CAPITULO 29
SAMADHI
Me le quede mirando a los ojos, a sus ojos verdes oscuros. ¿Cómo era posible que tuviesen una relación? No losé.
— ¿Y fue idea de él madre? — pregunté tajante.
— Si hija, por favor, dale una oportunidad — vi en sus ojos ese destello desprender, ese brillo que indicaba, estaba enamorada de él. La pregunta era ¿Desde cuándo?
Di un suspiro. No era lo que yo esperaba.
— Ya veremos madre — le hice saber.
Me sonrió de oreja a oreja, mi madre lucia contenta. Tomó la tarta de chocolate entre sus manos, ésta yacía sobre la mesa, y las dos nos encaminamos a la estancia donde todos nos esperaban.
— ¡Feliz cumpleaños a ti! — comenzaron a cantar al unísono gracias a Brad.
Miré a Clarence, y notó por completo mi desagrado. Me acerqué a él, y éste me tomó de la mano. Besó mi frente y después un casto beso dejó en mis labios.
— Pide un deseo Samadhi — comentaba Sony —. Que no sea el tener a dos hombres comiendo de la palma de tu mano, claro.
La escruté con la mirada ¡¿De verdad había dicho esa estupidez?! Sara la miró mal, conteniéndose para hablar.
Me puse tensa, y Clarence me apretó la mano para que me tranquilizara. Mi madre acercó la tarta con una vela rosada, para que yo le soplara. Cerré lentamente los ojos, pues mi único deseo al menos en este momento, era tener a Clarence justo a mi lado. Después de eso soplé la vela.
— ¿Qué pediste? — preguntó Clar sonriente.
— A ti — esbocé una sonrisa.
— ¡Feliz cumpleaños Samadhi! — se acercó William para darme un abrazo. Después de él, Falco, Sony y por ultimo Brad.
— ¡Feliz cumpleaños Samadhi! — exclamó Brad.
Me rodeó la cintura con sus firmes y musculosos brazos, para después alzarme en él y dar una ligera vuelta.
¡Dios mío Brad! ¡Clarence te va a matar!
Hice lo que pude para zafarme de él, y cuando por fin lo hice me dio un casto beso en el puente de la nariz.
Miré de reojo a Clar, quien contenía su enojo y furia como nunca a puño cerrado. Los ojos se le oscurecieron y detuvo a Brad justo cuando pasaba por su lado. Mi corazón latió a mil por hora ¿Acaso era eso posible? No quería una pelea, no ahora.
— Estas advertido Brad — masculló Clar en su oído pasando desapercibido por los demás.
Brad soltó una risa burlona, y su mirada de depredador volvió de lleno hacia mí. Después de eso, vi como lo miró su padre, con disgusto y desaprobación. Noté algo extraño, y es que Falco estiró su brazo hacia él, dándole unas capsulas de algo.
— Espero tengan hambre, que he preparado algunos aperitivos. Si gustan pueden dirigirse al patio trasero, meterse a la alberca o jugar algún juego — dijo mi madre — Falco y yo saldremos por un momento hija.
¿Pero qué rayos le pasaba a mi madre? Ella no era así. De verdad estaba enamorada del papá de Brad para actuar de esa manera y para permitir esta fastidiosa fiesta. Asentí inconforme con la mirada, para después ver a mi madre salir por la puerta de entrada. Claro, mi madre no sabía absolutamente nada de lo sucedido, y esperaba que no se enterase sobre el beso que le planté a Brad hace más de un mes.
Todos nos dirigimos al patio trasero, William, Brad y Lucas iniciaron un juego en la mesa de billar, después de unos minutos se les unió Clar. Tomaron algunos tragos y comida de una mesa color blanco que yacía en una esquina. Sony también les acompañaba, ella ni siquiera me miraba, por no decir que me ignoraba. Sara se quedó en una de las tumbonas rojas junto a la piscina, y yo me fui directo hacerle compañía.
— Creí que también jugarías en la mesa de billar — murmuró Sara.
— La verdad es que ni siquiera sé cómo jugar billar — confirmé.
— No es difícil, un día cuando vayamos a una fiesta en la que no esté ese par de hipócritas, te enseñaré.
