Mi maestro favorito

[BxB (Bon x Bonnie)]

(One-Shot 1/2)

Era un día normal en la clase de Bonnie, todos sus compañeros estaban liándola en el aula, mientras él estaba tranquilamente leyendo sobre su pupitre el libro de texto de la asignatura que tenían en ese momento: biología. Era su materia favorita, por lo que era obvio que era el primero de su clase, con notas que rozaban la perfección. No por ello era odiado por sus compañeros, al contrario, todos le admiraban y hasta le pedían consejos para tomar apuntes y estudiar de forma más eficiente. Aún así no tenía muchos amigos, más bien podía contarlos con los dedos de una mano, pero no los cambiaría por nada del mundo, aunque últimamente no pudieran verse muy a menudo porque las horas no les coincidían y apenas podían verse en los descansos o cuando iban juntos a la biblioteca.

Miró su reloj de muñeca y alzó una de sus finas cejas. Eran más de las ocho y cuarto, el profesor ya debía estar ahí, nunca llegaba tarde conociendo su estricta manía de ser extremadamente puntual. Aunque nadie parecía molesto por ello, más bien aprovechaban cualquier segundo sin vigilancia para poder hablar entre sus amigos, mientras el de gafas adelantaba materia en su cabeza. De pronto, el sonido de la puerta abriéndose alarmó a todos, causando que se sentaran rápidamente en sus pupitres sin hacer mucho ruido. Bonnie levantó la mirada de su lectura por unos instantes, pero al ver que no se trataba de su profesor habitual pidiendo disculpas por su retraso, volvió a agachar la cabeza, centrándose en las fotografías de células eucariotas al microscopio que había en el libro de texto, sin importarle realmente quién acababa de llegar, pues nunca lo había visto antes.

— Buenos días, alumnos— la grave y profunda voz del hombre recién llegado logró acallar todo el barullo de la clase, haciendo que los jóvenes dejaran sus charlas entre ellos para rápidamente sentarse en sus respectivos pupitres—. Soy vuestro nuevo profesor de biología, el doctor Bon James Smith, pero podéis llamarme sólo Bon. 

Toda la clase contuvo el aliento en cuanto aquel imponente hombre de estatura alta les lanzó una sutil y amistosa sonrisa junto aquella noticia, incluso llamó la atención de cierto pelimorado que levantó levemente la mirada de su interesante lectura, observando ahora bien al nuevo profesor. Se le veía joven, no más de treinta años, su mirada de color esmeralda reflejaba confianza y seguridad con un toque sutil de alto ego. Su piel era de color caramelo, dejando ver a través de la camisa a cuadros azules que llevaba sus brazos para nada delgados y sus manos robustas y toscas adheridas al asiento de su escritorio. En su cuello se podía apreciar una corbata blanca perfectamente atada, además de dejar a la vista su cuello grueso junto a la pronunciada manzana de Adán. Si te fijabas bien, podías llegar a observar cierto vello facial en este que subía por su mandíbula para llegar a adornar desde el final de sus patillas celestinas por toda su barbilla. Igualmente su cabello aparentemente desordenado llegaba a tapar levemente su mirada penetrante y determinada, pero aquello solo le daba un toque rebelde y, para qué engañarnos, realmente atractivo. El turquesa de sus cabellos combinaba a la perfección con su piel morena y sus fieros ojos verdes cual esmeraldas brillantes.

Bonnie levantó una ceja, sí, era bastante guapo, no podía negarlo. Sin embargo, volvió a leer los párrafos de su libro sin prestar más atención al mayor, no iba a dejarse engañar por una "cara bonita" que seguro consiguió el doctorado de casualidad, todos sus profes eran así. Por el silencio que había en la clase deducía que sus compañeros habían caído de lleno en el encanto del nuevo profesor, pero él no se dejaría.

— Os daré clase lo que queda de este semestre en ausencia de vuestro actual profesor, espero que podáis aprender mucho conmigo— por mera intuición guiñó un ojo al resto de la clase, escuchándose numerosos suspiros femeninos que ensancharon la sonrisa del peliturquesa, observando a todos y cada uno de sus alumnos.

Su mirada se quedó pasmada en el asiento de aquel cuyos ojos aún no había tenido el privilegio de observar con claridad puesto que sus grandes gafas se lo impedían. Parecía otro muchacho más como el resto, nada fuera de lo normal, aunque algo le decía que no se confiara en su apariencia. Su cabello morado lavanda rozaba sus hombros delgados de manera delicada, al igual que algunos mechones caían por su rostro blanco como la porcelana como una bella cascada de aguas malvas, escondiendo unos curiosos y profundos ojos rojos como un par de rubíes ensangrentados llenos de un brillo que seguramente nunca habría visto en nadie más. Se dio el lujo de examinarlo un poco más, repasando su pequeña figura. Las ropas que llevaba aquel día se ajustaban a lo que él podía apreciar, una cintura no muy pequeña pero sí ceñida junto a sus caderas un tanto pronunciadas. Le llamó la atención ver que sus brazos finos eran tapados por unas mangas oscuras que le llegaban hasta las manos dejando ver tan solo un poco de su palma y sus dedos delgados. Sin duda parecía algo extraño, pero a la vez interesante.

— Bueno, normalmente suelo dejar el primer día para presentaciones, pero veo que estáis algo atrasados con la materia— dejó su cartera en el escritorio para sacar de ahí unos cuantos folios en blanco y una tiza blanca para acercarse a la pizarra—, de hecho, he pensado en haceros una pequeña prueba para saber cómo vais de momento— no evitó soltar una risa cuando todos suspiraron frustrados al saber que sí habría clase igualmente, olvidándose rápidamente de que aquel sustituto no iba a ser amable con ellos—. No os preocupéis, no contará para vuestra calificación final— explicó mientras iba repartiendo un folio para cada alumno.

