CAPITULO 5
SAMADHI
Sentía las pulsaciones que mi cabeza daba cada determinado tiempo. Tenía la boca seca, y la sed que sentía en este preciso momento iba en aumento. Aún sentía el sabor, ese sabor amargo que sientes cuando un día antes, has bebido demasiado alcohol. Abrí los ojos con lentitud, no quería que la luz solar que entraba por mi ventana, terminara cegándome.
Definitivamente ayer me había pasado de copas. Pues ahora sentía la resaca gracias a mi estupidez. Me senté en la cama, mirando a mí alrededor. Estaba ebria, pero no tanto como para no darme cuenta que William me había traído hasta mi habitación. Me apené por ello, pues tuvo que escuchar mis sollozos y mis lamentos gracias a la grandísima estupidez que había dicho Clar. Aún me repetía a mí misma "No lo debiste besar", pues haberlo hecho solo confirmaba que el pasado, yo no lo había dejado atrás.
Me había salido corriendo de ese lugar en el que me sentía como una estúpida. Decidí recorrer las calles solas y logré colarme a un bar. No duré mucho tiempo en ese lugar, ya que William me estuvo llamando como loco hasta que le respondí el celular. Fue por mí y me trajo a casa para que pudiera descansar.
A duras penas me levanté de la cama. Era sábado, y no quería hacer absolutamente nada el día de hoy. Me dirigí a la ducha y me bañé con agua helada. Tenía que despertar para estas espantosas ganas que me cargaba. Al salir me puse un vestido veraniego color blanco. Los solía usar normalmente en este cálido tiempo de verano, el cual muy pronto estaría terminando. Añoraba el frío, una de mis épocas preferidas en realidad del año.
Bajé al primer piso, donde se encontraba mi madre y Falco desayunando.
— Buenos días — saludé al entrar.
— Buenos días Samadhi — respondió Falco. Por otro lado mi madre me traspasaba como rayos x con la mirada.
Me serví una taza de café caliente, si, estaba loca, me gustaba el café caliente por las mañanas en pleno verano. Tomé asiento y comencé a servirme el desayuno.
— Falco y yo saldremos de viaje mañana Samadhi — habló mi madre. Le di un sorbo al café con la pequeña pajita con la que lo batía — Así que el lunes después de la universidad te presentaras en la oficina.
Asentí solamente. Ni siquiera tenía ganas de hablar, me sentía fatal. Después del desayuno decidí retirarme e ir un rato a la playa. Apenas eran las nueve de la mañana, y el sol aún no quemaba tanto en este horario. Quería estar sola por un momento, pensar y analizar lo sucedido el día de ayer.
Conduje hasta llegar a la playa. Había poca gente a los alrededores. Estacioné el coche y me senté en el capó del mismo, contemplando las aves que a lo lejos y en ocasiones bajaban a la superficie del agua para pescar con su fino pico. Suspiré, recordando las carisias y el beso de ayer. Lo extrañaba, en realidad lo hacía, y no quería darme cuenta que aún le amaba, no quería aceptar el hecho que aún tenía ese sentimiento hacia Clar. Él, ¿Sentirá lo mismo? Me preguntaba. Pero es que era imposible saberlo, pues no sabía que sentía Clar en realidad.
Había desecho posibles relaciones en estos dos años con chicos de la universidad, todo por mi amargura y las cadenas que aún me unían a Clar. Una presión me acompañaba en el pecho, cada vez que volvía mi mente a la última vez que nos habíamos visto en su anterior departamento. La manera en la que nos despedimos, o me despedí.
— Vaya, tú también te encuentras aquí — musitó una dura y fina voz.
Me gire a la derecha, y ahí estaba Samantha Jones, recargada en la polvera de mi coche.
— Por lo visto no he sido la única que ha venido aquí — contesté. Samantha soltó un bufido, y después un suspiro.
No le importó en lo más mínimo, se subió al capó y se sentó a un lado de mí.