Las dos nos reímos por su comentario. Di un sorbo al líquido espumoso que llevaba en un vaso. Mi madre no era de comprar bebidas, pero al parecer hoy fue una excepción.
— No me gusta para nada en la que Brad te mira Samadhi — confirmó Sara — Es algo... extraño.
— Todo ha sido mi culpa, si nunca lo hubiese besado... — le dije frotándome las sienes.
— No te culpes por ello, sabes, muchas veces actuamos de esa manera gracias a los malditos efectos de los celos — di un suspiro —. Aun así, Sony y Brad no terminan de agradarme — dijo, dando un sorbo a su bebida.
— Dímelo a mí — solté un bufido —, que después de tanto tiempo creerlos mis amigos, me he dado cuenta de lo mal que me trataron a mis espaldas — admití —. Bueno, en el caso de Sony — hice una pausa y seguí — "No se trata de quien es bueno en tu cara...
— Si no de quien es leal a tus espaldas..." — Sara terminó la frase. Una frase que habíamos creado hace tiempo entre las dos al estar hablando de idioteces e hipocresías que había entre las amistades.
Es que ¿Acaso era eso posible? ¿Dar y regalar la confianza que llevas consigo a tu mejor amigo? Hoy, por fin me daba cuenta de aquella frase que alguna vez escuché: "Los amigos se cuentan con los dedos de las manos, y dedos te salen sobrando". Y es que, al parecer, la realidad era así. Muchas veces depositamos la confianza en las personas equivocadas, de las cuales al final te darán una apuñalada por la espalda, esas personas que solo están contigo en tus éxitos pero no en tus caídas, las personas que solamente están ahí en tus logros pero no en tus esfuerzos.
Las personas que en realidad te quieren y aprecian defienden lo que eres en realidad de frente y por detrás. Te dicen las verdades a la cara y no en la nuca como los demás. Las personas que de verdad nos aprecian, nos quieren por lo que somos, lo que seremos, y por lo que llegaremos a ser algún día. No por interés, si no por el cariño verdadero de esa relación llamada amistad.
Sonreí de lado mirando a Sara, pues me había dado cuenta que ella era leal de frente y a mis espaldas.
— ¿Nos vamos amor? — le preguntó Lucas a Sara después de un rato —. Les hemos dado una paliza — se burlaba de Brad y William.
Los primeros en irse fueron Sara y Lucas.
Clarence se recargó en la mesa de billar observando cada uno de mis movimientos, y no se movió de ahí hasta que William, Sony y Brad se despidieran de mí.
— Que la pases bien Samadhi — dijo William con una sonrisa picarona y guiñándome un ojo, sabía en efecto porque me lo decía.
«En algún momento tendré una conversación con Will sobre lo sucedido», pensé, pues me intrigaba el escuchar la versión de él.
Sony pasó de mí, y se fue atrás de Will. Después Brad se acercó.
— Supongo que ya sabes lo de nuestros padres Sam — confirmó Brad con una sonrisa en su perfecto rostro. Claro, la distancia que había entre nosotros era la adecuada, pues Clarence lo miraba —. Al parecer tú también serás mi hermana.
No lo pude evitar, pero esto me causaba algo de gracia en particular. Si todo sucedía con "normalidad", Clar y yo seriamos hermanastros de Brad. Y efectivamente lo digo haciendo énfasis en esa palabra, porque no era para nada algo normal ¿O sí?
— Hermanastra — puntualicé dejando en claro lo que éramos.
— Hermanastra — murmuró con su gruesa voz y mirando a mis labios —. Bien, nos vemos, Samadhi Stone. ¿O debería decir Labello? — Me negué.
— Ni de broma — respondí enarcando una ceja.
Depositó un casto beso en mi nariz, para después salir de ahí.
Miré a Clarence, quien se dirigía hacia a mí, lucia tan bello y perfecto con ese atuendo. La playera ajustada en color negro y fresco, con unos jeans rasgados y con su mirada azulada de chico malo.
— ¿Ya puedo leerla? — le pregunté.
Esbozó una sonrisa tomándome de la cintura y pegándome más a su cuerpo.
