CAPITULO 30
CLARENCE
Lo había escrito, se lo había dicho con palabras, y sin duda sabía que se lo había demostrado — a mi manera, claro — pero lo había hecho. Samadhi sabía que en realidad la quería.
¿Y cómo no hacerlo? Si cada que la veo me enamora más por su impertinencia, por su sarcasmo, por todo lo que ella representa. No quería aceptarlo, no quería aceptar el hecho que ella era la razón por la cual mis demonios poco a poco ocultaban mi pasado... al menos eso creía yo.
— ¿Qué tanto piensas hermano? — pregunta Lucas.
El recorrido al departamento fue corto, pues ya era algo tarde en realidad cuando la madre de Samadhi llegó.
— Hay algo que me hace ruido con Brad y Falco — le hice saber. Era cierto, sabía que Falco no era malo, él y Rachel son todo lo contrario a Brad. Pero el que tuviese una relación con la madre de Samadhi, me hacía incomodar.
— Eso no dice Will ¿Sabías que está haciendo su práctica como abogado en el bufete de Falco? — Claro que lo sabía, son mejores amigos. Asentí solamente.
Aparcamos en el estacionamiento. Salí del coche y me dirigí a la recepción del edificio.
— Señor John — musité.
— Joven Johnson, tiene visita — ¿visita? —. Insistió en pasar, lo siento no lo pude evitar — di un suspiro exasperado.
— Está bien John.
John ya era de edad avanzada, así que no me permití hacerle algún reclamo. Sabía perfectamente quien era la persona que seguramente estaba esperándome fuera del apartamento.
Lucas y yo nos dirigimos al ascensor, y al salir de él en el piso 20, mis ojos vieron a las únicas dos personas que no quería ver en este mundo... o al menos no en este momento.
— Mierda — murmuró Lucas, y vaya mierda.
— ¡Así que fuiste tú William! — espeté con fuerza. Isabela y William se encontraban junto a mi puerta.
No me pude controlar el maldito coraje se apoderó de mi cuerpo, y lo siguiente que hice fue tomar a William del cuello.
— ¡Clar, tranquilízate! — gritoneó Lucas, para después sujetarme y detener la jodida locura.
— ¡Largo de aquí! — espeté con fuerza.
— Hijo... — William le hizo una seña a Isabela, indicándole que parara, ¿Es que acaso se la estaba tirando?
Lucas abrió el apartamento, y se adentró en él.
— Deberían hablar adentro — dijo entre dientes.
— Ninguno de esos dos entra aquí — les hice saber.
— Yo también vivo aquí Clar, también lo puedo decidir.
— ¡El edificio es de mi padre, yo decido quien mierda entra! — dije eso último dirigiéndome a esos dos.
No podía contener mi furia. Era obvio que William se tiraba a quien decía ser mi madre, pero... ¿A cambio de qué?
— No es lo que piensas Clar — comenzó hablar Will —. Hay cosas que necesitas saber, cosas que no cuadran con...
— ¡Con una mierda William! Deja de mencionarla ¿O qué? ¡¿Tú también me vienes a culpar?! ¡¿También vas a culparme por ir manejando ebrio esa jodida noche?!
— ¡Hay un culpable! — espetó molesto. Sabía que William era de temperamento tranquilo, pero a la hora de mencionar la muerte de Hanna se ponía como loco. Igual que yo — Dime Clar, ¿Nunca te has puesto a pensar lo peor de las personas? ¿Nunca has visto las dos caras de la moneda en alguien? Por qué yo sí, y está cerca...
¡¿Pero de que jodidos habla?!
El ding del ascensor sonó en todo el pasillo, saliendo Brad de él. Nos vio a los cuatro, parados frente a su departamento, y la sonrisa de sínico no tardó en aparecer.
— Vaya — bufó, mientras sacaba la llave del apartamento entre su pantalón — ¿Reunión familiar y no he sido convocado? — prosiguió burlón, para después adentrarse a su apartamento y cerrar la puerta.
