CAPITULO 45


SAMADHI 



Dos meses después.


Los sueños vuelven. Debo admitir que después de todo el odio que William se cargaba hacia los Johnson, no me provocó más que un trauma psicológico por haber estado encerrada en cuatro paredes durante días. Los sueños se hicieron presentes días después de lo ocurrido, pero Clarence los calmaba. No me dejaba sola. Al dormir estaba a mi lado, y al despertar igual. Pero sabía perfectamente que en algún momento debía salir de la oscuridad.

—¿Iras a la oficina? —le pregunto girándome con cuidado hacia él.

Observo el reloj marcando las seis de la mañana. Desde hace un rato sentí cuando Clar se levantó al baño y volvió acostarse a mi lado.

—No, me quedaré aquí —aclara.

Por un lado me gusta tenerlo aquí, pero también sé que no siempre estará en el departamento cuidándome. Dura horas en el despacho, y aunque yo ya me he reacomodado con mis clases virtuales, sé perfectamente que debe regresar.

—No tienes por qué hacerlo amor, los tres estaremos bien —digo acariciándole la barbilla.

Niega aún con los ojos cerrados.

—Algún día tendrás que regresar a la oficina Clar, no puedes quedarte aquí siempre.

—Soy el dueño —inquiere en la misma posición. —Si quiero no voy nunca y ya.

Se pone de terco. Ha cerrado dos tratos, en Londres con los Blair, y en Nueva York. Él y Lucas son socios aquí, pero cada quien comienza agrandarse dividiendo su trabajo apoyándose. Sé que tiempo le faltará, pero prefiero que se lo tome para cuando los mellizos nazcan. No dudo en decírselo.

Abre los ojos. El azul oscuro de su iris me fascina, siempre me encantará.

Respira profundo y me atrae a su pecho en un abrazo. Me acaricia la espalda y yo me aferro a su abrazo rodeándole la cintura. Estoy tan gorda que apenas mi cabeza rosa con su pecho desnudo. Aspiro su loción y le lamo la manzana que se le forma pequeña en su garganta. Sonríe.

—Lo he pensado, pero no quiero arriesgarte dejándote aquí sola. No me perdonaría si les pasa algo otra vez —añade acariciándome la barriga.

Me acurruco en sus brazos. En ellos me siento segura, y sé que nadie podrá hacernos daño. Un error mío nos llevó a esto. Le doy tantas vueltas y siempre llego a la misma conclusión. Si no hubiese regresado al apartamento por ese libro, no hubiera pasado esto.

—Lo haré —suspira. —Pero hasta la próxima semana.

—¡Clar! Es lunes, puedes comenzar hoy.

—¿No le gusta tenerme aquí señora Johnson?

El revoloteo de libélulas ataca cada vez que me dice señora Johnson. Sonrío.

—Sigo sin serlo —le digo —, aún no estamos casados.

Enarco una ceja mirándolo.

—Porque no has querido —ataca. —Si por mí fuera ahora mismo te llevaría al registro civil y listo.

Me carcajeo. Últimamente se ha vuelto mucho más amable y bromista.

—Ni lo diga señor Johnson, yo quiero nuestra boda en la playa —aclaro.

—Lo sé.

Besa mi frente. Se levanta con pesadez de la cama dirigiéndose a la ducha. Cierro los ojos por unos minutos y cuando los abro se encuentra de espaldas a mí con tan solo una toalla envuelta en sus caderas. Trago duro. ¡Joder! ¿Por qué Clar tiene que estar perfecto y yo no? Me siento una cerda. Discúlpenme semillitas, bueno, creo que ya son sandías o balones de lo enorme que están, pero su papá está demasiado bueno.

Se quita la toalla, y casi me atraganto cuando veo su...

¡Dios!

—Deja de babear o te traigo un vaso.

Cierro los ojos apenada. Por qué sí, aun me da pena verlo desnudo y a la cara.

Siento la cama hundirse, y después la yema de sus dedos acariciando mis labios apretados por los dientes.

—Te torturas porque quieres Sol —dice —, mira que yo no pongo resistencia.

—Facilote —se encoge de hombros.

—Un poco.

