CAPITULO 23


SAMADHI



Todos los días después de mi fantástico domingo en la noche con Clar, han sido un completo desastre. He venido a la universidad a dejar infinidad de papeles para mi futura inscripción, he tenido que organizar el dichoso baile del viernes, gracias a que Sony, quien era la anfitriona me dejó el paquete.

En otra circunstancia no lo aceptaría, pero la culpa que sentía por haber sido una de las causas por las que Brad termino con ella, me hacía sentir la necesidad de ayudarla. Me había llamado infinidad de veces, hasta que respondí al llamado de mi puerta.

¿Por qué siento que me estas ignorando? — me preguntó la rubia. Traía unos lentes de sol color negros, que al quitárselos, logre ver las enormes manchas moradas bajo sus ojos. Sony había estado llorando, y ese sentimiento de culpa, me invadió.

Sony definitivamente era hermosa, ojos azul claro, cabello rubio, facciones perfiladas y extrañas. De verdad era hermosa, pero ni lo más hermosa, ni lo más deseosa, hace que las personas te vean tal y como eres. Sony era una de esas personas. Te hacían sentir una mierda bajando por completo tu autoestima, creyéndose superiores. Al menos, hoy lo veía con más claridad, pues Clar me había contado sobre la vez que hablo a mis espaldas en la Jeep de Brad.

No quería creer en realidad lo que había estado hablando de mí, pase de ello ignorándolo por completo, a fin de cuentas era lo que menos me importaba en estos momentos.

Lo siento Sony, he tenido una semana pesada gracias a tu falta de compromiso con los preparativos del baile en el instituto — le respondí.

Si, lo siento por ello — respondió tajante. ¿De verdad iba a molestarse? . Pero, de verdad necesito a mi amiga en estos momentos di un suspiro, no podía verla a los ojos.

Sabes, estoy ocupada y ya estoy por salir, así que, si me disculpas.

Ese día la dejé justo en la entrada de mi casa, no era mentira, ya iba de salida, pero lo que menos quería en estos momentos era hablar con ella. No podía, la culpa seguía ahí, y yo era muy mala para mentir. Ya hablaría con ella en otro momento.

Ya era viernes, el esperado día en toda la semana. Bueno, al menos para mí.

No había visto a Clarence desde hace dos días gracias a los proyectos que tenía con Lucas en la pequeña compañía que tenían, y menos al estar yo como anfitriona en la pequeña despedida a los ya graduados en el instituto. Gracias a que era la única que me graduaba con honores, fui la elegida para preparar un discurso. Discurso que ni siquiera tenía hecho.

Por otro lado, estaba que me moría por ver a Clarence, pues cada vez cuando podía, le mandaba un mensaje de texto. Se había quedado en mi casa las primeras tres noches para hacerme compañía mientras mi madre se encontraba fuera de la ciudad. Después de ahí, ya no había aparecido más por aquí.

— Madre — respondí a la vibración de mi móvil. Me encontraba en el sofá blanco recostada, pues la semana había sido dura, haciendo que terminara exhausta.

No alcanzaré a llegar para tu discurso Samy, discúlpame de verdad, el vuelo se atrasó un día gracias a las lluvias que ha habido en Francia — Que extraño, mi madre últimamente se la pasaba mucho allá. Quien fuera ella para viajar.

— No te preocupes madre, ya iras a mi graduación en la universidad — respondí con sarcasmo, pues mi padre tampoco llegaría.

Samadhi, discúlpame de verdad — no era raro, últimamente mi madre pasaba menos tiempo en la ciudad. Solo asentí y le colgué.

No estaba molesta, comprendía que el trabajo de mi madre era hacer negocios para que presentaran en algún desfile su línea de ropa, lo comprendía totalmente. Pero, ¿dejarme sola el único día importante en mi corta vida?

Me quite esos pensamientos negativos de la mente, tal vez no estaba pensando con claridad. Aunque eso no evitaba el ponerme triste.

