Furia
Narra Eugenia.
Conduzco hacia la empresa luego de haber dejado a mi hija en el colegio, no había visto allí a Rafael, quería aprovechar para verlo aunque sea unos minutos pero eso no fue posible.
Me quedo leyendo las noticias cuando alguien golpea la puerta y lo dejo pasar, miro con atención al ver mi asistente.
–Alguien la busca, le dije que estaba ocupada pero insiste igual a hablar con usted. –Dice nerviosa. –¿Lo hago pasar?
–Si dejalo pasar, debe ser algo importante. –Digo mientras dejo el diario en la mesa.
Ella asiente y sale lentamente de mi oficina, me pongo de pie rápidamente al ver a Rafael.
–¿Qué haces aquí? –Lo miro con pánico.
El cierra la puerta y lo observo por un momento, puedo ver en su mirada que está lleno de bronca y dolor.
–Tenemos que hablar Eugenia, Eduardo vino a verme y tengo ganas de matarlo. –Dice descontrolado. –Necesitaba verte porque me está matando la culpa.
¿Eduardo sabe lo nuestro? Tardo unos segundos en reaccionar y agarra mis manos con suavidad y me abraza con fuerza. Acaricia mi espalda y me mira con culpa.
–¿Qué te dijo? –Le pregunto preocupada. –¿Sabe de lo nuestro?
–Me amenazo que si me acerco a ti el jugaría sucio para alejarnos. –Suspira y cierra los ojos, apoyando la cabeza en mi hombro. –Tenia tantas ganas de matarlo, me da miedo pensar que te haría daño a ti.
–El no me hará daño amor. –Lo consuelo. –Debe estar celoso nada más.
Levanta la cabeza para mirarme y acaricia mi mejilla. Quiero calmarlo pero esta demasiado nervioso.
–Fue Eduardo, el le dijo al monseñor sobre lo nuestro...
Mis ojos se abren por la sorpresa y niego rápidamente, no seria capaz de hacer algo así.
–Me lo dijo tan feliz, Eduardo siempre lo supo y no quería separarse de ti... me siento tan culpable. –Empieza a llorar. –Fui tan cobarde, te amo demasiado Eugenia y me sentiré culpable toda mi vida por haberte dejado.
Cierro los ojos con fuerza y las lagrimas se escapan de mis ojos, los abro y los dos lloramos mientras apoyamos nuestras frentes. No puede ser que Eduardo haya hecho una cosa así, no puedo parar de llorar por la bronca que siento, si eso no hubiera pasado nos habríamos ahorrado tanto dolor.
–No cometeré el mismo error, mi amor. Nadie nos va a separar, te lo juro.
Me abraza con fuerza y besa mis labios apasionadamente, nuestras lenguas se encuentran, nos besamos con locura y lleva su mano hacia mi cabello. Me separo cuando el beso se vuelve más agresivo y respiro lentamente.
Limpia mis lagrimas lentamente y picotea mis labios.
–Nunca dejare de pedirte perdón mi amor.
Sonrío un poco y lo miro con amor, mi corazón se derrite al verlo de esta manera.
–Ya te perdoné mi amor. Te amo.
Me mira con emoción y toma mi rostro con sus manos, toda la ira que había entre nosotros por Eduardo se esfumo, solo había amor.
–Yo también mi amor. Te amo demasiado.
Rodeo su cuello con mis brazos y el hace lo mismo, rodeando mi cintura con fuerza y nos quedamos así por unos minutos. Lo amo, lo amo con locura, amo tanto la familia que formamos y merezco ser feliz. No voy a dejar que ese hijo de puta siga arruinando mi vida y la de Constanza. Ellos merecen saber la verdad de una vez por todas, tenemos que estar los tres juntos, aunque no se cómo reaccionaran al saber la verdad... tengo tanto miedo al pensar a que mi hija termine odiándome. Cierro los ojos con fuerza y trato de sacar los miedos de mi cabeza. Tengo que tener fe.
Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top