Deja un beso en mi frente y se baja de la cama colocándose el bóxer.

Después de unos minutos me levanto. Tomo una ducha rápida y en cuanto salgo Clarence ya está listo para irse. El traje que lleva puesto se le amolda al cuerpo haciéndolo lucir jodidamente bello. Los bíceps se le marcan y me derrito con tan solo verlo.

—Te haría el desayuno cariño, pero los mellizos y yo saldremos.

Se vuelve hacia mí.

—¿Y se puede saber a dónde? —cuestiona. —¿Por eso quieres que me vaya a la oficina? ¿Para poder librarte de mí?

—¡Por Dios, no! —exclamo riéndome. ¿Cómo se le ocurre pensar eso? —Iré a casa de mi madre, vendrá en un rato por mí —le digo. —Iré a visitar a Brad.

Se lo piensa, pero sabe perfectamente que no voy a doblegar el ir. Me ha sido imposible verlo. Ver a Brad es recordar todo lo que nos pasó. Le he sacado la vuelta muchas veces y solo hemos hablado por teléfono. No quiero que piense soy una malagradecida. Clarence tuvo el valor de agradecerle, se tragó el orgullo porque al final sabe que Brad nos salvó a los tres de una posible muerte. Yo también lo sé.

—Bien, paso a medio día por ti, te tengo una sorpresa.

Ensancho una sonrisa de oreja a oreja. Le insisto que me diga que es pero se niega hacerlo y a mí las dudas me matan. Vuelvo a insistir mientras al final hago tiempo preparado el desayuno, pero sigue negándose a decirme la sorpresa.

—Sam, si lo digo, ya no será sorpresa. Así que aguántate.

Lo dejo por la paz. Sé que con lo terco que es no me lo dirá.

Una hora después llega mi madre. Clarence me encamina a su coche esperando a que ambas nos vayamos y él se queda ahí hasta que nos vamos.

Estoy nerviosa. Mi madre platica y habla de todo. Ella y Falco decoraron una habitación para los mellizos y con lo emocionada que esta y a como me la describe, estoy casi segura que les ha quedado perfecta.

La casa de Falco es enorme. Parecida a la del abuelo Clark. Espaciosa, perfecta vista a la playa y color blanca. Tiene piscina. « Ni de chiste traeré a los mellizos con una piscina aquí, al menos no hasta que naden».

Nos adentramos a la mansión Labello. Un lugar rustico y agradable, tal como le gusta a Brad. Mi madre me señala donde se encuentra la habitación donde se encuentra él. Camino hasta que llego a su habitación. El aroma que desprende es el de su perfume varonil fresco, pero nada empalagoso. Abro del todo la puerta y éste se encuentra recostado en el respaldo de la cama.

Observo con detenimiento el lugar. Paredes blancas, muebles rústicos y un balcón con las puertas corredizas de vidrio.

—Bonito lugar —lo halago.

—Lo es, hermanita —su voz gruesa me espanta.

Vuelvo la mirada a sus ojos verdes. Tiene barba, y el cabello castaño Le cae en la frente. Me acerco sentándome en la orilla de la cama cerca de él.

—Te hace falta un corte —le revuelvo el cabello y sonríe.

—Y a ti una bascula.

Imbécil.

Me recorre con la mirada llegando hasta el enorme bulto que es mi vientre.

—Los Johnson están poderosos eh —se burla. —Mira que partida doble.

—Imbécil —lo insulto dándole un golpe leve en la pierna aun lastimada. Se queja pero lo ignoro. —Sigue diciendo tonterías y te aplasto la pierna.

Ninguno se contiene la risa. Ambos nos carcajeamos y prosigue a contarme lo que vino Clar a decirle hace poco después de lo sucedido.

—Enserio, casi se me declara —comenta, y no puedo evitar sonreír a su estupidez. —De verdad Sam, estaba por decirle: "Si, acepto".

—¡Que dramático! —me rio. —Dudo mucho que te haya dado un beso Brad —se encoge de hombros.

—Me ama porque le salvé a la esposa y a los mini Clar.

Niego con la cabeza y suspiro con pesadez.