No tenía ningún discurso preparado, pues nada venía a mi mente en estos momentos, así que lo dejaría a la improvisación.

Subí a mi habitación, ya eran las cinco de la tarde y todo comenzaría a las siete de la noche.

Miré mi vestido largo, en color amarillo, liso con escote en forma de "V" que dejaba solo un poco a la vista mis pechos, y un tanto descubierta la espalda, con unas pequeñas hombreras que las hacia lucir tan ligeras y delicadas. Mi madre se había lucido con el perfecto diseño. No me había dado cuenta hasta que llamo y me lo dijo hace unos días, lo tenía colgado en el armario de su habitación. Un punto a su favor, no tuve que gastar para nada el dinero que con esfuerzo y trabajo había ahorrado en todo el año de trabajo en la biblioteca de la universidad a la cual estaba por entrar. Mi padre me daba un ingreso mensual por ser su hija, el cual ya me negara gracias a que cumpliré 18 años de edad.

Comencé a ponerme nerviosa, ¿de verdad había invitado a Clar?

A pesar de que se lo pensó por un momento, la emoción de saber que haya aceptado me alegraba, pues tenía esa sensación extraña en el estómago cuando vez a un chico que te gusta por primera vez. Bueno, así me sentía con Clarence, mis nervios con él siempre comenzaban aflorar.

Despues de que me dijo lo intentáramos, mi mundo se avivó por completo. Ya no me sentía sola en esta fría casa, y sabia rotundamente que con Clarence siempre podía contar.

Di un suspiro, y me dirigí a la ducha para después comenzar a prepararme.

«Esperemos ahora si venga, y sea puntual» Masculló mi pensamiento profundo traicionero.


(***)


Me encontraba frente al espejo, esa chica no era yo, ya no me sentía una adolescente, sabia a la perfección que era ya una mujer. Tal vez no siempre me comportaba como una, pero a fin de cuentas una mujer.

Miré mis ojos color miel que ahora se veían intensos gracias al maquillaje oscuro que había en ellos. Fue el único maquillaje que utilice, pues comenzaba aceptar el hecho de que por más que tratase de ocultar mis pecas nunca desaparecerían. Ah mí no me gustaban para nada, pero al intruso que estos días por las noches dormía en mi cama, le fascinaban.

Al menos yo lo notaba, cuando me miraba a los ojos y después a las tenues y marcadas pecas que habitaban en mi rostro.

Ya habían pasado dos semanas después de que me entregué a él, y como era de esperarse, los sentimientos ahora comenzaron aparecer.

El vestido me lucia genial, no tenía demasiado cuerpo, pero si el necesario para rellanar.

El timbre de afuera sonó, y mi corazón comenzó a palpitar demasiado. La respiración se me aceleró, y sentía que en cualquier momento comenzaría a hiperventilar.

¡Pero qué horror!

Las sandalias altas de aguja que llevaba puestas, apenas se veían gracias al vestido largo. Baje las escaleras con cuidado, y mire el reloj colgado marcando los seis menos diez.

¡Vaya! Por primera vez, vería a un Clarence puntual.

Tomé un pequeño bolso color negro con lo necesario, que combinaba perfecto con mis zapatos. Recorrí el camino hasta llegar a la salida para abrir la puerta.

Sentí mis ojos brillar al abrirla y ver a Clarence con traje, recargado en la puerta de su coche.

Clarence, para mí era la Perfección.

El traje color negro le quedaba ajustado, marcando así su delicioso cuerpo, llevaba zapatos negros, camisa blanca y una corbata en color amarillo. ¿Casualidad?

Le sonreí abiertamente, verlo con ese traje, que lo hacía lucir tan guapo. De verdad que me gustaba.

Se acercó a mí, me tomo con su mano derecha de la cintura, y con su mano izquierda tomo mi mandíbula para después acercar sus labios, y apoderarse de mi boca.

No acostumbrara a usar labial, y ese día no sería excepción para usarlo.