Solté un bufido, después de mi momento de relajación con Samadhi, no esperaba esta mierda de visita. Me adentre a la estancia y tome las llaves del deportivo que se encontraban en la mesa central, para después salir y dar una vuelta.
— Hijo, por favor tienes que escuchar lo que William...
— ¡Ya basta! ¡Hanna está muerta y eso no va a cambiar!
Me dirigí al ascensor, pues no quería estar ahí. Al bajar al estacionamiento subí al coche y salí a la carretera.
¿Qué querían? ¿Qué siguiera recordando su muerte y culpándome nuevamente? Así me sentía, por eso siempre trataba de evitar el jodido tema cuando se hablaba de ella. No quería recordarlo, más sin embargo, siempre terminaba retrocediendo dos pasos cuando ya había avanzado solo uno.
Llegué a mi destino. Me encontraba aquí, nuevamente en la casa de la única mujer que me hacía sentir bien. ¿A dónde más iría si no? Samadhi no me presionaba con esas estupideces, comprendía mi pasado y se limitaba adentrarse en él.
La llamé al móvil, esperando que me respondiera, pues ya pasaba de las doce de la madrugada.
— ¿Clar? — respondio con su dulce y adormilada voz.
— ¿Me podrías dar asilo? Estoy afuera de tu casa — comenté.
— Déjame pensarlo... — soltó una risa — Siempre, ahora bajo.
Colgamos, y después de unos minutos salió por la puerta que se encontraba a un lado del portón eléctrico.
— Que sexy atuendo — esbocé una sonrisa enorme. Mi fiel amigo se imaginó a una Samadhi vestida de conejito.
— Deja mi pijama de conejitos.
Miro a todos lados, y los dos nos adentramos a la estancia de su casa.
— ¿Tu madre? — pregunté, pues no quería causarle un inconveniente.
— Se encuentra dormida — musitó — ¿Qué pasa Clar? ¿Ocurrió algo? Es raro tenerte aquí a estas horas.
— Isabela estaba con William cuando llegué a mi apartamento — le hice saber.
— ¡Dios mío! ¿Teniendo sexo? — ¡Que mierda Samadhi! No pude evitar una carcajada.
— ¡No! Al menos que yo no sepa — respondí, esbozando una ridícula sonrisa que solamente ella podía causarme.
— Vayamos arriba — me tomó de la mano para dirigirnos a las escaleras.
Me era imposible no ver su jodido cuerpo perfecto, pues la deseaba de nuevo.
— Deja de babear Clar — dijo en apenas un susurro.
— ¿Quién dice que estoy babeando?
La tomé de la cintura justo cuando entramos a su habitación. Necesitaba descargar toda la tensión que se había acumulado en mí después de la desastrosa visita de William e Isabela.
Cerré la puerta de su habitación con llave y tomé a Samadhi de la cintura, para después envolverla en un voraz beso. La tumbé de espaldas en la cama y comencé a tocarla por todos lados, era imposible no hacerlo. Soltó un excitante gemido.
— Clarence — susurraba cerca de mi lóbulo derecho mientras le besaba el cuello.
Me detuvo. Vaya sorpresa, nunca nadie me había detenido.
— ¿Qué sucede? — insistió.
— Prefiero no hablar de ello — respondí tajante y entre dientes.
— Lo siento si me entrometo, pero es que si no hablas, no te puedes desahogar y decir lo que de verdad sientes por dentro.
¡Déjalo estar Samadhi! Suspiré, no quería hacerla sentir mal, simplemente quería dejar eso atrás. Besé su frente y me dispuse a preguntar solamente:
— ¿Puedo dormir contigo?
Samadhi se negó, y después asintió adentrándose entre las sabanas de la cama, la cual era lo suficientemente grande para los dos.