—Gracias Brad —lo tomo de la mano —, gracias por salvarnos. Sin no hubieras aparecido yo...

Las lágrimas me brotan recordando lo sucedido. De tanto contenerlas no se quedaron en su lugar. Brad me estrecha en sus brazos colocándome en el pecho. Sollozo por lo bajo recordando cada uno de los momentos. Los golpes que le brindaron a Brad vienen a mi memoria así como el momento en el que desperté la primera noche ahí.

—Ya estamos bien —dice acariciándome la espalda. —Ya se pudre en la cárcel, y nada de lo que haga su abogado hará que le salve el culo de lo que le espera ahí dentro.

—Pensé que era mi amigo, mi... mi hermano —sollozo.

—Todos lo pensamos, pero resultamos manipulados.

Escucho el carraspeo de alguien detrás de nosotros. Me aparto de los brazos de Brad y vuelvo la mirada que tengo clavada en la espalda. Claramente es la de Clar. Me levanto de la cama y éste se acerca con cautela hasta mí. Me toma de la cintura atrayéndome hasta él de forma posesiva. Debo admitir que siempre lo hace.

—Tranquilo hermanito —se burla Brad. —No me gustan preñadas.

Le lanzo una mirada reprobatoria observando su sonrisa socarrona.

—¿Cómo estás? —pregunta Clar con voz fría, sin emoción alguna.

Siento que se lo pregunta más por compromiso, porque en el fondo sé que no le interesa si se encuentra bien o mal.

—Bien, pero dudo que hayas venido a eso.

—Vine a llevarme a mi mujer, así que, como ya estás bien ¿Nos vamos cariño? —me pregunta a mí.

Asiento y me despido de Brad apretando su mano izquierda con la mía en manera de despedida. Después, le dejo un casto beso en la mejilla.

Bajamos al primer piso. Mi madre nos invita a comer pero Clar niega y yo no tengo el hambre suficiente. Además, sé de sobra que Clarence no se siente del todo cómodo en la casa de Falco. Me despido de ambos después de ver la habitación decorada con infinidad de dibujos animados, juguetes y demás. Los colores vivos en blanco, verde y amarillo son divinos haciendo que la habitación se vea el doble de iluminada. Le agradezco, y en cuanto terminamos de platicar Clar y yo salimos al aparcamiento de la mansión.

Se encuentra serio, lo noté desde mucho antes de salir. Estoy por abrir la puerta del copiloto pero él deja mi acción a medias acorralándome en la puerta.

—Preñada o no, me jode que alguien más te toque —gruñe devorándome los labios.

—Solo fue un abrazo Clar –le respondo rodeando mis brazos a su cuello apoderándome de su deliciosa boca.

La respiración se agita, y de la nada siento una patadita. Ambos nos quedamos estáticos, y vuelvo a sentir otra más. Mi sonrisa se agranda seguida de la de Clar. Me llena de besos la cara y sus manos acaricia mi vientre pegándome más a su cuerpo.

—¿Molestando a mami? —le habla a mi vientre agachándose a él.

Los mellizos se alborotan, y aunque la sensación y sentimientos por sentirlos adentro es felicidad pura, no descarto lo raro que se siente que unos piecitos te estén pataleando desde tú vientre.

Clar se levanta, me abre la puerta y vuelvo a sonreír.

—Ya me acostumbre —sonríe, y mi mente vuela al día en el que le reclamé su poca caballerosidad.

—Pues sigue acostumbrándote cariño, que ahora le abrirás la puerta a dos mujeres.

Enciende el motor, toma mi mano —no sin antes darme un beso en los nudillos—, y emprendemos el viaje a donde sea que él me lleve.


(***)


Clarence sigue sin querer decirme a dónde vamos. Y ya me di por vencida cuando le pregunté la décima vez y se negó.

Seguimos avanzando. Pongo algo de música en la pantalla del coche para distraerme un rato. Sigo viendo por la ventana pensando en los preparativos de la boda. Estoy entusiasmada, y Sara junto con Sony, se han comportado a la altura como buenas madrinas.

—¿Qué piensas? —pregunta Clarence besándome los nudillos.