— Samadhi, te ves perfecta — susurró en mis labios.

Los insectos convertidos en mariposas revolotearon en mi estómago, quería gritarle lo que comenzaba a sentir por él. Pero algo dentro de mí lo detenía. Tal vez era demasiado rápido.

— Tú, Clarence Johnson, te ves delicioso — confirmé.

Clar esbozó una sonrisa. Sus pupilas estaban dilatadas por el deseo, deseo que yo también sentía por él, y su mirada hacia mí, cada vez se intensificaba mucho más.

— Date la vuelta — me dijo, susurrándome en el oído.

Contuve la respiración por un momento, y me giré para darle la espalda. Sentí sus frías y cálidas manos tocando la sensibilidad de mis hombros, para después recorrer mi cuello. Este gesto hizo que se me erizara la piel por completo.

Mi corazón martilleaba, como si estuviera clavando un tornillo en la pared. Pero lo que en realidad martilleaba, era a Clarence en él.

Sentí una fina tira sobre mi cuello, el cual Clarence rodeaba con delicadeza. Miré hacia abajo para visualizar el dije que colgaba sobre mi pecho. Una pequeña libélula se encontraba en él, las alitas se adornaban de pequeños cristales color amarillo, con una fina tira plateada.

Quise preguntar otra vez, ¿por qué una libélula? Pero me volví a contener.

— Es precioso — me giré hacia Clar, para después rodearle el cuello, y depositar un beso en sus jugosos labios rosados.

— ¿Nos vamos? — me soltó para después tomar mi mano izquierda y abrir la puerta del auto. Como de costumbre, solté una risa a esa acción — No te acostumbres — le sonreí ya dentro del coche, antes de que cerrara la puerta.

Todo el camino fue silencioso, pero no un silencio incómodo, si no, un silencio agradable, de esos que suspiras y sabes que estás haciendo lo correcto con la persona indicada.

No quería aceptarlo, pero mis sentimientos habían cambiado, mirar a los ojos de Clar era ver la tranquilidad, me sentía viva, me sentía libre, me sentía en casa. Sentía todo lo bueno y todo lo malo que había en él, quería saber quién era Clarence, quería entrar en su alma, en su pensamiento, quería conocerlo para poder quererlo...

Noté que me miraba de reojo, y sonreí por lo bajo cuando se dio cuenta que lo había notado.

— ¿Soy hermoso, no? — arrogante y engreído.

Negué, soltando un bufido sin apenas mirarlo.

Aparcó el coche en el estacionamiento fuera del instituto. Bajó y rodeó el auto para abrir mi puerta, y justo cuando tomé su mano, éste beso la mía antes de que yo bajara del auto.

Definitivamente me estaba enamorando de Clar, algo muy difícil para mí de aceptar. ¿Es posible que alguien te haga sentir tantas emociones en tan poco tiempo?

Si en algún momento no lo creía, bueno, éste era el momento, y Clarence Johnson era la prueba de ello.

Caminamos hacia la entrada la cual habíamos decorado con cientos de luces pequeñas y algunos girasoles, por supuesto los girasoles fueron a petición mía.

Un chico de anteojos y traje, ya nos esperaba para tomarnos una fotografía después de preguntar mi nombre.

— No me gustan las fotos — declaró Clar por lo bajo cerca de mi oído derecho.

— Pues hoy, te tendrán que gustar — esbozó una sonrisa radiante.

— No se le puede decir no a Sam.

Negué. Después con uno de sus duros y fuertes brazos rodeo mi cintura para acércame más hacia él. El chico de anteojos tomó la foto, y los dos nos dispusimos a sonreír.

Al entrar al enorme gimnasio del instituto, visualicé como nos había quedado todo. Girasoles yacían alrededor, donde las tenues luces colgaban sobre ellos. Toda la temática me recordó al día en la playa con Clar, quien éste último miraba con discreción el lugar.