No evitó guardar silencio en cuanto llegó al sitio del pelimorado, quedando cautivado al instante de observar tan de cerca aquel par de rubíes incandescentes que lo miraban de forma aparentemente desinteresada. Algo le decía que ese chico no se la iba a poner fácil.

— Bien, guardad vuestros libros, tenéis 30 minutos para hacerlo. Ya podéis empezar.

(...)

— ¿Te has fijado en lo bueno que está el nuevo profesor?— comentaba sonrojada una joven en su grupo de amigas, las cuales asintieron rápidamente ante su cuchicheo.

— Claro que sí, sentía que no me quitaba la mirada en toda la clase, ¡es tan sexy!— suspiraba otra echándose aire en la cara con la mano, haciendo reír a las demás.

— ¿Bromeas? Es obvio que me miraba a mí~.

Bonnie no pudo evitar soltar un gruñido de frustración al escuchar a sus escandalosas compañeras pasando al lado. Para él había sido la hora de clase más larga de su vida, pues era él a quien no había dejado de observar en clase el profesor nuevo. Cada movimiento, cada inhalación de aire, cada parpadeo, el moreno lo notaba y analizaba en silencio, encerrándolo con su penetrante e intensa mirada. Sentía escalofríos de solo recordarlo, por su culpa no había podido concentrarse para nada en la clase, creía que por primera vez en el curso iba a suspender una prueba, ¡todo por su maldita mirada!

Ahora se encontraba en la cafetería con sus amigos, tapándose sus orejas para evitar escuchar más cosas de aquel nuevo maestro, necesitaba despejar su mente unos días, por lo menos no lo volvería a ver hasta el viernes, nunca antes había rezado por no volver a tener biología. Por lo menos sus amigos no iban a molestarlo con el tema, al parecer aún no se habían enterado, y esperaba que siguiera siendo así. Sin embargo, al universo le gusta jugar a un juego llamado "joderle la vida a Bonnie".

— Oye, Bonnieto, ¿cómo es que no nos has contado sobre tu nuevo profesor de biología~?— su amiga Abby le mandó una mirada con la que pedía todo lujo de detalles sobre aquel hombre que ya estaba en boca de todos en la universidad a pesar de ser su primer día.

— Intentaba evitar el tema, gracias por recordármelo— contestó con sarcasmo destapándose las orejas, bufando al ver que ahora el resto tenía curiosidad igualmente.

— Pues he oído que es todo un bombonazo, todas las chicas están loquísimas por él— indagó poniendo su rostro entre sus manos apoyadas en la mesa, sin dejar de mirarlo—. Conociéndote me sorprende que no te interese un papito así, cumple todas tus expectativas.

— ¿Y cómo lo sabes si no lo has visto?— contestó de mala gana el pelimorado, tratando de que su cabello tapase el ligero sonrojo que ahora decoraba sus pálidas mejillas.

— La gente dice cosas, ¿sabes?— comentó ahora el pelirrosa que se encontraba escuchando—. La verdad es que yo sí lo he visto por los pasillos y creo que es totalmente tu tipo, querido— movió su mano de manera divina para luego tomar la mano de su amigo—. ¿Qué importa si es unos años mayor? Ya tienes 18, ya no le pueden acusar de pedofilia— le guiñó un ojo soltando una risita, mientras Bonnie la apartaba aún más sonrojado.

— ¡¿Q-Qué dices?!— chilló nervioso atrayendo las miradas de los demás, haciendo que se encogiera de hombros avergonzado—. Tenéis que dejar de ver tantos animes y mangas yaoi, os están pudriendo el cerebro— hizo un puchero muy adorable para ellos, causándoles gracia—. Yo no me fijaría en un profesor de esa manera, ni en nadie tan mayor.

— Eso mismo dijiste cuando descubriste que en realidad eras gay y no hetero como creías— Abby le dio unas palmaditas en la cabeza, recibiendo el mismo berrinche de antes.

En ese momento el timbre sonó dando el término del descanso, pero Bonnie pudo irse a casa ya que su profesora de química había faltado por una cita médica. Se despidió de sus amigos, que sí debían ir a su última clase, y se fue caminando con música en sus audífonos para que el paseo no fuera tan aburrido. Al fin tuvo un momento de paz y tranquilidad, la música pop rock siempre lo relajaba, por muy irónico que sonara, no escuchaba las charlas ajenas y podía centrarse en sí mismo. Había sido un día pesado, aprovecharía la tarde para adelantar materia y se iría pronto a acostarse.

Aunque no precisamente para dormir.

Si bien que era un alumno estrella según los alumnos de la universidad, no era realmente un santo fuera de ella. Es normal que en chicos de su edad aún tengan las hormonas un tanto alborotadas, pero no lo juzguéis, nunca había tenido pareja, pero para él eso no era un impedimento para poder satisfacerse. Gracias a sus amigos Abby y Félix pudo comprender las "maravillas" de ser soltero y, a pesar de los muchos intentos de estos para que consiguiera pareja, les gustaba poder compartir secretos de cama con el pelimorado. 

Bonnie llegó al departamento que había rentado cerca de la universidad, había logrado emanciparse al irse lejos de casa para poder estudiar lo que quería, por lo que no tenía que preocuparse por sus madres. Sin embargo estaba atento al móvil por si se les ocurría llamarlo, no le importaba, de hecho le encantaba poder hablar con sus mamás, las quería muchísimo y no fue fácil la decisión de marcharse él solito.

Llegada la noche, lavó los platos que había usado para su ligera cena y se retiró a su cuarto. Cerró la puerta, aunque no era necesario por estar solo, pero así se sentía más confiado. La ventana permitía que la luz de la luna creciente iluminara débilmente su oscuro pero acogedor cuarto, igualmente encendió una lamparita al lado de la cama para dar ambiente. Se sentó sobre las sábanas lisas de su cama con su espalda apoyada en la cabecera y lentamente fue despojándose de su pijama para dejarlo a un lado, no quería que se manchara. De su cajón sacó varias cosas que fue dejando a su lado, suspiró relajándose y tratando de dejar su mente en blanco, era su momento de placer.

