⛱️ Capítulo 33
—Testigos, se realiza este juicio para aclarar las infracciones y actitudes imprudentes que afectaron al lazo de compañeros prioritario para cualquier vampiro—empezó a decir la Reina y compañera de los Reyes Vulturi— Rey Aro, por favor, podría usted aclarar los puntos para todos en la sala.
—Perfecto, gracias querida —agradece Aro por el respeto y consideración— Carlisle Cullen, ante la sociedad mortal e inmortal es tutor legal de las acciones de Edward Cullen. Este año se han recabado informaciones muy impactantes y no esperabamos sus descuidos, Edward Cullen encontró a su Tua Cantante y en vez de seguir su instinto, drenarla, la hizo su novia. Fueron los responsables de la matanza de miles de personas a manos de Victoria, una nomada que iba de camino con su compañero James; según la información que notificaron este último iba a erradicar la existencia de la humana que sabía nuestro secreto de "ser vampiros". Pero fue custodiada por el Clan Cullen por encima de las leyes, arrebatando un compañero por una Tua Cantante —va aclarando los puntos sabidos Aro pero es interrumpido.
—¡Patético y deningrante! Los compañeros son prioridad, los Tua cantante no, se bebe la sangre y se finaliza su existencia para eso existe. —aclara molesto Caius Vulturi.
—Hermano, has interrumpido. Moderar tu reacción para después —interviene Marcus con pose solemne, acariciando a su Reina entre sus brazos.
—Bien. —acepta Caius a regañadientes.
Edward desde que entró a la sala de tronos, ya no pudo leer las mentes de los Reyes ni de la guardia letal. Preocupándose por su destino y por lo que haría la sentencia en relación a su compañera, le dolía el cargo y consecuencias de sus errores.
—Victoria realizó acciones indebidas. Creando un ejercito de neofitos para erradicar a los Cullen y terminar con la existencia de Isabella Swan, la humana y Tua Cantante de Edward Cullen. Sin embargo, no lo pudo culminar, porque la mataron sin problema alguno. —expresó Aro, sin ningún sentimiento en el rostro. Un rostro neutral— Se rumorea que tuvieron ayuda, de dos objetivos fuertes para obtener la victoria de dicha situación. La primera que tuvieron una alianza con nuestro enemigos, los lobos.
El Clan entero de los Vulturi, enseguida reaccionaron con miradas incredulas y de asco. Molestos. Al igual que los integrantes del Clan Denali también reaccionaron de dicha forma -previamente habían sido llamados por estar relacionados con los Cullen-.
—¡Y lo que nos faltaba! ¡En vez de notificar de su existencia, nos la ocultan! Los sentencio culpables. —expresa totalmente iracundo y molesto Caius, se sabía a oídos o voces de que este tema era un delicado para él. Debido a que uno lo había atacado, como también generado a consecuencia una matanza general de dicha existencia.
Pero la verdadera cuestión, había sido que uno de esos chuchos habían atentado contra la vida de su compañera. Ya que la Catrina en su forma verdadera en plena oscuridad, se mostraba entre piel y huesos literalmente abiertos a merced de quién pudiera verla; aún hasta hoy día no se entiende el motivo por el que un lobo Alfa la atacó a muerte, muchos bromean que fue por ver el hueso y desear comerlo como todo un perro doméstico, pero ya había sido una acción letal que apeligraba la existencia de su compañera por lo que, mandó extinguir a toda esa raza para que ninguno atentara más contra ellos.
Aunque la Catrina no estuviera muy de parte de aquella decisión. Lo que muchos no sabían era una parte que se ocultaba al público, que algunos podían seguir vivos por un juramento que hicieron con la Reina a cambio de un tratado por la paz. Solo quiénes la ignoraban, perecerían.
—Caius, hermano. Si me vas a interrumpir en cada punto, mejor vete —expresó impaciente Aro.
Indignado Caius iba a refutar. Pero sin ningun tipo de pudor, la Catrina besa al Rey Marcus para después salir de su regazo, seguidamente proseguir a pasar el resto del juicio en el regazo de su otro compañero el más gruñon.
—Lo mantendré calmado, mi Rey. Prosigue, por favor. —expresa la Catrina, totalmente apacible en su hermoso y perturbador semblante.
Caius por otro lado, ya está ido entre el infierno glorioso esperando impaciente a terminar esto y llevarsela a la cama. Una estrategia genial para que el juicio se cumpliera pronto, por la quietud y silencio de ese jurado gruñon.
—Bien, ¿En qué iba?—preguntó algo perdido Aro.
—Ibas a aclarar la segunda ayuda que obtuvo el Clan Cullen para exterminar al ejército de neofitos y su creadora Victoria —dice Catrina recordandoselo con una mente fresca.