Las mesas se encontraban en los alrededores, dejando el espacio suficiente para la pista de baile.

La música era discreta y para nada divertida. En el escenario tocaba una banda canciones relajantes y tranquilas, de esas que te hacen reflexionar en los momentos románticos de la vida.

— ¿Nerviosa? — giré la mirada hacia Clarence, quien me miraba con curiosidad. Negué, pero después acepte.

— Un poco — afirmé.

— ¿Y tus padres? — me preguntó. No quería que sintiera pena por mí.

— Ellos... — titubeé por un momento — No llegaran el día de hoy — bajé la mirada inconscientemente y apenada, pero después Clar, tomándome delicadamente de la barbilla, la levantó.

— No bajes la mirada Samadhi — me miró con algo de pena o lo que podría ser ternura en sus ojos —, que para eso, estoy aquí yo.

Lo miré a los ojos, me sentía en la luna, en las estrellas, en el sol, me sentía volando sobre la atmósfera, por la sensación de lo que podría ser amor...

¡Joder! ¿Eso de dónde salió?

Los dos tomamos asiento en una de las mesas redondas. Después de un rato se nos unió Sony animada, tomada de la mano con Brad.

— ¡Hermano! — exclamé Brad hacia Clar dándole una palmada en el hombro.

— Labello — respondió Clarence con un tono seco.

— ¿Evitándome otra vez Sam? — Sony me volvía a preguntar.

Voltee hacia el lado izquierdo, donde se encontraba ella, y después Brad.

— No te estoy evitando — respondí tajante, mientras tomaba de la mano a Clar.

— Yo creo que si lo haces — murmuró en mi oído izquierdo —. Y muy pronto voy averiguar porque Sam.

Se paró del lugar, para después levantar a Brad e irse a bailar. Éste último la miraba con una irritabilidad.

— Tranquila Sam, todo esto pasará — murmuró Clar frente a mí.

Solamente asentí.

Después de un buen rato, el personal de cocina nos sirvió la cena.

Clarence y yo en ningún momento habíamos bailado, así que aproveché este momento cuando uno de los maestros se dirigió hacia mí para indicarme que había llegado el momento. Estaba por pararme de mi lugar, y Clar me miró extrañado.

— ¿A dónde vas Sam? — preguntó. Claro, no le había comentado nada sobre mi discurso.

— Voy a dar un discurso, ya sabes, la que se gradúa con honores siempre lo tiene que dar — esbocé una sonrisa, y Clar me la devolvió.

— Me alegra haber venido ésta noche, Samadhi Stone.

Lo miré por unos momentos, para después sorprenderme con un casto beso.

Y ahora con ustedes la señorita Samadhi Stone, graduada con honores en ésta institución. Nos dará un pequeño discurso motivador.

— Ve, rómpete una pierna — musitó riendo por lo bajo.

Caminé hacia el escenario, mientras veía como todos me miraban raro.

¡No, no voy pintada ni vestida de payado!

Ya arriba acomodé mi vestido y puse sobre mi mano el micrófono.

Solía ser demasiado habladora, pero en este preciso momento, los ratones me habían comido el cerebro. No quería dar un discurso sobre lo "perfecto" que era estar aquí. Porque no había sido así.

Miré a mi alrededor, y todos venían acompañados de sus padres, hermanos y novios. Por un momento de verdad sentí pena por mí, pues mis padres ni siquiera se habían tomado la molestia de venir. Di un suspiro profundo, pues todos estaban esperando a que yo diera mi discurso.

Estuve a punto de bajar y salir corriendo de aquel escenario, cuando lo vi a él. Parado en medio de la multitud, con su semblante serio, pero los ojos brillantes y esbozando una bella sonrisa que tenía reservada solo para mí. Clarence Johnson estaba ahí.