Llevó una de sus manos hacia su pecho comenzando a estimular su pezón izquierdo, soltando pequeños suspiros. A veces tardaba en poder concentrarse para sentirse excitado, pero esta era una de esas veces en las que simplemente quería pasar al plato fuerte de una vez. Lamió un par de dedos de su otra mano mientras seguía tocándose, sacando estos para luego, lentamente, acercarlos a su virilidad ya casi despierta, acariciándola con sutilidad pero no tan lento. 

Un cosquilleo atravesó su cintura y cadera, se sentía bien poder liberar el estrés de aquella deliciosa manera. Abrió las piernas y bajó más su mano buscado con el tacto aquel orificio que tantas noches había estado profanando, nunca creyó lo bien que podía sentirse tocándose ahí abajo en lugar de sólo masturbarse por delante.

Ingresó el índice primero, jadeando al notar lo apretado que estaba, no había podido complacerse desde hace unos días por los trabajos del final del último semestre, así que la sensación de placer ahora era mayor. Pronto lo acompañó su segundo dedo, logrando que moviera sus caderas al compás para tener más de aquel placentero toque. Había cambiado de pezón al ya notar lo muy caliente e hinchado que estaba el otro, sintiendo su rostro enrojecer. Su pene ya estaba del todo despierto, agitándose ante su propia estimulación y goteando un poco de presemen, pedía ser acariciado. 

Sin darse cuenta ya tenía tres dedos en su interior, pero aún necesitaba más, por lo que dejó de tocarse sus tetillas para coger uno de sus juguetes favoritos; era un consolador largo de color azul turquesa con pequeños bultos en la superficie, lo cual llegaba a darle aún más placer. Lo metió en su boca sin pensárselo mucho, era algo grueso y por experiencia -no precisamente muy buena- sabía que tenía que lubricarlo un poco antes de usarlo.

Se deslizó por las sábanas para quedar acostado y sacó sus dedos para luego acercar aquel falo de plástico a su entrada dilatada, tomando una gran bocanada de aire antes de introducirlo lentamente, soltando un gran jadeo de dolor y placer a partes iguales mientras lo movía lentamente. Se sentía increíble, no podía creer que había estado una semana sin aquella exquisita sensación entre sus piernas. 

Aumentó la velocidad, acostumbrándose rápidamente a los movimientos duros y certeros que marcaba su mano derecha y sus caderas inquietas. Quería más, mucho más. Volvió a apretar sus enrojecidos pezones sin dejar aquel ritmo en su parte baja, ya se sentía en el paraíso. Gimió fuertemente en cuanto el juguete logró llegar hasta su próstata de manera deliciosa, logrando que echara la cabeza hacia atrás y pusiera los ojos en blanco sacando la lengua.

— Aah~... ¡Aah~! M-Más... Más, quiero más~...— no dejaba de mover su mano, cambiando de posición quedando boca abajo con el trasero elevado y la espalda encorvada, su rostro sonrojado se hundía en la almohada, un hilo de saliva escurría de la comisura de su labio y sus ojos estaban empañados en lágrimas de placer—. ¡Aah! A-Ahí... Ahí~... Aah... Mgh...— estaba en su límite, llevó su mano hacia su pene para poder acariciarlo un poco más, llegando entonces al anhelado orgasmo— ¡Aah! ¡¡Bon~!!

Se desplomó sobre las sábanas ahora manchadas de blanco por su semilla expulsada por su miembro entre su mano izquierda, respirando agitado tratando de recupera el aliento. Había sido increíble, no recordaba que se sintiera tan bien como antes. Entonces abrió los ojos de sobremanera al darse cuenta de aquel ultimo gemido de puro placer soltado, sonrojándose hasta las orejas y tapándose la boca. ¿Por qué había gemido el nombre de su profesor? ¡¿Y por qué se había corrido justo después de decirlo?!

No pudo pensar mucho más cuando se quedó dormido aún con aquella duda en su cabeza, sin darse cuenta de que aquel juguete seguía en su interior mojado.

(...)

Habían pasado un par de días, Bonnie iba encaminado hacia su clase de biología con la mirada baja y un leve sonrojo en sus mejillas. Había intentado olvidarse de aquel desliz en su noche a solas, pero no podía sacarse de la cabeza que realmente se había excitado al solo pronunciar el nombre del profesor sin siquiera haber pensado en él hasta el final. Quería en serio olvidarse de eso, no quería pensar así del mayor, ni siquiera lo conocía como para tenerlo en sus fantasías sexuales, debía mantener discreción en el ambiente universitario. Sería una mancha imposible de borrar en su reputación de estudiante estrella.

La clase comenzó unos minutos más tarde de lo previsto, pues el profesor había tenido problemas al encontrar el aula al ser aún muy nuevo en la instalación. Bonnie había encontrado un defecto suyo, se perdía con facilidad, pero en parte se le hizo muy tierno. Les devolvió las pruebas corregidas, como dijo no contaría para su nota final, aunque el pelimorado no parecía muy convencido con su nota.

¡¿4,5 sobre 10?!, pensaba arrugando el papel entre sus manos con una vena hinchada en la frente y los ojos achicados. ¡¿Qué manera de corregir es esta?! Estaba dispuesto a quejarse, obviamente no iba a dejar que este nuevo profesor "bonito" creyera que era más tonto que una piedra.

— La mayoría habéis sacado buena nota, el examen está doblemente corregido— explicó Bon terminando de devolver los controles—, aunque si encontráis algún error en la corrección podréis reclamar una corrección extra en mi despacho al final de las clases.

