CAPITULO 7

SAMADHI



Después de contarle casi toda mi vida por los sentimientos que tenía hacia Brad, sentí un fuerte alivio. Tal vez no éramos amigos, pero sentía que era una persona leal y de confiar. Sony y Brad eran mis únicos amigos, claramente no iba a contarle a ninguno de los dos. Una me mataría por decirle eso, y el otro bueno, ni hablarme querría.

Mis sentimientos por Brad crecieron días después en el que lo conocí. Tan gracioso, impertinente y algo engreído. Al principio pensé que yo también le atraía, pero al parecer y después de la llegada de Sony, me di cuenta que no fue así. 

Algo me mantenía inquieta con respecto a Clarence. Pues su acercamiento hacia mí me decía que tenía que tomar todo el auto control de mi cuerpo para no caer redondita a sus brazos. Era demasiado atractivo en realidad, y esa mirada azul profunda y oscura, en ocasiones me hacía sentir expuesta e intimidada. A parte de que no era el tipo de chico con el que me gustaría quedar.

Lo que restaba de la tarde estuvimos hablando de trivialidades, menos de cosas personales, ya que al querer tocar un poco el tema de su mamá, la actitud hacia mi le cambió por completo. Eso sí, me contó que no estudia en el instituto. Si no que más bien, trabaja ahí como becario asignado en una institución por un nuevo proyecto.

El sonido de mi teléfono celular me sacó por completo de mi ensoñación. Así que lo siguiente que hice fue responderlo.

Número desconocido.

— Diga — respondí con voz seca y seria, pues no sabía quién era.

Hola señorita perfección — ¿Qué rayos?

— ¿Cómo rayos conseguiste mi número? — le respondí tajante. Clarence era exasperante cuando se lo proponía —. Sabes, creo que lo tuyo ya es acoso. Vas y me sigues hasta el centro comercial, y resulta que te inventas una historia por lo de tu madre, que para ser honesta, no me pareció nada agradable que la dieras por muerta, ni que quisieras tocar el tema — le respondí molesta.

Olvídate de eso, paso por ti en una hora. Y de preferencia, ponte ropa cómoda.

— Y quien dijo que yo...

Me colgó. ¿Cómo rayos consiguió mi número?

Me puse a pensar, y llegué a la conclusión que el maldito lo tomó, ya que lo tengo registrado en la agenda del móvil como "mi número". Pero que tonta, él no solo quería ver la hora cuando me lo pidió.

Eran las siete en punto, y como no sabía a donde iríamos, decidí tomar una ducha para no hacerlo esperar. ¿En serio estaba accediendo a esto? ¿A salir con él? ¿Con el tipo que me dejó tirada como un costal de papas en un lugar desconocido para mí? Debería estar loca, o necesitada de atención para haberlo considerado.

La verdad es que no me interesaba del todo, el único que tenía un enorme lugar en mi mente y mi corazón era Brad, pero por ser el novio de mi mejor amiga quedaba descartado como tal.

Después de haberme refrescado, decidí buscar mi atuendo para la cita del día de hoy. ¿Era una cita? ¿O como la llamaría? ¿Una salida?

Como sea. Mi móvil volvió a sonar, y le respondí a una animada Sony.

¡Amiga! Tienes que ir con nosotros — me dijo.

— ¿A dónde? Saldré con un...

¡A la Neon Party! Es organizada por universitarios. Mmm ¿saldrás con quién? — me preguntó, pero ahora me daba pena el decir con quien. Carraspeé mi garganta, y decidí no decirle nada —, ¡Brad, Sam tiene una cita! — Escuche gritar a Sony por el otro lado de la línea.

— Sabes, estoy un poco cansada Sony, si voy yo te llamo para verte allá, ¿vale? — se lo pensó por lo que sentí una eternidad.

Está bien amiga. Te quiero, nos vemos. Y no olvides contarme quien es el chico con el que sales eh, que no se me va a olvidar

— Yo a ti también te quiero, hasta luego.

Colgué, antes de que me interrogara más.