— Hola, mi nombre es Samadhi Stone — comencé a decir con algo de nerviosismo en mi voz —. Si, hoy me he graduado con honores en el instituto. Pero como siempre he pensado, un papel no te define quien eres ¿no es así? Son solo notas que nos muestran lo poco o mucho que aprendimos a lo largo de los años. Lo que verdaderamente importa es como somos allá afuera — gire la mirada hacia Sony quien mostraba su mirada enarcando una ceja —. El ser bonita, o el ser guapo no te hace superior a los demás, el ser superficial no define tu humildad, el ser creído solo te hace ver más débil de lo que claramente ya eres ante los demás. Así que ésta noche yo les pregunto a todos ¿Quiénes son realmente ustedes? Porque hoy los veo aquí, con su cara de niños buenos, pero allá afuera ¿Quiénes son? — dije ésto último dirigiéndome a Clar — ¿Qué es lo que esconden bajo esa mirada de Perfección? Tal vez no sea un buen discurso, pues no venía preparada. Pero les dejo esta pregunta ¿Quiénes, realmente son? — me callé por un momento — Eso es todo. Gracias.

No era el mejor discurso, pero sabía a la perfección lo mierda de personas que era nuestra generación. Sabía lo horribles que habían sido estas personas con las demás. Que palabras de aliento no merecían. Alguien entre la multitud comenzó aplaudir, y los demás le siguieron.

Bajé del escenario y caminé hacia donde se encontraba Clarence, quien me esperaba con los brazos abiertos. Me envolvió en un cálido abrazo y lo miré apenada.

— Buen discurso — dijo —. Sólo te faltó abofetearlos y decir el nombre de todos — eso último me hizo reír.

— Esos si, los traía anotados — le dije mostrándole un papel en blanco.

— ¿Qué voy hacer contigo Stone? — musitó cerca de mis labios

— Bailar, ¿podría ser? — murmuré cuando la canción que tocaba el grupo comenzó a sonar, quedando solamente los que querían bailar.

Clar asintió y me tomo de la cintura. Rodeé con mis brazos su cuello, y comenzamos a bailar despacio... lento.

— Siento que no hayan venido tus padres — se disculpó.

— Yo no — lo miré a los ojos, a sus hermosos ojos azul oscuro —. Me alegro que hayas venido tú — dije esto último, apoyando mi cabeza en su pecho, duro y firme, sintiendo los suave de la canción.

Clarence dió un suspiro, provocando en mí una sensación, un "algo" que no me dejaba ser yo.

— Clar — murmuré cerca de sus labios y mirándolo a los ojos, no podía ocultarlo más —. Me estoy enamorando de ti...

Palideció por un momento. Dio un suspiro, y lo que vi en sus ojos no me gustó. Pero después de unos minutos respondió:

— Si, bueno ¿Quién no? — me sonrió.

Seguimos bailando, sabiendo que mis palabras de cierta manera, le habían quemado.

Se acercaba la media noche, y decidimos irnos de ahí. Por un momento pensé que Clarence me llevaría a su apartamento, o con sus amigos a pasar el rato. Pero no fue así.

Estábamos fuera de mi casa. Tal vez se quedaría a dormir.

Abrió la puerta del copiloto, y salí de ahí.

— ¿Te quedas? — pregunté con voz traviesa. Clarence solo se limitó a sonreír.

— Esta noche no Sam — respondió, y un pinchazo en mi pecho se clavó.

— ¿Es por lo que he dicho ésta noche? — pregunté. Pues mis sentimientos yo no los podía ocultar. Se lo pensó por un momento, y después de lo que parecía ser una eternidad, respondió.

— Que descanses Samadhi.

Se acercó a mí, depositando un beso en mi frente. Se subió al coche, y arranco el motor con fuerza, dejándome ahí afuera, en la fría noche...



MIS AMORES♥

Espero les guste este capitulo, lo escribi con algo de sentimentalismo.

La cancion es la que bailaron SAM&CLAR♥ Perfecta para el sentir de Samadhi.

¿Les gustò? Necesito saberlo :c 

Gracias infinitas por el apoyo a Perfección. 


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