Curiosa coincidencia que mientras decía esto último no apartaba su mirada esmeralda de la intensamente furiosa mirada carmesí de su supuesto alumno estrella. Había ojeado las notas del semestre anterior de sus nuevos alumnos y realmente le impresionó la baja nota de Bonnie Valentine siendo que sus notas iban desde el 9 hacia arriba. Tal vez luego podría arreglar ese desliz después. Una vez revisaron sus notas el peliturquesa dio inicio con la clase, pero Bonnie no quiso escucharlo, por lo que sólo se concentró en su libro sin atender a las buenas explicaciones del mayor y solo respondiendo sus cuestiones cuando le preguntaba directamente.

Sonó la campana señalizando el descansillo largo, descansillo que Bonnie iba a aprovechar para dejar las cuentas claras con su profesor, no iba a permitir que le pusiera aquella miserable nota como si nada, a pesar de que realmente no le iba a contar para nada, salvo para su propio orgullo. Siguió a Bon por el pasillo a una distancia prudente sin que se diera cuenta, memorizando el camino hasta su departamento y dejó que entrara primero antes de verlo.

— Hey, Bonnieto, ¿vienes con nosotros a la cafetería?— sin embargo no esperó ver a su amigo Félix de la mano con su novio Fede acercarse a él—. Abby y Lily ya nos están esperando allá.

— Hoy no, chicos, tengo que hablar con el profe sobre esto— les mostró su examen de nivel con la nota en rojo—. Es obvio que no me voy a quedar de brazos cruzados.

— ¿Bonnie Valentine sacando menos de un nueve en un examen? ¿Incluso menos que un cinco?— el pelirrosa estaba impactado al ver el examen—. Wow, una de dos: o el nuevo profesor te ha pillado manía desde el primer momento o es que realmente estabas muy... despistado— no evitó sonreír al imaginarse la posibilidad del por qué la nota tan baja de su amigo.

— Créeme, seguro que es la primera— bufó arrebatándole el papel—, pero ya te digo que me va a oír, esto no se va a quedar así.

— Como quieras, usad protección, ¿sí?— aconsejó soltando unas risitas al ver la cara roja de Bonnie—. Vámonos, Fefi, te compraré un bollito de chocolate~.

El pelimorado no evitó hacer una pequeña rabieta en el pasillo, sus amigos realmente estaban mal de la cabeza, él no sé iba a fijar en un profesor, menos en uno que le ponía tan bajas notas. Ya podía ser todo lo apuesto que quisiera, no tenía ni idea de cómo dar clases, quería que volviera su antiguo profesor. No le dio más vueltas y se dispuso a llamar al despacho del mayor esperando a que le dejase entrar.

— Adelante— un inusual respingo le atravesó de arriba a abajo al escuchar la voz del moreno al otro lado de la puerta, respiró hondo y la abrió adentrándose en su despacho y viéndolo sentado tras su escritorio corrigiendo unos papeles con un bolígrafo rojo de tinta—. Ah, Bonnie, me imaginaba que vendrías para hablar de tu nota del examen— elevó su mirada unos segundos para observar a su "queridísimo" alumno estrella sonriendo con algo de superioridad, Bonnie frunció el ceño cerrando la puerta casi de un portazo.

— Exacto, ¿qué formas son estas de corregir? ¿Por qué me ha puesto una nota tan baja si contesté a todas las preguntas como se me pedía?— se acercó hacia su escritorio con pasos firmes y certeros, intentaba mantener la calma dirigiéndose a su superior como debía, pero de solo ver su rostro neutro y desinteresado con los ojos fijos en él casi no podía concentrarse—. E-Es decir, me tacha la mayoría de preguntas y ni me las corrige, ¿qué significa esto?

— Se ve que no has leído bien los enunciados— Bon se levantó de su silla y cogió sus gafas para luego ponérselas tras tomar el papel del menor recargándose en su mesa, Bonnie se quedó embobado al verlo hacer esa acción, sonrojándose al observar lo mucho más atractivo que se veía con ellas aún con su semblante serio y petrificante—. Además, no es culpa mía que tu letra san ilegible, parece que no estabas muy atento a la hora de contestar las preguntas, te ibas mucho por las ramas y no contestabas a lo que te pedía.

Bajó un poco sus lentes para observar ahora al menor que le miraba fijamente, no sabía por qué pero una ligera sonrisa se coló en su rostro moreno al ver que temblaba ligeramente al posar sus ojos sobre él. No se había dado cuenta antes, pero notó la diferencia de alturas un tanto notorias, pues él le llegaba hasta la altura del pecho, permitiéndole apreciarlo desde un ángulo que lo hacía ver sumamente adorable... y sumiso. Se mordió el labio discretamente, esperando a que el menor dijera o hiciera algo.

— P-Pero...— su suave voz sonó un poco más aguda que lo normal y carraspeó su garganta al darse cuenta—, eso no es posible, ¿me deja verlo de nuevo?— estiró la mano para que el peliturquesa la tendiera la hoja de nuevo, sin embargo solo sintió la fuerte mano del mayor alrededor de su muñeca tirándolo hacia él, al mismo tiempo que con su otra mano se aferraba a su cintura y, con un rápido movimiento, lo tumbaba en su limpio escritorio—. ¿A-Ah?

El contrario no habló, simplemente le regaló una encantadora sonrisa con la que le permitía revisar su hoja, por lo que aún temblando por la posición en la que estaba -ya que tenía prácticamente al profesor entre sus piernas abiertas estando aún tumbado en su escritorio, siendo acorralado por sus brazos y su profunda mirada imposible de quebrar- intentó concentrarse en leer sus respuestas al examen. ¡Oh, Dios Santo! ¿Qué demonios había escrito ahí? Ahora que sí se fijaba podía leer con claridad todo tipo de barbaridades sin sentido que había escrito, algunas cosas ni siquiera tenían relación con la materia, ¿en qué estaría pensando? Su rostro se tiñó totalmente de rojo ante su estúpido berrinche pidiendo una mejor corrección ante semejante examen, por lo que bajando la mirada le pidió disculpas a su superior.