—En los preparativos de nuestra boda —me volteo para mirarlo.

Suelto un suspiro y él me sonríe con la mirada fija en la carretera.

—¿Enamorada de mi Sol?

—Quisieras —sonrío.

Poso la mirada al frente y comienzo a ver la enorme entrada de una privada. Conforme avanza Clarence observo mansiones de la misma. Nos paramos en la zona de vigilancia donde Clar solo muestra una tarjeta que hace abrir el enorme portón. Entramos y seguimos el recorrido. La zona se visualiza lujosa, y llegamos a la penúltima zona. Se comunica por el interfono de pantalla, y las puertas de un portón eléctrico color negro se abren.

—¡Oh por...

Dejo la expresión a medias. Observo con detenimiento el lugar en cuanto Clar estaciona el coche y me bajo de él. Un hombre alto de cabello rubio y facciones finas aparece en el umbral de la puerta de la mansión blanca, y mi sonrisa no puede ensancharse más al caminar alrededor de la enorme casa.

Clar le dice algo al tipo que ignoro y yo sigo mi camino entre el césped que me dirige al patio trasero. El viento frío me cala los huesos, pero no me importa al ver un patio con juegos para niños pequeños.

—¡Clar! —corro hacia él como puedo y me lo permiten los mellizos porque ya estoy tan gorda que apenas si camino. —¡Me encanta! Me... —lo beso.

El lugar es divino. Conforme caminamos, la barda llega a mediación dejando ver la playa que se encuentra a unos cuantos metros. La brisa fresca me remueve el vestido que llevo y me abrigo más envolviéndome en la cazadora de Clar.

—Aún falta remodelarla un poco –se acerca abrazándome por la espalda. —Pondremos una piscina cuando los mellizos ya estén un poco más grandes, una terraza por allá —señala una esquina —, y a ver que más se nos ocurre. Deep Constructions estará a cargo.

Me vuelvo hacia él besándolo de nuevo. Rodeo mis brazos a su cuello y le jaloneo el cabello. Nuestras respiraciones chocan y se agitan con el beso.

—Es oficialmente nuestra —me besa el cuello hasta llegar a mis labios, y cuando me suelta, me muestra las llaves en su mano. —¿Te ha gustado? —me pregunta.

—¡Me encanta, me fascina!

Me le suelto y camino a los alrededores. No hay plantas y ya estoy observando donde pondré algunas para que resalte el lugar. Clar me toma de la mano encaminándome hacia adentro. Observo el lugar amueblado al completo estilo moderno. Muebles oscuros y suelo blanco, pero lo que más me sorprende es ver la fotografía de ambos de hace algunos años, en el día de mi graduación. Observo con detenimiento la fotografía y conforme recorro el mueble en donde se encuentra, veo una de Hanna. Sonrío al ver lo hermosa que era. Un nudo se forma en mi garganta y me entran las ganas de llorar pero las contengo tragando duro. Siento un pequeño colgante en mi garganta y observo el dije de diamante color azul sobre mi pecho. Me lo ha devuelto, la pequeña libélula cuelga de nuevo.

—Perdón —susurra en mi oído —, no debí quitártelo.

—Sh... —lo callo con el dedo índice en sus carnosos labios. —Olvidemos todo, comencemos de nuevo y seamos felices juntos.

Lo miro a los ojos, pega su frente a la mía y después deja un casto beso en mis labios. Vuelve a tomarme de la mano y recorremos las habitaciones. Hay por lo menos cinco y una más grande. Cada una con su respectivo baño. No todas están amuebladas así que supongo en algún momento rellenaremos espacios. Me emociona tanto cuando elijo la habitación de los mellizos, éste queda frente a la nuestra.

Volvemos al primer piso, éste dividido en cuatro partes: sala, estancia junto a las escaleras, cocina y comedor. La combinación de muebles a dos todos me parece perfecta y sé que Clarence eligió todo. Por mí no hay ningún problema, me he dado cuenta que no siempre tengo muy buen gusto.

—¿Cuándo nos mudaremos? —le pregunto después de un rato.

El sol alumbra aun dejando de lado el fresco. Me siento con apetito y decidimos ir a comer.