— Es extraño, ¿sabes? — Comenzó hablar — Él nunca me quiso en realidad. Lo nuestro solo era convencional, sin embargo, yo me enamoré de él.
¿Qué hacia ella aquí? Encontrármela era extraño.
— Lo siento Samadhi, nunca le dije a Clar que era yo quien estaba en el apartamento de Brad. Desde ese día perdimos contacto, se hizo más... cerrado.
¡Joder! Ni siquiera me sorprendía lo que me estaba revelando. La cara de arpía se la podía ver a mil kilómetros, pero yo no era de las que odiaban, y mucho menos de las que juzgaban. Todos tenemos un pasado oculto, secretos que no queremos nadie más se entere. Y Samantha era una de esas personas, le hacía falta amor propio. Tal vez yo no era la mejor en eso, pero sabía valorarme, aunque Clarence Johnson me hiciera dudarlo por un momento.
— Hiciste tu cometido — fue lo único que salió de mí, pero, ¿Qué más podría decir? Lo hecho, estaba hecho. No había vuelta atrás, habían pasado dos años ya — Déjalo Samantha, yo no juzgo, y tampoco guardo rencor por ello. Lo que me sorprende es que haya sido con Brad, cuando una vez te llegué a ver con Sony.
Samantha dio un suspiro exasperada. No sabía nada de Sony desde tiempo atrás. Habíamos perdido definitivamente el contacto después de que me fui a vivir con mi padre, y no es como que quisiese volver a tener una amistad. Esa falsa amistad que hubo entre nosotras dos. No solo de su parte, si no de la mía también.
— Ni me lo digas, que tiempo después se enteró. — Simplemente negué — Bueno, solo quería aclarar eso. Digo, no te conocí en realidad, pero en algún momento tenía que hacerlo.
Entonces, me entró la duda. ¿Qué hacía Samantha aquí en realidad?
— No importa ya — la miré por un momento. Mostró una media sonrisa amigable.
— ¡Bien! — Exclamó — Cuídate, Samadhi.
Se bajó de un brinco del coche, y se fue directo a la playa, donde ya la esperaba Gerard. A quien no había notado llegar. ¿Serán pareja? Me pregunté dudosa.
El día estaba agradable, y como aún era temprano, decidí ir a la cafetería más cercana por un café para despertarme. Pues aún me sentía adormilada gracias a la resaca por haber tomado el día de ayer.
El lugar era bonito y cálido, un estilo rustico lo distinguía. Me hizo recordar a Brad y su gusto por éste estilo tan peculiar, seguía sin saber de su paradero, algo extraño en realidad. En algún otro momento se lo preguntaría a mi mamá. Los mostradores de cristal dejaban ver infinidad de postres. Pero yo solo iba por un café y ya. Me encontraba haciendo fila mirando mi móvil, todavía no era medio día. Lo cual agradecía.
— Samadhi — escuché una gruesa voz tras de mí. No la reconocía en realidad. No quería voltear, pero por educación lo hice — Samadhi Stone.
¡Wow! Mis ojos se abrieron ante aquel ser enorme que se encontraba frente a mí. No lo recordaba en realidad así. Ahora era mucho más alto, cabello un poco despeinado y ondulado, piel perlada, ojos miel o verdes claros no los distinguía, y los músculos, al parecer marcados. Lo recordaba bien, había salido cinco años atrás con él. Pero todo cambió cuando le deje en claro que no quería tener una relación.
— Christopher Ladera — musité. Se le veía bien, y como no, si era cuatro años mayor que yo.
Esbozó una sonrisa enorme, dejando ver su perfecta dentadura blanca. La cual recordaba, pues era carismática y al momento te agradaba.
— Vaya sorpresa. Pensé que no vivías más aquí — dijo mirando hacia mí — Sigues tú.