— No te preocupes, entiendo que resulte duro cambiar de profesor en una materia complicada— se apartó para ayudar al contrario a enderezarse, pero aún dejándolo sentado en su mesa estando entre sus piernas—. Tranquilo, este examen era una prueba, pero puedes volver a intentarlo si quieres cuando estés mejor— se acercó bastante a su rostro, pasando sus gruesos dedos por su suave piel retirando hasta detrás de su oreja un par de mechones de su cabello que le impedían ver mejor sus ojos escarlata—. Puedes irte, seguro que ahora tienes otra clase y no es bueno que llegues tarde.

Bonnie parpadeó algo confundido ante aquella delicada pero intimidante faceta del moreno, pero aprovechó cuando por fin se separó de su cuerpo para bajarse de la mesa y caminar lentamente hasta la puerta echando humo por las orejas. Al tomar el pomo se giró nuevamente para encarar a su profesor, quien lo seguía con la mirada con una sonrisa un tanto confiada que le daba ligeros escalofríos, pero no en el mal sentido.

— Usted...— murmuró sosteniéndole la mirada, aún sin abrir la puerta—. ¿Usted es así con todos sus alumnos?

Hubo unos momentos de silencio hasta que el mayor se impulsó con las manos comenzando a caminar hacia el menor, causando que este se apegara a la puerta de atrás. Para cuando quiso darse cuenta volvía a estar acorralado entre los brazos del moreno, atrapado con su mirada esmeralda brillante que reflejaba algo que no lograba descifrar. Notó su mano en su mentón, impidiéndole así evitar mirar a sus ojos, los cuales no estaban precisamente sobre los suyos, sino más abajo, más concretamente en sus abultados y apetecibles labios rosados. Trago saliva cuando esa mano pasó a tomar su mejilla delicadamente.

— Sólo con los que realmente necesitan mi ayuda— musitó sobre su boca, la cual no dudó en arrasar sin permiso con los suyos propios, logrando un jadeo de sorpresa de parte del contrario.

El pelimorado abrió sus ojos con máxima sorpresa, ese... ese había sido su primer beso. A pesar de tener ya 18 años nunca había podido compartir esa maravillosa experiencia de juntar sus labios con los de alguien más, hasta ahora. Los labios morenos del mayor se movían con destreza y experiencia, todo lo contrario a él, que se mantenía estático sin saber realmente qué hacer o cómo siquiera corresponder.

Las manos de Bon se colocaron en la cintura del menor, tratando de darle la confianza que necesitaba para que dejara de estar tan tenso. Sabía lo que estaba haciendo, claro que lo sabía, pero desde que había visto al pelimorado debajo de él con aquella mirada tan sumisa y vulnerable ya no podía contener ese deseo inminente de querer tenerlo para él solo. Sabía que tal vez se pasaban por siete años como mucho, pero no le importaba, lo único que quería ahora era memorizar el dulce sabor de la boca contraria.

Cuando Bonnie por fin cedió ante su demandante beso, mordió su labio inferior de forma atrevida y juguetona, logrando un gemido débil de su parte para así poder deslizar su lengua caliente por la contraria. Sabía que al menor le gustaba, pues por algo había pasado sus manos pálidas por sus brazos dejando de empujar para entonces apretar sus mangas temblando. Él seguía abrazando su cintura de manera protectora pero posesiva. Ese pequeño ya le pertenecía por derecho propio.

Al separarse se miraron a los ojos con un hilo de saliva uniendo sus bocas. Bon jadeaba lento mientras que Bonnie tenía ya la respiración agitada; había sido muy intenso para él. El mayor pasó un dedo por sus labios un tanto enrojecidos para limpiarle la saliva que escurría por ahí, sonriendo como siempre.

— Ahora sí deberías apresurarte— le susurró al oído abriendo la puerta lentamente para luego dejarle libre—. Nos veremos en clase el viernes— y antes de volver a cerrar la puerta le dio una ligera palmadita en su nalga derecha soltando una risita.

Todo quedó en silencio, Bonnie apenas podía procesar lo que acababa de pasar, sus piernas le temblaban irremediablemente, su cuerpo le ardía y literalmente sentía que algo mojado le molestaba entre las piernas.

— N-No puede ser...— se temió lo peor al ver cómo un bultito se formaba en sus pantalones, causando que se cubriera rápidamente para correr al baño más cercano para atender ese pequeño gran problema—. Mgh... E-Estúpido... y sensual profesor...

Resumiendo, sí llegó tarde a su siguiente clase.

(...)

— ¡Bonnie! Menos mal que te encuentro pronto— Abby se acercó a su amigo pelimorado en cuanto lo vio entrando por la puerta principal de la universidad—. Tengo que entrar ya a clases, así que te lo doy antes de que se me olvide, ya sabes cómo soy — rió dejando en la mano del contrario una caja mediana negra con una cinta morada—. En fin, disfrútalo, nos vemos luego~.

Bonnie miró la caja aún procesando la rápida información de su amiga acercándose a su pupitre para dejar su cartera y mirar qué había en aquella caja, ya ni se acordaba por andar pensando en sus planes para el fin de semana -todos para hacer encerrado en su casa-. Un inusual calor se le subió a la cabeza y una sonrisa traviesa se posó en su rostro al observar aquel pequeño vibrador con control remoto en la cajita, ya se acordaba por qué lo habían pedido. Miró a los lados y metió aquel pequeño juguete en el bolsillo de su pantalón y fue al baño casi corriendo, pues pronto sería su clase de biología.