Después de ver un buen rato mi guardarropa, decidí ponerme un pantalón roto, tenis y blusa top color blanco, con una cazadora parecida — pero más nueva, claro — a la de Clarence.

Me gustaba lo que llevaba puesto, lo que si no me parecía era haberme vestido con un look rockero para el tipo que menos se lo merecía. Sabia a la perfección lo que merecía en mi vida, y él no era una opción, pero bueno, aprovecharía por esta ocasión.

Me mire al espejo para inspeccionar el maquillaje ligero que llevaba. No me gustaba en lo absoluto maquillarme, no porque no me agradara, si no por el tiempo que eso conllevaba, y tiempo era lo que menos me gustaba perder.

Eran las ocho más treinta, y de Johnson ni las malditas luces de su motocicleta.

Nueve...diez...

¡Dos horas esperando! Odiaba la impuntualidad. Pero que estúpida, ¿Cómo pude creerle a ese idiota? Si nada más la cara bonita tenia, de seguro por dentro estaba podrido. Sábado en la noche, y ya me habían dado el plantón de mi vida. Pero Clarence Johnson me las pagaría, esto no se me olvidaría.

Estuve a punto de llamarle, pero no quería verme desesperada, así que decidí irme a donde me había invitado Sony. Le mande un mensaje para que me enviara la ubicación, y a los pocos minutos me la mandó.

La Neon Party la organizaban universitarios cada inicio de verano cerca de la playa, o más bien dicho, en la arena de la playa. Decidí cambiar mi atuendo, a uno más vulgar, pues ahí todas las chicas iban enseñando el cuerpo.

Entré a la habitación de mi madre para ver la nueva línea de verano que había diseñado y que aún no estaba en venta, pero como siempre yo sería la primera en probármelo. Opte por bikini a dos piezas, top straple color naranja neón y sandalias adecuadas. Por encima coloque un vestido de tela transparentada color blanco, me mire al espejo y lo que vi me gustó. No era insegura con mi cuerpo ni nada por estilo, pues mi alimentación la mayoría del tiempo era sana. Pero el helado de café y almendras ¡NUNCA! Lo descartaba, era mi preferido.

— Rayos, no tengo bolsillos hoy — dije para mí misma, pues el atuendo que hoy llevaba ni bolsillos traería.

Decidí sustituirlo por un short de mezclilla y una ligera blusa color blanca la cual se transparentaba. Volví a mirarme al espejo y salí corriendo de la habitación.

Después de un rato haber llamado el taxi, éste llego por fin. Ya eran las once más quince de la noche, la hora adecuada para la llegada a una fiesta de la cual no era invitada.

"Si no te invitan, es porque no serás bienvenida".

Siempre decía eso mi madre, al no ser invitada cuando era pequeña a las fiestas de mis vecinos más cercanos. Me subí al coche y éste se dirigió a la playa que se encontraba a menos de una hora de mi casa.

— Llegamos señorita — dijo el chofer del taxi. Un hombre mayor de por lo menos sesenta años de cabello canoso.

— Gracias — le pagué y me bajé.

Un enorme escenario se encontraba cercano a la playa, y cientos de chicos y chicas la rodeaban. Una enorme cerca de luces apagándose y encendiéndose de nuevo estaba alrededor de todos ellos. ¡Dios! Jamás había asistido a un evento como estos, pero allá iba yo, caminando directo a la playa con todo el montón.

No quise llamarle a Sony para no molestarla, así que decidí llegar sola a la entrada que se encontraba a tan solo unos metros de donde yo estaba parada. Las filas estaban divididas, "hombres lado izquierdo, mujeres lado derecho" gritaba cada segundo un chico alto con anteojos de botella y voz chillona, se veía simpático. Todos seguían la fila, que se veía interminable en aquel camino de madera. La música electrónica estaba al máximo volumen, y un Steve Aoki escuchándose por todo el lugar.

¡Por fin! Mi turno de pasar.

— ¡Alto ahí bonita! — dijo el mismo chico —. ¿No leíste el letrero?

Giré la mirada al lado derecho, donde el chico ojos de botella me estaba apuntando.