Me giré hacia el frente, esperando a que me dieran mi café. ¡Rayos! Estaba sin palabras, las respuestas estúpidas y sarcásticas, no salían para nada. Tomé el café que me extendía la chica con su mano, y después, volví a girarme hacia él. Esperé a que le dieran su pedido. ¡Claro! No quería ser una mal educada y dejarlo ahí parado.
— ¿Y bien? — volvió hablar — ¿Aún vives por aquí?
— Si, donde mismo — le hice saber. Esbozó una sonrisa — Por el momento.
— Es extraño escuchar tu voz ¿sabes? — respondió — Hace años que no la escuchaba Samy.
— Han pasado cuatro años — respondí, enarcando una ceja — Suficientes para dar un gran cambio.
Nos acercamos a una de las mesas del lugar. Extendió la silla para que me sentara, y él hizo lo mismo quedando frente a mí.
— Exacto — respondió — La última vez que te vi estabas más pequeña, Samadhi. Y ahora... — hizo el ademan como si estuviese sorprendido — Toda una mujer.
Solté una risa por lo bajo.
— Bueno, todos en algún momento damos ese cambio. Y... ¿Cómo te ha ido? ¿Hace cuánto estas aquí en California? — pregunté — La última vez que supe de ti, fue que te habías ido a estudiar a Londres.
— Tengo una semana aquí en realidad, vine a una cita de negocios a petición de mi padre — hizo una pausa, mirando cómo le daba un sorbo a mi café. Suspiró. — Pero, creo que me voy a quedar aquí.
— Buena idea — le sonreí.
¡Diablos! ¿De verdad le estaba coqueteando? Tenía cuatro años de no verlo y ahora así ¿como si nada me lanzo? Estoy mal, muy mal Samadhi Stone. Y tú, no puedes hacer nada mal.
— Digo, es buena idea ¿No crees? — ¡Mierda! Debería callarme la boca. Me puse nerviosa, su mirada melosa me ponía nerviosa. Lo siguiente que hice fue darle un sorbo más al café.
— Sí que eres rara Samadhi — respondió — Me gusta.
Solté un bufido.
— Bien, me tengo que ir — dije incomoda. Él lo noto, por lo tanto no se opuso.
— Me ha dado gusto verte por aquí. Han cambiado muchas cosas, ¿Qué te parece si me das un recorrido por la ciudad en estos días? — preguntó.
— Me agrada la idea — le sonreí — Lo más atractivo aquí es la playa.
— Bien Samadhi, nos vemos — musitó, estrechando su mano. Negué, aun recordaba el día en el que lo conocí, y lo salude así. Esbozamos una enorme sonrisa por ello.
— Lo recuerdas — confirmé, estrechando mi mano para despedirme de él.
— Siempre...
Un cosquilleo extraño me revolvió el estómago, haciendo que me soltara de su agarre. Lo siguiente que hice fue salir de la cafetería para dirigirme al estacionamiento donde estaba aparcado mi coche. Lo sentía, sentía su mirada en mi espalda de camino hacia el auto, pero como siempre lo hacía, me limite a no voltear. De verdad que me encontraba sorprendida, Christopher siempre había sido un chico muy lindo, Sony fue quien me lo presentó cuando comenzó a salir con Brad. Supuse que era para tratar de no sentirme mal, ya que después de tanto tiempo de haberme visto la cara, ella sabía el amor que en ese entonces le tenía a Brad.
Ya en el coche me dirigí al apartamento de Lucas, pues sabía que Sara se encontraría con él. Ir al apartamento de Lucas era recordar lo sucedido con Clar. No quería hacerlo, pero de cierta manera ahora en mi regreso tenía que pasar página y continuar.
(***)
Al llegar aparqué en el estacionamiento. Me adentré a la recepción y seguí mi camino al ascensor. Ya en el muy conocido piso veinte, me dirigí por el pasillo directo al apartamento de Lucas. Toqué una vez solamente, y para mi sorpresa, quien abrió fue Clarence.