La noche anterior había tratado de masturbarse sin tener a aquel apuesto hombre peliturquesa rondando por su mente, pero aquello se volvía cada vez más difícil, tal parecía que su libido era más potente y excitante cuando pensaba en él. Sus fantasías eran poderosas y se colaban incluso en sus sueños causando algún que otro problemilla en sus sábanas y pijama al recordar ese candente primer beso con él. 

Ahora tenía clase con él e iba a poner en práctica aquel juguete, sabía que se estaba arriesgando a que descubrieran una faceta que prefería por todos los medios mantener en secreto con sus amigos, pero de verdad que necesitaba aquello ahora. Estando sentado en uno de los cubículos cerrado, asegurándose de que no hubiera nadie más adentro, se bajó los pantalones con todo y bóxers incluidos para luego introducir la pequeña bolita de color rosa por su entrada -anteriormente lubricada con su saliva- para luego pulsar el botón del mando inalámbrico comenzando así la vibración. Un gran espasmo junto a una oleada de placer recorrieron su cadera y su espalda baja, ¡se sentía increíble! A pesar de estar a la primera velocidad ya sentía que se iba a correr, pero tenía que aguantar, pronto empezaría su clase y tenía un profesor que ver.

Había pasado solo media hora de las dos horas que duraba aquella clase y cada vez le costaba más concentrarse en las palabras del profesor que explicaba tranquilamente el tema del día apuntando las cosas importantes en la pizarra y dando vueltas por el aula para vigilar a los alumnos uno por uno. Bonnie movía inquieto las piernas intentando mantenerse tranquilo, pero su atención no dejaba de desviarse de la serena voz de su maestro a la exquisita sensación que sentía en su parte baja. Su pene dolía al no atenderlo, juraría que la vibración que se generaba en su trasero de alguna forma llegaba hasta la base de su miembro incrementando sus ganas de tocarse, pero si lo intentaba se estaría arriesgando que toda la clase descubriera aquel lado pervertido suyo, incluyendo a su apuesto profesor. No quería eso.

Apretaba el lápiz entre sus dedos, un ligero jadeo escapó de su boca, su mano izquierda bajó discreta hasta el bulto de su pantalón y empezó a sobarse, sintiendo lo caliente que hinchado que estaba ya su miembro, seguro que con solo tocarlo un poco ya eyacularía sin control. Necesitaba calmarse, tal vez ya era demasiada estimulación para él, por lo que sacó el mando del vibrador para apagarlo un rato, pero sus manos temblaban tanto que se resbaló de sus manos y cayó al suelo. Alarmado fue a tomarlo cuando la voz de su profesor le llamó la atención.

— Bonnie, ¿estás tomando apuntes...— se enderezó en el sitio viendo que ya tenía al profesor delante de él, con el libro en su mano derecha y su mirada penetrante sobre él detrás de sus gafas—... o necesitas que repita algo?

— A-Aah...— su rostro se tiñó aún más de rojo al notar que la vibración de su parte trasera aumentaba de repente, pues al haberse caído al suelo el mando que controlaba su juguete no sabía que el mayor sin querer lo había pisado presionando el botón de la velocidad—. S-Sí, se siente bie- ¡D-Digo! E-Estoy bien, p-puede seguir— rió nervioso con el rostro completamente sonrojado mientras intentaba mantener la calma, pero la velocidad del juguete aún no se paraba.

Bon se dio cuenta de que su alumno favorito no parecía muy centrado en su clase, era casi imposible ignorar su carita roja y los ligeros jadeos y gemidos que emitía con su linda vocecita, además de que reconocía esa inquietud de piernas y sabía de sobra de qué era aquella vibración que zumbaba en sus oídos al estar cerca de él. Su parte irracional le pedía dejar todo de lado y abalanzarse contra su pequeño pupilo para calmarlo a su modo, pero su razón claramente lo obligaba a actuar ajeno a lo realmente necesitado que parecía el menor.

— Bonnie, deberías ir a lavarte la cara, creo que te está dando un sofoco, abriremos las ventanas— mencionó dándole permiso para que fuera al baño para refrescarse, a lo que Bonnie no desaprovechó la oportunidad para intentar calmarse, saliendo casi corriendo de la clase con las piernas temblando—. Bien, clase, sigamos con el tema.

El pelimorado había llegado a los baños masculinos más cercanos para encerrarse en uno de los cubículos disponibles sentándose entonces en la fría tapa del inodoro. Su cuerpo entero estaba caliente y agitado, sus piernas temblaban al ritmo de la vibración en su entrada y su entrepierna dolía al estar apretada y desatendida en su pantalón mojado. Desabrochó y bajó sus jeans para ver cómo su miembro sobresalía de su bóxer palpitando y con la punta mojada de presemen, no se explicaba cómo había aguantado tanto sin haberse corrido con tanta estimulación. Subió sus piernas en la tapa donde estaba sentado para intentar alcanzar con sus dedos su entrada ocupada tanteando con estos el juguete que a gran velocidad lo estaba volviendo loco de placer. Pero antes de quitárselo quiso aprovechar que estaba ahí para bajar su libido de manera menos dolorosa. Es decir, no es como si se fuera a perder el resto de la clase si el profesor estará encantado de volver a explicarle.

Y hablando de él, el profesor aún estaba dando su clase cuando notó la gran cantidad de tiempo que Bonnie había pasado fuera y aún no volvía, haciéndole preocupar, por lo que dejó unas cuantas tareas para que sus alumnos hicieran mientras él usaba la excusa de ir a por unos papeles al despacho cuando paró en la puerta del baño de los chicos, escuchando unos casi imperceptibles pero llamativos jadeos provenir de ahí. Una sonrisa se asomó con sus labios y entró, asegurándose de que nadie lo veía y cerró la puerta. Los gemidos eran más audibles y al parecer quien los producía no había escuchado que alguien había entrado, por lo que se le hizo fácil descubrir dónde se estaba desahogando aquel que tanto ansiaba poder ayudar. Abrió la puerta sin tocar -ya que no estaba cerrada con pestillo, error del menor- y se encontró con la escena más tierna y provocativa que jamás había visto en su vida.