—Cuando quieras —contesta —, ahora mismo, el lugar ya está amueblado en su mayoría, así que no habrá problema —me dice.

—Quiero cortinas amarillas —recuerdo no haber visto cortinas.

Sonríe a lo que comento.

—Amor, es tu casa, la puedes amueblar y decorar a tu gusto —añade.

Pasamos la tarde en restaurantes y comprando cosas para la decoración. Me entusiasma todo esto porque ambos elegimos juntos. Conforme vamos caminando, veo a unos cuantos metros a alguien no muy agradable para mí: Stephany. Va caminando, es alta, de cuerpo esbelto y cabello negro hasta la cintura. Por un momento me siento una obesa, me siento menos al verla a ella tan perfecta, y en cuanto ve a Clarence se acerca para saludarlo.

—Hola Sam —me saluda, y no quiero ser grosera ¡Lo juro! Pero saber que Clarence se la ha tirado infinidad de veces me mata. —Te sienta bien el embarazo.

¡Zorra! ¡Ay Dios!

—Si —contesto cortante. —Te espero acá Clar.

Camino por uno de los pasillos haciéndome mensa viendo cualquier cosa que me haga olvidar su cara. No pasa ni un minuto cuando Clar ya está a mi lado. Ni siquiera lo miro a los ojos. Sé que dije "olvidar todo lo que pasó", pero es difícil.

—Sam —me habla, pero lo ignoro. No quiero hacer berrinches como niña, pero estoy celosa y el embarazo no ayuda a sentirme mejor. —Samadhi ¿No me hablaras? —prosigue.

—Al menos Chris está muerto —le digo, y no omito el dolor que aparece en mi pecho cuando lo recuerdo. —Si no, no sé qué harías tú si lo tuviese en frente.

—Solo me preguntó por un asunto de trabajo ¿Vale?, fue todo —me toma del ante brazo volteándome hacia él.

Lo miro con pesadez, el cansancio comienza a ganarme y le pido que nos vayamos. Estoy exhausta, hemos ido de un lado a otro y me aún sigo enfadada. Me acaricio el vientre y me quedo dormida. Después de un rato siento unos labios húmedos dejando un rastro de besos por todo mi rostro. Lo hago a un lado, sigo enojada y ni yo sé porque.

—¿No me hablaras? —me pregunta conforme subimos al ascensor.

Sigo sin hablarle. En cuanto llegamos al apartamento me encierro en la habitación y él en el despacho. Me deshago del vestido, la cazadora y las botas quedando solamente en ropa interior. Coloco un suéter de Clarence únicamente como pijama para dormir. Me recuesto y jugueteo con el dije de la libélula. Vuelvo a quedarme dormida, y horas después siento como se hunde el lado izquierdo de la cama. Los brazos y la fragancia que me embriaga de Clar pone mis hormonas a mil, y no dudo ni un segundo en girarme hacia él.

—Te amo —le susurro lamiendo sus labios.

Siento su sonrisa agrandarse y sus frías manos me recorren el cuerpo bajo el suéter. No me siento sexy como otras veces, pero eso parece no importarle cuando me está tocando.

—Eres hermosa —me susurra en los labios dándome un beso apasionado que se intensifica frotando su entre pierna a la mía. —Y eres la madre de mis hijos, ¿Qué más puedo pedir Sol?

—No me siento sexy para ti —le suelto.

¡Qué más da, que lo sepa ya!

—Joder Sam, ¿No te das cuenta? ¿No te das cuenta que solo te deseo a ti? ¿Qué solo quiero tú cuerpo para mí? Soy tuyo, me tienes como un puto loco siguiéndote desde que te conozco...

Los besos se intensifican deshaciéndose de su ropa y de lo poco que llevo puesto. Toma mis senos y los besa con delicadeza haciéndome soltar gemidos placenteros. El morbo aumenta y la agresividad igual...


(***)


Tengo las piernas de Clar enredadas con las mías. Le encanta dormir de esa manera, dejándome atrapada. Me levanto haciéndolo a un lado para ir al baño y hacer mis necesidades. Tomo una ducha rápida. Hoy Sara y yo nos pondremos al corriente con los preparativos de la boda, veremos algunos arreglos y demás cosas que necesitaremos para arreglar la playa cercana a la casita. Falco se ha hecho cargo con los permiso del lugar para el evento, así que ese problema queda descartado.