Me recosté a su lado después de haberme quitado los zapatos. Recargó su cabeza junto a mi pecho. La rodee con un brazo, sintiendo la calidez de su cuerpo, envolviéndonos en un profundo sueño...
" «¿Acosador Clarence?» susurraba Hanna dirigiéndose a mí... "
Desperté de golpe al haber escuchado la voz de Hanna. Miré a Sam, quien dormía plácidamente sobre mi pecho. Tomé mi móvil con un ágil movimiento para revisar la hora: siete de la mañana. Aún era temprano para la reunión que tenía hoy.
Samadhi despertó de golpe, recordando que yo dormía aquí.
— ¡Mierda Clarence! — exclamó. Se veía tan graciosa con el cabello ligeramente enmarañado, solté una risa — Mi madre no tarda en despertar — decía entre susurros.
— Ya me voy, Samadhi Stone — lo comprendía totalmente, solo vine a Samadhi para sanar mi herida. Siempre será la indicada para ello.
Los dos nos levantamos, me puse los zapatos y después de que Samadhi saliera del baño, juntos bajamos al primer piso sin hacer el más mínimo ruido. Me acompañó a la acera de su casa, esperando a que saliera. Estaba por salir, cuando habló:
— ¡Espera! — me detuvo, para después señalar sus labios.
Sonreí, sabía que querían esos carnosos labios.
Me acerque a ella rodeándole la cintura, después de eso le di un casto beso.
— Te veo en la noche — le dije tomando la pequeña libélula que colgaba en su cuello. Samadhi asintió —. Te quiero.
Sentí un jodido revoloteo al decirle eso. Ella esbozó una enorme sonrisa, en su perfecto rostro.
Me adentré al coche. Era sábado, y para mí este día estaría ocupado, pues tenía una reunión con la hija del director Lawrence para revisar el avance de la casa que aún se encontraba en construcción.
No le quise dar más vueltas al asunto, pues había muchos peros por parte de ella con los diseños que le había hecho llegar. Era una clienta difícil.
Llegué al apartamento, y daba gracias al cielo que solamente se encontrara Lucas adentro.
— No debiste haberte ido de esa manera Clar — musitó.
— ¿Ahora te crees mi padre? — espeté.
— No puedes seguir ocultándote de esa manera, tarde que temprano saldrá alguien afectado por ello — ¡Y dale con eso!
— Si lo dices por Samadhi, ella no tiene nada que ver en esto, al contrario, lo comprende por completo — le hice saber — Y ya a la mierda, déjame en paz.
— ¡Todos tenemos un límite Clar! — exclamó Lucas.
Me dirigí a la habitación para tomar una ducha, desayunar e ir a la reunión que tenía con los Lawrence.
(***)
Bien, eran las diez en punto, y aun no llegaban. Lo cual me alegró , pues prefería llegar antes que ellos.
Me encontraba dentro de la mansión que se le estaba construyendo a Blair, la única hija del director Lawrence, ajustando los últimos detalles para la entrega.
Me encontraba cerca de la cascada que se encontraba en funcionamiento cerca de la entrada, admirando el trabajo que habíamos hecho. No era por presumir, claro, pero Lucas y yo teníamos al mejor equipo de trabajo.
Escuché los pasos de unos zapatos altos retumbar por todo el lugar. Una esencia olor a vainilla lo inundó por completo. Supuse que era Blair.
Me giré, pero a quien vi, no fue a Blair, sino a una chica de estatura media, cabello negro azabache, piernas torneadas y un poco largas. Vestía un vestido color blanco ajustado que le llegaba debajo de la rodilla, y me saludó de manera profesional.
— ¿Clarence Johnson? — preguntó dirigiéndose a mí con sus penetrantes ojos color café.
— En efecto — le respondí del mismo modo. Estrechó su mano, para saludarme.
— Un gusto Clarence — ¿ahora me titubeaba? — Estephany Lawrence, prima de Blair.
Detestaba los cambios drásticos en una cita de trabajo, pues te hacen lucir de manera poco profesional. Me limite asentir.
