⛱️ Capítulo 36

Edward se encontraba abrazando con suma preocupación a su compañera que no dejaba de temblar entre sus brazos, las lágrimas picaban en su piel pero no lo dañaban era como recibir alcohol de quemar a un raspón reciente. Era un dolor que no lo mataría ni mucho menos se sentía como una tortura, solo un dolor físico de lo que ella estaba sintiendo en carne.

—¿Qué haremos? ¿Qué hago? ¿Qué puedo hacer?— pidió ayuda Edward.

La vestimenta de la Reina había cambiado totalmente, las flores marchitas cobran un color naranjo, tal como las caléndulas que siempre suelta con su presencia. Su piel se había esfumado y solo huesos se notan, todo había cobrado su verdadera forma.

—La escucharás en todo. No opinarás nada hasta que te suelte y todo. Y lo más importante, no te alejes nunca más de ella. —expresa la mujer con carácter serio, mientras la revisa y lo mira a él — Una vez que ella se recomponga del miedo, tus heridas desaparecerán. Ella no te puede hacer daño, eres su compañero y ella la tuya.

Edward se había quedado perturbado por todo lo dicho. Asintió como todo caballero ante las recomendaciones.

—¿Y como haré todo eso? —pregunta confundido, necesitado de respuestas.

—Dormirás, la buscarás y por lo que más quieras no la sueltes. Quédate pegado a ella en todo momento, sea allá o físicamente, no pierdas el tiempo ni lo dejes pasar. Solo concentrate en ella y en el amor que quieres recuperar. —expresa mientras caen en una cama. La catrina los había traído a una.

—Pero yo no sé dormir. Hace años que no lo hago... Yo ... Yo no se si pueda —expresó Edward con nerviosismo.

Mientras sentía que la piel y temblor de Aurora no paraba de aumentar.

—Sueña con ella, teniendola ahora en tus brazos será pan comida. Piensala, buscala donde crees que pueda estar metida para tener tanto miedo. Ya te he dado las respuestas suficientes para que te des la idea a lo que te estarás enfrentando —expresó y sin más se iba a marchar tras otro espejo.

—¡Espera! ¿a dónde vas? ¿donde estamos?—preguntó nervioso Edward.

—Están en la villa morte. En el mundo de los muertos y el único lugar que ella no traerá caos estando en el mundo de los sueños. No pierdas mas tiempo, yo sigo con trabajo que hacer y no puedo estar pendiendo de vosotros mocosos —expresó sincera para después ser absorbida por el espejo, el cual solo quedo con el vidrio oscuro por unos instantes y luego solo se veía el reflejo de la habitación en él.

Edward de piedra queda pensando. Perdido y desamparado mientras abraza con preocupación a su temblorosa compañera. Esta no era la forma en la que quería el reencontrarse con su compañera, pero tal parece que así debía ser. Por lo que la acurruca contra él, mientras respira su aroma dejando su nariz justo entre el hombro y cuello de Aurora, dejando un beso en su piel oscura, pero algo asombroso pasa... Donde depositó un beso, la piel se aclara y su cuerpo deja de temblar un poco menos.

«Tal vez soy yo la medicina que necesita»pensó asombrado.

Optimista y gracias al aroma como la cercanía de su compañera, su cuerpo se va sintiendo relajado, un bostezo inconsciente sale de su boca totalmente sorprendido pero sus ojos le van pesando, empieza a ver borroso y solo escucha su propia voz decir:

—Yo te protegeré de todo, princesa mía.

Y sin más, el sueño lo envolvió en una oscuridad plena, mientras iba escuchando de cerca los latidos de su compañera que parecían acunarlo al sueño, para ir poco a poco, ir pasando a segundo plano cuando mas la oscuridad parecía llevarlo a un mundo del cuál hace mas de un siglo que no iba.

Al mundo de los sueños.

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