— ¿Quién jodido se cree el imbécil de Brad para tomarte de esa manera como si fueses de su propiedad? — murmuraba junto a mis labios, acariciándolos con los suyos suavemente.
La respiración comenzaba a faltarme gracias a la temperatura que había subido por el acercamiento de Clar, y el habitual cosquilleo de mariposas e insectos comenzando a revolotear.
— Eso sigue sin responder mi pregunta — musité jadeando. Clarence rió entre mis labios y respondió:
— Sabes preguntona, comienzas a enfadarme — seguía sonriendo. Eso no era enfadarse ¿o sí? ¡Diablos, se estaba riendo!
— Comunicativa diría yo.
— Chismosa te queda mejor — los dos nos reímos al unísono —. Bien, vayamos a tu habitación.
Sus palabras se escucharon como si fuese algo prometedor.
Nos adentramos a la casa subiendo por las escaleras, y llegando al fondo en la derecha, ya nos encontrábamos en mi habitación. Como de costumbre, el aroma que desprendía era el higiénico de siempre. Las mismas sábanas blancas permanecían en su lugar.
— Bien ¡Ya estamos aquí! — deje ver mi entusiasmo, pues en realidad quería ver lo escrito por Clar. Tomé asiento en la orilla de mi cama.
— Bien, puedes abrirla con una condición. — aclaró, y yo asentí mordiendo inconscientemente mi labio inferior — No me hagas leerla, por favor — respondió resignado.
— ¿Me creerías capaz de hacer algo así? — le pregunté enarcando una ceja.
— Samadhi, aun no te has dado cuenta que tienes el poder sobre mí.
Esas últimas palabras me hicieron estremecer, pues las sentí profundas, las sentí tan... él.
Tomé la tarjeta que yacía en mi bolso el cual estaba sobre la cama, quité la cobertura plástica para después sentir en mi olfato el mejor de los aromas... el perfume fresco de Clar.
La abrí con delicadeza, la tarjeta era algo grande y gruesa. Al abrirse por completo, la fotografía que nos habían tomado en mi graduación apareció en ella — por supuesto mostré mi mejor sonrisa hacia Clar — al otro lado de la tarjeta, un hermoso mensaje con delicada caligrafía cursiva descansaba sobre ella.
Lo miré a los ojos, como si estuviese pidiéndole permiso para leer lo que él con sus manos había escrito. Asintió. Tragué en seco y comencé a leer en mi mente:
"Para Samadhi Stone, la dueña de mi corazón...
¿Cómo estás? Supongo que bien. Claro, estas a mi lado, ¿Cómo no estarlo?
Tal vez te parezca extraño el que yo te haya escrito una carta, pues como te habrás dado cuenta, no soy bueno con las palabras...
Recuerdo la primera vez que te vi, tú no lo sabias pero te encontrabas ahí, con ese hermoso vestido veraniego en color gris que te llegaba a media rodilla. Parecías salida de un cuento, un cuento bueno y perfecto.
No lo sabias, pero te miraba por las cámaras de seguridad que había dentro de mi casa, pues en ese entonces, hace dos años aún vigilaban a la rebelde Hanna...
Tú no me conocías, pero por un momento yo a ti si... con tu cabello de colores raros y alborotados, con esas hermosas pecas que me vuelven loco y me tienen cacheteando el asfalto, con esos labios densos y rojos sabor cereza, con ese cuerpo perfecto que puedo tocar cada que me permites y cada que me apetezca.
Sin darme cuenta, llegaste a mi mundo para cambiarlo por completo, llegaste a mí para tratar de hacerme un hombre nuevo, un hombre perfecto... Como si fueses aire, te apoderaste de mi respiración y de mí ser, pues eres la única chica que me hace enloquecer.
Como un día Leonardo Cohen citó: "Hay una grieta en todo, así es como entra la luz"... y Samadhi Stone, TÚ has sido la luz que alumbró mi corazón. Con tu impertinencia, con tus ataques de niña buena y perfecta, te has apoderado de mi alma, mi ser, y de mi corazón. Pues de éste último, tienes el poder de destruirlo, a la PERFECCIÓN...