Lo miré a los ojos, sus ojos azules y oscuros. Sentí un pinchazo en el pecho, verle ahí me dolia hasta los huesos.
— ¡Sam! — exclamó Lucas — Aun no llega Sara, pero pasa...
— No, yo... ya me voy — balbucee.
Me di media vuelta, no quería mostrar debilidad, pero mis piernas solo reaccionaron a mi corazón para retirarse. Sin embargo, Clarence me tomó del brazo.
— Quédate, yo ya estaba por irme.
Sentía su respiración en mi cabello, era mucho más alto que yo, apenas si le llegaba a los hombros. Aspiró mi aroma, y comencé a ponerme nerviosa.
— ¿Por qué te fuiste ayer, Samadhi? — susurro cerca de mi cabeza, sentía el cálido aliento que regaba con sutileza. Mi corazón martilleaba tan fuerte gracias al nerviosismo que tenía presente.
— No tenía por qué soportar tus insultos Clarence — respondí tajante. "No muestres debilidad Sam", me decía a mí misma como si fuese un mantra.
Entonces me cayó el veinte. Yo no tenía por qué estar huyendo de él, cuando precisamente fue él quien no confió en mí. Suspiré. Me arme de valor, y continué.
— Tienes razón Clar — me giré hacia él, mirándolo a los ojos. Retándolo. Yo no me dejaría caer — Tú eres quien debería irse, no yo — enarqué una ceja.
Pase de su lado y me adentré al apartamento de Lucas, quien apenas se iba dirigiendo a su habitación. Y como si lo hubiese provocado, también hizo exactamente lo mismo.
— ¡Bien! — exclamó — Yo también merezco estar aquí, después de todo sigo siendo el dueño de éste departamento. — Enarco una de sus castañas cejas.
— ¡No por mucho tiempo! — escuchamos como Lucas se defendía desde el cuarto de baño, el cual seguramente se encontraba en su habitación.
Comencé admirar el lugar. Ahora era diferente, los azulejos del suelo eran los mismos, pero los muebles eran completamente diferentes. Lucas, al igual que Clarence compartía los mismos gustos por la arquitectura seguramente.
Me encaminé al balcón. La puerta de cristal estaba abierta, dejando entrar el aire cálido del exterior. Me sostuve del barandal, ignorando por completo a Clar. Miré la ciudad entera. O bueno, la que se alcanzaba a ver. Me di cuenta que, el tiempo en el que estuve con Clarence, ni siquiera me había acercado a éste lugar. ¡La vista era hermosa!
— Eres hermosa — di un respingo, pues sentí su aliento en mi lóbulo izquierdo — ¿Por qué? ¿Por qué no te puedo olvidar Sam? — pegó su frente en la parte trasera de mi cabeza, me rodeó con sus fuertes brazos la cintura, juntando más su cuerpo con el mío. Su aroma fresco y masculino, era como siempre, exquisito.
¿Era verdad lo que musitaba Clar? ¿Él tampoco me había podido olvidar? Aún estaba ahí, esa electricidad que nos unía, esos sentimientos encontrados que aún nos destruían. Seguían ahí. Quise girarme y decirle que yo seguía amándolo. Pues ya no lo podía ocultar más. Todo este tiempo fuera de la ciudad no me sirvió de nada para olvidarme de Clar.
— Dime Sam — musitaba, dejando un reguero de exquisitos besos en mi cuello — Dime que no eras tú, dime que solo eres mía y no de él...
La tortura seguía. Seguía dejando besos por mi cuello sin soltarme. Sin embargo, el enojo en mí se apoderó. ¿Era lo que quería escuchar? ¿Y todo este tiempo de sufrimiento ya lo dejaría pasar? ¡Eres un imbécil Clar!
