Tormenta

Narra Constanza.

Casi no puedo pensar en todo lo que está pasando por cuidar de mi madre. Eduardo se volvió loco y puede hacer cualquier cosa. No quiere dejarnos salir y tengo miedo de que pueda hacer cualquier locura. Mi madre perdió el conocimiento y su cuerpo se derrumba. No se que hacer, esto se me esta yendo de las manos y siento ganas de llorar.

–Si quiere sal de esta casa pero con ella no te iras.

–No me ire sin ella. –Mis lagrimas salen sin control.

–Estoy tan decepcionado de ti, la cubriste en todo y yo fui el que te crio. Yo soy tu padre y no ese hijo de puta.

–Hiciste tanto daño... no voy a dejar que le hagas daño nunca más.

–Siempre me salgo con la mia. –Sonrie. –Ella se quedara conmigo para siempre.

Intenta sacarme del medio para agarrar a mi mamá y mi mirada está en el jarrón, trago saliva y aprovecho de que no me esta prestando atención, lo agarro y rompo el jarrón en su cabeza, queda inconsciente y trato de despertar a mi madre.

–Mamá. –Digo desesperada. –Mamá por favor, despierta.

Me tomo unos minutos en despertarla y por suerte Eduardo seguía inconsciente, la ayudo a ponerse de pie y todavía sigue estando débil. La llevo hacia la calle y tropieza, haciendo que casi se caiga y la sujeto con fuerza.

–Va... vamos al auto. –Habla como puede.

–¿En serio vas a poder ir al auto?

Ella asiente lentamente y la ayudo a llegar al auto, ella entra y ubo rápidamente al auto.

–¿Estás segura que vas a poder, mamá? Estas demasiado débil.

–No te preocupes. –Ella traga saliva.

Enciende el auto rápidamente y suspiro de alivio al poder escapar de Eduardo. Hubo un silencio y la miro con preocupación.

–¿Cómo estas?

No pude ver del todo lo que paso pero estoy segura que ese hijo de puta la golpeo. Tomo su mano suavemente y la miro en silencio.

–Estoy bien. –Susurra.

Se que no está bien, esta demasiado débil y tengo tanto miedo por ella. No se a donde estamos yendo. Cuando llegamos a una casa, mi mamá está aliviada y al saber que estamos a salvo puedo caer en la realidad de todo lo que paso. La puerta de la casa se abre y veo a Rafael saliendo y caminando rápidamente hacia el lado del conductor. Bajo del auto y Rafael abre la puerta del auto.

–¿Qué paso?

Mi madre cae en sus brazos y el la abraza con fuerza, me mira con terror cuando mi madre empieza a llorar.

–¿Qué le paso?

–Llegue a la casa cuando estaba peleando con Eduardo y creo que la golpeo.

Su rostro cambia de preocupación a ira y abraza con fuerza a mi mamá.

–Lo voy a matar. –Suspira.

Mi madre tiene la cabeza apoyada en su pecho y Rafael nos hace entrar, los miro con atención. Pienso una y otra vez las palabras de Eduardo, Rafael es mi padre, quien hubiera dicho que mi escritor favorito iba a ser mi padre. Es todo tan raro, nunca pensé que me pasaría una cosa así.

Rafael la sienta en el sofa y acaricia su mejilla.

–¿Qué es lo que te hizo ese infeliz? –Le pregunta.

–No fue nada. –Ella le dice. –Solo logro golpearme un poco pero Constanza llego.

Ellos están tomados de las manos y me miran con atención. Siento una opresión en el pecho, mis ojos empiezan a picar y respiro hondo. Prefiero dejarlos a solas, ya tendremos tiempo de hablar más tranquilos.

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