"Solo entras con traje de baño"


— ¿Qué? ¿Y me lo tengo que quitar ahora? — asintió —. ¿Frente a todos? — volvió asentir. Ya no se veía tan simpático el oportunista mirón.

— Así es. Lo siento pero esas son las reglas para entrar. Si no, te puedes regresar.

¡No lo podía creer!

Miré hacia atrás para ver quien más venía con ropa, pero nadie absolutamente nadie venia así. Todas las chicas detrás de mí venían en sus diminutos trajes de baño. Tragué en seco, tomando todo mi valor para casi desnudarme frente a todos. Primero quite mi blusa, y todos los chicos comenzaron aplaudir y gritar infinidad de groserías y tonterías a mi alrededor.

— ¡Así se hace preciosa! ¡Vamos primor, quítate ese short!

El chico ojos de botella me presionaba con la mirada, y lo siguiente que hice fue quitarme la última prenda que me cubría del traje de baño que traía debajo. Éste sonrió, y no pude sentirme peor al escuchar los aplausos de todos los que estaban a mí alrededor.

— ¿Contento? — le dije entre dientes, mientras pasaba al otro lado y le arrebataba el brazalete donde colgaba una pequeña llave del casillero donde dejaría mi ropa.

— Satisfecho — me respondió, y tuve que tragarme todas las ganas de partirle la cara en trozos.

Di un suspiro de alivio al llegar a los casilleros que se encontraban justo a lado del guardavida, después del vergonzoso momento que me habían hecho pasar. O que me hice pasar yo misma, pues nadie me había obligado. No era una persona insegura de mi cuerpo, sabía lo que tenía y el esfuerzo que me había costado volver a subir de peso después de tantos años de proceso.

¿Pero casi encuerarme como todas frente a cientos? Eso sí, que era nuevo. Después de eso, me adentre a la multitud, donde ya estaban jugando Beer Pong. No sé cuál era el fin, ¿Qué todos terminaran desnudos? Que desagradable, ¡Desnudos ya estaban!

— ¡Viniste! — exclamó una animada Sony que me salió por detrás. Voltee hacia ella y justo al lado se encontraba Brad.

— Si bueno...

— ¿Vienes con el chico? — me interrogo Sony, mirando hacia todos lados como si estuviera buscando al "chico".

— ¿Chico, que chico? — me hice la desentendida.

— Sí, eso me comentaste hace un rato Sam. Que saldrías con un chico...

— No como crees, entendiste mal Sony, no hay chico — le dije —. ¡Oh!, pero ¿Qué es eso?

Tomé un vaso de alcohol que tenía uno de los chicos que iba pasando por ahí dejando tragos. Le di un trago enorme al líquido amargo que yacía en el vaso.

— ¡Oh por Dios, tranquila Sam! — respondió Brad riéndose de mi —. Ambos sabemos que no tienes por qué tomar. Suficiente tuviste el día de ayer — dijo mirándome a los ojos y enarcando una ceja.

Le sonreí.

— Si bueno, hoy será una excepción.

— ¿Qué pasó con nuestra perfeccionista? — comentó Sony con voz animada.

— Hoy no hay perfección. ¡Hoy hay acción! — Les dije animadamente. Los tres nos reímos.

— ¡Hey, Brad! — gritoneó un chico alto, de cabello negro azabache, marcado del cuerpo y ojos color verde. Un short playero y sin camisa era lo único que vestía.

— ¡Will! Hermano — se saludaron con un corto abrazo, después a una sonriente Sony y al final a mi...

— Hola, a ti no te conocía — me dijo.

— Samadhi Stone, mucho gusto — le saludé con la mano. Esté soltó una carcajada mirándome con duda, al igual que los demás.

— ¿Qué tiene de malo saludar con la mano? — pregunté.

— Bien, eso ya no se usa Sam — respondió Sony engreída.

— Pues que mal educados.

— A mí me gusta — musitó.

Will fue quien respondió, poniéndome algo nerviosa su inadvertida intromisión.





¡Ow! Gracias por el apoyo.

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