Por todo eso y más, es que ahora te digo: Dos palabras, ocho letras..."
Lo miré a los ojos.
— Te quiero — susurró metiéndose en lo más profundo y clavándose en mi corazón —. Te quiero Samadhi Stone...
No me di cuenta, pero unas lágrimas salieron de mis ojos, sonreí para después responder.
— Yo también te quiero Clarence Johnson...
Me tomó de la barbilla y me besó, un beso diferente, un beso con necesidad, un beso con necesidad de amor.
— Eres la única mujer que existe ahora en mi corazón — decía entre jadeos, volviendo a profundizar el beso —. Eres la única que tiene el poder de destruirme en mil pedazos y volverme a construir de nuevo... te quiero y te odio al mismo tiempo — dijo uniendo nuestras frentes —. Eres la jodida razón por la que estoy aquí... eres la razón por la que hoy respiro y quiero vivir.
Sus palabras me traspasaban el alma, eran profundas y sinceras. Le quería, y quería demostrárselo de todas las maneras que me fuesen posibles.
— Movería cielo, mar y tierra por tu amor Samadhi Stone.
Unió de nuevo su boca con la mía, para hundirnos en ese beso, ese tormentoso beso que después de todo esto se convertiría en un infierno.
Tomó la tarjeta colocándola en el buró blanco que yacía a un lado de mi cama. No me contuve más, pues le deseaba intensamente. Desabotoné su camisa y él quito por completo mi blusa dejando ver mi sostén. La tortura de besos y carisias continuaba. Y entre jadeos de placer al sentir rozar sus dedos sobre mi piel desnuda, fue que me levanté.
Lo empuje a mi cama, dejándolo recostado en ella sobre la almohada. Esbozo una sonrisa picarona y de asombro, pues quien tenía el control ahora era yo. Me fui quitando mis zapatillas y lentamente los jeans que llevaba puestos, haciendo un baile moviendo lentamente mis caderas. Clarence me veía embelesado por mi acción.
¡Afuera perfección!, gritaba mi yo interior.
Me quité el sostén dejando libres mis ahora pechos firmes debido a la excitación que comenzaba a sentir. Bajé por completo mis pantis color negro a juego, quedando expuesta solamente a él. Me acerque a Clarence encontrándome con él en la orilla de la cama, donde sin pensarlo desabroché el botón de sus jeans bajándolos discretamente.
— Ven aquí — murmuró con la voz ronca por la excitación.
Me acerqué sigilosamente, tomó mi cintura colocándome a horcajadas sobre él. Estaba desnuda ante él. Frotó mi intimidad con la suya, pues el deseo era palpable que quería sentirlo en mi interior. Unimos nuestros labios para sentir también la sensación completa de lo que era el amor. Con su hábil lengua jugueteaba cada uno de los endurecidos botones de mis pechos, ocasionando en mí un gemido gracias a la excitación. Tocaba y masajeaba mi trasero, y gruñidos salieron de su interior gracias a esa acción.
— Hazme tuya Clarence... — susurré entre jadeos mientras seguía frotado y abalanzándome sobre él.
De un tirón, ya se encontraba encima de mí. Sacó de su bolsillo un preservativo para después liberar a su fiel amigo colocándole éste sobre él. Observaba cada uno de sus movimientos. El color de su piel era simplemente perfecto, y los músculos de su cuerpo... ¡Diablos, era perfecto! Mordí mi labio inferior con tan solo verlo...
— Boca abajo — musitó mordiendo mi lóbulo derecho.
¿Boca abajo? Me pregunte a mí misma, después simplemente accedí a tal proposición.
Lo sentía justo tras mi espalda, con su fiel amigo rosando discretamente el trasero. Regó de besos mi cuello, mis hombros, mi espalda, para después llegar a mis sentaderas, las cuales descaradamente mordía sin pena. La sensación a tal acción era increíble, y los gemidos contenidos dentro de mí no tardaron en salir. Besó y acarició mi sensible intimidad haciendo movimientos deliciosos con su lengua, para después de esto sentir a su fiel amigo en mi interior...