—Cierto. La ayuda que obtuvieron fue la presencia de la segunda hija de Carlisle Cullen, Aurora. Una joven vampira con un don tan hermoso y ahijada de nuestra Reina. Ella expresó haber ayudado porque es familia pero que no estaba a favor del motivo por el cual se exponían, la humana no tenía nada que ver dentro de su mundo. Inclusive tenía pensado ser esposa de Edward Cullen y conseguir la inmortalidad tras ese paso —aclaró Aro con una mirada bastante incómoda dirigida hacia el cobrizo— ¿Porqué aceptar a una insípida humana como tu esposa y no a la legítima compañera?
Edward no tuvo palabras para expresar una respuesta que diera con esa duda.
—No acepté la propuesta ni ese trato. Concluí mi relación con ella, nos ibamos a retirar del pueblo y nos prometió su silencio —se defendió torpemente, mientras miraba con piedad hacia los reyes.
La Catrina podía ver la sinceridad entre su actitud y palabras. Por lo que, dejó que prosiguiera con el juicio, y los reyes al ver que su compañera no intervino, entendieron que no había mentira por el cuál refutar.
—¿Terminaste la relación así sin más? Edward Cullen, por más que un humano jure y perjure que no expondría el secreto, las únicas opciones que debías hacer ante esta situación eran: matarla o convertirla. No había un «no expongas, y te dejamos libre, olvidate de nuestra existencia» ¡eso es para tonto e incredulos! Los humanos una vez que saben la verdad lo quieren tambien poseer. ¿Qué no has aprendido nada de la forma de vida que llevan vosotros?—expresó incrédulo e indignado Aro.
Edward avergonzado bajó la cabeza.
—Tuve debilidad y comprensión tras haberla metido en un mundo al que no pertenecía, iba a luchar por el perdón de mi compañera y seguir con mi existencia si así fuera mi destino —expresó tras las palabras del Rey.
Caius pudo notar como el frío iba engullendo el ambiente, como si compañera iba dejando que su mal carácter se fuera manifestando. Intentando calmarla, besó su cuello pero parecía que el lazo de ahijada con esa mocosa era más fuerte que el suyo, gruñendo por lo bajo para advertir a sus hermanos de lo que se vendría.
Marcus miró rápidamente en esa dirección, por lo que optó por intervenir en la conversación con Aro y el acusado. Agarrando el cuello de la camisa del cobrizo lo hizo levantar cabeza, sin dejar que ocultara la mirada de culpa.
—No bajes la cabeza, ni dejes de mirar a mi Reina. Porque es ella quien tiene la última decisión en este caso. —expresó con molestia el rey de carácter neutral.
—Mis intenciones nunca fueron dañarla. No creí que fuera a encontrar a mi compañera, ni mucho menos creer que fuera mi hermana adoptiva ... He intentado cambiar, inclusive se alejó de mi cercanía... Moriré si me alejan por más tiempo, les suplico piedad, intenté remediar todo error... En verdad que si —suplicó Edward mientras sentía un escalofrío viniendo de la Reina que ya no poseía ojos al cual poder leer sus intenciones, parecía no tener mente ahora por el que poder leer.
Caius intentó detenerla, pero de entre sus manos solo se deslizó un humo intangible que reemplazó al toque el cuerpo de Marcus por el de ella, tomando sin piedad del cuello del cobrizo que sintió el mismo malestar de cuando murió por la fiebre española. Aterrorizado, trató de gritar por ayuda hacia Carlisle pero este parecía estar consumido en fuego azul, uno que lo mantenía en un trance que dolía pero no parecía morir. Una tortura letal.
—¿Piedad? ¿Sabes acaso cuánto daño haz hecho a la señorita Aurora? Es híbrida de humano y vampiro, su condición hace que la infidelidad sea mortal para su existencia. ¡has acortado su tiempo de vida! Jugar al amor con un humano que nada tenía que ver con tu mundo, ¡Inaceptable! —habló tan duramente que al pálido se le veían las venas negras— Una compañera es tan escaso de encontrar, en cambio los humanos para vosotros solo son alimento. La compañera te da motivo para seguir aprendiendo a vivir y experimentar todo lo que no pudiste en la mortal vida. Yo sé todo lo que has hecho, Edward Anthony Masen Cullen.
Edward tragó saliva, estaba perdido.
—N-no lo sabía... Yo-...
La Catrina y Reina Vulturi lo interrumpió para girar, soltarlo al suelo y mirar a las criaturas reunidas el día de hoy. Su cordura estaba al límite pero no debía perderla ahora.
—¿Cómo encuentran al acusado en juicio ante sus acciones expuestas?—pregunta hacia los testigos.
—Culpable —expresan la mayoria de integrantes fieles del Clan Vulturi.
—Culpable —expresa con amargura la Líder del Clan Denali.
Los demás aunque quisieran expresar que era inocente, no podían se lo mire por donde se lo mire, Edward Cullen era un vampiro estupido sin escrúpulos.