Salgo de la ducha y busco ropa en el armario. Los pantalones no me quedan, así que opto de nuevo por un vestido y medias negras largas. El clima me favorece, está cálido así que me basta con solo ponerme el vestido de lana a manga larga color rojo y botines.

—¿A dónde vas? —me pregunta Clarence observando mis movimientos mientras me cambio. Sigue acostado y no se le ven ganas de querer levantarse para irse a la oficina.

—Sara pasará por mí a las ocho —le anuncio —, y tu deberías levantarte ya.

Me encamino a la cocina sacando lo necesario para un desayuno rápido: tostadas con jalea y café. Los mellizos están inquietos desde que salí de la ducha, en ocasiones siento el pataleo y sé que aún no es momento para que nazcan. Según la doctora Flores les quedan unas dos o tres semanas para nacer. Me han programado una cesárea aunque los mellizos vienen listos para nacer en parto natural, no me he querido arriesgar alguna complicación.

—Toma —estiro el brazo dándole a Clar una taza de café. —No es el mejor desayuno, pero prometo que cuando nazcan te haré uno mejor —se ríe.

—Yo también puedo hacer el desayuno amor —añade y me da un beso con sabor a café —, solo que me gusta estar mejor en la cama contigo que comer.

Le golpeo el hombro en negación a lo que dice. Desayunamos pronto y espera a que llegue Sara por mí.

—Tienes mi móvil Sara, cualquier cosa que pase...

—Te llamo –lo interrumpe ella. —Tu señor se vuelve más molesto cada día.

—Sigo aquí Sara —le dice Clar y yo solo me río de ambos.

Me subo al coche de Sara en cuanto Clarence me abre la puerta. Me da un casto beso en los labios y nos despedimos. Y ahí está otra vez, esos golpesitos en mi vientre. Lo dejo de lado y en cuanto llegamos al centro comercial andamos por todos lados, de in lado a otro viendo, ordenando y debatiendo que se verá mejor. Sony y mi madre se nos unirán en cualquier momento así que no habrá problema al elegir, ellas me darán opciones y yo solo diré si o no.

Nos sentamos por un momento a comer helado, hace tanto que no me apetecía uno y ahora el antojo era demasiado. Nos sentamos en una banca y estiro mis piernas recargándome en el respaldo.

—Sam, me enteré de algo —comenta Sara con nerviosismo, como si no supiera si contármelo o no. —Creo que Claro aun no lo sabe, así que mejor te lo digo primero.

—¿Qué es? Me pones de nervios —le digo. 

—William le ha pedido ayuda a Lucas para que testifique a su favor con las apelaciones que ha hecho, obviamente se ha negado él —prosigue. —Además, digamos que la familia de Lucas no se llevaba del todo bien con la de Will, así que... ¡Bueno eso no es el punto! —exclama. —Todo parece indicar que Christopher sabía algo de William —volteo hacia ella.

—Algo... ¿Algo de qué? 

—De lo que planeaba, de todo lo que hizo. No me cuadró hasta el día que dijiste te había llamado, y si es así solo William sabe lo que le hizo a Chris para que no abriera la boca.

Trato de sopesar la información. Me levanto y mejor le digo que caminemos otro rato. Lo hacemos, y conforme pasamos por locales de novias siento humedad en mi entre pierna. Miro hacia abajo y un pequeño charco transparente se encuentra en el suelo.

—Sa... Sara —susurro.

Los calambres en mi vientre se intensifican provocando que me agache. Sara me toma del brazo sosteniéndome antes de caiga.

—¡Joder Sam! —exclama. —¡Que hago!

Me sienta en una banca cercana y con manos temblorosas empieza a marcar el número de Clar.

—Clar, Sam rompió fuente...




¿Qué les pareció? Se acerca el final de nuestros perfectos :''''''( 

Gracias por su apoyo ♥ 

12/07/2021♥

Stephany en la imagen :) 

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top