— Blair estará indispuesta a partir de ahora gracias a la entrega de las invitaciones para su boda, así que me dejó a cargo sobre los últimos detalles para su nuevo hogar. Seré su diseñadora de interiores asignada.
Vaya, sí que habla rápido. Blair había mencionado en algún momento esto último.
— Perfecto — respondí, ¿Qué más podía decirle? ¿Qué me joden los imprevistos? — Si me permite, me gustaría que diéramos un recorrido por cada rincón del lugar, para que no haya ningún detalle fallido después de la entrega — le hice saber.
— Me puedes titubear — me hizo saber —. Estoy por cumplir los veintitrés, que me llamen de "usted" me hace sentir algo vieja.
Solté una risa, en eso tenía la razón.
— Bien, Estephany.
Notaba su mirada encima de la mía. Claro, no pasaba desapercibido el rostro de ella, con cierta picardía. Por un momento me recordó a Samantha, quien no se cansaba de llamar a mi casa.
Hago un ademan indicándole para que comience a caminar, y lo hace.
Le doy santo y seña de toda la casa. El lugar aún esta vacío, pues se requiere de su aprobación para la entrega. Recorremos cada uno de los rincones indicando todo lo que hemos hecho hasta el día de hoy.
— Vaya — murmura —. Ha sido un trabajo excelente, de verdad que tienen un gran equipo de trabajo.
Por supuesto que lo sé, ¿con quién crees que estás hablando nena?
— A eso nos dedicamos — digo —. A satisfacer al cliente.
— Y vaya que lo han logrado, Blair es un poco... — se lo pensó por un momento — Un poco perfeccionista con lo que quiere.
Perfeccion, Samadhi era mi perfeccion...
— Bien, supongo que hemos terminado — confirmé.
— Asi es Clarence.
Los dos salimos de la casa.
— Bien, en cuanto quede todo listo, le haré llegar las llaves a Blair para que comiencen con la decoración.
— Me parece perfecto — musitó. Después de eso estreché mi mano a modo de despedida — Un placer conocerte, Clarence Johnson.
Me limite asentir. Su mirada coqueta indicaba que de cierta manera indiscreta se me estaba lanzando. ¡Oh no nena! eso no va conmigo. Suficiente tenía con Samantha que no me la quitaba de encima.
La acompañe hasta su coche, y como todo un caballero le abrí la puerta. ¡En mi vida volvería hacer eso con otra persona! Claro, otra persona que no fuese Samadhi, pero al ser la prima de mis mejores clientes, tenía que dejar la mejor impresión.
Me encamine a mi coche, y después de que ella se fue, encendí el mío para irme también. El día estaba nublado, seguramente llovería el día de hoy. Mi móvil sonó, y lo puse en alta voz.
— Johnson — respondo.
— Hijo, soy Clark — Oh, que emoción.
— Dime padre, ¿en qué puedo ayudarte? — respondo tajante.
Ya sé lo que dirá, claro está. Ha cerrado un negocio con una importante compañía hotelera para la construcción de nuevos hoteles en playas mexicanas. Lucas me mantiene informado de absolutamente todo.
— La próxima semana cerraremos el trato con la compañía hotelera en la que mi equipo y yo hemos estado trabajando — hace una pausa y prosigue después — Toda la familia debe estar presente Clarence, te presentaré con algunos clientes — lo que menos quería era la ayuda de mi padre, pero al no ser el único accionista de "Deep Constuctions, Inc" sería muy malo de mi parte rechazarlo.
— Me parece bien padre — respondí. Eso nos daría acceso a la entrada para otro tipo de clientes.
— Perfecto Clarence, será de gala.
Me despedí de él, y después colgué. Tal vez a Samadhi le gustaría ir.
*****
¡Otra vez yo mis Perfeccionistas bellos!
Cuéntenme, ¿Que les pareció el capitulo? ¿Que les pareció Stephany 👀?
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