Me paré de frente a él. Mirándolo a sus intimidantes ojos azul oscuro. Éstos dilatados y deseosos. Le rodee mis manos a su cuello, y le estampé un beso. Un beso inolvidable, un beso placentero. Estos dos años sin haberlo hecho. Lo profundizó, metiendo su cálida lengua a la mía. Era una tortura exquisita. Con una mano me tomó de la mandíbula, mientras con la otra rodeaba mi cintura. Sentía la calidez de su cuerpo pegado al mío. Estaba deseosa de más. Yo quería mucho más de Clar. Entonces, el sentimiento cambió. Clarence me apretó más hacia él, y lo supe en ese momento, supe que a su mente había venido el recuerdo inequívoco de ese día.
Lo empujé, no quería que me rechazara otra vez. ¡Pero que estúpida soy al continuar así por él! Los ojos le brillaban de furia, y no me pude contener más.
— ¡Yo no fui! — espeté molesta — Olvídate de mí Johnson que no pienso continuar con esta jodida tortura — me miraba desconcertado, dejándome hablar por primera vez.
Me adentre al apartamento de nuevo, encaminándome a la salida, pero Clarence me volvió a detener.
— ¡Tú no vas a ningún puto lado! — me estrujó, tomándome de los hombros — ¡Ahora mismo me explicas todo!
— ¿Ahora si quieres hablar? — respondí molesta — Porque yo no pienso hacerlo Clar, tú lo decidiste terminar, este sufrimiento ha sido por tu jodida culpa. Y yo cariño, no doy vuelta atrás — me miraba incrédulo — Si Clar — musité — Ya di vuelta a la página, yo no doy un paso atrás Johnson.
Me lo quité a como pude, no quería verle más. Al menos no en este momento, ahora que sabía él estaba por completo mal. Salí de ahí huyendo, hiperventilando y con un sentimiento diferente al tortuoso que llevaba dentro. Bajé tan rápido como pude, viendo a Clarence antes de que las puertas del ascensor se cerraran por completo.
No estaba bien huir de los problemas, eso lo sabía de sobra. Pero con Clarence todo era problema desde el día en el que lo conocí.
— ¡Samadhi! – exclamó Sara, quien iba entrando por la puerta de cristal en la recepción. No lo había notado, pero con ella venia alguien a quien ya me había encontrado – Te presento a Christopher Ladera, es un conocido de Lucas, me lo encontré aquí afuera.
Escuché el "ding" que indicaba la puerta del ascensor estaba abierta. Seguramente Clarence bajando de ella.
— Nos volvemos a encontrar — musitó Christopher. Le sonreí con nerviosismo.
— Christopher — carraspeó Clarence por detrás.
— Lucas me citó aquí para arreglar una papelería pendiente — se dirigió a Clar — Me encontré con...
— Sara — respondió con seguridad.
— Sara, y bueno me ayudo, en realidad estaba perdido, no conocía este lugar — no me dejaba de mirar.
— Bien, yo me voy...
Estaba por dirigirme a la salida, pero una fría mano firme, me tomó de la mía. Tragué, no quería que hiciera eso él.
— Tengo tiempo, ¿Qué te parece si el recorrido me lo das ahora mismo?
Mierda.
La cara de Clarence era un poema. Sara esbozó una enorme sonrisa, y rogaba con el alma que no abriera su bocaza.
— ¿Se conocen? — preguntó Sara. Sabía que a ella le fascinaba provocar a Clar, y vaya manera de hacerlo.
— Si — respondió un Christopher sonriente — De años atrás.
— Vaya, es una lástima que Samadhi ya se iba ¿No, Sam? — confirmaba Clar.
No lo quise mirar, solo miraba a Christopher y ya.
— La verdad es que si tengo tiempo — esbocé una sonrisa — Cuando te desocupes, claro.
Ya no había vuelta atrás, yo también comenzaba a provocar a Clar.
!Mis perfeccionistas!
Espero les haya gustado, muy pronto subiré más de mis PERFECTOS CLAR&SAM ♥ ¡Las amo!
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