Bonnie estaba recostado en el inodoro con las piernas abiertas, permitiéndole así al moreno poder apreciar todo su pálido y sudoroso cuerpecito al descubierto. Sus pantalones estaban en el suelo y su camisa lo suficientemente abierta como para dejar ver sus rojizas e hinchadas tetillas en su pecho siendo pellizcadas por sus dedos, al igual que su otra mano atendía su pequeño miembro lubricado con sus jugos naturales. Tenía que destacar igualmente que aquella entrada dilatada siendo ocupada por aquel travieso juguete vibrador fue la gota que derramó su vaso de cordura.

— ¡B-Bon!— chilló avergonzado tratando de cubrirse en cuanto vio a su profesor justo delante de él sin decir nada y encima viéndolo con aquella posición tan íntimamente vergonzosa—. N-No es l-lo que parece...

No sabía qué más decir, estaba totalmente rojo de la vergüenza y deseaba con todas sus fuerzas que la tierra se lo tragase, que el profesor diera media vuelta y olvidara lo que había visto. Pero los planes del universo eran otros, pues la sonrisa ladina en el rostro del moreno le hizo sentir que de ahí no iba a salir virgen. El mayor había cerrado la puerta a sus espaldas con seguro y se arrodilló frente al pelimorado, quitándose las gafas para doblarla y dejarlas en el bolsillo de su camisa, acariciando sutilmente sus piernas descubiertas y suaves deleitándose con el tacto de estas mientras se acercaba un poco más.

— Deberías haber cerrado bien la puerta— dijo en un susurro causando un respingo en el contrario, más aún cuando lentamente iba apartando sus manos de su cuerpo e inconscientemente le dejaba ver su piel al descubierto—. No me gustaría saber que alguien más podría verte así, cuando solo yo puedo hacerlo.

Bonnie no pudo decir más cuando sus labios fueron apresados por los contrarios tal y como la primera vez, solo que esta vez no puso resistencia al principio, tenía la mente nublada del placer y la vergüenza que realmente ya no le importaba nada. Sólo quería seguir besando y ser besado con esa exquisita experiencia del mayor que lo proclamaba como suyo, él estaba de acuerdo. Lo abrazó por el cuello e intentó apegarlo lo más que pudo contra su cuerpo, temblando y jadeando entre los besos. Bon no se negó ante tan candente y desesperado beso, simplemente cumplió con los deseos de su alumno, abrazando su cintura con sus brazos, sintiendo así cómo movía sus caderas intentando frotarse junto a él. Al separarse para intentar calmar sus agitadas respiraciones, el moreno aprovechó para bajar sus labios y así comenzar a besar su cuello blanco y suave, tan delicioso para él, logrando así que el menor soltara aquellos gemidos que tanto quería escuchar.

— A-Aah... B-Bon, n-no...— jadeó al sentir su boca recorriendo su piel, el ligero vello de su barba le hacia cosquillas, pero a la vez le prendía bastante, gemía abrazándose al cuerpo del contrario, tanto con sus brazos como con sus piernas, sin dejar de mover su cadera de manera inconsciente, su cuerpo no reaccionaba a su cabeza, sino solo a sus instintos.

— Si de verdad no quieres, deja de abrazarme y de moverte tanto, yo apenas me estoy moviendo— rió sobre su piel causándole un gran escalofrío, pero no se contuvo a pasar su lengua húmeda y caliente por aquel sector, saboreando su cuello con detalle, memorizando su sabor y textura, chupando hasta dejar su piel rojiza—. Me parece que necesitas una ayudita ahí abajo, ¿me permites~?— sonrió ladinamente con voz sensual ante el tímido asentimiento del contrario, por lo que se separó lentamente, no sin antes haber hecho una discreta marca en su cuello sin que el contrario se diera cuenta, además de que tomó las gafas del contrario para poder ver mejor sus ojitos brillantes y llenos de lujuria.

Abrió las piernas del pelimorado y observó detenidamente su gran estado de excitación, su pene estaba totalmente erguido, casi al borde de eyacular y mojado con el propio líquido preseminal y algo de saliva, aquello solo hacía que se viera más apetitoso a su vista. No solo eso, más abajo podía apreciar perfectamente cómo su entrada estaba ocupada con aquel travieso juguete vibrando que tanto se oía en la clase. Llevó su mano morena hacia su trasero, acariciando sus nalgas con lentitud escuchando sus adorables gemidos mientras que con cada movimiento se incrementaban sus ruiditos tan eróticos. Decidió no seguir torturando al pobre pelimorado que ya tomaba sus cabellos con el puño cerrado, sin hacerle daño, pero intentando empujarlo hacia su virilidad que ardía del dolor al no atenderla, por lo que accedió a sus ojitos de conejito abandonado y comenzó a lamer su miembro, mientras que su otra mano acariciaba la base y sus testículos.

— ¡Aah!— soltó aquel gran gemido con una mezcla de dolor y gran placer, pues realmente se sentía muy sensible en esa zona—. B-Bon... Mgh...— intentaba acallarse con su mano, pero realmente era algo casi imposible, nunca había sido tocado por nadie más y la adrenalina de hacerlo en el lugar donde nadie conocía aquella faceta pervertida -menos su grupo de amigos y, ahora, su profesor- iba incrementando por momentos, haciendo la experiencia aún más placentera.