— ¿De quién eres? — preguntaba en mi oído con su ronca y esplendorosa voz, entre jadeos hasta mi interior.
¡Maldita sea! ¡Pero qué sensación dejaba esa posición!
— Eres solo mía, Samadhi Stone...
(***)
Me encontraba boca abajo, sintiendo las caricias de Clarence en mi espalda después de un rato. Era una sensación dulce y a la vez traicionera.
Depositó unos cuantos besos, y después habló:
— Por lo visto tu madre sale con Falco — confirmó.
— Si, y justamente hoy me acabo de enterar — le hice saber, mientras me enredaba en las sabanas quedando boca arriba.
— Falco — hizo un mohín —, se podría decir que es un buen tipo.
— En realidad no lo conozco, el tiempo que fui amiga de Brad nunca lo mencionó — hice una pausa —. Solo a Rachel, su madre ¿Cómo es que nunca te vi en casa de tu padre? — pregunté.
— No iba muy seguido — respondió —. La única que vivía ahí era Hanna, por eso es que menciono lo de las cámaras en la carta. Cuando yo entré a la universidad deje de vivir con ellos.
— Rebelde Hanna — comenté despacio.
Los dos nos levantamos de la cama, pues ya había pasado un tiempo después de la llamada de mi madre avisando que llegaría un poco tarde. Nos cambiamos por completo y nos recostamos de nuevo.
— Nunca vi a Hanna — respondí, pues después de buscar entre mis recuerdos de hace dos años y medio, ella no se encontraba ahí.
— Qué curioso... — respondió un poco ido. Mirando a un punto fijo.
— ¿Por qué? — pregunté.
Negó, para después dejar un beso en mi cabello.
— ¿Tarta? — musitó.
Le sonreí, la verdad es que después de haber unido nuestros cuerpos, me dio un hambre voraz gracias a dicha acción. Y vaya acción...
Asentí y los dos bajamos al primer piso.
Nos encontrábamos es la isla de la cocina comiendo de la tarta de chocolate que había sobre la misma. Tomé un trozo con una cucharilla y se lo di a Clarence para que comiera, lo cual hizo con gusto y sin pena.
— Te quiero Samadhi Stone...
Suspiré, esas ocho letras podían elevarme al cielo, y a la vez bajarme al mismo infierno...
— Te quiero Clarence — le respondí acercándome a sus dulces labios —. Te quiero, de aquí a la luna, dos vueltas y de regreso.
Sonrió a mi comentario. Me besó con delicadeza, chupando y lamiendo mi labio inferior. Sabía a chocolate con cerezas.
Comimos por lo menos un cuarto de la tarta ¡Dios! Sí que nos gustaba comer en realidad. Hablamos de trivialidades, de cómo Hanna lo cuidaba y le prohibía las salidas al parque. Solo se llevaban tres años de diferencia. Me puse a pensar, y si Clarence sufrió por el abandono de su madre, a quien realmente le afectó fue a su hermana.
Un sentimiento extraño al pensar eso me invadió de lleno en el pecho, pues la pérdida de la única persona que lo apoyó en la vida era su punto débil. No quise mencionarlo más, pues noté que el tema le incomodaba un poco.
Después de un rato, Clarence le habló a Lucas para que fuera por él. Media hora después llegó. Salí con él a la acera de afuera para despedirme de él.
— Nos vemos mañana cariño.
Esperaron un momento hasta que mi madre llego, después de eso depositó un casto beso en mis labios, subió al coche y se fue.
Me adentré a mi habitación y me recosté en la cama. Me sentía en las nubes, mi mente, mi corazón y mi alma, eran un mar de sensaciones. Me gustaba que me hiciese suya, pues de cierta manera sentía que mi cuerpo y alma, le pertenecían. Le quería de una forma destructiva, tan destructiva como él a mí, pues lo especificado en esa carta decía como verdaderamente lo hacía sentir.
Quería que permaneciéramos así, en nuestro mundo perfecto. Pues después de esto, esperaba que nuestro amor fuera sincero y duradero.
****
¡YO DE NUEVO MIS PERFECCIONISTAS!
¿Les gustó el capitulo? Espero que si ♥
Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top