—Edward Cullen es culpable ante los testigos y nuestro opinión en conjunta como reyes. La sentencia se tomará en cuenta en un momento— expresa la Reina mientras se dirige hacia un espejo que se encuentra en el lado izquierdo de la sala de tronos, entra como si fuera un portal y seguidamente Marcus lo hace y Caius. Aro permanece fuera de dicha situación.
—Mientras debaten, el juicio de Carlisle Cullen se dará inicio. —expresa Aro ignorando su necesidad de también poder transpasar ese espejo mágico. Pero tenía sus propios castigos personales en torno a su Reina.
En cuánto lo menciona. Carlisle Cullen cae de rodillas al suelo, mientras que las llamas azules lo dejan en libertad; sin embargo, pareciera que su vitalidad se le hubiera ido al estar enjaulado.
—Aro... Yo...—intentó hablar pero se sentía tan sediento y perdido que no pudo continuar.
—No instruiste en conocimiento absoluto a Edward Cullen. Ni siquiera le expresaste algun concepto de la condición híbrida de Aurora Cullen. Has ocultado una información importante para el lazo de compañeros de Aurora y Edward, al igual defendido y protegido inauditamente a una humana que sabías perfectamente que debías traer a juicio para dictar su destino tras saber nuestro secreto. Pero no, todas tus decisiones han estado equivocadas en juicio y moral. ¿Tienes alguna justificación que defienda lo que has hecho?—preguntó Aro serio.
—No podíamos matarla ni llevarnosla hacia vosotros. Su padre es una figura importante del pueblo, al igual que Edward había expuesto publicamente la cercanía con la joven Swan. Si desaparecía se aumentaba el riesgo de exposición del secreto —expuso Carlisle. Sintiendo el cargo de sus acciones tras haberselo dictado.
—Todo muy mal querido Carlisle. A todo esto, ¿Qué relación tiene la joven Alice en todo este problema?—preguntó curioso Aro, disfrutando del dolor de su ex integrante de su guardia.
—Alice vio en la joven la pareja destinada de Edward. Pero al final se supo la verdad, nos manipuló solo para conseguir tener una amistad humana mediante mi hijo, todos fuimos usados para un objetivo... Nuestra intención nunca fue ir en contra de las leyes, Aro. —expresó mortificado Carlisle.
—Sabias palabras, no serás decapitado por la ayuda previo a esto. Se le encuentra culpable de todo acto, ¿Alguien se niega a que le sea impuesto algun castigo?—pregunta por simple formalismo ante los testigos.
El silencio reinó, dando lugar la justicia ante la ley.
—¿Ninguna? Perfecto. La sentencia será determinante: no volverás a mostrarte publicamente ni ejercer tu profesión en la sociedad humana por el tiempo de dos siglos, si nos enteramos de algun acto de rebeldía y exposición humana, tu extinción o el aumento de dicha sentencia se acordará en nuestro próximo encuentro —sentenció Aro.
Tras ello, los reyes faltantes habían escuchado todo tras aquel espejo que anulaba la audición de todos ante el acuerdo de la sentencia tomada para el caso de Edward Cullen. Marcus se acercó con semblante serio hacia Aro, dejando que el mensaje se transmita atraves del don dactilar del mismo.
—Perfecto. Concuerdo con la sentencia...—acepta Aro, encantado. Era lo que siempre quiso y se le empezaban a cumplir sus deseos— ¡Queridos míos! Se le sentencia a Edward Cullen: Trabajo comunitario en Volterra, Italia; durante 2 siglos. Acudirá cuando los Reyes necesiten de su persona hacia cualquier obligación dentro del Clan.
—Empezando desde ahora, Cullen. —expresó Caius con una sonrisa victoriosa, disfrutaría de hacer su existencia un infierno doloroso.
—¡No! No puedo...yo... Yo tengo que encontrarme con Aurora, ella espera por mi... Yo debo...—gruñó totalmente histerico Edward.
—Descuida. Tendrás horario de permiso para visitarla y suplicar su perdón. Nosotros no los alejaremos, las consecuencias de tus decisiones son los que le hacen mal. —expresa la Catrina despreocupada— Yo misma te acercaré a vuestro hogar para que se vean. Pero a penas vea que todo va mal, la sentencia será peor.
Aro aplaude, y sus ojos anuncian la hora de terminar este juicio. Ya que Heidi viene en camino con la comida.
—El juicio ha terminado. Quiénes no quieran cenar con nosotros, podéis retiraos. Muchas gracias por vuestra participación, espero vernos en otras mejores circunstancias —despidió a los Denali cortesmente.
Seguido de ellos, Carlisle se retiró con ellos. Dejando a Edward a mercer de los Vulturi. Quién por la sed y debilidad al momento de notar la matanza de muchos humanos, tuvo sed. Empezando así con su tortura.
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