una carcajada. "Dios mío, lo siento que sigo haciendo eso."

"Vaya, están hechos hielo. Parecen los pies de una persona muerta."

"¿Has sentido los pies de una persona muerta antes?" pregunta incrédulamente.

"No, pero estoy positivo que así se sentirían. ¿Cómo no te estás quejando de esto?"

"Sólo se sienten entumecidos. Supongo que tengo mala circulación o algo así."

"Mierda, eso es una locura."

La muevo un poco hacia el lado y me levanto para buscar en mi bolso de fútbol otra vez. Creo que vi unos calcetines ahí adentro. Por suerte, los encuentro y los coloco en los pies de Sofía, tratando de no hacer una mueca de lo frío que están.

"Ay, ¿me conseguiste unos calcetines?" dice, sonando conmovida.

"Bueno, sí. No quería ser responsable por tener que cortarte los pies por congelación."

Me vuelvo a acostar junto a ella y envuelve sus brazos alrededor de mi cuello. "Gracias por salvar mis pies. En serio que eres el chico más lindo del planeta."

Hmm. Tal vez no sea tan malo para estas cosas después de todo. Ni siquiera lo tuve que pensar mucho. Le sonrío. "Sólo recuerda eso la próxima vez que meta la pata."

"¿Qué te hace pensar eso?"

"No lo sé," me encojo de hombros. "Sólo temo que lo haré."

"Bueno, déjame decirte un pequeño secreto. Lo estás haciendo muy bien. Sigue así y para la próxima tal vez te dejaré mirar mientras me esté cambiando."

Mis ojos se iluminan con su coqueteo. También me encanta cómo sigue refiriéndose al futuro. Como si realmente estamos sucediendo. "De acuerdo, con suerte puedo agendar otra cita para eso."

Ella se ríe. "Pronto vas a estar bloqueando mi calendario."

"Eso es lo que estoy esperando. Así que prepárate."

No sé ella, pero estoy tan listo. Y no puedo esperar. Puede ser que ella piense que es broma, pero soy completamente serio. Quiero pasar todo mi tiempo con ella.

La acerco un poco más y recorro una mano bajo su espalda, envolviendo mi brazo alrededor de su cintura. Aprieto un beso contra su frente pero no consigo parar ahí y planto varios besos alrededor de su cara con uno último sobre sus labios. Si no tengo cuidado, se convertirá en la tercera ronda y no creo que tenga suficiente auto control para parar.

Ella suspira contenta y descansa su mano contra mi pecho. Es un gesto simple pero despierta algo dentro de mí que pensé que se había congelado y había perdido hace mucho tiempo. Es un sentimiento desconocido y me confunde al principio porque se ha mantenido silencioso por tanto tiempo. Pero se debió de haber descongelado con el resto de mi cuerpo y convertido en líquido porque lo puedo escuchar de nuevo.

Estoy seguro que ella puede sentir el pulso de mi corazón también, porque hasta yo lo puedo sentir latiendo fuertemente. Está latiendo por ella. Está latiendo debido a ella y desearía poder guardar su mano ahí para siempre. Me recuerda que puedo respirar otra vez. Me recuerda que estoy vivo.

"¿Adrián?"

"¿Sí, chiquita?"

"Yo quiero estar contigo también."

Trato de no sonreírle como un tonto, pero creo que pasa de todas maneras. Paso el resto de la noche escuchando el caer de la lluvia mientras la sostengo fuertemente, preguntándome cómo soy tan afortunado, y rezando a dios que nunca la pierda de nuevo.


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