— Shh~, no tan alto, Bonnie, solo quiero escucharte yo— demandó autoritario levantándose ligeramente para callarlo con sus labios sin dejar de mover su mano en su miembro tembloroso—. No creo que quieras que todos sepan lo que hacemos, ¿o sí?

El de piel lechosa negó con la cabeza y volvió a besar al mayor, suspirando entre sus bocas con los ojos lagrimeando del éxtasis. Bon le mordió y estiró su labio inferior, aumentando así sus ansias por más roces. El calor y la humedad inundaba el pequeño cubículo donde se escondían, pero poco les importaba, el ambiente era idóneo para sus indecorosos actos. El peliturquesa ya tenía prácticamente el pene del menor en su boca, subiendo y bajando la cabeza al gusto del pelimorado que la empujaba con la mano que no tapaba sus labios para acallar sus ruidosos gemidos agudos. Estaba a nada de correrse finalmente, pero no le salían las palabras para avisarle al mayor, aunque no parecía estar dispuesto a parar, al contrario, había aumentado la velocidad sin ayuda de Bonnie.

— Mmm... Aah~...Y-ya no... Aah...— intentaba articular las palabras pero apenas podía respirar con normalidad, sus piernas eran sostenidas por las manos fuertes del contrario y tenía la mente en blanco, cegada por el placer de su entrepierna—. Mgh... Y-Ya no puedo... Aah... ¡B-Bon~!

Nuevamente, al pronunciar su nombre, logró expulsar su semilla aun estando dentro de la boca del mayor, quien sin apartarse fue tragando lentamente todo su semen, que no era poco, pues al haber estado aguantando tanto tiempo sin atenderlo se había acumulado una gran cantidad. Abrió los ojos en cuanto dejó de sentir aquel agradable calor en su intimidad, pero su bochorno empeoró al observar cómo el moreno terminaba de tragar toda su esencia con una sonrisa en la cara.

— O-Oh Dios...— susurró una vez fue consciente de todo lo sucedido, se tapó el rostro con sus manos, deseando que esta fuera otra de sus muchas fantasías nocturnas, pero el tacto cálido y firme en sus muñecas que le obligaron a descubrirse le hicieron ver que se trataba de la cruda realidad—. L-Lo siento mucho, profesor, no quería... Yo... E-Esto no debió haber pasado...

— Hey, tranquilo, todo está bien— le sonrió despreocupado retirando un pequeño hilo blando de la comisura de su labio que quería escapar, pero pronto lo limpió—. Lo importante ahora eres tú, ¿cómo te sientes?— le preguntó tomando sus mejillas con suavidad, apreciando su carita roja con las mejillas infladas y el ceño fruncido, le enamoraban los pucheros del contrario.

— Abochornado— le sacó la lengua molesto intentando levantarse, pero las piernas las tenía agotadas y tropezó al intentar ponerse de pie, por suerte los reflejos del mayor eran más rápidos y pudo atraparlo en sus brazos, haciendo que se estrellara contra su pecho—. ¡A-Ah!

— Cuidado, ha sido todo muy intenso para ti, ¿es la primera vez que haces esto?— le miró aún teniéndolo en sus brazos, cogiéndolo ahora al estilo princesa para salir del cubículo y así sentarlo en los lavabos mientras le llevaba sus ropas—. Ha debido ser raro para ti que haya sido un profe quien haya sido tu primera vez.

— Sí, no es muy común eso— suspiró poniéndose sus ropas, se había logrado quitar el juguete de su interior y lo apagó dejándolo a un lado, por fin descansando y pensando con claridad, pero con las mejillas aún rojas—. E-En fin, gracias por la ayuda, pero más vale que esto no salga de aquí o mi reputación se irá a pique— bufó lanzándole una mirada fulminante al mayor que le tendía sus gafas con los cristales limpios.

— Tampoco es como quisiera que me despidieran en mi primer año de docencia en una universidad tan distinguida como esta— rió levemente poniéndose igualmente sus gafas aprovechando para peinar sus cabellos desordenados, acercándose al grifo para lavar sus manos y de paso su cara, la cual estaba algo caliente por los hechos recientes, dejando que las gotas de agua fría bajasen la calentura de su rostro, algo que no ayudaba en la del menor que lo observaba tragando saliva—. Bien, creo que ya hemos estado mucho tiempo acá, saldré primero para que no sospechen, recuerda que aún queda una hora más de clase.

Sin embargo, antes de salir por la puerta sintió que le abrazaban con fuerza por la espalda. Una sonrisa se posó en su rostro y acarició las manos de porcelana del contrario que escondía su rostro en su camisa, aspirando su olor a menta y miel que lo llegaba a calmar y cautivar a partes iguales. Bonnie no parecía querer separarse, pues una parte de él no quería que aquel encuentro prohibido quedara como un error del pasado en sus vidas.

— ¿P-Puedo ir a su despacho por la tarde?— le preguntó en un susurro antes de dejarlo libre agachando su rostro rojo—. M-Me gustaría repetir el examen anterior para... mejorar mi nota.

— Por supuesto, sabes que mi puerta está siempre abierta— le guiñó un ojo riendo y le acercó para tomar su mentón y ver así su carita ruborizada—. Para ti siempre lo estará, mi pequeño Bonnie— pronunció para darle un suave beso en sus labios para luego salir finalmente del baño, pues se habían tardado unos diez o quince minutos.

Bonnie se quedó unos segundos ahí de pie sin saber bien cómo reaccionar. Sabía que aquello era el comienzo de algo peligroso para ambos, pero a la vez emocionante y muy excitante. Sonrió para sí y tomó su móvil para mandar un rápido mensaje a su mejor amigo, saliendo entonces del baño justo a tiempo para la siguiente clase.

"Abby, ¿me prestarías alguno de tus mangas yaoi? Es para una tarea"
Enviado, 10:49am

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Continuará...

7760 palabras.

¡Disfruten!

Irene

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